«Sin preámbulos», «Insensibilidad», «Mausoleo de emociones», poemas de Eugenia Díaz Mares

Imagen by Victoria Borodinova

Sin preámbulos


Se ha dormido en mi piel ese estremecimiento
que me daban tus manos tan solo con tocarme
y dentro de mi mano hay un vacío
sin tu latido ardiente que antes me quemaba.

Son helados tus besos
ya no existe sabor en esos labios
destilando amargura;
se va muriendo todo y solo queda
grabado en nuestro lecho aquel vaivén salvaje
que tanto disfrutamos.

Hoy es todo rutina
marcada en una agenda cuando llegas al día,
sin hacer un preámbulo tú llegas y te instalas.
Quizás tú sí disfrutas la visita,
pero a tu paso dejas anhelos inconclusos.

Quisiera recordarte lo que tú le enseñaste
al mapa de mi cuerpo,
y cómo despertabas tanta sensualidad
tan solo con mirarte.

Pero mejor decido sofocar
a la mujer ardiente que aún sigue vibrando,
aquella que perdiste en el camino.



Insensibilidad



Continúas enviando tus sueños remendados
al cometa en el aire,
y mientras yo te observo y admiro tu entereza,
me busco en los bolsillos,
aquella que perdí bajo una sepultura.

Decrépitos del alma con apariencia joven,
invadidos de hojas
que sueltan en verano nuestros brazos,
como si fuese otoño.

Hay un sol tan radiante que no logramos ver
por la humedad constante en los cristales
y tantos desengaños.
Aún así,
tú sigues hilvanando visiones inconclusas
con una terquedad que me enloquece.

Estoy desalentada,
por eso me he soltado en las aguas del río
que va vertiginoso
y sin poder sentir dentro de mí emociones
por tanta oscuridad en el futuro.



Mausoleo de emociones.



Al mirarse en sus ojos
le devolvió la savia a sus entrañas
provocó ebullición a inertes sentimientos
y un intenso deseo de morderle su voz,
que quería convencer con mimos y susurros
a su limpia conciencia.

Dentro del pentagrama de su pecho
le fue creciendo un bosque,
con ramificaciones buscando una salida
de esa vasija ajada.

Afiló sus cuchillos de cordura
para cortar de tajo todas las tentaciones.
Con intensa ansiedad fue removiendo miedos
para que despertaran
y sacando el espejo como escudo,
al verse con su sombra,
se fundió en una sola para enterrar la llave
de aquellas emociones lejanas y dormidas.

Ama su mausoleo
y se siente muy bien caminando descalza
cubierta de cenizas.

EDITORIAL: «Las alas y las armas» por Eugenia Díaz Mares

Imagen by Maximiliano Estevez

De lo que nos provee Ultraversal

Vagando entre los blogs del ciberespacio intentaba sacar con mis torpes palabras lo que me estaba aniquilando y veía el abecedario en el cual apoyarme sin poder alzar vuelo.


Morgana de Palacios me encontró en mi derrotero. ¡Bendito sea ese día en el que me enseño que había una luz en el camino de las letras para mí, de esas letras que carecían de alas y de voz.


Cuando llegue a Ultraversal me sentí una inmigrante al ir leyendo la excelencia en los trabajos de los ultraversales, me llene de temor volviéndome a sentir tan insignificante como cuando era niña. Eso no me detuvo. Aunque yo sea nerviosa e insegura también soy tenaz para aprender y conocer mas sobre lo que me gusta.


Comencé a compartir lo que solía escribir sabiendo bien que estaba en un taller de crítica literaria. Al principio me sentí avergonzada y muy desanimada al ver tantos errores en mis trabajos principalmente de ortografía. Sobre métrica y estructuras estaba en cero. Más me avergonzaba pensar en cómo me había atrevido a publicar en un blog lo que yo llamaba poesías.


En varias ocasiones quise tirar la toalla y retirarme rendida con la cabeza baja y si no lo hice fue por la generosidad que tenían los administradores y compañeros ultraversales conmigo, por esa ayuda desinteresada que me estaban dando. Siendo yo una persona poco instruída, ellos me estaban dando su tiempo y sus conocimientos para que las palabras en mis trabajos pudieran tener alas y luz.


Me hicieron sentir que yo podía hacerlo, aunque tuviera que corregir una y mil veces mis trabajos para poder captar lo que ellos querían que yo entendiera.

Poco a poco me fueron ayudando a cerrar las cicatrices en mis alas. Sintiéndome segura y apoyada me atreví a confesarles que yo le había hecho la promesa de un libro en memoria de su vida a mi hija Erika Adriana, algo para mí muy difícil de lograr porque no tenia las armas necesarias que se necesitaban.


Fue aquí en Utraversal en donde me brindaron las armas, en donde experimente que existen las diosidencias desde el momento que Morgana de Palacios me encontró y me trajo a esta gran familia de ultraversales, en donde todos han sido una parte importante en el libro «Su corto vuelo» que logre escribir en memoria de mi hija.

No tengo manera de retribuirles.

Queda en el libro para siempre su generoso apoyo y la ayuda que me brindaron y que siguen brindándome.


Escribir el libro para mi hija, tomada de la mano del Taller de perfeccionamiento literario Ultraversal, ha sido una hermosa experiencia en mi vida. Al ver a todos involucrados en el proceso como una gran familia me sentí acompañada y eternamente agradecida.


Nota del Director: Este editorial que firma la poeta mexicana Eugenia Díaz Mares no tiene ánimo de propaganda ni está destinado a seducir lectores para que el producto se compre. Más bien, lo contrario, aunque algún suspicaz, seguramente, intentará llevar la cosa por ese lado.

Ultraversal es un proyecto gratuito, un mecenazgo. No tiene ningún fin de lucro sino que su único fin es solidario.

La solidaridad, sobre todo en el mundo de los egos artísticos (y por qué no, en cualquiera de los demás mundos), es mal vista y peor mirada, porque contraría las normas del «me lo guardo para mí», «si alguien va a destacar, seré yo» y todas esas cosas que vuelven a las artes, en vez de un hecho expresivo que comunique a los hombres entre sí, un hecho mezquino que solamente busque el lustre propio y el preponderar de unos por encima de otros.

Elegí para el Editorial de agosto las palabras de Eugenia, porque para nosotros es un ejemplo de tesón, afán de superación personal y lucha desde la resilencia más extrema, por el logro de un objetivo fundamental en su vida.

Somos nosotros, los ultraversales, los que estamos agradecidos a Eugenia ya que su entrega al aprendizaje, su humildad inveterada, su empuje solidario y sus progresos incalculables, nos han enseñado que a pesar de la mezquindad humana, no todo está perdido.

Las personas necesitan de la solidaridad en todos los aspectos de la vida. Y ser solidario, aún en el arte, donde lo único que prevalece es el ego del artista sobre cualquier otro bien mayor, es una forma de hacer humanidad, una mejor humanidad, y que el arte perdure más allá del hombre.

Cuatro poemas de Eugenia Díaz Mares

Poppy by Didier Aires

Se me ha quedado dentro

Se me han quedado dentro sin eco los suspiros
colgando de los techos de hospitales,
ese aroma tan rancio a carne enferma y cloro.

Se me ha quedado dentro recelo y sobresalto
que tenían tus ojos,
y el corazón parchado con tantas decepciones
y mis manos de sal que no ayudaban,
para sacar de tu mochila al fin
la muerte que bordabas y seguías.

Se me ha quedado dentro
borrando cicatrices que había en tu semblante,
y con mi sangre nueva intentar darte
a gotas otra vida,
mostrándote horizontes de esperanza,
caminando contigo entre mis brazos
sobre brasas ardiendo, queriendo retener
tu tiempo en mis latidos.

Pero solo retuve momentos con espinas
en cuartos de hospitales,
y el olor de tu aliento escapando a suspiros
hacia un cielo tan gris como quedó mi mundo.

Y en vez de la cordura, lágrimas en mi cara
corriendo sin control, sin compuertas que frenen
su caída, sin curita que cubra mi dolor.

Se me ha quedado dentro lo helado de la muerte.

Agosto y sus fisuras

Se acerca el mes de agosto y me pregunto,
qué fue de los amigos después de aquellos días
tan llenos de cenizas doblegando mi espalda.

Se acerca el mes de agosto colmado de fisuras
y yo tras la vidriera me protejo
del mundo y su rutina.

Se acerca el mes de agosto
y yo tan silenciosa
en mi jaula de lluvia
veo caer las gotas en las hojas
como ángeles mojados.

Yo, de pocas palabras,
en este mes de agosto solo llevo en mis ojos
el canto con mi arrullo para inducir el sueño,
un atado de amor bajo mi brazo
y mucha soledad
en mis bolsillos rotos.

Se acerca el mes de agosto
y ustedes no imaginan
que esta ausencia ya crece como un bosque
o como ese silbato tan largo de los trenes
que en la noche me deja con insomnio.

Se acerca el mes de agosto.
El tiempo es implacable y la distancia inmensa.

Amor a destiempo

Te pude haber amado en otro tiempo,
en otro espacio, donde revolotearan
trémulas avecillas por toda nuestra piel.

Te pude dar mis noches de vigilia
y beberme contigo tantos amaneceres
rebosantes de amor;
pude haberme robado de tu boca
el café matutino sacándole lo dulce.

Pudiste haber vivido mis locuras, mis celos
y toda la ternura que crece entre mis manos.

La flecha de Cupido equivocó su rumbo
alejando tu vida muy lejos de la mía,
donde solo me piensas y me sientes
dentro de tu memoria.

Hemos llegado tarde
y tuve que inventar que no exististe,
caminar y alejarme con una caja llena
de pajarillos muertos, sacudir mi cabeza
para sacar tu voz que continuaba
colmándome la mente, sacándome alaridos
repletos de silencio.

Me tuve que quedar colgando en el camino
como tú me encontraste tan hueca y tan helada.

El verdugo

El reloj fue el verdugo. Asesinó las horas
que pudieron ser nuestras.

Solo dejó las huellas y el sabor
de gotas de café y jugo de naranja,
prendido en nuestros labios.

Fue la magia del alma,
la que hizo coincidir tus ojos con los míos,
momentos perpetuados quizás solo en mi mente:
tu espalda al alejarte y el eco de tus pasos
se unieron al bullicio,
mientras que yo abordaba el bus de la rutina.

Nos fuimos sacudiendo la locura
del choque provocado por mundos diferentes,
quedando solo el puro sentimiento
con tu nombre y tu número
grabados en mi móvil.

A veces yo te sueño como una lluvia fresca
de recuerdos vintage,
y en mis sueños camino hacia el espejo
para así ver tu sombra que siempre me acompaña
desde que coincidimos.

Y, como en un déjà vu,
siento que si trasnochas debe ser que me buscas
en el aire que llega de tu norte
o en tu terrón de azúcar diluìdo en mi boca.

Quizás en el calor que aún conservo
del hueco de tus manos.

Eugenia Díaz Mares

Ese beso

Se encontraba oxidada la chapa de mis labios
por besos carcomidos de nostalgia,
cuando un día cualquiera me besaste
como ya no lo hacías en cada despedida.

Hurgaste con tu lengua la humedad de mi boca.

Bebiéndome tu anhelo
yo me asomé  al espejo de tus ojos
y me vi jovencita junto a ti,
descubriendo misterios en el pequeño mapa
de mi cuerpo.

Y me encontré mi imagen
en un rompecabezas cuando mudé de piel
sacudiendo tus huellas.

Continuaste insistiendo con caricias
hasta sacar el mar incontenible de mi ser
humedeciendo surcos.
Sin quejas ni reclamos
yo me vi tan mujer:
Serena, muy madura,
desnuda, sin barreras, derretida
con tu fuego corriendo por mis muslos.

Entonces me di cuenta
que podía borrar las cicatrices;
porque soy fuerte,
soy agua que destruye
diques en el camino,
y  me dejé amar hasta el cansancio.

Eugenia Díaz Mares – México

Clouds by Monika Schröder

Una reflexión

Lección de vida y muerte

Diciembre del 2019 un nuevo virus afecta a China, Coronavirus los noticieros comunican todos los días las actualizaciones de cómo va afectando a toda la población acompañadas de impactantes imágenes.
Pero esto sucedía en China un lugar muy alejado de nosotros.

Me daba pánico y tristeza ver lo que estaban sufriendo y al mismo tiempo alivio porque no pasaba por mi mente que este virus también nos pudiera afectar.

Pero sucedió.

Una mañana de febrero de este 2020 dieron la noticia del primer caso de contagio del coronavirus en México.

Llegó con suavidad, como cuando el mar está en calma y humedece las playas con delicadeza.

Era solo el inicio, un preámbulo del terrible tsunami que pronto nos golpearía.

De pronto nos vemos obligados a permanecer en casa, sobre todo las personas de más riesgo.

En mi caso que tengo diabetes y estuve enferma de neumonía, así que tengo que extremar más los cuidados.

En casa solo estamos mi esposo y yo con nuestros tres perritos chihuahueños sintiendo el peso de la soledad acompañada de temor. Ya no podemos ir al parque a ejercitarnos; nuestros perritos no entienden el porque ya no los sacamos a pasear; el Coronavirus nos ha cambiado la vida.

Mi hija trabaja en un hospital de la Secretaría de Salubridad; está en una zona de riesgo y por mis problemas de salud no viene a casa; solo nos comunicamos por video llamada.

Me preocupa mucho que vaya a contagiarse. Veo cómo a muchas personas las han enviado a trabajar desde casa, pero mi hija tiene que acudir a su área de trabajo y eso nos llena de temor y angustia. Ya tenemos quince días que no la podemos abrazar ni darle un beso.

Me llena de impotencia ver como va afectando en la economía a todos en la familia, sobre todo a los que trabajan por su cuenta como mi cuñada que trabaja en una financiera y no puede andar en las instituciones promoviendo los préstamos; a mi hermano que tiene un negocio de tacos frente a un panteón que cerraron por la contingencia y él también tuvo que cerrar por falta de clientes; a mi cuñado que es taxista y tuvo que entregar el coche porque no hay pasaje y no saca para pagar la renta; a mi esposo que es pensionado y tuvo que hacer compras de abarrotes con el dinero que tenía para el resto del mes porque está escaseando el alimento y lo están aumentando de precio.

Las autoridades de salud hoy en el informe avisaron que ya no podían estar ocultando a la población la situación. Nos dieron el recuento de contagiados en la ciudad donde vivo según la estadística que tiene la Secretaria de Salud y son 60, pero a partir de hoy agregaron 37 más que se hicieron el examen en hospitales privados y lo habían estado ocultando. En total son 97 enfermos. Tenemos más que la ciudad de México que tienen 44. Así están las cosas con nuestro gobierno y sus mentiras.

La economía es otro virus que viene hermanado con el Coronavirus y nos afecta a todos.

En la familia ya hay dos personas contagiadas por el virus. Que Dios nos proteja, perdone y tenga misericordia de todos en el mundo.

Cada noche doy gracias por el día que pude disfrutar, con lo bueno y lo malo, y ruego a Dios que me permita ver un nuevo día en compañía de mi familia con salud; pido por todos mis hermanos en el mundo que terminen las guerras y haya un plato de comida para todos.

Yo he vivido la experiencia de una guerra con la muerte que se llevó a mi hija, pero esto del Coronavirus me sobrepasa. Es como una película de terror. Se me hace un nudo en la garganta al saber que están muriendo solas las personas contagiadas, muriendo sin poder despedirse de sus familias. Esto es algo doloroso muy difícil de superar.

Estamos viviendo una dolorosa lección de vida.

Ojalá podamos aprender de ella y ser mejores seres humanos.

Eugenia Díaz Mares – México

Poemas escogidos

Rose by Peggy Choucair

Gracias, a tantas cicatrices

Aprendí a dar las gracias a lo que me ha quebrado,
a tantas cicatrices que me hicieron crecer
de adentro para afuera,
a las cosas calladas que hicieron explosión.

Recogí los pedazos doliéndome los brazos
y me abrace tan fuerte hasta escuchar la risa
de la pequeña niña hoy ya mujer madura
y le dije ¡te admiro!
no más explicaciones,
no permitas que apaguen el pequeño fulgor
que te guía a las sombras de todas tus etapas.

Ahora que regresas y has crecido,
no te apenen los restos que yacen a tus pies
son del frágil capullo que siempre te sostuvo
en tus penas y crisis hasta emprender el vuelo.

Quédate cree en ti y en la potencia de tu voz.



El breve roce de tus labios

Permanece prendido en mi memoria
el roce de tus labios,
y dentro de ella surge tu voz invitándome
a perder la cordura volando con el alma.

Vas saciando la sed que hay en mi piel estéril,
como un beso de luna pegadito en mi pecho,
bajas con su reflejo entre mis piernas
y en silencio, con hondas espesuras derribas la frialdad

Me regresas lo azul con un suave preludio
que hace mecer mi cuerpo entre aroma a jazmines,
humedeciendo todo con el diluvio intenso
que en mi mente provocas cuando te haces presente.

De vuelta a la rutina,
vuelvo a hacer un ovillo los recuerdos,tu sombra
y el embrujo, teniendo amaneceres
con la melancolía adherida a mi espalda.



La balanza decide

Permanece prendido en mi memoria
el roce de tus labios,
y dentro de ella surge tu voz invitándome
a perder la cordura volando con el alma.

Vas saciando la sed que hay en mi piel estéril,
como un beso de luna pegadito en mi pecho,
bajas con su reflejo entre mis piernas
y en silencio, con hondas espesuras derribas la frialdad

Me regresas lo azul con un suave preludio
que hace mecer mi cuerpo entre aroma a jazmines,
humedeciendo todo con el diluvio intenso
que en mi mente provocas cuando te haces presente.

De vuelta a la rutina,
vuelvo a hacer un ovillo los recuerdos,tu sombra
y el embrujo, teniendo amaneceres
con la melancolía adherida a mi espalda.

Eugenia Díaz Mares – México

Imagen by Phuong Luu

Algún día

Algún día te voy a sacar del espejo,
te abrazarè muy fuerte para estar fusionadas
y te diré tranquila que ya puedes dejar
de llorar tu silencio en las esquinas

que soltaràs el llanto fuerte y triste,
con la ventana abierta sin temor.
Te pediré que mires en mis ojos las guerras
que has vivido y observes en mis manos
el puñado de sueños tan tuyos y tan míos.

Algún día
nos daremos el tiempo de volver
a ser niñas,y hacernos un ovillo en la cama
con la cara mojada por las làgrimas,
esperando ese ángel que sabemos existe.

Y las dos soltaremos el cansancio
de fingir ser valientes con la càscara abierta
mostrando cicatrices remendadas,
con un caudal sin freno corriendo por el rostro.


Tu tiempo y compañía

Ahora que dispones de tu tiempo
que ya no lo compartes con trabajo
-y algunas amistades-
los recuerdos me brotan de noches sin dormir
y sábanas heladas.

Ahora que dispones de tu tiempo
y estas aquí en la cama cuando suenan las ocho,
yo siento entre mis sienes
palpitar tu silencio cuando daban las cuatro
y entrabas en el lecho como escarcha.

Ahora, tienes tiempo de mirar la mujer
que camina a tu lado, que ya no ve la luna
y tiene mariposas en sus muslos
congeladas.

Que hacemos con tu tiempo, con toda la apetencia
que brota en tu mirada, con tus manos inquietas
intentando encontrar el camino perdido.

Tomemos un café
y hagamos un balance de lo que yo he ganado
con esa soledad,
caminemos tranquilos el resto de este viaje
probemos a ordenar un puzzle de lo antiguo.

No olvides que te quiero,
pero dentro de todo me he curado de ti.

Eugenia Díaz Mares – México

Su sitio web:http://azulgenia.blogspot.com

Hablar de Eugenia Diaz es hacerlo de la tenacidad, porque esta mexicana, que cultiva tanto la prosa como la poesía, se ha marcado como objetivo perfeccionar la técnica para escribir una novela cuya temática será la muerte de su hija Erika, causada por una negligencia médica.


Este desgraciado suceso marca su trayectoria literaria, y así nos encontramos con que buena parte de su obra está asentada en el dolor, sin embargo, Eugenia, mujer vitalista, también introduce en sus creaciones un soplo de aire fresco y una ventana abierta a la vida, con lo cual la misma Eugenia nos muestra a una mujer que no se rinde ante la adversidad.  La literatura en general y la poesía en particular son un apoyo vital. En este sentido, refiriéndose a la poesía ha llegado a decir  “yo simplemente me dedico a escribir porque me gusta y porque a lo largo de mi vida ha sido un bastón que me sostiene”


Tiene publicado el libro “Huellas gastadas” de la editorial “Groppe Libros” en una edición familiar que fue un regalo de su otra hija Lily y que contiene una hermosa recopilación de poemas que nacieron al amparo de Ultraversal.
Eugenia, aparte de gentil, buena gente y una compañera maravillosa, posee talento y gracias a él ha logrado focalizar en sus poemas su manera de ser, dejándonos textos muy emotivos.


Con su antes y después literario, con su esfuerzo, con su dulzura, y con su fuerza, no se me ocurre nadie mejor que Eugenia Díaz para enarbolar el espíritu Ultraversal. De hecho muchos la consideramos un ejemplo a seguir. Casi nada.

Poeta no te calles

Eugenia Díaz Mares – México

Se encuentra en remisión el intenso dolor
que apagaba la luz de cada nuevo día,
y sin reconocerse ve su imagen
plasmada en la ventana
tan serena y en paz.


Escucha serenatas, las charlas y las risas
y como en pasarela ve desfilar pasteles
con los ramos de flores festejando a las madres.
Y ahí, tras el balcón, cristal humedecido,
esa mujer observa cómo se va mojando su reflejo
tocando sus mejillas extrañamente secas.


Camina de regreso pisando su presente,
rozando con sus dedos los muros y tabiques
que atesoran el eco de fantasmas.


Se va dejando guiar por el fulgor
de unas manos que esperan con anhelo
logre cruzar el puente.

Su corto vuelo: un libro de Eugenia Díaz Mares

Por Isabel Reyes Elena

Prólogo del libro

Eugenia Díaz Mares, poeta novel mexicana, presenta su ópera prima “Su corto vuelo”.

Nacida en el portal literario www.ultraversal.com ha ido aprendiendo y haciéndose fácilmente con la técnica poética, métrica y rima en corto espacio de tiempo. De lenguaje fácilmente comprensible, sin que la sencillez se convierta en simpleza, no recurre a juegos malabares e introduce en sus versos metáforas sutiles. Su palabra no excluye la cadencia, la tradición y alcanza una voz que le es propia.

Todo el poemario está construido en Arte Mayor, la mayoría sonetos, y da la impresión de que la autora intentara reconstruir su vida desde lo destruido y decidida a edificar el futuro desde su carne abierta y sus propias cenizas humeantes. Versos urdidos con reflexión y dolor. Con la emocionalidad que late en los silencios.

En cada uno de sus versos hay una mujer doliéndose, pura llaga abierta que respira la pérdida de su hija menor, Erika, por una terrible e invasiva enfermedad, el lupus eritematoso diseminado. Pero también sorprende de qué forma se enfrentó la protagonista a la misma, un modelo de alegría y fortaleza que mantuvo hasta el final, incluso dando ánimos a todos sus seres queridos.

La muerte de un hijo es algo contra natura que no entra en los esquemas evolutivos, y cuando se produce, provoca grandes crisis a nivel físico y emocional,  Eugenia ha tenido el valor de expresar en su libro todo el proceso de la enfermedad, hasta que Erika fue vencida por la misma. Una necesidad vital para alejarse de la locura e intentar encontrar de nuevo sentido a su vida. Porque aunque parezca mentira, es posible renacer después de un golpe así, a pesar de que un hijo nunca muere, pues siempre está en el corazón de madre el amor por el ausente.

En la fase final de la enfermedad dejó un testimonio de vida, un tesoro, que se presenta en forma de mariposas que revolotean a menudo alrededor de sus seres queridos.

Silenciosa y honrada con sus sentimientos, hermosa, así Eugenia Díaz Mares.

Eugenia Díaz Mares – México

La jaula

Descuelgan del balcón que son mis labios
simulando sonrisas,
trémulas mariposas a los ojos del aire,
para engañar las voces que cuestionan
sin descanso.

No sé qué debo hacer con esta jaula,
en la que la memoria se sigue estremeciendo
sin cordura, como frágil espiga,
de tanto que escudriñan mis pasos
dejándolos sin sombra.

Cuánta morbosidad hay en la gente
que como telarañas sacuden el recuerdo,
para con avidez pizcar aullidos
o burlas a la muerte,
y le contabilizan encanecidas aves
a las enredaderas de mi pelo.

Yo les brindo una mueca con risa de amargura
en lugar de escuchar lo que desean,
ensayo cada gesto al arrancar los gritos
que guardan mis arterias,
para depositarlos en la jaula
que fabrican mis versos.

Me quedé afuera

Desearía saber si aún me esperas
para entonces cavar una abertura
en el océano almacenado de una lágrima,
y fugarme del bosque enmarañado
en el que estoy cautiva
con ciclos sin cerrar.

Yo sé
que ahora estoy afuera de mi piel,
al verme en una esquina de la vida
consumida y estéril,
pero llevo conmigo abecedarios
con letras impacientes de iniciar
un capítulo nuevo
que lleve nuestras huellas.

Si mi regreso aguardas
yo saldré de las sombras,
caminaré contigo sin temor
a orillas del presente.

Solo duermes

Te observo muy tranquila descansando
—tienes una sonrisa complacida—.
Hoy vistes con tu ropa preferida
y en silencio, te sigo contemplando.

Un murmullo. Personas caminando
me hacen sentir extraña y aturdida.
Me estrechan en sus brazos. Confundida
no entiendo qué sucede, voy llorando.

Quiero olvidarme de esta pesadilla
—tan sólo duermes y abrirás los ojos—
tenemos un acuerdo mi chiquilla.

Levántate, sostente fuertemente,
lograremos vencer estos cerrojos.
No importa que camines lentamente.

Acerca de Eugenia Díaz