Morgana de Palacios – España

Un poema

Pandemia

Ser poeta en la cárcel,
en la herrumbre enjaulada del propio pensamiento
devorado por vuelos inconscientes
de insectos de metal. Taladros vivos
del hueso hasta su médula
y caminar velada
por no transparentar tantas fisuras,
tanto pozo de sangre detenida
en el rumor de élitros constante
que te asorda el oído para lo cotidiano.

Mirar perdidamente, como miran las locas
desde hondas ventanas ignoradas,
a lomos del ladrido callejero,
a través del cristal de los escaparates moribundos,
por ser ángulo, esquina, muchedumbre
y desquiciada nova solitaria:

carne de ordenador,
ojo de vidrio,

presa en el don de la pandemia alada
que no se diagnostica a simple vista.

Solange Schaffino – Chile

Un poema

Imagen by Tom Gralish
Cifra

No sé tu nombre
ni si alguna vez tu rostro
fue abrigado en un regazo.
No sé tu dirección
pero sí conocí la casa
donde te aisló este mundo.

Hoy sé de tu horizonte breve
y de tu hambruna tan cerca del trigo.
Que tenías cuarenta y cuatro
quién sabe si familia
y alguna pertenencia tapada en una bolsa.

Me pregunto a qué virus le temías,
si más a esta pandemia
o a la ciega distancia
a la que confinamos tus zapatos.

Pero te hiciste visible en una cifra
e intento tu lugar como si en algo remediara
trazarte aquí en mis ojos
hoy que eres el octavo de la lista que más duele
y nadie en tus retinas, ¡ah paradoja!
cuando ahora que estás muerto,
finalmente te sumaron.


* A un hombre en situación de calle, fallecido ayer en la 7 región. El 8vo.

Hablando

Por Gildardo López Reyes

Creo que es absolutamente liberador poder hablar sin ningún tipo de filtro, sin ninguna pena ni temor por decir algo que no deba ser dicho; poder hablar de tu oscuridad, o de la parte que conoces, recibiendo por respuesta información que te permite continuar armando tu rompecabezas. 


Aunque es bastante complicado poder llegar a ese nivel de sinceridad luego de demasiados años archivando cosas y aprendiendo a fingir. Es algo muy complicado, dejar fuera de la puerta los prejuicios y las vergüenzas, que se resisten a irse y que al día siguiente puedes encontrar instalados como si nada hubiera pasado.


Es tan placentero hablar y hablar y hablar sin sentirte juzgado. Hablar e intentar desentrañar eso que acabas de sacar de quién sabe dónde, eso que creías haber olvidado, eso que salta y se muestra sin pudor.

De nuestras pasiones

Rol del artista literario como hijo del siglo

Debate

El arte como manifestación humana no deja de tener su misterio si partimos de los trabajos de los primeros hombres de esta etapa de la historia (la que conocemos).

Hombres que apenas podían emitir sonidos, más parecidos a gruñidos, dejaron toda su historia grabada en infinidad de objetos y cuevas, y por eso la conocemos. El arte entonces fue descriptivo o informativo (aunque esa no fuera la intención).

La función del arte en sus fundamentos, obviando el carácter decorativo y comercial, es la de crear emoción y tratar de modificar la conducta (inmediata o no) de las personas) -entiéndase conducta en el escenario de un momento de contemplación o lectura y de reflexión-.

Un profesor en una ocasión contaba una anécdota de Isadora Duncan cuando, en una gira por Rusia, y en la víspera de su próxima presentación, se encontraba indispuesta y con deseos de suspender su espectáculo, pero por exigencias subió al escenario sin idea de que hacer, en los inicios notó a un joven violinista que estaba derramando lagrimas mientras tocaba, Isadora en base a ese detalle comenzó a cambiar de actitud e hizo una de sus mejores actuaciones.

Al finalizar se acerco al joven y lo besó al tiempo que le dedicó su baile, y le manifestó que él le salvo la noche.

En este ejemplo la emoción fue mutua, tanto del músico e Isadora.

La literatura tiene un papel estelar dentro de las manifestaciones del arte, posiblemente el mayor. Me permito hablar de mi breve experiencia en este campo, desde hacía mucho tiempo mi actividad plástica no me daba el espacio para decir algo más de lo que ella me permitía, claro, lo veía como una necedad o querer abarcar más de lo debido.

Cuando hice el intento de incursionar en la poesía me pareció haber descubierto algo desconocido que me llenó de satisfacción.

Desde ese día muchas cosas cambiaron en mi visión del arte y solo en el renglón de la escritura he encontrado la vía de hablar de cosas que tenía apresadas.

De hecho, en la plástica son pocas las obras que han tenido gran trascendencia en el campo de exponer la tragedia del hombre y sus consecuencias, habrá que mencionar a Picasso y su Guernica y los pintores y escultores en el caso del calvario de Cristo y otros casos parecidos. Goya y los expresionistas hicieron su parte y dejaron grandes obras con mensajes muy significativos.

Cuando escribo poemas a veces creo ser masoquista pero el que dice su verdad, grata o no, está cumpliendo su función, y lo más importante, lleva un mensaje para tratar de cambiar conductas, que no tenga el éxito deseado es otra cosa.

Orlando Estrella


Vivir es escribir historia, porque la Historia se escribe desde todas partes.

En todos los siglos hubo omitentes, concordantes y disconformes con el status quo.

En la Historia, pese al famoso dicho de que «los que no arriesgan no escriben historia», todos los protagonistas son, de suyo, fácticos, porque de otro modo no habría historia ya que la Historia no es otra cosa (como diría Campani) que el registro de las excepciones. Por lo tanto, para que haya excepciones, tiene que haber continuidades.

La literatura, como cualquier arte, no es ni transgresora ni concordante. Son los hombres que la hacen los que reflejan sus opiniones sobre el alrededor en el que desarrollan su arte y por lo tanto, el arte no es la expresión de lo distinto, sino del «cada quien».

El revolucionario en el arte no es menor que el que está de acuerdo con el régimen, sencillamente porque la Historia está hecha de eso, de sus pros y de sus contras, de sus vanguardistas y de sus retrógrados, y todos son la representación del género humano que la escribe a través de esos que la manifiestan.

El artista testifica lo que siente. Hace, si puede, lo que puede, por hacer algo con la verdad que siente. Pero no todos los hombres sienten igual ni piensan igual ni testifican igual.

Como la masa crítica no existe y sí existe ese horizonte tan absolutamente orwellano, que siempre ha sido ese horizonte, porque en todas las épocas existieron todos los mismos roles ejercidos por diferentes protagonistas (dado que nadie tiene comprada la eternidad), en el arte, al igual que en la Historia, cabe todo.

Cada uno testifica el siglo como le va en el baile. Cada uno testifica su porción del siglo como le caló su ideología o como esa misma ideología (o utopía o sueño o esperanza) lo traicionó o lo edificó.

El problema del artista es que a veces la ideología, la consigna, el hecho de la diferencia, lo separa de la realidad íntima del barro, porque el artista, para ser artista, debe ser ante todo sensible y tener un cristal que no se opaque por las niebla de las ideas que se pegotean sobre él como los bichos sobre el parabrisas, sino que sea capaz de, como un láser, penetrar las nieblas hasta la verdad. O hasta descubrir que hay tantas verdades como expresiones artísticas y que la Humanidad piensa en comer y en llegar al día de mañana, y que todas las libertades que nacieron libres, hechas al poder se vuelven autoritarias, porque la única forma de ejercer el poder es la autoridad.

El artista no está ni en la vanguardia, ni en la verdad ni en la post verdad.

Es un proceso de la sensibilidad y se posiciona donde le parece. Como todos en el mundo, hace lo que puede para satisfacer su idea de lo que el siglo es.

Hay tantos artistas como ideas y todos piensan que tienen la verdad. Por lo tanto, la verdad es múltiple en uno y otro ramo.

Pero la sensibilidad del hombre parece más uniforme que la voracidad de los artistas por llegar a ella. Hay caminos cortos. El más corto de todos, es olvidar las ideas foráneas y regresar hacia la sensibilidad simple, natural, ajena al dogma, ajena al ideólogo, ajena a Dios, acaso.

No sé si eso es posible porque el artista siempre siente que está en poder de la verdad dado que su sensibilidad así lo exige.

Gavrí Akhenazi


Existen frases de escritores, poetas, cantautores, que resumen en pocas palabras lo que debe ser un artista para que el arte cumpla su función.

Atahualpa Yupanqui dijo, «primero hombre y después poeta». Cuánta sabiduría en esta frase y cuanta verdad humana, y este hombre si que sabía lo que era ser hombre, y lo supo desde niño.

Un artista es una persona que su talento y actividad creadora lo coloca en un lugar privilegiado, y él se confunde creyendo que está por encima de la verdad humana, y ahí llega la falsedad o tergiversación de la obra, pues, qué mensaje o a quién será dirigida con autenticidad si se siente por encima del hombre y su historia.

El arte, nunca, y a pesar de su función transformadora, ha podido incidir mas allá del entorno que las circunstancias se lo permiten, no importando su función solidaria con los cambios que la humanidad necesita. Como muy bien dice Gavri «la única forma de ejercer el poder es la autoridad» es una verdad que tiene que gustarnos o no pero es la verdad.

Por esto señalado mas arriba es que el arte tiene un carácter más ligado al sentimiento del autor que a los deseos de modificar la conducta del hombre. No obstante, el sentido solidario con la desgracia humana debe ser una función que honre la actividad artística.

Orlando Estrella


Si hablamos de artista, primero deberíamos intentar consensuar o dar diferentes versiones de lo que es el «arte». Por empezar por algún sitio veamos las distintas acepciones que da la RAE:

  1. m. o f. Capacidad, habilidad para hacer algo.
  2. m. o f. Manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.
  3. m. o f. Conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer algo.
  4. m. o f. Maña, astucia.
  5. m. o f. Disposición personal de alguien. Buen, mal arte.
  6. m. o f. Instrumento que sirve para pescar. U. m. en pl.
  7. m. o f. rur. Man. noria (‖ máquina para subir agua).
  8. m. o f. desus. Libro que contiene los preceptos de la gramática latina.
  9. m. o f. pl. Lógica, física y metafísica. Curso de artes.

Como veis, poco que ver con lo que estamos hablando salvo la 2ª. ¿Y qué dice de «artista»?

  1. m. y f. Persona que cultiva alguna de las bellas artes.
  2. m. y f. Persona dotada de la capacidad o habilidad necesarias para alguna de las bellas artes.
  3. m. y f. Persona que actúa profesionalmente en un espectáculo teatral, cinematográfico, circense, etc., interpretando ante el público.
  4. m. y f. artesano (‖ persona que ejercita un oficio mecánico).
  5. m. y f. Persona que hace algo con suma perfección.
  6. adj. desus. Dicho de un colegial: Que estudiaba el curso de artes.

Parece que la cosa va por lo de «bellas artes»: 1. f. pl. Conjunto de las que tienen por objeto expresar la belleza, y especialmente la pintura, la escultura y la música. Academia de Bellas Artes.

Bueno, pues no nos incluye a nosotros, a los escritores. Mal vamos si la Academia de la Lengua no incluye como artistas a los que practican la escritura. Además, parece que el artista debe de expresar «belleza», lo que deja fuera a muchas manifestaciones consideradas artísticas.

También tenemos lo de: «Persona que hace algo con suma perfección», pero yo me pierdo en eso de la perfección que asocio más a artesanos que a artistas.

Conclusión, si no se sabe definir el «arte» difícilmente nos pondremos de acuerdo cuando queramos hablar de «artistas».

Para mí uno de los debates más interesantes es la confrontación o semejanzas entre «artista» y «artesano», en cuanto tradicionalmente se consideraba al artista como creador y al artesano como imitador, pero en el mundo de hoy ambos conceptos están muy mezclados y depende del gusto del consumidor la catalogación.

Perdonad esta digresión, pero ante un tema tan amplio sería importante centrar eso que llamamos artista antes de ver cuál puede ser su rol en este siglo.

Ricardo Fernández Esteban


Quiero insistir en el misterio que incide en la creación artística. No se explica cómo los primeros hombres podían demostrar esa creatividad -que incluso hacían síntesis abstractas de los temas que dibujaban y pintaban- cuando sus palabras eran imitaciones de los gruñidos de los animales de la época.

Hay que mencionar -de nuestra historia conocida-, pues a medida que pasan los tiempos los arqueólogos se encargan de decirnos que no conocemos nada, salvo lo que quieren que sepamos. No hace mucho que se descubrieron los restos de un reactor nuclear en la India de la edad de cerca de un millón de años. Esto por mencionar algo.


Y qué mierda tiene qué ver esto con el arte, entonces me pregunto ¿quién indujo o dotó de creatividad artística a hombres con las condiciones antes señaladas. ¿O qué sensibilidad pedagogica tenían que querían que supieramos su historia? La sabemos por su arte.

Creo que el tema propuesto por Gavri es muy específico y no deja lugar a dudas, esto por los señalamientos de Ricardo, sobre las definiciones que se registran en los diccionarios.

Olalla atribuye una serie de condiciones al artista y las reduce a su ego inflado, y hay que preguntarse ¿que ser humano, no importa su actividad, no esta repleto de defectos y un ego con esas cualidades? Esa es la naturaleza humana, y el artista no escapa de ello, pero reducir el artista a eso no creo que sea la mejor opción.


La poesía fue la base sobre la que se discutieron casi todos los debates sobre la filosofía, sociología, el materialismo, el idealismo y desde Platón hasta Baumgarten, Diderot, Kant y otros más, existen tratados sobre este asunto. Quizás porque la poesía estaba más cerca de estos aspectos por encima de otras manifestaciones artísticas. Estas son realidades a tener en cuenta a la hora de evaluar criterios sobre una de las mayores manifestaciones del hombre.

Creo que los méritos del arte están por encima de las cualidades personales que adornan o ensucian al artista, que en el fondo es un hombre igual que cualquiera, independiente que se crea otra cosa.

Oliver Shanti es uno de los artistas compositores más extraordinarios de la creatividad musical en la historia, pero es un delincuente pederasta impenitente que no sale de una cárcel, ¿que hacemos? Esa es la naturaleza humana y toda actividad del hombre está sujeta a eso y tiene y tendrá que convivir con esa realidad, pero el arte es el arte.

Orlando Estrella


Para mí el arte es un resultado, antes que nada; un resultado de lo que una persona -en el caso de nuestra especie- es capaz de concebir y manifestar sobre un aspecto de la realidad más allá de la veracidad de la misma. Hay en el artista algo natural en su particular manera de concebir y de manifestar el arte. Para muchos, es algo mecánico utilizar cualquier tipografía incorporada a un programa de procesador de textos pero, en la grafía de cada letra hay también toda una simbología y significación; está, detrás de cada signo y de cada espacio, un artista.

No le veo yo a ningún literato como estrellita del siglo, por más Cortázar o Kant que sea. Comprendo y entiendo mucho del goce estético que una buena frase, que un buen verso, que una buena novela pueda suscitar, como también valoro todo el peso ideológico que pueda tener cualquier obra literaria; sé sumar fondo y forma – creo – de una obra literaria. Pero, hasta hoy, no he leído nada que supere a Bach. Por lo que para mí, al menos, la literatura seguirá estando por detrás de la música, y eso sin el pop de los 80’s (otro label).

Silvio Rodríguez Carrillo


Se vienen diciendo muchas cosas sobre Arte y artista. Unas brillantes, otras de perogrullo y otras erróneas, como eso de que el ego desbordado sustenta el acto creativo, cuando el egocentrismo sólo es parte de la ignorancia del que se considera a sí mismo un artista, sin serlo.
El talento para el Arte, cualquier Arte, es un don y el auténtico genio, el artista, sabe que tiene la obligación de restituir ese talento que le ha sido concedido. Ese deber que lleva implícita la humildad, para con su tiempo, siempre es mayor que cualquier privilegio que le pueda reconocer la sociedad en la que se desarrolla.

Y bien, yo no tengo puta idea de qué es Arte, como tampoco sé qué es el amor, o qué sea Dios.

¿Un latido? ¿Un pálpito?

Me limito a pensar que es todo aquello que te lleva directo a la emoción, que te hace sentir, que te conmueve en profundidad y, por tanto, es sin duda un agente espiritual del hombre, que actúa en un movimiento complejo y determinado en el conocimiento.

Todo lo que se realiza con esmero, pasión y dedicación, puede ser considerado Arte, y no estoy pensando solamente en el que escribe, o esculpe, o pinta, o compone con talento demostrado, sino también en las llamadas artes decorativas, culinarias, marciales, etc…. por poner un ejemplo, y para eso, hace falta estudiar el bagaje cultural de nuestro pasado en cualquier modalidad artística. Sin ese conocimiento, no hay Arte que avance ni se desarrolle.

A veces pienso que la línea entre Artes mayores y menores, es tan fina, como la existente entre Versos de Arte mayor y menor en poesía, puesto que el concepto intrínseco del Arte está unido indisolublemente a la simbiosis de fondo y forma, y un poema en versos de Arte mayor puede ser una auténtica mierda, y un romance en octosílabos una obra de Arte absolutamente innovadora por su contenido.

No podemos olvidar que el artista es parte del mundo y de la época que le toca vivir (hijo de su siglo) y se dirige a él transmitiendo el fruto de su espíritu intencionalmente, a través de una creación que suele ser la búsqueda de la profundidad y de la trascendencia, ya sea por ascesis, por estar inmersos en estados no habituales de conciencia, por catarsis o por lo que sea, y siempre desde la necesidad de transmitirse y ser entendido por sus congéneres.

Para mí, lo que entiendo por Arte, tiene algo de atavismo sagrado y mucho de mágico, como en sus inicios y no lo es más, porque uno no puede ser nunca completamente libre a la hora de la creación. Cada época tiene su cuota de libertad interior y exterior, así que cada artista ha de pagar su peaje obligatoriamente por talentoso que sea. Ni el Arte ni el artista son absolutos.

Sin considerarme artista íntimamente, más allá de lo que generosamente puedan decirme otros, sí tengo la imperiosa necesidad de romper estructuras muchas veces, para volver a creer en ellas y darles su auténtico valor, una vez que cambio el punto de atención de mi mente, y eso supongo que hacen también los realmente artistas que reconozco y admiro, porque para reconocer soy buena, más que buena… y no tiene nada que ver con mi ego particular, sino con la aceptación de mi conocimiento sobre el tema.

Qué más podría decir para entreteneros (que también es parte del Arte entretener), pues quizás que el Arte no admite falsedad, ni copias, ni repeticiones. Que no sirve de nada la creencia sino la vivencia para transmitirlo a otros, y que para no fracasar miserablemente imitando o plagiando a otros, hay que buscar la voz propia separándose de todos los demás, pero conociéndolos a fondo desde su sensibilidad y aprendiendo de sus aciertos tanto como de sus errores.

Morgana de Palacios


Como yo lo entiendo preguntarse ¿qué es el arte? Es tanto como preguntarse ¿qué es el amor? Hay tantas respuestas posibles como personas haya. Pero, si pensamos en la función del arte es mucho más interesante y posible de arribar a alguna idea.

Hablar de la función del arte en los «tiempos primitivos» me parece que es imposible sin comprender tal función como «soporte mnémico».
Es decir como un proceso de memoria o conjunto de procesos y procedimientos de memoria.

Por ponerlo en palabras, el arte surgiría en respuestas a éste tipo de necesidades:

*Necesito registrar algo que no me «entra» en la cabeza
*Necesito evocar algo que me resulta inmanejable, salvo dividiéndolo en partes o transformándolo en otra cosa, que por su forma, infantil, ridícula, chistosa, etc. me resulta más accesible.
*Necesito encontrar la manera de «dominar» -en realidad volver mínimamente manejable” aquello que de repente amenaza con desbordarme.

También puede entenderse -siguiendo la misma idea- al arte como un primer esfuerzo por sacarse de encima y proyectar algo «de adentro» de forma tal de figurar un otro. En esas primeras épocas en la que la empatía era apenas un pobre rudimento, el arte, aparece como proyección de lo más ajeno de uno mismo sobre una superficie -por ejemplo- era una forma de hacer de todo eso un otro.

Es decir, como una proyección de esos primeros rudimentos de vida anímica, particularmente como sucedáneo del sueño.

En el mismo sentido, se lo puede pensar -y yo soy de esa tesis- que el arte es el formato previo al lenguaje y una primera forma de escritura, cuya función es previa a la comunicación como la pensamos hoy. Incluso me atrevería a decir que es el montaje previo a la comunicación, a la escritura y en definitiva al amor. Pues, es un primer esfuerzo por forjar empatía con objetos, con la naturaleza, y a partir de esos trozos de percepciones, de impresiones angustiantes, figurarse un otro.

Es más, para decirlo de forma juguetona diría yo: el arte fue en sus inicios el esfuerzo de un hombre por producir un frankenstein con los retazos de su vida anímica reflejada en algo exterior al cual decirle «amigo».

De ahí que aún hoy, el arte sea un recurso de exteriorización aún para personas retraídas, cerradas sobre sí mismas, etc. El arte te devuelve un otro.

Daniel Adrián Leone

Miguel Ángel Palacios – España

Agricultura ecológica 

Hay algo en común en la siguiente enumeración de sustancias. La cicuta que mató a Sócrates, el ácido cianhídrico que produce algunas intoxicaciones no mortales y que se encuentra en la mandioca, el tremetol de la leche de vaca que dejó huérfano a Abraham Lincoln, la capsaicina que hace que piquen los pimientos y los chiles y que puede producir males graves si no se consume moderadamente y, la solalina de la patata, tóxico fungicida e insecticida que puede resultar venenoso al ingerirlo en la versión silvestre del tubérculo.

Todos estos agentes son naturales. Tan naturales como la vida misma. Se encuentran en abundancia en estado salvaje. En muchas ocasiones anidan en alimentos que consumimos diariamente y si no nos contaminan, intoxican, envenenan o matan es porque hemos diseñado una batería de estrategias artificiales para eliminarlos. La pasteurización, el procesado de alimentos, la fertilización química, la domesticación de animales, la selección genética. Son todas ellas prácticas que no fueron diseñadas por la naturaleza sino por el ingenio del hombre.

Sin embargo, uno de los mayores éxitos de la ideología ecologista contemporánea ha consistido en generalizar la injusta creencia de que lo natural siempre es sinónimo de limpieza, salud, seguridad y bienestar y lo artificial lo es de peligro, toxicidad, mala calidad.

Descubren un “planeta de diamante”, dos veces más grande que la Tierra

“La superficie de este planeta parece estar cubierta de grafito y diamante en vez de agua y granito”, señaló el investigador principal, Nikku Madhusudhan, de la Universidad de Yale.

El planeta, llamado 55 Cancri e, es uno de los cinco planetas que orbitan en torno a una estrella similar al Sol en la constelación de Cáncer, a 40 años luz de la Tierra, relativamente cerca, por lo que se puede ver a simple vista.

El planeta orbita tan rápido que un año dura 18 días, frente a los 365 de la Tierra, es además extremadamente caliente ya que, según los investigadores, su temperatura alcanza los 2.148 grados centígrados.

“Parece estar compuesto principalmente de carbono (como el grafito y el diamante), hierro, carburo de silicio, y, posiblemente, algunos silicatos”.

Se calcula que al menos un tercio de la masa del planeta, equivalente a tres veces la masa de la Tierra, podría ser diamante. Este descubrimiento significa que “ya no se puede asumir que los planetas rocosos distantes tienen componentes químicos, interiores, ambientes, o biologías similares a las de la Tierra”.

Acerca de Miguel Palacios

Gildardo López Reyes – México

De suposiciones

“Nadie supone nada, el que dice supongo sólo afirma sin ánimos de ofender”. Decir que suponemos cuando queremos afirmar, es una forma de expresar lo que pensamos suavizándolo, tratando de no ofender al otro con nuestras ideas contrarias, esperando no parecer intransigentes.

Así nos enseñaron desde niños, a empequeñecernos. Aprender que nuestra opinión no es lo suficientemente válida para afirmarla y tener que recargarla en la muleta de la duda; aprendimos también a hablar de nosotros en tercera persona o en un incoherente plural, para no parecer presuntuosos y llenos de vanidad. A sonar lo más amables que se pueda: diplomáticos e hipócritas, con falsa modestia y falsa humildad.

Por qué se habría de ofender el otro de que pensemos diferente a él. A menos, claro, que nuestra actitud fuera agresiva y el volumen de nuestra voz hubiera subido de tono, evidenciando una agresión. Si esto no pasa tenemos todo el derecho de pensar distinto.

Decir supongo, creo, me parece, en vez de un rotundo “sé”. Pero además en pleonasmo: yo supongo, yo creo, a mí me parece. “Es o no es, cómo que crees”, me gritó una vez mi padre ante mi vacilante “yo creo que…” Pero como decía, así nos enseñaron, a mí al menos. Así aprendí. Y me cuesta muchísimo trabajo dejar de usar el simpático pleonasmo y afirmar lo que sé y lo que pienso: sin suavizarlo, sin querer quedar bien con los demás. Cuando lo formulo en mi cabeza suena agresivo, así que me autocensuro y voy por lo seguro y aceptado. Casi nadie quiere parecer un mamón sabelotodo. “Smart ass” dicen los gringos, me gusta la expresión.

Acerca de Gildardo López Reyes

Jorge Ángel Aussel – Argentina

Dudar es pensar

La duda es uno de los nombres de la inteligencia. Jorge Luis Borges

El manual del mandato social nos plantea directa o indirectamente que la duda es mala; sobre todo quienes se proclaman religiosos. Pero ¿acaso los hombres de fe no dudan? Claro que sí. Un hombre que cree sin dudar es un fanático y nada más distanciado de la fe.

En algunos pasajes de la vida, cuando alcanzamos una cierta madurez, que no depende en absoluto de la edad cronológica, debemos empezar a poner a prueba nuestras creencias, desconfiar de ellas, e incluso plantearnos la posibilidad de que podemos estar equivocados y haber creído desde tiempos inmemoriales en muchísimas falacias.
Dudar no es un delito, es una herramienta que tenemos que aprender a usar.

No puedo aseverar que a través de la duda alcancemos la verdad, pero no dudar jamás, simboliza aceptar lo que podría ser una mentira atroz, y todo por la tranquilidad que confiere el hecho de no tener que movernos de lo que hemos establecido como real. Porque dudar es pensar. Y el cerebro es un órgano que muchos se niegan a usar.



Por cobardía

Tus problemas te perseguían como un asesino a sueldo con el poder de acabar con una vida que pudiera denominarse como tal, como un perro rabioso que cuanto más corrías, más se empecinaba en atraparte e hincar su dentadura en tu cerebro hasta hacerlo reventar.

Pero el verdadero problema era que a medida que escapabas de todos ellos, no conseguías percatarte que las soluciones venían detrás, justo al lado de tus problemas.

Si hubieses tenido el valor de detenerte por un momento para enfrentarlos como el sol se enfrenta a la noche en cada amanecer, hubieses sido feliz. Pero no quisiste hacerlo, optaste por huir como las aves cuando se avecina una tormenta, aunque arrastrándote por el suelo. Mas nunca fue por no enfrentar tus problemas. Más bien fue por no enfrentar tus miedos.

Acerca de Jorge Ángel Aussel

A o B

Por Gerardo Campani

Hay quienes dicen que se nace (digamos, de manera provisional y suscinta)) A o B.
“A” sería, por ejemplo, ser mujer, y “B” varón (podría ser al revés; esta elemental taxonomía es más metafísica que genética).

Otro ejemplo, de la misma guisa: “A” zurdos; “B” diestros. Y también: “A” escépticos; “B” crédulos.

Bien.

¿Y qué de los hermafroditas, los ambidextros y los budistas zen?

Es difícil establecer un límite tajante cuando se divide por un factor tan mínimo.

Sin embargo, es posible forzar la interpretación, y vaya como ejemplo una refutación de la indeterminación en la Lógica de Hans Reichenbach.

Este autor dice que la Lógica tradicional es bivalente, toda vez que inclina cualquier interpretación en el sentido de “verdadero” o “falso”. Y sin embargo -dice- hay una tercera instancia lógica, la de “indeterminado”. Por supuesto que esta “Lógica trivalente” que propone está basada en el Principio de Heisenberg (ver).

La refutación a esta esforzada propuesta de Reichenbach es que hace agua, porque solamente con aceptarla o rechazarla, ya entramos en la “superación abarcativa”, que nos obliga a considerar dicha propuesta como verdadera o falsa, con lo cual volvemos (en un estadio superador, abarcativo de la anterior), a la lógica bivalente que intenta impugnar.

Y es que la lógica, por más elementos matemáticos que contenga, es una disciplina tributaria de la filosofía (o si se prefiere de la metafísica). Si no fuera así, no habría más remedio que expulsarla de la disciplina a la que pertenece.

Es muy curioso todo esto: Bertrand Russell es célebre como filósofo; aportó más que nada al campo de las Matemáticas y a la divulgación de la Física; se lo premió con el Nobel de Literatura.

Volviendo al asunto de A y B, se dice también que nacemos alondras (hábiles bajo la luz del sol) o búhos (cómodos en la nocturnidad). Una interpretación fatalista de los biorritmos.

Y también naceríamos aristotélicos o platónicos.

Yo creo que esas condenas congénitas pertenecen a la Anatomía, menos a la Fisiología y casi nada a la Conducta.

Un mexicano con bigotes es sin dudas muy machazo, pero basta mirar en el Youtube los Huevos Cartoons para tener un ejemplo de lo que digo.

Y quiero decir que el sexo, o el género, como se dice ahora, es fatal, aunque no lo sea el rédito que se logre de él.

En cambio, ser zurdo o diestro (digo yo) es solamente el resultado de la acumulación temprana de azares en la conducta. Claro que esto es discutible, pero hay argumentos que contradicen el determinismo de la función de los hemisferios cerebrales.

A quien le interese el tema, podrá consultar bibliografía al respecto, que la hay y mucha.

La teta derecha o la izquierda, la distinta cantidad de leche que surte cada una al lactante, es un lugar común del psicoanálisis tradicional, por ejemplo.

Otra ilustración podría hacerla yo mismo, que tiro con el rifle como diestro, y con el arco como zurdo, espontáneamente.

Otra, el drama de los managers de box, que encuentran pupilos diestros en la guardia, pero zurdos de piernas. Y viceversa.

Otra, las distintas habilidades de ambas manos para diferentes funciones (la mano izquierda impura de los musulmanes, que es más hábil para limpiarse el culo que la derecha).

Por último, y para no aburrir, la cuestión de los búhos y las alondras, que es la misma que todo lo anterior.

Todas estas funciones son producto del azar de las experiencias, o de la educación.

Y así como se va conformado el hecho de ser zurdo o diestro, también el ser búho o paloma. Una cuestión de conformación de un “tipo” mediante la acumulación de experiencias que han de determinarlo.

¿Aristotélicos o platónicos? No creo que se nazca de una o de otra forma. Se va conformando (desde muy temprano, antes de saber nada de Aristóteles o de Platón), porque no son más que arquetipos a posteriori de la experiencia de cada uno.

De la misma forma, nadie nace escéptico o crédulo, sino que se va haciendo a través del tiempo de maduración de la personalidad.

Aunque estoy muy a la expectativa de no tener razón, porque la realidad es muy compleja y nadie tiene la última palabra.

Además, no me parece que los condicionamientos congénitos pesen más que los adquiridos. Tertuliano, con toda su apologética propia de un crédulo, no pudo dejar de señalar su célebre frase: Credo quia absurdum, más en sintonía con el escepticismo racional.

No importa demasiado con qué inclinación (en el caso de que la hubiera) nacemos. Construimos nuestra welltanschauung experimentando qué nos resulta mejor para desarrollar nuestras posibilidades expresivas.

Resumiendo: soy varón, búho, aristotélico, escéptico.

Casi un prototipo de trasnochador de café, relojeador de las mujeres que pasan, defensor del sentido común, descreído de cuentos.

Las madrugadas me han sido más llevaderas que las mañanas. Las mujeres más que los varones. Aristóteles más razonables que Platón, etc. Y todo por comodidad.

Así, el escepticismo me resulta más llevadero que la credulidad. Y digo “credulidad “ y no Fe, porque esta la tengo, como Tertuliano.

Acerca de Gerardo Campani

Por qué y para qué comentar un texto

Por Silvio Rodríguez Carrillo

No podría entender a nadie si primero no me entiendo, por lo que parto de mí, sin partirme. Y entonces, ¿por qué y para qué comentar? Yo estoy muy bien con mi ombligo, redondito, hundido y en su lugar gracias al ombliguero que me puso mi abuela, por lo que a primera vista no tengo porqué salir de él, menos cuando tengo pelusas con las cuales hago bolitas pelusianas mientras me cuestiono porqué el mundo no se detiene a ser feliz en la contemplación de mi ombligo, tal como lo hago yo todo el tiempo que puedo sin molestar a nadie.

Porque comentando se aprende, me respondo. Aprendo vocabulario, primero, porque uno intenta decir exactamente lo que está pensando y, a veces, falta esa palabrita que hay que rebuscar para que no sea rebuscada, justamente. Como ejemplo, ¿cuántos discursos serían un torrente de palabras de no ser por el vocablo “empatía”? Y partiendo del ejemplo, uno aprende a ponerse en el lugar del otro, porque uno no sólo quiere escribir lo que está pensando, sino que quiere ser entendido, de manera que el esfuerzo es doble. Aquí, si el lector es más activo que el escritor, el comentador lo es aún más.

Para que el texto comentado mejore en estética o en intensidad, me sigo respondiendo, y aquí, vuelvo a mi ombligo, dado que cumplido el “para qué” existe una cuota de placer ganada, gracias al esfuerzo puesto en funcionamiento y que responde a por qué comentar. Obviamente el para qué de las cosas es más difícil de lograr que el por qué, y ahí, si me permiten, la chiquita distancia entre la filosofía y la teología. Aún cuando la Historia explique el presente y permita visualizar un futuro, no lo determina. Sabemos por qué se enfermó Juan, ignoramos para qué se enferma.

Ahora, desde el por qué y el para qué que yo me planteo y yo me respondo, queda entrar en el fangoso terreno de “los otros”, es decir, llegar a sus por qués y sus para qués, y para hacerlo no hay otra herramienta que leer sus comentarios y desde ahí juzgar la intensidad de sus propios planteamientos a la hora de comentar. Como también aparecen “los otros” a nivel de comentados, que exponen sus propios postulados a través de sus respuestas, que van desde un “me chupa un huevo” hasta un “me importa”. Así, partiendo de uno todo es sencillo.

Por otra parte, hay que recordar que existe una diferencia entre crítica y comentario, que ya es otro cantar; diferencia que derivó en ciertos currículos escolares a cambiar el nombre de la materia “música”, por el de “apreciación musical”. Y es que cuando uno está frente a un texto, y/o o frente a un comentario realmente siente la tenencia o carencia de las herramientas para juzgar o apreciar lo que tiene enfrente. Y ahí, en ese frente a frente, si se tiene un mínimo no de erudición, sino de ese sencillo don de gente, no se puede salir ileso casi nunca.

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Gildardo López Reyes – México

Eufemismos

No sé en otros países, pero, aquí en México, desde chicos nos enseñan a no llamar las cosas por su nombre. A temerle a las palabras. A poner entre ellas y nosotros una pared que se vuelve infranqueable al paso de los años, cuando al ser adulto y querer hablar sobre algo, no encuentras las palabras necesarias para decir lo que quieres decir y te ves rodeado de tabúes hacia donde voltees. Tantas palabras nunca dichas, que ya no sabes pronunciar sin ruborizarte, sin sentirte culpable por pronunciarlas.

No sé cuántos términos diferentes existen, por ejemplo, para nombrar al sexo, a la relación sexual. Incluso en una reunión entre puros adultos escuchas palabras como: aquellito, el traca traca, el prau prau, echar pasión, echar pata, entre otros más que ahora no recuerdo. Nos cuesta tanto trabajo decir: tener sexo, o hacer el amor, en todo caso, que suena incluso más romántico.

Mi madre se ha sacado de no sé dónde palabras cagadísimas, que sólo nosotros usamos y conocemos su significado familiar. De niños nos enseñó que nuestro pene se llamaba “el pajarraco” (quien sabe si inconscientemente deseaba que fuéramos bien dotados, jajajajajaja), y así lo aprendimos Daniel y yo. Para los demás compañeros del kínder era “el pilín”, poca cosa frente a nuestros pajarracos. En una ocasión vino a jugar a la casa un compañero de Daniel, mientras los tres merendábamos, comenzó entre ellos dos una de esas guerras de ofensas graciosas: tú tienes cara de elefante, tú tienes cara de moco, ah sí, pues tú tienes ojos de sapo, hasta que Toño disparó nuestras sonoras y larguísimas carcajadas, cuando esgrimió que mi hermano tenía nariz de pajarraco; obvio es que sin saber nuestro significado. Otra de esas divertidas palabras es cuando nos pedía que recogiéramos “las cagarrutas del perro”.

Creo que entre los eufemismos más patéticos están los referentes a la pobreza. “Personas de escasos recursos”, “gente humilde”: La gente pobre es pobre. Tal vez algunos sean humildes pero también habrá soberbios. Y el uso de un lenguaje supuestamente no ofensivo, no les ayuda en lo más mínimo.

“Nosotros los indios”, decían muy normales mis amigos, Yulquila y Antolín, ante la mirada incrédula de otros, esos otros, supongo, de los que ofenden a los demás llamándolos “indio”.

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