Editorial de la edición número 5 de la Revista Ultraversal, por Eva Lucía Armas

Palabra intencionada

La palabra es un arma. La palabra es una institución de la metáfora y tiene un peso específico dentro de cualquier desarrollo textual, inclusive atendiendo a sus diversos pesos semánticos de acuerdo a la ubicación intencional que demos a un mismo vocablo.
La palabra es una dirección de la voluntad expresiva. Mediante ella, se marca el sentido de circulación de las ideas y una misma palabra, adecuada a una determinada intención, sirve tanto para el amor como para el odio, porque la palabra en sí misma es metafórica, simbólica, es un elemento propio de un código que debe ser interpretado a partir del lecto y las condiciones en que se emplee.
Rodeada de otros símbolos que generan lo denotativo, una palabra siempre resulta connotativa en sí, porque depende de sus intérpretes que son los considerados receptores del mensaje final que la palabra representa y son los que deben aplicar interpretativamente la intención que tiene el símbolo colocado en tal o cuál posición dentro de lo oracional.
En nombre de la misma palabra, pongamos por caso Dios, se mata o se salva. Esto ocurre por la interpretación que se le otorga y el valor semántico que tiene para cada receptor, de acuerdo a su ámbito: “Dios lo manda” (como ejemplo de lo anterior).
Desde los simbolismos, las culturas trabajan sobre sus diseños comunicacionales y modifican el valor aséptico de los semas para reconvertirlos en una resemantización necesaria por el valor electivo que le da la cultura que los emplea.
La pérdida de la palabra es la pérdida del código completo y de sus variables, como aquello de que un kilo de plumas pesa igual que un kilo de plomo, ambos serán kilos, pero de diferente material y por lo tanto, pese a ser kilos, no son equiparables en una misma función.
En la actualidad hay una batalla de códigos que desarraigan las palabras para desarrollar mutaciones que se apartan de los valores simbólicos. Es el caso de la palabra “bizarro”. Según algún aberrante traductor perdido en los anales de la semántica contemporánea, la insólita traducción de un adjetivo inglés en su traspolación al castellano (ignorancia de ambos idiomas pura y dura y sin apelativo) ha vuelto del revés el significado y el símbolo que el español le otorga a esa palabra, justamente mutándola en su símbolo opuesto.
Y lo más trágico es que no se produce la corrección desde ningún lugar y aplicar la tergiversación pasa a ser de uso común. Alabar a alguien con la palabra bizarro se ha convertido en insultar a alguien con ella.
Sucede que los escritores no están exentos de estas peculiaridades, ya que hasta la misma palabra “escritor”, con el advenimiento de las redes sociales, ha dejado su valor semántico por el camino imitando a la palabra bizarro.
Me pregunto ¿qué querrá decir dentro de un tiempo lo que hoy escribimos aún con los símbolos dentro de sus expresiones semánticas?¿Dirá lo mismo que quisimos decir o justamente lo opuesto?
Verdaderamente trágico sería que no dijera nada, porque la Humanidad haya regresado a entenderse con gruñidos.

Acerca de Eva Lucía Armas

Homenaje a José Luis Jiménez Villena

¿Ves, te lo dije! Aquí, tras el invierno,
tras este invierno tan herido y tan hermoso,
otra vez reviven los colores, la mar
se hace un sínodo de carnes a la intemperie,
un reducto suntuoso de lascivia,
un canto universal a la belleza.

Sí, te lo dije, tras un invierno de pálidos
helores, tras nacernos oscuras las palabras,
revivirán las luces y los festejos
exigirán su sitio en las ciudades,
en los pueblos, en las aldeas y las gentes
afectas de fábricas y de asfaltos,
de cinc y de cristal y de cementos, de grises
paisajes indestructibles,
regresaremos, te lo dije,
al aire bruñido y a los azules,
al cántico-alborozo de las olas,
al olvido transitorio de sus males,
a vivir como único remedio,
a imbuirse de tus versos y a recordarte,
en este caso.

Jota Azimut

Llevo el peso de mi tigre abrochado a la noche
matarife inocente recortándome el vino
que amable me devora amadas luminarias
poblándome en sus dientes nacarados
el oscuro.
Es su calma, digo,
el tigre
todo el barro violento
de la paz nueva que clama en advertencia,
sangre sobre la nieve,
luz gacha.

Así, en la noche,
me siento de sus fauces inmersas de animal
y baldeo mi pánico con cantos melodiosos
quedando, de esa burla, contándome la boca,
borracho de su número, agitado, tranquilo.
Con ello, confío haber logrado
en aquellos momentos robados a la piel
anaquelar el brillo, capturar los afeites,
los giros de justicia de los que el caos se nutre.

Miradlo. Ya me ruge. Hoy toca hacer llanura
de nuevo está esa boca en boca de mis faldas
nacarando la senda que trazan sus colmillos.

El tigre
tiene la noche hoy lejos
por poner mi boca en cruz
el alba en amenaza.

Doblo mi cordobán, y espero
al cazador, al vino
violento de la noche, a la música
opaca de mis balas.

Esta noche ha de llover
a filo.

Federico Ruibal

Sé que estás…
aquí en tus palabras,
en tus poemas y sus finuras
y en la mano tendida a compartir tus sabidurías,
por eso sólo puedo agradecer a Dios tu presencia
y el regalo de tus versos.

Con pesar, por saberte ya del otro lado,
tan lejos nuestro,
pero con la fe de que vives y viven tus poemas,
un abrazo, señor, caballero de las letras.

Solange Schiaffino

como un andén a medianoche que se vacía
mientras los viajes continúan
y los amantes miran las rutas de los mapas
tomados de la mano
y los que aún no tienen casa
duermen sobre un bongó envuelto en nylon
pasa este día sin haberte alcanzado

sintiendo que llegué tarde de nuevo
(y que sabías bien de mis defectos)
me queda la sensación de amor de hermano
que se posó en mis poemas cabizbajos
con la ternura de quien todo lo comprende

esos instantes en que tu voz llegaba al cuenco
y se volvía de vino o de agua
eran un día de campo

eran de noche con luz
de pueblo nuevo
probablemente a donde te diriges

no te alcancé
–ni con esta alma que suspira—
mas dejaste en nuestra banca tus dorados
tu letra en los umbrales hacia el triunfo
tu piel entretejida en las palabras
tu libertad
tu vuelo

a lo lejos se escucha un aleluya
mientras abrazo un hasta pronto
en tus cuadernos

Sabeli Ceballos Franco

Y aire y tiempo cubren lo espantable,
para que ni uno demasiado lo ame con oraciones
o el alma. Hölderlin -Grecia

Llenas de cosas confiadas,
alegremente extendidas las manos
hacia el caos en que eres memoria de fuego,
traen, desde una imposible primavera,
a este vuelo de aves tu asombro monosílabo:
ah no a esta hora,
no esta tarde de grullas y heliotropos,
cordilleras divinamente verticales
oh Dios, el pan recién tostado en la mesa
y mira: tronco adusto de acebos
y riachuelos de dulce resina.

Amable fue, tal vez, el silencio
al empuñar su cuchillada de negruras:
no viven ya, en tu corazón, los dioses de este mundo.
Panderos y címbalos de una canción poderosa
maduran el arroz y doblan las montañas,
mas tú, en la inocente paradoja de su ritmo,
traes los sones del amanecer
y un regio olor a madera florecida.

Antonio Rojas

salí
con la mente hirviendo de promesas
y el corazón atado con tres nudos

cercano el río despeñaba ausencias
y el aire respiraba masculino
sobre mi boca
su hálito desnudo

salí de mí rompiendo las paredes
y su cerco de trémulas visiones
crucé el umbral del rostro de Caronte
y desbrocé la hierba que gritaba
bajo mis pies
todos tus nombres

cómo no amar el pulso de la vida
si late en la corriente de la muerte

tú eres Octubre Rojo y estás vivo
yo sigo muerta

indefinidamente

Morgana de Palacios

Has galopado, amigo,
por la intemperie inmensa de los versos
sangrándote las manos,
sangrando la palabra que penetró tu carne
y te erigió poeta.

Al vuelo despeñado de tu pluma
me acostumbré callada,
bebiendo de tu verbo imaginario
a la sombra morena de tus dedos,
de tus lunas deslenguadas,
de tu mundo de cristal y soledades.

Por delante te has ido,
compañero,
para sembrar de versos el futuro
y no sabes, Villena, que me dejas
el sello de tu mito en las retinas
y un poema perdido en el papel
llorando tu vacío.

Luvia Kremel

Hay un hombre sepia
acurrucado
en la esquina de su dolor desnudo.
Es un ser sin rostro
tallado por Miguel Ángel
en el diván de la ceguera.
Séneca caligrafió su corazón
para la vida breve,
para el camino del sabio
que vence al tiempo
porque conoce el pasado
y responde al futuro.

Hay un hombre sepia
que sabe todo lo que no sabe
y que disimula el ingenium
tras un malabar de mariposas azules.

Este hombre serigrafiado
me enseñó los aquafortes
del silencio
y se hizo pasar por rico
cuando mendigué una palabra.

Está en la memoria del agua
que viaja al mar,
se evapora
y retorna a la montaña…
es un ser cíclico
que se conduce entre hados
para llegar con un acento de rocío
al recuerdo
de las horas de poesía.

Este hombre, amigos,
dejó en la mesa de todos nosotros
una taza de café
que jamás se enfría.

Ricardo Sayalero García

Justo. Llegó Octubre con su actitud de escudo,
noble como un caballo con crines de tormenta,
manos gigantes de coloso roto
y reciedumbre verde de acorazados tilos
a colgar su precisa lágrima
de víctima.

No quiso ser el mes, le fue impuesto.

Llegó desprotegido, con la angustia
creciendo
como crecen las sombras en la tarde
y el polvo en el camino. Y así, triste,
inmensamente triste, abrió su puerta grande,
porque grande es el alma en el umbral
y grande su equipaje de poemas.

¡Ay! ¡Triste Octubre!
Desgraciada tarea te fue impuesta.
¿Puedes darnos, Octubre,
los versos
que viven como alondras tiritando
en el asombro?
¿Los versos con sabor del hombre parco
de alma buena?
¡Ay! ¡Triste Octubre!
Desgraciada tarea te fue impuesta.

Enrico Espino

La luna se deshoja plateada
sobre el luto mortal del cementerio;
los cipreses murmuran un misterio
que se extiende en el mármol de la nada.

La noche no es tan noche, ni es callada,
ni sirve de mortaja al cautiverio
de esos huesos que yacen sin criterio
sobre el lecho ancestral de su morada.

Noche y luna se funden en quimera.
El hombre se estremece, siente pánico,
cuando del alma el miedo se apodera;

es un miedo feroz, casi volcánico,
plasmado en pesadilla, larga espera,
con un poder fatal, casi tiránico.

Vicente Mayoralas

No hay lágrimas que inunden tu latido
no hay voz, ni amor, ni besos en tu esquela,
no hay nada, nada -amigo, centinela-
ni un solo verso más ¿Por qué te has ido
dejándonos el cielo sin tu estela?
¿Por qué razón? ¿Acaso no he sabido
rezarle a Dios? ¿Por qué lo ha consentido?
Y ahora te vas, y sé que, aunque me duela,
aunque sufra en mi ser tu desventura
jamás podré encontrarte nuevamente
llenándonos el alma con tus gozos.
No hay lágrimas que apaguen mis sollozos
ni hay nadie que te alcance en estatura.
Lo sabemos los dos, perfectamente.

Vicente Vives

En cada madrugada, en cada ausencia,
se queda el corazón desangelado
y siente que por mucho que ha llorado
el llanto no ha borrado la impotencia.

El tiempo nos castiga sin clemencia,
el que pronto llegó ya ha descansado
pero el de aquí espera anonadado
mascullando su pena, su dolencia.

Y en cada atardecer vuela en el rojo
ennubecido cielo el corazón
que busca sin creer que te hayas ido

y se vuelve, y se afana y de reojo,
sin querer molestar, con aflicción,
ve tus letras y llora compungido.

Idella Esteve

Tanta belleza para vivir sólo
una vez compatriotas de la muerte;
cuán certero aquel hombre que desgasta
segundo tras segundo lo que tiene
de arena en la clepsidra del futuro.
El amor que se va será una uva
que el gusto del recuerdo catará
cuando afloren nostalgias del vivir.
El llanto es la gimnasia del dolor,
así como el paisaje, de los ojos.
Los momentos grandiosos de la vida
se convierten en sombras que refulgen
necias ante el acoso de los años.

Aquí nadie nos salva, sólo queda
aferrarse a la tabla del naufragio
y aguardar que aparezca tierra firme:

La tierra donde atraquen nuestros restos.

Héctor Michivalka

Entrevista a Arantza Gonzalo Mondragón, por Rosario Alonso

“No hay para mí sensación más satisfactoria
que hacer un buen poema que trasmita
mis emociones a otras personas”

A Arantza Gonzalo Mondragón, una escritora vitoriana, curiosa y muy observadora, le gusta estar bien informada de cuanto ocurre en el mundo y a su alrededor a todos los niveles.
Le encantan los documentales de historia y de animales siendo sus preferidos los de rapaces y de animales salvajes. Se siente feliz en plena naturaleza observando el cielo y los pájaros y también podría pasarse horas mirando el mar.
Amiga de sus amigos, se considera leal a la gente que quiere. Una de sus pasiones es la buena cocina y no existe mejor plan para Arantza que una cena con algún amigo/a que sea buen conversador/a.
Nos comenta que sus mejores virtudes son la empatía y la paciencia y entre sus defectos, de los que dice tener muchos, se encuentra dejar entrar más negatividad de la normal.
Para Arantza un buen perfume es imprescindible ya que es una convencida de los beneficios de la aromaterapia.
Es hija de aquellos programas nocturnos de radio de finales de los 80 y 90, donde descubrió la buena música y la mejor literatura. Inolvidables para ella fueron Quintero, Aberasturi, Marchamalo o Moreno-Ruíz. Ya con 16 años se quedaba escuchándolos hasta la madrugada a pesar de que entraba a las 8 de la mañana en el instituto. Desde entonces es noctámbula. Nos dice que la noche es su patria y que “es cuando soy yo y cultivo el alma.

1. ¿Qué es para ti la literatura?

Para mí es una puerta abierta, un puente hacia otros mundos reales e imaginarios, algo que me ayuda a conocer y a conocerme.

2. ¿Y la poesía?

Lo más íntimo de la literatura, el reflejo del alma en el papel.

3. ¿Desde cuándo escribes y qué motivación te impulsa a continuar?

El primer poema lo hice con catorce años y a los veinte tenía apenas una docena. Fue mucho más tarde cuando empecé a tomármelo en serio.

Más que motivación, lo que me empuja a escribir es una necesidad. No hay para mí sensación más satisfactoria que hacer un buen poema que trasmita mis emociones a otras personas.

4. ¿Cómo definirías tu poesía?

En un noventa y nueve por ciento la definiría como catártica. No me gusta ni lo cursi ni lo pedante, yo escribo sencillo y hondo a la vez. Busco que el poema golpee al lector como tantos poemas de otros me han golpeado a mí.

5. ¿Y tu prosa?

Me he decantado sobre todo por el relato y la prosa poética, siempre con tintes autobiográficos.

Escribo historias sencillas que sean capaces de trasmitir.

6. ¿Qué influencias literarias han marcado tu manera de escribir?

Muchos poetas, aunque yo soy más de poemas que de poetas. Es difícil que me guste toda la obra de una misma persona, sin embargo hay poemas de todo tipo de autores que se clavaron en mí para siempre. Si tengo que decir cuatro para no extenderme, diría Miguel Hernández, Vicente Huidobro, Luis Cernuda y Luis Miguel Rabanal, pero al que más admiré y del que más aprendí, sobre todo a desnudarme, fue de Alejandro Salvador Sahoud.

7. ¿A qué público pretendes llegar?

A la gente normal, a la gente que no tenga que coger un diccionario para saber qué puñetas escribiste.
A los que buscan emoción al leer.

8. Para ti ¿qué condiciones debe cumplir un escritor para ser considerado como tal?

No sólo de sentimientos vive el poeta ni de contar historias vive el escritor. Además, hay que hacerlo bien. No todo vale. El pintor ha de conocer todas las técnicas pictóricas para luego elegir su propio estilo. Lo mismo ha de hacer el escritor. Quien no sabe leer, no sabe escribir.

Hay que estar abierto a la crítica y estudiar.

También es cierto que la forma se aprende, cosa que no pasa con el talento.

9. En tu prosa, ¿cuánto de verdad y cuánto de inventado podemos encontrar?

Un buen escritor al que admiro, Gavrí Akhenazi, me dijo una vez que si escribimos de lo que conocemos nunca vamos a equivocarnos, y tenía toda la razón. ¿Y qué es lo que mejor conocemos? Pues a nosotros mismos.

Todos tenemos un universo en la memoria para llenar diez enciclopedias. Entre lo que vivimos y lo que recordamos que vivimos, que no es siempre lo mismo, hay pequeñas y grandes historias.

Yo no sé inventar, de momento.

10. Dentro de todo el panorama, ¿con qué tipo de poesía te sientes más cómoda?

Con aquella que me diga algo, independientemente del estilo. Puede estar escrita con el corazón o con las tripas, ser excesivamente lírica o totalmente barriobajera. Me ha de impactar. Cuando voy al cine a ver una película puedo reír o llorar, pero lo peor es quedarme indiferente. Lo mismo busco en la poesía.

11. ¿Cuál es tu proceso creativo, te sientas a escribir poesía o esperas que la inspiración llegue?

Generalmente escribo por impulsos. Cuando tengo una necesidad imperiosa de decir algo no hay quien me pare, aunque pase pocas veces. Otras tantas me pongo a escribir, me obligo y entonces la inspiración llega.


12. ¿Piensas que hay mucho egocentrismo en el mundo poético o que, por el contrario, es un mito?

Sí, hay mucho egocentrismo en este mundo. La mayoría de las veces viene de poetas que no han expuesto su trabajo a la crítica sincera y solo escuchan alabanzas del círculo que ellos mismos alaban.

13. Tienes un libro de poesía publicado —Barca Varada—. ¿Qué te impulsó a escribirlo?

Fue un contrapunto con el poeta Alex Augusto Cabrera en Ultraversal. Barca Varada es mi parte de ese contrapunto. Nos fuimos provocando el verso poema a poema hasta conseguir un buen resultado.

Para mí fue el despegue. Perdí el miedo, me desnudé, saqué todos los fantasmas.

Principalmente es un poemario intimista sobre la infancia herida y robada, entre otras cosas.

14. Estás preparando un nuevo poemario. ¿Puedes adelantarnos algo?

Estoy preparando un nuevo poemario llamado “Desescombrando”, un título que le va de perlas a mi temática. Es una recopilación de poemas que ya están en el foro y que estoy puliendo. Verso libre, blanco, sonetos, décimas, un poco de todo.


15. ¿Crees que la poesía vende?

No, en absoluto. Lo que vende es lo que se promociona hasta la saciedad, independientemente de la calidad que tenga.

Yo sí compro poesía, pero creo que soy la excepción. Cuando realmente me gusta algo, quiero tenerlo conmigo, en papel.

Ahora con internet tenemos toda la poesía mundial a golpe de ratón, lo que demerita las ventas. Es comprensible.


16. ¿Cómo ves la poesía en la sociedad actual?

En la realidad es casi inexistente y en la virtualidad, de cada ordenador surge un poeta.
Se está haciendo muy buena poesía y también muy mala.


17. ¿Qué opinas del formato digital con vistas al futuro?

No es el futuro, es ya el presente. Lo digital va a llegar a muchas más personas. Ahora se está empezando y las revistas bien hechas de hoy serán la referencia para el mañana.

Gildardo López Reyes – México

De suposiciones

“Nadie supone nada, el que dice supongo sólo afirma sin ánimos de ofender”. Decir que suponemos cuando queremos afirmar, es una forma de expresar lo que pensamos suavizándolo, tratando de no ofender al otro con nuestras ideas contrarias, esperando no parecer intransigentes.

Así nos enseñaron desde niños, a empequeñecernos. Aprender que nuestra opinión no es lo suficientemente válida para afirmarla y tener que recargarla en la muleta de la duda; aprendimos también a hablar de nosotros en tercera persona o en un incoherente plural, para no parecer presuntuosos y llenos de vanidad. A sonar lo más amables que se pueda: diplomáticos e hipócritas, con falsa modestia y falsa humildad.

Por qué se habría de ofender el otro de que pensemos diferente a él. A menos, claro, que nuestra actitud fuera agresiva y el volumen de nuestra voz hubiera subido de tono, evidenciando una agresión. Si esto no pasa tenemos todo el derecho de pensar distinto.

Decir supongo, creo, me parece, en vez de un rotundo “sé”. Pero además en pleonasmo: yo supongo, yo creo, a mí me parece. “Es o no es, cómo que crees”, me gritó una vez mi padre ante mi vacilante “yo creo que…” Pero como decía, así nos enseñaron, a mí al menos. Así aprendí. Y me cuesta muchísimo trabajo dejar de usar el simpático pleonasmo y afirmar lo que sé y lo que pienso: sin suavizarlo, sin querer quedar bien con los demás. Cuando lo formulo en mi cabeza suena agresivo, así que me autocensuro y voy por lo seguro y aceptado. Casi nadie quiere parecer un mamón sabelotodo. “Smart ass” dicen los gringos, me gusta la expresión.

Acerca de Gildardo López Reyes

La pasión triste: un libro de Gavrí Akhenazi

Por Ovidio Moré

Dibujo de Ovidio Moré

Nada diferencia a la concepción literaria de la concepción plástica, el proceso creativo es idéntico. En el primer caso, el creador, dibuja imágenes con palabras, en el segundo, crea las palabras con las imágenes. El dibujo, el óleo, o la acuarela, pueden ofrecer un discurso poético, de la misma forma que el poema o la prosa pueden ofrecer un discurso pictórico. En resumidas cuentas, estamos hablando de arte, independientemente de cómo se manifiesta.

Pero yendo más allá, cuando ambas son leídas o visionadas por estos artistas (pintor o narrador o viceversa) da pie a inspiraciones mutuas: un poema o una narración puede inspirar una obra plástica, y una obra plástica puede inspirar una obra literaria.

Y eso es lo que me ha pasado a mí con la lectura del último libro de Gavrí Akhenazi, que me ha inspirado el siguiente dibujo  y, a su vez el dibujo ha dado pie al texto que sigue a continuación.

A propósito de la pasión triste de Gavrí Akhenazi

En tu cabeza habita el pájaro hambriento de ojo insomne, y llueve en las sombras de tu rostro, pero llueve de manera diferente a como llueve en el amarillo del día y en el negro de la noche.

Te alzas desde el gris, como un reloj de arena que se nutre del agua viva de tus lágrimas, en una desmedida ambición de ser clepsidra.

Tus lágrimas anegan el pecho, inconmensurable mar azul donde navega el corazón atravesado por la punzante flor de la pasión, de la pasión triste, la que duele lo que SÍ está escrito. Es el mismo corazón que vive, late y sangra versos que se vuelven ave: Cisne intrépido a la conquista de nuevas constelaciones, que son como circuitos eléctricos que han de dar luz al lucernario que te habita y que añoras.

Y en esos amarillos días en que la sangre cae gota a gota, la esperanza (inmensa neurona verde y espinosa a la que siempre perseguimos) te persigue, va a tu espalda porque eres como ese Cristo redentor dolido y lacerado el que refuerza su piel de aleaciones de plata y acero, para que ni la bala perdida de plomo ni la bala de la desidia del mundo, encuentren carne en la que echar raíces, justo allí, donde tu ala de pájaro de barro quedó trunca.

Pero siempre regresas del horror y renaces del gris, siempre. Y el pájaro roto de barro se hace hombre que ama, sueña y escribe. Porque el amor y la letra son el mejor ungüento contra la soledad, el horror y el olvido.

La literatura de Gavrí Akhenazi, de La pasión triste, es una literatura visceral y auténtica. Prosa poética donde las haya, exuda un exquisito lenguaje metafórico que no deja indiferente, al tiempo que se revela como lenguaje testimonial único. Cuando lees a Gavrí, la empatía y la sinergia te atrapan, ahí quedas en simbiosis con la escritura y con un mundo vivencial pletórico de emociones desgarradoras, donde el amor y el  “horror” van de la mano, formando parte de la cotidianidad del hombre-guerrero-cooperante-escritor, que viste de belleza el encanto en una catarsis continua para poder sobrevivir.

Entre cartas y epitafios te sumerges en una obra literaria de una calidad y riqueza verbal inigualables.

Os la recomiendo de todo corazón, porque esto es literatura de muchos quilates.

John Madison – Cuba

Maferefun, Cuervo

Me preguntaba yo, luego de hacer la siesta,
qué pasaría hoy,
exactamente hoy. Un Lunes a las seis
si me muriera.

Mi amor, mi gran amor del mundo y de los mundos
buscaría otro amor,
porque tú sabes bien, amigo mío,
de amor nadie se muere.
Y el hombre siempre vuelve a ser amor.

Es ley de vida.

Mis hijas, mis mataharis guerreras. Compañeras
de fatigas del alma
a las que hice mujeres
antes de que sus ojos lo pidieran,
a las que hice montañas
sin posibles ascensos de lo absurdo,
se buscarán la vida
con tal de que la vida no las muerda.

Como les enseñé.

Me quiero más que nunca en esta hora.
6:45 de la tarde.

Cada trozo de carne, de manos y de noche.

De mí, lo adoro todo.

Porque quiero vivir
pa’ que vivan los míos mi alegría.
Mi son de libertad.
Cada grito de guerra que le doy al destino.

Vaya a la mierda el diablo y sus tragedias.

Nunca creí en la muerte. Ni quiero que me lloren.

Que corra el ron sobre cubierta.

Pero aún queda mucho que dar a nuestra flota.

Maferefun mi cuervo,
Maferefun.

Ayer mañana y siempre.



Mamá, quiero ser sonetista

Querido Juan Ramón, pido un soneto
como quien pide en medio de una fiesta
vuelen al aire ritmos de bolero
para amarrarse al cuerpo de una hembra.

Tu abolengo y montura, moguereño,
inalcanzables  son para mi empresa.
Lánzame un cable a tierra, viejo arriero,
desde tus anchos vuelos de poeta.

Pues de catorce patas y once nudos
se presenta la bestia ante mis ojos
retándome a montarla en desafío.

Si domarla consigo, te aseguro,
la bulla va a escucharse en “Alto Songo”.

En su grupa violenta voy mecido.



Aún sigo en Estocolmo

Aún sigo en Estocolmo.

El galeón
se derrumba
sobre la laxitud
callada de su suerte.

Es un Lázaro envuelto
en un sudario blanco de carámbanos
a la espera de Cristo,
un témpano aquietado sobre el mar
negado a subyugarse.

Hoy nieva en Estocolmo.

El ancla se resiste a toda orden.

La arboladura gime
y el velamen
sisea moribundo entre mis rezos.
Los ángeles custodios
han tendido sus alas
sobre el sindicalismo
de la huelga.

El tiempo confabula.

La ciudad confabula
como una bailarina caprichosa
que ofrece a los turistas y portuarios
su exigua pompa de gogó falsaria
solo por retenerlos.

Quizá mañana.

Quizá mañana ronden otros vientos
y llueva en Estocolmo.

Desde cubierta exijo a lo divino:
—Que no cese. Que no calle, Señor
mi delgada llovizna libertaria.

Ésta palabra ardiendo que me cruza la frente
y los deseos.

Que no calle tu índigo de peces
ni tu morral de panes de futuro
que barre con pensarte
las rejas de mi oscuro falansterio.



La buena estrella

Algunas noches
no quiero ser marino.
Solo Goriot.

Ese Goriot tan francés y abnegado
que ofrece sus rodillas
a tu joven ventura
y bebe sopa amarga con migas de pan duro
sin quejarse durante todo el año.

Y el otro,
y el siguiente.

Para cumplir con todos tus caprichos.
Mi botín a los vientos
para limpiar tu estrella.

Pero no necesitas un Goriot,
sino a este Draco de papel
que mata
a puros cañonazos,
a los caimanes fieros de la ciénaga
que veneran a Giorgio.

Un igual que conozca la magnitud y el peso
de tu terrible caja de pandora.

(De: A instigación del viento)

Acerca de John Madison

Novum Sub Solem

Por Almudena Santalla

Caligrama del caballo de  Apollinaire

Nihil Novum Sub Solem. (Eclesiastés, 1-10).

Paul Valery utiliza estas palabras mágicas, sagradas, para expresar que nada cambia en el mundo literario y que no hay nada realmente novedoso. En la poesía visual todo ha sido ya experimentado, todos los terrenos explorados y el campo de la palabra es el que se eleva por encima del adorno. La expresión oral es la innovadora, la sugestiva, la tremendamente subjetiva y sugerente. La poesía visual es sólo el contorno, no la clave.

Para un lector de a pie la existencia de una poesía visual se remonta a Apollinaire, que fue quien hizo resurgir esta manera expresiva. Pero hay que remontarse antes, mucho antes en el tiempo. Digamos, en primer lugar, a la Prehistoria. El hombre primitivo, una vez aseguradas las comodidades básicas de su vida, se dedicó a pintar y expresar su realidad en las paredes de las cuevas. Formas lineales y geométricas, animales y humanas fueron su mundo, como podemos constatar en los múltiples ejemplos que disponemos. Este hombre ya tenía un cierto gusto estético, ya utilizaba la policromía, ya tenía un cierto deseo de comunicación y de pervivencia.

Escritura jeroglífica

Saltemos de época y cultura. Egipto y su esplendor. Las paredes son verdaderos testimonios de una civilización que se resistía a caer en el olvido. La escritura jeroglífica encierra esa combinación testimonial y artística que emplearon para servir a un común objetivo. Pero no fue un hecho aislado: podemos recurrir a los glifos, a la literatura cuneiforme hitita o a los glifos mayas para deducir sin margen de error que la poesía visual es a menudo anterior a la aparición de la poesía tradicional.

El Hacha, Las Alas y El Huevo, Simias de Rodas

Pero tuvo que llegar el año 300 a.C. para que toda una tradición previa llegara a conformar el primer caligrama. Sí, año 300 antes de Cristo, a un hombre llamado Simmias de Rodas, todo un innovador. Estamos en Grecia, una Grecia que fue esplendorosa en todos los sentidos. Simmias de Rodas escribió, al menos que sepamos, tres caligramas, El hacha, El huevo y Las Alas. El huevo, por ejemplo, ha de leerse alternadamente, el primer verso y luego el último, el segundo verso y luego el antepenúltimo, hasta terminar en el verso central. El objeto representado, esto es, el huevo, sintetiza la idea del texto en cuanto a símbolo de vida, la gestación y el origen. El sentido general parece claro: la madre ruiseñor nos dice haber perdido un poema en forma de huevo, recogido por Hermes bajo su ala, que ordenó sus versos para enviarlo a los hombres.

 Inscripción Duenos

No fue un hecho sujeto al más puro azar, sino que tuvo una serie de antecedentes previos: los mandalas hindúes, pero, sobre todo, la inscripción de “Duenos” del siglo IV a.C., encontrada en Roma cerca del Quirinal, que es una espiral grabada en un vaso y que puede leerse de derecha a izquierda. Hay incluso algunos que lo han relacionado con el disco de Phaestos fechado en torno al segundo milenio a. C. y compuesto también en espiral por pictogramas aún no descifrados. Y no hay que irse tan lejos: en su mismo siglo y en el anterior hubo autores griegos que practicaron ejercicios visuales, como El altar de Dosíadas o Teócrito, que hizo un caligrama en el que imita la forma de un instrumento musical de viento llamado siringa, que tocaba el dios Pan, al que la composición va dirigida.

Hay muchos más ejemplos, desde el altar caligramático de Julius Vestinus, que es, además, un acróstico: Olumpie pollous etesi quseias, o los trabajos de Publio Optaciano Porfirio (siglo IV), artífice de carmina quadrata, es decir, poemas cuadrados, y carmina figurata, o poemas con forma de figuras o caligramas, en cuyos tentos destacan letras que van formando símbolos o mensajes dentro de esta especie de gran sopa de letras literaria que se presenta como primer texto a los ojos del lector y debajo del cual hay que extraer el mensaje que se trata de resaltar, para lo cual emplea, por ejemplo, letras en negrita.

Monograma de Cristo

¿Qué otros recursos son atribuibles a nuestros más remotos ancestros? Por ejemplo, el lipograma, textos en los que se omite sistemáticamente una letra. Así, el primero reconocido en hacerlo fue Laso de Herminone en el siglo IV, que omitió la letra sigma en la Oda a los Centauros y en el Himno a Démeter. En el siglo III Néstor de Laranda reescribió la Ilíada en forma de lipograma, suprimiendo en cada canto una letra: en el primero alfa, en el segundo beta, y así sucesivamente. O en el siglo V, Trifidoro de Sicilia, que reescribió la Odisea, eliminando una en cada una de las veinticuatro secciones en que dividió los viajes de Ulises.

Otro recurso fueron los monogramas, que es un símbolo formado por cifras y letras entrelazadas en conjunto que ya existían en la época de Constantino con el nombre de Jesucristo. Hay quienes afirman que fueron la base constructiva de la que proceden laberintos literarios, poemas cúbicos y caligramas.

El acróstico también pertenece a esta época. La Biblia y los Textos Sagrados son prueba fidedigna de su antigüedad y de su papel en la literatura hebrea. Los Salmos ofrecen múltiples ejemplos, desde los de plegaria y acción de gracias hasta los de liturgia.

Ideograma egipcio

Y los ideogramas…proceden del arte pictográfico y jeroglífico, y también pueden ser considerados en parte los padres del caligrama.

Los centones, o poemas construidos con fragmentos de versos de otros poetas, lo que los convierte en un precedente claro del “collage”, los poemas polilingües, o los cacenphaton, figura que consiste en buscar la dificultad de pronunciación y otros muchos “vicios”: macrología, tautología, anfibología, cacosíndeton, etc, con los tipos poéticos que estas licencias pueden formar, como es el caso del Carmen amphibologicum.

Diómedes Athanasio, por su parte, en su Arte grammatica, recoge versos llamados reciprocus y neothericus o sotádicos, recurso que permite una lectura inversa. Véase el ejemplo:

Musa mihi causas memore quo numine Laeso Laeso numine quo memore causas mihi musa.

Hay tantos ejemplos que es imposible enumerarlos todos. La importancia de la simbología y la potencia del significado de la palabra ya existía mucho antes de que fuéramos conscientes de ello.

Entre fines del siglo IV y principios del siglo V Iulius Rufinianus, Aquila Romanus, Donato y Servio recopilaron formas no convencionales que denominaron vicios. Así, Donato cita como vicios los barbarismos, solecismos, acyrología, tautología, eclipsis, tapinosis, “labdacismus”, “iotacismus”, “myotacismus” (versos letreados, donde cada palabra se inicia con l, i, m o con predominio de éstas).

También incluyen los Ropálicos, que en la poesía griega eran versos en que cada palabra tiene una sílaba más que la precedente.

En el siglo V, Flavio Félix inscribió sus epigramas en los baños de Alima, construidos por orden del rey Thrasamund, uno de los cuales es un poema de veinte hexámetros de treinta y seis letras cada uno, formando un pentacróstico en el que se lee: “Thrasamundus cuncta innovat vota serenans”.

Laberinto Svagrius

El padre Sedulio, por otra parte, fue autor de una larga elegía en versos serpentinos basada en el Antiguo y Nuevo Testamento, y al que también se le atribuyen acrósticos, como su himno A solis ortus cardine. También escribió un teléstico, donde su nombre venía formado con la última letra de cada verso.

Fortunato aunó formas precedentes, utilizando ampliamente laberintos y caligramas.

Por ejemplo, el Syagrius, que era un laberinto formado por un cuadrado de treinta y tres versos de treinta y tres letras, como la edad de Cristo al resucitar. Utiliza los acrósticos, los telestéticos y mesósticos (internos), dos de ellos formando una diagonal X: el símbolo de Jesucristo.

A su vez, escribió un caligrama perfecto: De Sancta Cruce, una cruz teutónica cuyo punto central viene formado por un rombo con la palabra crux legible desde el centro hacia fuera en todos los sentidos.

En el siglo VII, llega una nueva influencia que marcó la época: la de la estética germánica, que hizo mella en los textos monásticos, escritos en los “scriptorium” y talleres monásticos. Fue una época prolífica en las copias, donde surgieron también las unificaciones lingüísticas a efectos de escritura y ortografía.

Beda el Venerable, en su himno a St. Etheldreda, termina sus cuatro estrofas finales con las letras AMEN. Fue un recurso también utilizado por San Agustín, Hilary de Potiers y Sedulio, entre otros.

La Edad Media resaltó la idea de un mundo recogido por la armonía de los números y la concepción de la palabra a partir del ritmo musical. Abundan los acrósticos y los enigmas, al igual que los pentacrósticos, como en el caso del sajón Aldhelmo. Pero el género visual del Medievo por excelencia es el laberinto, basado en mensajes cifrados, jeroglíficos, simbólicos, sustentados en la geometría y con una representación caligráfica compleja, cuya lectura, por estos motivos, estaba limitada a gente cultivada. El laberinto tiene en cierta medida un origen mozárabe, cultura donde estaba prohibida la representación de la figura humana, que se venía a sustituir por el valor metafórico y alegórico que adquiría entonces la escritura. Los laberintos tienen una clara orientación religiosa, y se distinguen por participar de una estética de la ocultación, ya que se creía que a través de las palabras y revelaciones escondidas de los laberintos se accedía a los misterios de la fe cristiana, y que la fe estaba reservada sólo para los elegidos, capaces de desentrañar sus más íntimos secretos.

Laberinto de Rabano Mauro

Tanto en los laberintos como en el resto de géneros visuales adquiría una importancia crucial la colocación de los componentes del poema, el tamaño, la forma y color de las letras, números y signos y sus posibilidades combinatorias. Todos los elementos confluían en el centro, que era el núcleo del texto, asociado al Universo o el Cielo de los creyentes. Ese centro a menudo se representaba con la letra “O”, el astro sol o simplemente con un círculo.

Merece la pena también mencionar a uno de los más atinados creadores visuales de la época, el monje alemán Rabano Mauro, que empleó en sus obras en color rojo para obtener, en el interior de sus poemas, formas superiores que destacaban del conjunto.

El gramático Virgilio de Tortosa es una especie de sistematizador del sentido caótico de la poesía hasta la transgresión sintáctica: el neologismo, la derivación léxica extrema, el extranjerismo, abreviaciones, retruécanos forzados, ruptura de las palabras o las sílabas y nuevas ordenaciones de letras.

Poema epigráfico en las paredes de la Alhambra de Granada

Como se puede observar, haciendo una breve pausa en el devenir histórico, todas son formas que se han seguido utilizando hasta nuestros días. La indagación en la originalidad estética actual está puesta a debate.

El mundo árabe tampoco fue ajeno a las nuevas tendencias. En el siglo XI, la poetisa Omeyya Wallada se tatuaba al estilo bereber poemas con henna en el cuerpo, inaugurando la tendencia actual del “body painting” y el tatuaje.

Otro ejemplo meritorio de mencionar son los muros de la Alhambra, pues a la integración del poema caligráfico y su disposición en el plano se une el elemento básico de la escultura, el volumen, integrado todo en el espacio arquitectónico.

Hay que tener en cuenta que la escritura tiene en el mundo islámico especial importancia, de ahí que se manifestara en múltiples ocasiones en la arquitectura, por su carácter simbólico y gráfico, por su sentido plástico, por toda la magia que encierra.

Masorah en la torá

Y mientras la cultura islámica recurría a la arquitectura, la hebrea ejercía la poesía visual de otro modo bien distinto: a través de los masorah, escritura situada en los márgenes de las páginas formando motivos florales y otro tipo de adornos a modo de tapiz.

Prosigamos con la historia. La trascendencia de los elementos religiosos propios de la Edad Media dio paso al carácter profano del arte típico del Renacimiento. Dios ya no es el centro de las cosas, sino que lo es el hombre, y se van a imitar las obras clásicas de orientación visual. Entre ellos destaca el monje cisterciense madrileño Juan Caramuel, que vivió en el siglo XVII y que fue calificado de oscuro por llevar sus indagaciones visuales al extremo.

Otro ejemplo, en otra línea, es un soneto circular laudatorio al conde de Villaflor, ideado en el mismo siglo por Antonio Álvares da Cunha, que diseñó un código numérico basado en el título del poema, clave para descifrar el resto.

A pesar del carácter profano de la época, también se dieron casos de caligramas religiosos, como el que representaba el nombre de Jesucristo en una esvástica, emblema con el que los primitivos cristianos de la era romana designaban al Hijo de Dios.

También es destacable la técnica del retrógrado, donde se dan poemas con dos lecturas: una lineal y otra inversa, o sílaba a sílaba, o letra a letra, como “remire”, “regire”, las rims derivatius, formadas por palabras que derivan unas de otras, y las rims equivocz, con palabras parecidas fonéticamente.

En el terreno de los acrósticos, como novedad, hay un caso insólito digno de mención: Copla sola de Luis de Touar, donde, aparte del acróstico, aparecen insertados los nombres de nueve damas. El poema que le sigue en el cancionero da respuesta a una pregunta que se le formula sobre cuál es la más importante para él. El nombre aparece insertado en el poema a través de letras mayúsculas a lo largo del poema.

Como ejemplo curioso de rebus (o jeroglífico fonético) se encuentra uno, tal vez del siglo XIX, que recoge Carbonero y Sol:

SKDTDAK (ese cadete de acá)
TDCAYAPTC (te decea y apetece)
CKBCAYCKE (ce cabecea y ce cae)
YTCDYTOBDC (y te cede y te obedece)

El Carmen Chronologico, chronographico o numerale es el tipo de poema que se refiere a una cifra histórica o fecha determinada a partir de la lectura de ciertas letras como números romanos. Es preciso entonces sumar dichas letras para obtener la fecha deseada. Un ejemplo sería el epitafio dedicado a Fernando de Hohemberg, que nos da como fecha 1655.

El Carmen Caballistico se basa también en valores numéricos, pero en este caso a partir de la cábala. Las letras tienen así un valor numérico determinado que es preciso sumar en cada palabra, según una tabla que el autor ofrece, para obtener una cifra total. El primer ejemplo que incluye es el dístico dedicado a la Virgen:

“Ecce potest animi mores affingere palma
A facie mores discit imago mea”.

La suma de todas estas letras según dicha tabla nos da como resultado la cifra de 1668, que coincide con la primera edición de este libro.

El Carmen Arithmeticum, en cierta relación con el anterior, juega con los números y las letras, como en uno de los ejemplos que ofrece Paschasius):

Tertria sunt septê, septê sex, sex quoq tres sunt,
octo dant quatuor, quatuor faciunt tibi septem,
haec numeres, recte faciunt tibi millia quinq”.

Así tertria tiene siete letras, septem tiene seis, etc.

Más interesantes en el plano visual son los ejemplos que ofrece el autor del Carmen musicum, en los que se sustituyen aquellos elementos del verso que corresponden, a partir de sus letras, con las notas de la escala musical, ut, re, mi, fa, sol. De este modo, el verso:

“ma te nequit cat inclyta virtus”

debe leerse:

“FAma LAteRE nequit MIcat UT SOL inclyta virtus”.

En estos casos el texto aparece con el gráfico musical y al pie del mismo las letras que faltan para componer el verso.

El Carmen Grammaticum define al tipo de artificio por el que las palabras del verso aparecen desordenadas y es preciso encontrar la clave de su ordenación. A veces incluso las sílabas de una palabra hay que descomponerlas para lograr el sentido correcto, como en el siguiente ejemplo:

“Furfur edit pannum, panem quoque sustineamus”.

Si dividimos la última palabra en tres obtenemos, una vez colocada en su sitio cada una: Sus – tinea -mus.

Sus edit furfur, tinea pannum, mus panem.

Portada del primer libro iluminado de William Blake

Ya en la transición hacia el Barroco, resurgen con fuerza los caligramas, sobre todo en la Escuela alemana de Nürnberg, con obras con forma de copa, yunque, torres, ramas de laurel, cruz, alas, pirámide, huevo, animales como el oso, corona de espinas o incluso un ataúd (Johann Rudolf Karst). Según avanza el Barroco esta tendencia decae, aunque se siguen encontrando ejemplos todavía, para dar paso a la agudeza semántica, a la ironía, al juego verbal, … esto es, se potencia la palabra.

Acrósticos, caligramas, centones, anagramas,… todos ellos se han seguido usando, a veces intermitentemente, siempre con sello personal, a lo largo de la historia.

Para culminar con este paseo por la poesía visual y sus recursos, quizá uno de los casos más curiosos a mencionar: el poeta romántico inglés William Blake y sus poemas “iluminados”: La impresión iluminada implicaba escribir el texto de los poemas en planchas de cobre con plumas y cepillos, usando un medio resistente al ácido. Las ilustraciones podían aparecer junto al texto de igual modo que los manuscritos iluminados medievales. Luego bañaba las placas en ácido para disolver el cobre no tratado y dejar únicamente el diseño. Las páginas impresas con estas placas tenían que ser recoloreadas a mano con pinturas al agua y después se cosían para formar un volumen.

Blake utilizó esta técnica en cuatro de sus trabajos: Canciones de inocencia y de experiencia, The Book of Thel, El matrimonio del cielo y el infierno y Jerusalem; tratar su obra poética separada de la pictórica hace perder valor a la dimensión de su trabajo.

La originalidad de la poesía radica hoy en día, pues, en la fuerza de la palabra y las imágenes que con ellas se reflejan, ya que el resto de las técnicas visuales tan abundantes hoy, incluso con la poesía virtual o el videoarte, son fruto de indagaciones anteriores. En palabras de Lord Byron: The past is the best prophet of the future. No ignoremos, pues, nuestro amplio bagaje cultural y aprovechémonos de su sabiduría.

Acerca de Almudena Santalla

Orlando Estrella – República Dominicana

Atrapados

Nos cubren las tinieblas como mantos del mal,
horadan pensamientos que quedaron varados
en ambientes hipócritas.

Así estamos, mi nena,
viendo en los mares rojos impensables señales
de un mundo sin razón.

Traiciones encubiertas como velos mugrientos
que enlodan los caminos
para que resbalemos sobre esa mierda húmeda
que nos arropa hoy
los sueños inconclusos.

La vida pasajera nos obliga a mentir
y solo las verdades las usamos de paso
como puñales finos para herir las ideas
que defienden el mundo.

-Y que por cierto está-
en manos de cabrones.

Vamos para la cama
que es el único sitio donde somos nosotros.

Ahí quizás logremos
ser felices un chin.

Entonces la mañana nos despertará lúcidos
pero si nos pasamos la gran noche fingiendo
que somos detectives, entonces somos pillos
y estamos atrapados.



Hombre

Tomaste posesión de un horizonte límpido
—el que la rigidez te fijó en la mirada—,
ese fue tu sendero que habrías de trillar
y caminaste incólume cual guerrero de luz.

Fui tu primer destello, sol que te deslumbró
y motivó la fuerza de macho convencido
con su inmenso poder y de inusual sorpresa
e instinto maternal ¡ vaya la vida extraña!

Hiciste añicos normas sagradas hasta hoy
pero, ¿de qué maldito material te fundieron?,
una incógnita grata que me sigue feliz.
Bien hubiera querido heredar tal proeza.

Sentí en mi piel de niño tu firmeza letal
que marcó como hierro mis tiempos del futuro
¿fue mi necedad bruta o tú fuiste vidente?
Incorruptible ser, lo fuiste hasta tu ocaso.

Te honraré mientras pueda, pero no soy igual.
Tus tiempos fueron calmos, los míos turbios, padre.



Huérfano

Te mecieron con cantos que aún recuerdas.
Fueron notas muy breves, canciones sin final
que el destino truncó por azares secretos.
Esos versos de paz hoy son baladas tristes
cosas que el gran amor desconocía, niño.

Hoy vas de salto en salto buscando las respuestas,
incógnita de vida oculta en pesadillas.
Solo el tiempo descifra estos juegos del hambre
y lo hará con tu vida y también con tu muerte.
Tú, trata de ganar, que perder no es fracaso.

Una inocencia muda, una infancia perdida
en calles de avatar con suelos movedizos
donde naufragan sueños de bebés hechos hombres
a fuerza de sus huevos curtidos en las lides
de luchas desiguales contra un mundo sin alma.



Temores…

Temes a la muerte siendo un laureado
que ganó la vida por suerte o azar
en un maratón de miles de ansiosos
en busca del premio de un vientre materno.

Esos perdedores también lo soñaban
¿Sabes dónde fueron? A burdos canales
y jamás verán ni las sombras muertas
de su travesía hacia tal incógnita
que solo un dichoso como tú conoces.

¿Y tú, qué esperabas? ¿Ser un inmortal?

Eres privilegio, todo un monumento
que respira y sangra, que come y defeca
ama y también odia, -especie de Dios-
sobre un suelo turbio donde tú pernoctas
y ahí quedarás con tus blancos huesos.

Tú sigues temiendo pero es a la vida
pues ésta se esfuma y no hay ningún modo
de variar el curso de esa gran verdad.

Ovidio Moré – Cuba

Unidad y lucha de contrarios

Sé que acabaré perdiendo la batalla. Mi cuerpo se convierte en historia, pero esa luz que se posa en la ventana y que, tímidamente, como un gorrión asustado, baja a comer de mi mano, me dice lo contrario.

Sé que esta desnudez de blandas carnes, de corazones mostrando sus arterias, de jadeos, de telúricas pasiones y de desayunos en la cama, no es apta para cardiacos; y sé que tu desnudez sigue avivando mis más “bajos instintos” ajena a mis sístoles y a mis diástoles.

Sé que a veces la rutina y el tedio atacan y acorralan en la trinchera a lo novedoso, a lo lúdico y a lo fantasioso; que tu fuerza es inversamente proporcional a mi debilidad y que, como los polos opuestos del imán, nos atraemos.

Sé que el amor, según dicen los sabios poetas, las pitonisas, las cartománticas y hasta los ángeles, dura más allá de la muerte. Sin embargo, yo sólo quiero amarte en vida, a no ser que en la nada, en nuestro regreso al polvo, convertidos en esas mínimas y atómicas partículas, podamos gozar del sexo y del deseo, o yo pueda disfrutar de la fugacidad de mi beso en tu frente, de la insistencia de mis dedos entre tus rizos.

Sé que esta música que ahora desgarro, que ahora sentencio, que ahora visto como una segunda piel, está en lucha continua con tus silencios, con esos estados callados de ausencia según Benedetti, con esa estática de tu pose en medio de la cocina.

Sé que vives para modelar cada día el barro, para cincelar el mármol, para esculpir en alabastro estas ansias que nos unen, estas pieles que nos funden. Y lo sé por la sencilla razón de que yo muero por ello.

Acerca de Ovidio Moré

Su corto vuelo: un libro de Eugenia Díaz Mares

Por Isabel Reyes Elena

Prólogo del libro

Eugenia Díaz Mares, poeta novel mexicana, presenta su ópera prima “Su corto vuelo”.

Nacida en el portal literario www.ultraversal.com ha ido aprendiendo y haciéndose fácilmente con la técnica poética, métrica y rima en corto espacio de tiempo. De lenguaje fácilmente comprensible, sin que la sencillez se convierta en simpleza, no recurre a juegos malabares e introduce en sus versos metáforas sutiles. Su palabra no excluye la cadencia, la tradición y alcanza una voz que le es propia.

Todo el poemario está construido en Arte Mayor, la mayoría sonetos, y da la impresión de que la autora intentara reconstruir su vida desde lo destruido y decidida a edificar el futuro desde su carne abierta y sus propias cenizas humeantes. Versos urdidos con reflexión y dolor. Con la emocionalidad que late en los silencios.

En cada uno de sus versos hay una mujer doliéndose, pura llaga abierta que respira la pérdida de su hija menor, Erika, por una terrible e invasiva enfermedad, el lupus eritematoso diseminado. Pero también sorprende de qué forma se enfrentó la protagonista a la misma, un modelo de alegría y fortaleza que mantuvo hasta el final, incluso dando ánimos a todos sus seres queridos.

La muerte de un hijo es algo contra natura que no entra en los esquemas evolutivos, y cuando se produce, provoca grandes crisis a nivel físico y emocional,  Eugenia ha tenido el valor de expresar en su libro todo el proceso de la enfermedad, hasta que Erika fue vencida por la misma. Una necesidad vital para alejarse de la locura e intentar encontrar de nuevo sentido a su vida. Porque aunque parezca mentira, es posible renacer después de un golpe así, a pesar de que un hijo nunca muere, pues siempre está en el corazón de madre el amor por el ausente.

En la fase final de la enfermedad dejó un testimonio de vida, un tesoro, que se presenta en forma de mariposas que revolotean a menudo alrededor de sus seres queridos.

Silenciosa y honrada con sus sentimientos, hermosa, así Eugenia Díaz Mares.

Recursos literarios (quinta entrega)

Por Enrique Ramos

Quinta entrega del estudio de Enrique Ramos
publicado en el taller de Ultraversal

La ALEGORÍA es un tropo que consiste en hacer patentes en el discurso, por medio de varias metáforas consecutivas, un sentido recto y otro figurado, ambos completos, a fin de dar a entender una cosa expresando otra diferente.

La alegoría se puede considerar como una metáfora prolongada en la que cada elemento imaginario tiene su correspondiente referente real.

Se puede distinguir, igual que hacíamos en el caso de la metáfora, entre alegoría pura, en la cual no aparece en ningún momento el plano real, y alegoría impura, en la que el significado real aparece en el poema.

Por ejemplo, sería una alegoría impura la siguiente, extraída de un soneto de Gutierre de Cetina y donde cada elemento metafórico aparece acompañado por su referente real en forma de genitivo:

“en la barca del triste pensamiento,
los remos en las manos del tormento,
por las ondas del mar del propio llanto,
navegaba Vandalio…” 

Podemos disfrutar de una hermosísima alegoría en estos versos extraídos del poema “Mujer con alcuza”, de Dámaso Alonso, en los que el poeta hace una alegoría de la vida como viaje en un tren:

Oh sí, la conozco.
Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
en un tren muy largo;
ha viajado durante muchos días
y durante muchas noches:
unas veces nevaba y hacía mucho frío,
otras veces lucía el sol y remejía el viento
arbustos juveniles
en los campos en donde incesantemente estallan
/extrañas flores encendidas.
Y ella ha viajado y ha viajado,
mareada por el ruido de la conversación,
por el traqueteo de las ruedas
y por el humo, por el olor a nicotina rancia.
¡Oh!:
noches y días,
días y noches,
noches y días,
días y noches,
y muchos, muchos días,
y muchas, muchas noches. 

Y para terminar con los ejemplos de alegoría, bien viene aquí a cuento el poema de nuestro admirado Pedro Javier, que con maestría arguiñaniana nos ha preparado esta

TORTILLA AFRODISIACA

Si afrodisíaca haces la tortilla, 
los ingredientes son para el evento: 
apio, cebolla, el cuarto de un pimiento 
y un toque picaresco de guindilla. 

Se baten bien los huevos a dos manos 
hasta mostrar erecta la mixtura 
y se cubre con celo a la criatura 
con suaves movimientos cortesanos. 

Luego se da la vuelta y se la dora 
por detrás y delante con esmero 
y ya en la posición del misionero 
se le ajustan los flancos sin demora. 

Y para refrescar el calentón 
se introduce con maña un buen gambón. 

Aclarar que, después de publicarla, pidió disculpas a las damas y a los caballeros, siempre en tono de broma, claro está.

Enrique Ramos

Jorge Ángel Aussel – Argentina

Dudar es pensar

La duda es uno de los nombres de la inteligencia. Jorge Luis Borges

El manual del mandato social nos plantea directa o indirectamente que la duda es mala; sobre todo quienes se proclaman religiosos. Pero ¿acaso los hombres de fe no dudan? Claro que sí. Un hombre que cree sin dudar es un fanático y nada más distanciado de la fe.

En algunos pasajes de la vida, cuando alcanzamos una cierta madurez, que no depende en absoluto de la edad cronológica, debemos empezar a poner a prueba nuestras creencias, desconfiar de ellas, e incluso plantearnos la posibilidad de que podemos estar equivocados y haber creído desde tiempos inmemoriales en muchísimas falacias.
Dudar no es un delito, es una herramienta que tenemos que aprender a usar.

No puedo aseverar que a través de la duda alcancemos la verdad, pero no dudar jamás, simboliza aceptar lo que podría ser una mentira atroz, y todo por la tranquilidad que confiere el hecho de no tener que movernos de lo que hemos establecido como real. Porque dudar es pensar. Y el cerebro es un órgano que muchos se niegan a usar.



Por cobardía

Tus problemas te perseguían como un asesino a sueldo con el poder de acabar con una vida que pudiera denominarse como tal, como un perro rabioso que cuanto más corrías, más se empecinaba en atraparte e hincar su dentadura en tu cerebro hasta hacerlo reventar.

Pero el verdadero problema era que a medida que escapabas de todos ellos, no conseguías percatarte que las soluciones venían detrás, justo al lado de tus problemas.

Si hubieses tenido el valor de detenerte por un momento para enfrentarlos como el sol se enfrenta a la noche en cada amanecer, hubieses sido feliz. Pero no quisiste hacerlo, optaste por huir como las aves cuando se avecina una tormenta, aunque arrastrándote por el suelo. Mas nunca fue por no enfrentar tus problemas. Más bien fue por no enfrentar tus miedos.

Acerca de Jorge Ángel Aussel