Morgana de Palacios – España

Green by Nika Akin

Virtus

dulce naranja al sol puedes abrirte
sensual-desinhibida
que un trocito de enigma
algo así como un nimbo
un aura ensimismada de misterio
juega y se mimetiza con tu sombra
de modo que jamás de los jamases
pueda dañarte nada
si tú no lo consientes

aquí puedes dar paso a Atila y su caballo
de desaforados belfos
o a cualquier Minotauro enfebrecido
y dejar que mastiquen tus gardenias
mientras piensas sonriente
en el modo de hundirlos
comiendo displicencia con forma de manzana

se enamoran de ti arrebatadamente
entes de sexo activo y todos los pelajes
aunque estés muerta y harta de gritarlo

o te odian a muerte
porque no tienes ojos suficientes
para mirar los suyos

los griteríos no asordan demasiado
por más que las calumnias tengan los pies ligeros
y los motines de látigos y espuelas
duren cuatro semanas de diez a una
y nos despedacemos
con la misma pasión que nos amamos
y la misma llovizna de bytes silenciosos
sobre nuestras cabezas de cristal

aquí es de lo más normal
que un hombre se te pose entre los labios
jugando a ser el único
que te insemina de voces fantasmales
con seis nombres distintos
y un rostro atemporal por cada luna incruenta
que se te va perdiendo en la memoria
hasta que se convierte en el de todos

aquí los pájaros del miedo
te pican en los globos oculares
y acabas confundiendo el humor vítreo
con lágrimas de amor y desconcierto

y para colmo aquí
se cuelgan junto al hastío
en el perchero del placer onanista
el ángel con el diablo
la golfa con la decente
el feroz con el manso
el alba con el crepúsculo
y nunca sabes bien a qué atenerte

ojalá fueras virtual
un virtual hijo de puta

no me dolerías tanto

Virtuo – sismo

I

Llegar al corazón en la distancia
a través de un cristal sin abertura
es un misterio azul: literatura
que pulsa o no, la ajena circunstancia.

Se llega al corazón en la oscitancia,
y sin querer quemar, la quemadura
resulta inevitable en la espesura
de este infierno de letras y arrogancia.

Abres una ventana y el demonio
te pide en sacrosanto matrimonio
por jugar a sentirse un poco humano.

Y el humano piadoso y sensitivo
se disfraza de Daemon abrasivo
por fundir corazones con la mano.


II


Hay hombres irreales de olor inexistente,
manos de tan inciertas rompedoras de tedio,
hologramas palpables de paso en un asedio
férreo sobre el latido real del subconsciente.

Hombres de tan sin nombre, clavados en la frente,
sentados a horcajadas del frágil intermedio
entre un sueño de azar -esclavo sin remedio-
y el libertario afán de un drogodependiente.

Hombres que siembran dudas si se visten de luces,
que marcan sin saberlo tu muerte con sus cruces,
transeúntes pausados del cuerpo dolorido.

Hombres que sin ser hombres son hombres que deduces:
fantasmas de los versos de oscuros tragaluces
que pueblan el misterio del instinto dormido.

Marta Roussel Perla – Irlanda

Imagen by Gordon Johnson

Los misterios de la virtualidad

Para muchos de nosotros es fácil hablar de internet como simplemente un lugar más, con unas reglas concretas, como tantos otros espacios. Si vas a una biblioteca, no debes hablar alto. Si vas a Twitter, no puedes profundizar. Si vas a Instagram, prima la imagen. Si estás en una cena de empresa, debe cuidar de aunar el respeto y la etiqueta profesional con una apariencia casual y más relajada. Si estás en una videollamada con tus jefes, procura que todo el mundo en tu casa esté vestido.

Soy profesora de español online, de modo que desempeño mi trabajo a través de un ordenador. Hablo con mis amigos de toda la vida, que viven en España, a través de Hangouts, hablo con mis amigos de otras partes del mundo usando Whatsapp, no conozco a mi editor en persona pero nos escribimos por GMail, las editoriales que publican mis libros son Amazon y Hulu. A mi primera novia la conocí a través del Messenger. En Facebook debato, discuto, y hago bromas con personas muy interesantes con las que me cruzo de cuando en cuando en esa burbuja que he creado a través de mi sesgo cognitivo. Estoy en un mundo de ideas parecidas a las mías, y si salgo a la calle observo un planeta distinto. Pero una vez más, es como ir a una discoteca de salsa: no será ninguna sorpresa que a casi todos los asistentes les gusta bailar salsa. En internet elegimos ir a nuestro bar, eso es todo, al fin y al cabo tiene los sofás más cómodos y la comida es buena.

Aún recuerdo aquella infancia de otro siglo, cuando salíamos a jugar al parque. También jugábamos con los arcaicos videojuegos de entonces, pero no existía internet y nuestra vida la hacíamos en la calle, no había ningún otro sitio. Ahora resulta casi imposible pensarnos sin las redes de información que surcan nuestro planeta.

En su día se hacía una clase de distinción entre lo virtual y lo real, como si todo aquello que pasase en la red no tuviera incidencia en nuestras vidas. Ahora descubrimos nuevos ideas a través de internet, nuevas amistades, nuevas formas de pensar. Yo soy autista, transexual, demisexual… y es posible que jamás hubiera sabido señalarme sin el conocimiento que se libera y crece al otro lado de nuestras pantallas, con ayuda de esa red neuronal que nos hace fuertes. No es que me gusten las etiquetas en el sentido de que nos pueden limitar y encerrar en categorías rígidas, pero me encantan cuando nos liberan de nuestras dudas y temores, cuando lo que significan no es sólo aceptación sino que, en alguna parte del mundo, hay millones de personas como nosotros que han encontrado su camino de regreso a casa. El nivel de autoconocimiento que podemos adquirir las personas a día de hoy habría sido inimaginable hace tan sólo treinta años.

Pero esto tiene un precio: la exposición y el anonimato que puede servir para protegernos del odio de otros o para odiar. Porque ahora sabemos que todo lo virtual es real, que es un escaparate que nos muestra nuestras vergüenzas, que nos escupe la esencia humana a la cara. Existe el acoso en la red, los insultos, el bullying… existe

Enrique Ramos – España

Imagen by Biljana Jovanovic

Hasta mañana

Quiero pedirte, amor, que me mandes de nuevo aquella foto
en la que me abrazabas dulcemente. ¿La recuerdas?
Estuvimos pensando en ir a Roma, a Berlín o a Viena
pero al final nos fuimos a París, aquella tarde.
A la orilla del Sena nos besamos esa primera vez
y luego, tantas otras, por el Barrio Latino y por Montmartre,
bajo la Torre Eiffel y las estrellas. Los días eran largos como espadas
y grises como cielos.
Pero las noches,
las noches eran nuestras, y podíamos vernos y tocarnos y besarnos,
y hacernos el amor, salvajemente.

Yo te amé en un hotel de esos gran lujo
sobre una cama ancha, como un sueño,
y una botella de champán francés
en la mesilla,
tus pechos dulces,
tus gritos de placer y mis gemidos
y tus manos sedientas y mis manos
y mis labios hambrientos y los tuyos.

Tú me amaste en silencio con los ojos cerrados,
calladamente. No importaba el lugar, importaba el momento.
Por la ventana entraba, mortecina, una luz suave
como tus dedos y tu mirada triste sobre mis ojos.
Susurrabas mi nombre y me abrazabas,
y jurabas tu amor, y yo te protegía con mis brazos
e imaginaba que todo aquello estaba sucediendo.

Después, nos despedimos
con un cuánto te quiero, amor, hasta mañana
y apagamos los sueños y la luz.

Mañana volveremos
a encender la pantalla y a soñar un viaje
de amor en la distancia.

Jorge Ángel Aussel – Argentina

Imagen by Enrique López Garre

Virrealidades

1.- Quien confunde realidad con verdad y virtual con irreal, no comprende que la virtualidad no solo forma parte de la realidad, sino que en sí misma también es una realidad.


2.- Por mucho que el de la pantalla seas tú, lo que les llega de ti a los demás no eres completamente tú, sino una copia más o menos fiel de ti.


3.- El mundo virtual es un espejo distorsionado de la realidad, no del ser humano.


4.- Un narcisista frente a una computadora admira su reflejo en la pantalla.


5.- El navegador web es la versión 2.0 de la confesión. Eliminar el historial, el instrumento que promete la absolución de los pecados, una vez que ya nos hemos confesado.


6.- La única protección de datos inteligente es archivar la información privada en el disco duro de tu mente.


7.- Nada es más virtual en Internet que la opción de borrar los datos de navegación.


8.- Le llaman la nube, aunque lo almacenado en ella nunca será temporal.


9.- El halago fácil traspasa todos los cortafuegos del ego, con el fin de controlarlo luego.


10.- Quién dice que no progresamos, cuando ya ni siquiera precisamos matar para eliminarnos.


11.- Hoy en día te borran con el mismo dedo que antes solo te señalaba.


12.- La cultura del meme, la incultura del memo.


13.- La conexión a Internet permite el encuentro de las almas que sin saberlo, han estado siempre conectadas.


14.- Nos comunicamos con gente del mundo entero pero seguimos sin entendernos con aquellos que nos rodean.


15.- Lo que Apolo ha unido en la virtualidad, que no lo separe Cronos. Ni ser pobre.


16.- Muchos amores que nacen a la distancia tienen una fecha de caducidad marcada por las bajas probabilidades de un encuentro físico real.


17.- El sexo virtual es tan antiguo como la práctica de mantener relaciones sexuales con una persona mientras se piensa en otra.


18.- Un buen amante virtual es aquel que solo excitando tu mente es capaz de tomar el control de tu cuerpo.


19.- Abrazados al vacío nos abrazamos a la distancia y se llenan los vacíos y se acortan las distancias que nos abrasan.


20.- Cara a cara o a distancia es lo mismo: uno siempre se enamora y permanece enamorado de un desconocido.


21.- Crees que no existen las distancias hasta que tienes jet lag y se te pasa.


22.- La velocidad a la que circulan las fake news, más que nuestra inocencia demuestra nuestra incasable pereza.


23.- La incredulidad paró al bulo.


24.- El trol se masturba fantaseando que te molesta. Si muestras enfado, le darás su tan anhelado orgasmo.


25.- Como contra el coronavirus, el distanciamiento social es la medida de prevención más eficiente para evitar el contenido viral en las redes.


26.- Luchar por un mundo mejor desde el sofá requiere de un grandísimo esfuerzo, aunque solo sea para gustar.


27.- Tener todas las cosas a un clic es tener todas las cosas a muchísimos clics.


28.-Publicas tu desgracia en las redes y te invaden las dudas sobre qué habrán querido decir todos esos que le dieron Me gusta.


29.- Nos seduce la virtualidad porque en ella podemos elegir ipso facto la realidad que deseamos experimentar.


30.- Según un estudio casero, tomarle fotos a la comida podría engordar el ego.

Eva Lucía Armas – Argentina

Floresta by Enrique López Garre

Carne de tierra

No soy un ser virtual.
Soy carne de cañón, hueso de abono,
terrestremente anclada al pensamiento,
a la razón, al hecho, al pragmatismo.

No soy un ser virtual
sino yo misma,
mi condición humana y trascendente,
mi poquito de Dios en la conciencia,
mi arte, mis rituales redivivos,
mi vocación de prójimo.

Yo soy un ser real,
sin Facebook, sin Instagram, sin Twitter,
por eso me conecto poco y nada
a las venas radiantes de un sol frío,
espejismo y cristal, ilusionante.

No soy un ser virtual
ni soy una paloma
que guste disfrazarse para Ícaro
por parecer nacida de un milagro.

Soy mineral. Es parte de mis formas.
No es mi juego de alquimia ilusionista
sacar del plomo el oro
porque me guste el fuego que me unge.

Y soy una animal, ruda y terrestre
como el olor a lluvia sobre el barro,
o el cielo en que los pájaros dispersan
bandadas migratorias y alegría.

No soy un ser virtual,
nunca lo he sido.

Y no me creo nada que no pueda romper
con mi silencio.

Abrazo con mi abrazo y vivo “a vivo”.

Jordana Amorós – España

Likes y corazones

Vender intimidades
está de moda por lograr millones
de artificiosos likes y corazones
en este circo de las vanidades.

Por más que yo me entrego,
verso a verso, a mostrar mi alma desnuda,
nadie puede tener ninguna duda
de que no me involucro en ese juego.

Lo hago porque a ratos me divierte
y me ayuda a olvidarme que la muerte
nos sigue y nos asedia.

Y si es que tengo suerte,
con mi palabra esbozo el aguafuerte
de una vida y su ruin tragicomedia.

Derribando murallas ( Más turbaciones)



Nadie ignora que existe el autoengaño,
esa especie sutil y elaborada
de mentira piadosa que nos contamos todos
creyendo que nos salvan, sin saber
que las más de las veces nos condenan.

Dudad de quien proclame
que puede concebir un horizonte
cuando no hay unos ojos que le digan
que para ellos es un ser valioso.

Que camine hacia ellos
y por ellos.

Es algo irrenunciable
intentar demoler las sólidas murallas
de nuestros más adustos
castillos interiores.

Tratar de conquistar
la falsa sensación de cercanía,
disfrutando el placer del abrazo del otro,
incluso permitirnos
sentir la turbación, rayana con el éxtasis,
de su afilada espina.

¿ Quién rehuye
aquello que lo enerva?

***

Hoy a muchos les basta
apretar un botón y zambullirse
en la maraña inmensa de las redes tejidas
poniendo en comunión
alta tecnología y exhibicionismo.

Y practicar la apnea…

Todo está en agenciarse un buen esnórquel
diseñándose a pulso un avatar
resultón y algo cínico,
capaz de respirar sin despeinarse
en los ambientes tóxicos.

Yhomisma,
¿ acaso soy yo misma o me construyo
a base de creerme mis propias invenciones?

Supongo que no soy mejor que nadie
ni peor que cualquiera.

Todo vale, eso dicen,
para enfrentarse a la tan consabida
batalla de los egos
en la que todos somos perdedores.

Nos priva, más que nada, del lujo diminuto
de degustar a fondo ese bocado
de la realidad
en que un alma derriba sus recelos
y sin temor se ofrece a nuestros apetitos
semejante a un poema,
rezumando impudor e indefensión,
desnuda de artificios
hasta volverse
transparencia capaz de lacerarnos
y hacerse deseable ,
apariencia virtuosa ,
tentación
ferozmente exquisita,
dulcemente perversa .

¿Para cuándo el reclamo
de los tibios aromas?

¿ Cómo lograr que viaje por el éter
la calidad del tacto?

El consuelo infinito
de sentir cómo arden las pieles redimidas
que todos tanto anhelan.


***

Siempre lo sospeché,
la soledad,
este es, y no otro, el justiprecio,
que debe de pagar el ser humano
por el don de la vida.

Y su culminación
este castigo refinado y triste
de ensimismarse compulsivamente
en sus masturbaciones
mentales
-o no tanto-
con siete mil millones más de sombras solitarias
por toda compañía.

!Viva el triunfo
total de la demencia!


Carmen Jiménez Meneses – España

Virtualismo

Mi zona de confort está en la brega
de la realidad más inmediata,
remangada hasta el codo en la refriega
para dejar mi huella sin postdata.

Más allá de beber de algún colega
en sus fuentes de más reciente data,
al emporio virtual estuve ciega,
me acostumbré a vivir a raja y cata.

No medió postureo ni codicia
ni exhibición de insólitos quehaceres
para ejercer mi yo ni mis deberes
en las distancias cortas, sin franquicia.

Analfabeta soy del virtualismo.
Que me crean o no, me da lo mismo.

En lo virtual

Existen los amores verdaderos
ciertos como la luz, como las sombras,
sin atisbo de engaño ni de sexo,
fieles sin condición como la aurora.

Una pasión común los implosiona,
y las notas del yo vibran de anhelo
como un diapasón que emite ondas
en la extraña frecuencia de lo eterno.

Son amores que tienen de la muerte
lo mejor, lo profundo, lo inmutable
y de la vida tienen la hermosura

de una preñez ingrávida y creciente
que abraza los silencios y nos late
íntima en la distancia cual la luna.

Ana Bella López Biedma – España

Fantasy by Syaibatul Hamdi

El lugar de la codicia

Te miro tan desde lejos
pero te miro tan cerca…
bajo los húmedos párpados,
como una niña traviesa
mira en el escaparate
un gran helado de menta
y se relame en silencio
con su boquita entreabierta.

Te miro cuando no miras
en el trasluz de las puertas
bajo el cristal del asombro,
aunque me pongas mil rejas
te miro. No hay más lugares
donde me lleven mis velas,
si tú te mueves, mi norte
contigo se mueve. Trepan
las ganas sobre mi cuerpo,
voraces enredaderas,
y me envenenan los labios
en arrebato y ausencia.

Te observo, pez taciturno
sin agua y sin sed. Me apremia
el deseo de estrujarte
hasta que sangren las piedras.

Te miro cuando sonríes
con ese rictus de niebla,
y cuando cierras los ojos
al borde de las estrellas.
Con ese gesto tan tuyo
de levantar una ceja
en ese segundo mágico
que se rompe la tristeza.
Te miro tan en silencio
como una estatua muy vieja
y espero, como tan solo
el mármol forja la espera.

Te codicia mi saliva
sobre el pensamiento, mientras
la carne se vuelve roca,
la roca se vuelve arena
y se la lleva la brisa
devolviéndola a la tierra.

De bermellón y de luna
sobre tu espalda de absenta
he pintado con mis ojos
veinte pinturas de guerra
y con la lengua he borrado
toda la sed de la tregua.
He cincelado de espuma
la verde sal de tus huellas,
y se ha varado en tu orilla
hasta mi última madera.

Te miro hasta lo profundo
de esta profunda quimera.



Somnium ex machina

Hay un lugar azul, como de lirios
y de temblor, una pequeña isla
de naranjal en flor donde la luna
se asoma al tragaluz de los deseos.

El tiempo allí transcurre
en una espera larga hecha de azogue
y puentes levadizos. Un silencio
que apenas hace ruido llena todo.

Extiendo el brazo. En él
se prolonga mi mano hasta los dedos
y más aún hasta la arena tibia.
No soy yo quien la toca, es esa luz
que sale de estos dedos que casi no son míos,
dejando un aleteo de ternura.

Un perro escuálido
me mira desde lejos. Adivina
mi corazón con vistas al presente,
mis trenzas a estrenar. Sé que sonríe.

Una cabaña cierra el horizonte.
Allí entre sus paredes
hay un aguardentero de piel extinta y seca,
de junco y piedra clara
que licua las palabras en frascos transparentes
y los regala siempre al por menor.
Allí bebo feliz hasta el derrumbe.

Luego cruje la calle
y frena el autobús con su sonido triste.
Amanece Madrid por las esquinas
con su beso de Judas fluorescente.

María José Quesada – España

Magic keyboard by Joshua Woroniecki

Íntimos desconocidos

No puedo decir que Óscar y yo fuésemos una pareja mal avenida y ahí radicara el motivo de que nuestro matrimonio se arruinara. No discutíamos por todo lo discutible ni tratábamos de cercar la parcela de libertad del otro. Fue, en todo caso, un amor decreciente. Lenta pero inexorablemente dejaron de interesarle mis ideas y propuestas y de la misma manera yo empecé a pasar de las suyas. Nuestra vida se volvió predecible y anodina y nos fuimos enfriando en todos los aspectos que deberían estar vivos en una pareja, como si en lugar de madurar juntos nos hubiéramos convertido en dos ramas que crecen cada una hacia un lado hasta que dejan de tocarse. Nos convertimos en vecinos de cama y mesa y se deshizo por completo nuestro sentido de tándem. El divorcio sólo legalizó nuestra realidad.

Una tarde, cuando acabé mi horario de oficina, se me ocurrió conectarme a una página de contactos. Todo el mundo habla de esas cosas, incluso las anuncian en televisión, y bueno, bajo el anonimato decidí ver qué se movía en esos lugares.

Mi nombre es Noelia, así que me busqué un nombre imaginario: Helena. No tardó mucho en contestarme un hombre al que se le iba la vida en conseguir una cita conmigo. En cinco minutos que estuvimos conversando virtualmente ya me había coronado Reina. Así que al comprobar la velocidad que llevaba aquel tipo me dije: capaz que si permanezco un poco más me hace copropietaria de su latifundio. Aquel pensamiento, además, me hizo intuir que, con la misma pasión y prestancia que mostraba, al menor contrapunto que tuviera conmigo me arrojaría al foso de los cocodrilos de su castillo. No continué con el asunto y cerré sesión.

Dos semanas más tarde volví a hacerlo. Volví a conectarme en esa página de chat. Mismo nombre, Helena. En esta ocasión apareció un hombre sin tantos arrestos como el otro. Se presentó diciéndome que se llamaba Luis y casualmente, o porque estas cosas ya las tienen preparadas, era de mi misma provincia aunque residía en otra ciudad. Mantuvimos una conversación que duró casi una hora, pero se nos pasó tan rápido y ameno el tiempo, que quedamos en continuar charlando con asiduidad. Y así, día a día, Luis y yo fuimos intimando. Nos contábamos un poco de todo: los pormenores de la jornada, nuestra situación personal; ambos éramos separados, él por segunda vez pero, igual que yo, no tenía hijos. Me gustaba. Tenía mucho desparpajo hablando y cuando tocábamos temas de cosas más trascendentales ambos nos embarcábamos en una charla la mar de interesante, además de agradable. Me revivía por completo, era todo lo contrario que Óscar. Eso, junto con el cosquilleo que me producía nada más ver su nombre en la pantalla, hacía que se convirtiera en un cóctel muy, muy seductor.

Mantuvimos ese contacto ininterrumpido durante dos meses y medio aproximadamente, así que, a esas alturas, ya conocíamos las coordenadas interiores de cada uno. Y llegó el momento en que Luis y yo decidimos dar un paso más: conocernos en persona. Sabíamos de nuestras manías y gustos, nuestras opiniones sobre muchos temas, nuestros miedos y nuestros puntos fuertes, lo único que nos faltaba era descubrirnos físicamente, esa sería nuestra conexión definitiva. Era el momento de poner toda la carne en el asador.

Luis reservó mesa para nuestra cita en un Restaurante situado entre nuestras dos ciudades -cuya ubicación conocía porque estuve allí en alguna que otra ocasión- y me envió el mensaje: Restaurante “La Florida”, viernes, 20:30. Si llegas más tarde el maître te acompañará a la mesa 5. Es la nuestra.

La mañana de aquél día estuve hecha un manojo de nervios. Sentía incertidumbre pero al mismo tiempo estaba muy ilusionada. Agarré las llaves del coche y antes de salir de casa me dije frente al espejo: vamos chica, no tienes nada que perder.

Llegué al restaurante e hice lo que me indicó Luis, dirigirme al maître y presentarle mi asistencia. Me acompañó amablemente a la mesa 5. Allí estaba Luis, sentado de espaldas a mi trayectoria. Le anunció mi llegada y él se giró levantándose de la silla. Al mirarnos, apenas pudimos articular palabra hasta pasados unos segundos.

¡Óscar! -le dije a Luis.

-¡Noelia…! ¿Tú eres Helena?

A la pregunta (si la hubiera) de si volvimos a ser pareja: No.

Orlando Estrella – República Dominicana

Virtualidad de lo quimérico

Una sombra me visita



Mujer, cuando percibas la sombra que se exhibe
en los tiempos difíciles, mírala sin recelo
que puede ser un niño jugando a ser mi ángel
o si por el contrario
quiere que lo recuerde como un dardo letal,
no lo creas con saña.

Él es un inocente en busca de respuestas,
de por qué un hijo e puta se sumió en la catástrofe
trepándose a las nubes queriendo sofocar
las llamas en que el hombre
y sus propias miserias
se consumían
en vez de susurrar una canción de cuna
a parte de su sangre.

Esta bruma será como un eclipse
que me acompañará, igual que un talismán
perdido en el desierto
escondido en la arena esperando las aguas
que quizás nunca lluevan para salir a flote.

Hijo, ¿Sabes de mí?
También busco respuestas.




Soldadito de cuerda

Si miro tu fantasma por las noches,
y no hiede a podredumbre de cadáver
es que sigues tan viva como en aquellos tiempos.
Tan dinámica como esos corceles
libres en la pradera detrás de un horizonte
no importando cuan lejos estaba de tu lar.

Tarareabas siempre “soldadito de cuerdas”
y parlabas que había que clavarme una estaca
en el centro del pecho -como a cualquier vampiro-
para hacer que brotara el fuego por mis ojos,
y pudiera salir de un letargo quimérico
mientras tú cimbreabas tus sueños a mil pies,
allá en lo alto.

La cuerda se gastó y tuve que crear
energías internas como esos chips robóticos
que nunca se degradan y seguirán aún
después de muertos.

Sí, después de enterrado,
lo poco que habré escrito, me mantendrá con vida,
pues no estarás para romperme el tórax.

Ángeles Hernández Cruz – España

La huella indeleble



Antes de tu partida, aquel día de verano, ya tenía impresa tu huella en mi piel. Sin embargo, tus pisadas en la nieve del invierno y tu rastro en la arena de la playa fueron borrados por el viento.

La tinta azul del tatuaje que un día nos hicimos se ha ido despintando, y el olor de tu perfume se evaporó una mañana al abrir el armario.

Pero el dolor de tu ausencia no se desvanece.

Cuando cada noche tecleo tu nombre en la pantalla de mi móvil, aparecen nuestras fotos, tus mensajes de voz, los vídeos que grabamos; y vuelvo a sentirte aquí, entre mis sábanas. Escucho tus risas mientras el sueño me lleva hacia tus brazos.

Aunque he intentado desactivarla, la sección de Recuerdos cada cierto tiempo me vuelve a traer tu imagen sin mi permiso. Es entonces cuando me doy cuenta de que tu huella es indeleble, y tu memoria, eterna en las redes

Gerardo Campani – Argentina

Binary by Gerd Altmann

Escritores en la Red. Realidad versus virtualidad

La realidad suele ser insoportable. La realidad es la cosidad (res: cosa). ¿Quién quiere meramente una cosa si no es por el valor que pueda tener para sí mismo: económico, afectivo, estético, etc? La realidad lleva el pecado original de toda esencia, y para incorporarla necesitamos diluirla en la existencia. Agregaría a la primera frase de este párrafo: para un escritor, la realidad es siempre insoportable.

El gato es una cosa, es decir, nada que nos importe. Para los antiguos egipcios era un dios; para los inquisidores medievales, un demonio. Para nosotros, nuestros gatos son compañía, y los gatos ajenos, pequeños tigres inofensivos para admirar. Los gatos de internet son los mejores: no tenemos que darles de comer, no nos despiertan de noche, los hacemos aparecer y desaparecer a capricho.

La virtualidad, frecuentemente, aventaja a la realidad.

Por puridad, por comodidad, por estar despojada de las molestias y las miserias que lastran lo cotidiano del día a día. Virtualidad (virtus: virtud).

Muchas veces necesitamos agregar o quitar algo a la realidad para poder asimilarla de mejor manera. Agregamos vestimenta, quitamos malos olores, agregamos escenografías adecuadas, quitamos luz delatora. En la pantalla del PC o del celular todo es más elemental. Nos queda expresarnos con el otro o la otra, escribiendo. El aspecto visual se cumplimenta con una foto que hayamos elegido. Y la comunicación y la comunión almática se desarrolla plenamente. ¿Que se pueden hacer trampas? Claro, exactamente igual que en la realidad. Los victimarios son perversos y las víctimas ingenuas, como en la realidad. Y hay remedio para todo, si queremos remediar algún mal. Clic, eliminar, o correo no deseado.

Las relaciones virtuales no son fantasmagóricas, son verdaderas, ocurren en un tiempo cierto y en una geografía real, sólo que mediatizadas, filtradas.

En nuestro barrio podemos encontrar una o dos personas afines, o ninguna; en la ciudad, con suerte, será factible conocer a no más de media decena; en la red hay miles por descubrir. Pero no hay tiempo. Así que deberíamos cuidar los amigos virtuales para no pasarnos la vida buscando lo que se puede encontrar apenas pulsando una tecla.

Hay quienes consideran al mundo virtual como una fantasía o, en todo caso, como una realidad menos real.

¿Es cierto esto? Depende. Es cierto para (por ejemplo) una señora que busca hacer una amistad cuya finalidad primera es la de ir acompañada al bingo los fines de semana. O para quien busque una pareja, del tipo que fuere. Para un escritor (editado o inédito), el mundo virtual proporciona más ventajas que el material, por la misma naturaleza que determina que alguien sea escritor: el texto, la escritura.

El escritor, digo yo, es un bicho raro. Vive su vida como todo el mundo, pero su enfoque es también estético: ve en los avatares cotidianos, en los eventos, en sus propios pensamientos y emociones –en su subjetividad, en definitiva– algo incompleto, absurdo muchas veces. Y el acto de escribir es una cura o un alivio de esa incompletud, de esa sensación de absurdo.

La comunicación entre escritores es importante. Cada texto que un escritor exhibe, aunque sepa o espere que será leído por miles de consumidores, está también dirigido, íntima o secretamente, a otros escritores. Si a Juan le gusta Alejo Carpentier, es más que probable que alguna vez se haya preguntado “¿qué opinaría Carpentier de esta novela mía?”. Yo, borgeano confeso, siempre me pregunto si Borges aprobaría o toleraría cada cuento que escribo. Es natural. Ya sin Carpentier, sin Borges, Juan y yo nos consultamos sobre nuestros borradores, y nos corregimos o criticamos mutuamente. Y en ese ejercicio, también somos escritores. Somos escritores también en los correos electrónicos, como lo fueron antes otros escritores célebres que, post mortem, volvieron a encontrarse en compilaciones de sus correspondencias.

¿Y el chat? No veo por qué escaparía de la norma. Cierto que el chat es volátil, pero ¿no es una buena instancia para seguir siendo nosotros mismos, es decir, escritores?

El mundo virtual es el más idóneo de los mundos para un escritor.

Lo que no significa que tengamos que acomodarnos artificialmente en una probeta. La escritura (la que fuera) nos permite un conocimiento más profundo de las otras personas. Además, nos enriquece. Y por último, algo de mi casuística personal. El paso de la virtualidad a la realidad respecto de una misma persona nunca me ha producido desengaños o malas experiencias. ¿Cómo me podría suceder una cosa así? Si te he leído tanto, si te conocía tanto.

Silvio Rodríguez Carrillo – Paraguay

La partida

Enciendo el túnel temporal, los monitores,
y el chat de siempre en el horario convenido,
sabiendo bien que no será de las mejores
la densa charla que tendremos intranquilos.

Me pesa el tiempo que me ocurre por las noches
buscando el tacto con palabras, lo distinto
de andar el triunfo en el cristal, con relaciones
virtuales, simples, repitiendo un algoritmo.

Apago el llanto de mi mente que reclama
su carne cierta, lo palpable sin distancias,
y finjo ganas, un deseo sin espinas.

Me juego el nombre en el teclado, la partida
que nadie gana sin mentirse, sin mancharse
de huecos rotos la mirada y el lenguaje.

¿Es posible el amor a la distancia?

Si el amor que los une es perdurable
salvando la distancia, que claro, siempre es mucha
es la cuestión terrible que no dices
y que cualquiera sabe te ha llenado de dudas
ahora que ha viajado a otro país.

¿Cómo andar en pareja sin caricias profundas
aliviando o avivando lo que el cuerpo
sabe exige y pretende tras la jornada dura,
que toca en todos lados si el camino
es el de quien intenta lograr hacer fortuna?

¿Con qué libro o película de santos
desviarías los celos que cada día suman
agobio y malestar a las llamadas
que el otro no contesta, fijando en la penumbra
su condición de herida sin testigos?

Si lo miras despacio -midiendo la conducta
de los hombres gregarios, sin excesos,
y la de las mujeres que juegan como adultas-
verás que sí se puede, aunque depende
de si el macho es capaz, sin lápiz y sin pluma,
de alcanzar a su bella con lo suyo
con eso que define si va de envergadura.

Ángeles Hernández Cruz – España

Carnaza

Antes de que las mallas, cibernautas encajes,
pescaran en sus redes de algoritmos binarios
amistades y amores,
mentiras y certezas,
odios e hipocresía,
era fácil leer en las miradas.

Ahora somos peces, carnaza para escualos
privados de conciencia que llenan sus bolsillos
de dinero indecente,
con perversos engaños,
con verdades a medias,
jugando con el miedo y el rencor.

Bajamos el semblante domados por los bytes
que secuestran cerebros e hipnotizan pupilas
que solo ven pantallas.

Ya no hay piel ni caricias,
las manos no estremecen,
los ojos ya no leen a otros ojos.

Gavrí Akhenazi – Israel

Consideraciones sobre lo ingrávido

Conserje de los lunáticos
paralizador de mi infancia
petrificador de la cuna vacía
tráenos la esperanza.
Conserje de los tiranos
testifica mi vanidad
vuelve mortal mi memoria
confunde lo que el Diablo ha escrito.
Tolera mis celos
reconoce mi necesidad desesperada.
Conserje de los lunáticos
identifica mi destino
revive el sueño de la vida
y perdona sus gritos de súplica.
Sella la entrega de las semillas
en esta angustia por respirar.

(Janitor of lunacy – Soap and skin – traduction)


Lo tradujo mientras lo iba escuchando y colocó debajo “Traducción libre de Ariê Aryiasz”, como una consigna.

Explicaba siempre aquello, cuando hablaba con otros escritores de esos del otro mundo a donde se mudaba su Jekyll en estado desesperado, harto de hablar con Hyde en el vacío en el que Hyde vivía. Hay que interpretar lo que se lee escrito, entender el trasfondo, el metamensaje, lo que no se ve pero se está diciendo con el texto.

Y con todas las cosas, pensó. Ir un poco más lejos.

Todas las cosas tienen entrelíneas, tecleó y sus ojos, de repente suaves, cansinos, ligeramente entrecerrados, observaron los brillos en el agua que el leve vibrar de la mesa frente al tecleo en la notebook, hacía tambalear. Los brillos del agua jugueteaban en una dispersión vidriosa y refractaria, cercana, mientras los ojos pasaban de largo y se extendían como un roce a los paños de la puerta corrediza que permitìa ver el diluvio sobre el jardín de invierno.

No para de llover, imaginó, como participando de una irrealidad climática en un cuento, nadando en la semipenumbra del living que olía a libros sin desembalar, pero que parecían a su vez, desembalados y presentes.

Esa casi oscuridad de temporal se iba transformando lentamente en su habitat. Persistente y voraz, el agua era un microclima de su vida sin lazos, simbólica, lo mismo que un torrente o ese basural esparcido a través de las calles en la ciudad grosera y polimórfica.

La reunión había sido como la ciudad: mugrienta.

Pero Aryiasz no estaba ahí, en ese puesto actual, para plantearse códigos que no podían servirle ni a él ni a nadie. Y además, como le dijo al funcionario que lo escuchaba con solemne atención de buitre que espera, él había buscado todas hienas y ya sabe como son las hienas, muy territoriales.

—Para los resultados que ustedes pretenden, no sirven los lobos, solamente las hienas —había agregado como si explicara pequeñas verdades zoo-lógicas a un alumno disfuncional del que se da por descontado que no se obtendrá respuesta.

Mientras haya resultados, los métodos importan poco en el mundo de la chapucería y los resultados son como los gusanos, hay que mover apenas la mierda y te cansás de encontrarlos, le había aclarado a Doguchi, cuando salieron de la reunión como dos animales que se han hartado de cazar y buscan solamente un sitio para echarse a digerir los restos que aún aprietan entre los colmillos.

En la pantalla de la notebook se abrió el cuadro de diálogo del skype con un interrogante repentino.

Aryiasz miró la pregunta y torció el gesto hasta ese momento amable. Se le agrietó la expresión con que acababa de explicar algo a una aprendiz de poeta con conflictos femeninos y precarios que se traducían en una escritura acorde.

De un manotazo, Hyde desplazó a Jekyll.

Si tenés muchas ganas de matar…legalizalas y listo, respondió a su interlocutor, mientras observaba el avatar del otro, sí, legalizalas ¿o conocés un mundo sin sicarios? La muerte es un hecho legal para nosotros, acordate. Los que brindan buenos servicios cotizan en moneda de curso legal. Y los buenos sicarios no son sicarios, son funcionarios al servicio de…Empleados, papá, ni más, ni menos.

Observó la lluvia mientras veía el mensaje de ¯«Jack está escribiendo». Caía, blanda, a través de los paños de vidrio, como una cosa fría, hecha completamente de fantasmas.

Pensó que ya era hora de encender una luz.

Le gustaba el color casi cobrizo que desprendía la lámpara rinconera estratégicamente colocada por el decorador de aquel departamento junto a un sillón de esos de lectura que nadie emplea para sentarse a leer en una tarde de lluvia, pero no se levantó para encenderla. Permaneció en su charco de penumbra, donde los movimientos continuaban agitando el agua que aún no había bebido, rompiéndola en mínimos fulgores dentro de la prisión del vaso.

Estiró la mano, mientras seguía con los ojos la respuesta de Jack en el cuadro de diálogo. Usaba un ciervo como avatar. Un ciervo, pensó, trayéndose el vaso hasta la boca. Este usa un ciervo y yo uso un buitre.

Interrumpió el pensamiento. En el radio que alcanza la mirada, notó que algo flotaba en la superficie líquida. Dejó al ciervo de Jack y miró dentro del vaso aquel punto flotante, oblongo, parduzco, con alas.

Mientras respondía, bebió.
Sintió que el cuerpo quitinoso le raspaba despacio la garganta mientras él escribía que acá hay muchos nidos de cucarachas chiquititas y repitió, de esas, de las chiquititas y como se sigan reproduciendo, se van a comer a las grandes ¿me captás? Se van a comer a las que vuelan.

*

El repentino resplandor de la pantalla lo obligó a pestañar.

Se afirmó en el convencimiento de que aquello era fotofobia y que seguramente, el virus trepaba a toda velocidad hacia su sistema nervioso y de ese hecho, también, podían derivarse tantos errores de tipeo y repentinamente tantas dudas frente a la grafía correcta de algunas palabras, como si tuviera Alzheimer, pensó.

Leyó en el correo de Jekyll (que Hyde era tan afecto a revisar como si buscara una cura a los cada vez más notables efectos de la mutación) y bajo el título de “Me gustaría publicarte” un texto de invitación que rezaba:

Hola
He conocido tu poesía hoy.
Te invito a publicar poemas en

Espacio virtual del que soy editora bla..bla..bla…
En el blog publicamos poemas de temática social, existencial, poesía de la conciencia, etc… de autores de todo el mundo.
Si estás interesado escríbeme a

y a continuación una dirección de e-mail.

De vez en cuando llegaban esa clase de correos para el idiota de Jekyll. Gente que leía sus desafortunados gritos de habitante del mundo, a quien Hyde arrastra por los pelos a través de la guerra y la miseria, por las pústulas y las defecaciones, obligándolo a implicarse en una realidad frente a la que todos se tapan los ojos: la realidad de los Hyde.

—¿Qué querrás? preguntó en voz alta, observando de reojo el vaso de agua donde la luz de la pantalla formaba mínimos reflejos eléctricos ¿Un pálido panfleto o una crónica de la verdad?

Sonrió.

Un pálido panfleto. Seguramente querés un pálido panfleto. Pero yo no escribo pálidos panfletos ni me rasgo las vestiduras ni me meso y arranco los cabellos ni me los cubro con tierra. Soy incapaz de escribir un pálido panfleto, porque la realidad no es un panfleto pálido que yo pueda escribir desde un sillón cómodo, tratando de recrear lo que me cuentan en la guerra mediática que ha inventado la televisión para que nadie se entere de la otra. Ninguna guerra es pálida ni tampoco es un panfleto. Hay gente en las guerras. Y muere. Como yo.

Una rebelión sorda le ganó la garganta mientras pensaba eso, repasando el correo con los ojos y atendiendo a sus vísceras que se retorcían como si albergaran entre barrotes orgánicos a un monstruo que bramaba.

—¿Qué podría escribir y que sonara pálido? le preguntó a la fotografía en que la mujer morena aparecía retratada— ¿Qué podría escribir yo, Hyde y que sonara pálido, si ni siquiera puede escribir Jekyll algo que a los dos nos suene pálido?

Asestó un empellón al teclado y la notebook retrocedió algunos centímetros, como un animal golpeado, entre los libros apilados, los papeles y las armas, todo mezclado siempre sobre la misma mesa, por esa costumbre siamesa de moverse a dos seres por los mundos.

Hyde ha regresado de Somalia…A Hyde acaban de matarle a su mujer durante un robo, de dos balazos en el hijo que llevaba…Hyde estuvo en el Congo y le prometió a una niña soldado que iba a sacarla del infierno, pero Hyde no pudo…A Hyde lo baleó un niño soldado en Liberia, mientras trataba de intercambiar prisioneros con los insurgentes y salvar cuatro monjas…Hyde es un tipo que ha visto los hospitales llenos de monstruos paridos en el Irak de la democracia…Hyde ha visto el container de Tawergha, ametrallado por «los rebeldes» y lleno de cadáveres de niños, mujeres y hombres negros, cuyo único mal fue trabajar en la Libia de Kadaffi para poder comer antes de que llegara el Consejo de Transición con su revolución…Hyde ha estado en Haití y ha estado en Georgia y en Bosnia Herzegovina y en Colombia y en toda Centroamérica…Hyde ha estado en Malvinas y en Ruanda…caminó Afganistán y evacuó de una escuela a más de cien niños palestinos…¿O fue Jekyll el que hizo todo eso? pensó, mientras desarmaba y armaba las armas, mecánicamente, como un acto reflejo iluminado por el resplandor evanescente de la notebook y los brillos eléctricos del agua.

—Estás en crisis, Hyde…Estás en crisis murmuró Jekyll y bebió el agua mientras con la otra mano, Hyde se apuntaba la Glock que le había regalado Doguchi, sobre la sien derecha.

En el cuadro de diálogo del Messenger, apareció un beso.

Hola linda, escribió entonces León Aryiasz, trayendo de regreso la notebook a sus ojos, sabés que me llegó un mail de una tal…