«De fanfarrones», «Corazones», Gildardo López Reyes

Imagen by Vinzenz Lorenz

De fanfarrones

Nunca faltan fanfarrones
que se vistan de poetas,
se sientan grandes estetas
plagiando versos simplones.
Claro, tienen sus razones:
calzarse de intelectuales,
cumpliendo simples rituales
de reescribir malos versos:
folios huecos sin reversos,
simples palabras triviales.

Genes creen tener ellos
de Baudelaire y Sabines,
pero fácil los defines
en patéticos Coelhos,
grandes poetas de aquellos,
que no tienen parangón,
puro poeta chingón;
sólo escribiente maldito.
Como Bukowski son hito:
no tienen comparación.

Les diré con gran zozobra
que estos farsantes del verso
tienen público diverso,
gente devota de sobra;
que no distingue una “obra”
de cualquier perogrullada,
gente que vive engañada
por merolicos virtuales,
payasos de carnavales,
y se conforman con nada.

¡Ay! nuestra pobre poesía,
le han mancillado la casa,
cualquiera entra y se propasa
con su vil bisutería.
Y entre tanta porquería
lo bueno queda escondido;
el talento ahí perdido
entre el lodo no se nota;
menos lo nota un idiota
por las redes confundido.


Corazones

Dicen que los corazones
se hicieron para romperse.
Es difícil de creerse
para cariños simplones
de amor sin preocupaciones.
Bueno, estoy exagerando,
y de amor no estoy hablando;
hablo de un cierto cariño,
del sentir de cualquier niño
que no ve a qué está jugando.

Amorcitos desechables
de tequieros inmediatos,
tornan cariños ingratos
al sentirse indispensables.
Amores banalizables
de corazones miedosos,
sentimientos pudorosos
que se dan sin entregarse,
no vaya uno a estrellarse
bajo cielos tormentosos.

Y mueran las fantasías
quebrando los corazones,
proveyendo mil razones
de prevenir agonías;
y enterrar las alegrías
antes que se hagan pedazos.
Y queden sólo retazos
de un corazón indefenso
con un temor tan intenso
que no puede abrir los brazos.

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