«Deforestado», «Yo conmigo», «Otro año el mismo año», tres sonetos de Jorge Ángel Aussel

Deforestado

Me estás talando, vida, ¿y qué me queda
más que el sabor de este saber que vivo
subyugado al vaivén reiterativo
de un golpe que a otros golpes anteceda?

Cada vez que tu brazo retroceda
lo hará por el intrínseco motivo
de retornar a mí mordicativo,
en su obcecada vocación de rueda.

Cuando paso por una buena racha,
sé que tus párpados de mal agüero
a paso raudo mostrarán la hilacha.

En tus iris el brillo es traicionero,
pues todo lo que brilla es el acero
de la implacable hoja de tu hacha.



Yo conmigo

Me quedé con mi sombra en esta casa
tras que irrumpiera tu violento ocaso
como un tsunami que voraz arrasa
sembrando la catástrofe a su paso.

Me quedé con la duda que me abrasa
de si te fuiste, me dejaste acaso,
o te inmolaste en tu conciencia escasa
de que te consumías con el faso.

Me quedé con mi amigo el enemigo
del aislamiento, en este yo conmigo,
más que en la soledad, en esta herida.

Me quedé simplemente de no irme
mientras trataba de reconstruirme
aunque tu muerte me matara en vida.



Otro año el mismo año

Es otro Año Nuevo sin tu abrazo
cuando marca el reloj que son las doce,
sin tu emotivo llanto, sin el goce
de estrechar con las copas nuestro lazo.

Es otro enero donde el cimbronazo
de este mañana que te desconoce
hace que la nostalgia me destroce
al tumbar mi cabeza en su regazo.

¿Pero es un nuevo año o es el mismo
mudando el tegumento en este abismo
en que la muerte brinda a tu salud?

¿Es otro año o me parecen otros
y los años transcurren sin nosotros?
También mi nombre estaba en tu ataúd.


Jorge Ángel Aussel – Argentina

Imagen by Enrique López Garre

Virrealidades

1.- Quien confunde realidad con verdad y virtual con irreal, no comprende que la virtualidad no solo forma parte de la realidad, sino que en sí misma también es una realidad.


2.- Por mucho que el de la pantalla seas tú, lo que les llega de ti a los demás no eres completamente tú, sino una copia más o menos fiel de ti.


3.- El mundo virtual es un espejo distorsionado de la realidad, no del ser humano.


4.- Un narcisista frente a una computadora admira su reflejo en la pantalla.


5.- El navegador web es la versión 2.0 de la confesión. Eliminar el historial, el instrumento que promete la absolución de los pecados, una vez que ya nos hemos confesado.


6.- La única protección de datos inteligente es archivar la información privada en el disco duro de tu mente.


7.- Nada es más virtual en Internet que la opción de borrar los datos de navegación.


8.- Le llaman la nube, aunque lo almacenado en ella nunca será temporal.


9.- El halago fácil traspasa todos los cortafuegos del ego, con el fin de controlarlo luego.


10.- Quién dice que no progresamos, cuando ya ni siquiera precisamos matar para eliminarnos.


11.- Hoy en día te borran con el mismo dedo que antes solo te señalaba.


12.- La cultura del meme, la incultura del memo.


13.- La conexión a Internet permite el encuentro de las almas que sin saberlo, han estado siempre conectadas.


14.- Nos comunicamos con gente del mundo entero pero seguimos sin entendernos con aquellos que nos rodean.


15.- Lo que Apolo ha unido en la virtualidad, que no lo separe Cronos. Ni ser pobre.


16.- Muchos amores que nacen a la distancia tienen una fecha de caducidad marcada por las bajas probabilidades de un encuentro físico real.


17.- El sexo virtual es tan antiguo como la práctica de mantener relaciones sexuales con una persona mientras se piensa en otra.


18.- Un buen amante virtual es aquel que solo excitando tu mente es capaz de tomar el control de tu cuerpo.


19.- Abrazados al vacío nos abrazamos a la distancia y se llenan los vacíos y se acortan las distancias que nos abrasan.


20.- Cara a cara o a distancia es lo mismo: uno siempre se enamora y permanece enamorado de un desconocido.


21.- Crees que no existen las distancias hasta que tienes jet lag y se te pasa.


22.- La velocidad a la que circulan las fake news, más que nuestra inocencia demuestra nuestra incasable pereza.


23.- La incredulidad paró al bulo.


24.- El trol se masturba fantaseando que te molesta. Si muestras enfado, le darás su tan anhelado orgasmo.


25.- Como contra el coronavirus, el distanciamiento social es la medida de prevención más eficiente para evitar el contenido viral en las redes.


26.- Luchar por un mundo mejor desde el sofá requiere de un grandísimo esfuerzo, aunque solo sea para gustar.


27.- Tener todas las cosas a un clic es tener todas las cosas a muchísimos clics.


28.-Publicas tu desgracia en las redes y te invaden las dudas sobre qué habrán querido decir todos esos que le dieron Me gusta.


29.- Nos seduce la virtualidad porque en ella podemos elegir ipso facto la realidad que deseamos experimentar.


30.- Según un estudio casero, tomarle fotos a la comida podría engordar el ego.

Jorge Ángel Aussel

Seis destellos profanos

I
La chica se arrodilló
frente al altar de aquel hombre,
para rezar en su nombre,
cuando la noche cayó.
Su boca urgida se abrió
para pintarse los labios,
que pronto se hicieron sabios
en eso de confesarse
y de la culpa librarse
sin importar los resabios.

II
Su lengua de fuego eterno
enroscaba hasta al demonio
cuando daba testimonio
de ser reina del infierno.
Con ella frente al gobierno
ningún mortal se oponía,
y el mismo Dios la quería
rezándole una plegaria,
pues era una perdularia
que de oraciones sabía.

III
Quería ser bendecida
en la pila bautismal
del apetito carnal
que le da vida a la vida.
Quería ser sometida
a los deseos y antojos
del hombre que con sus ojos
la instaba a que prosiguiera
y fuera en él y viniera
con sus vastos labios rojos.

IV
Le gustaba provocar
en su papel de inocente,
como niña adolescente
que le falta madurar.
Le gustaba suplicar,
con un puchero en la cara,
que el profesor le enseñara
cómo tenía que hacer
para entregarle placer,
por más que lo recordara.

V
Las puertas de sus capillas
se abrieron a los pecados
y los lugares sagrados
murieron entre comillas.
Ella gastó sus rodillas
de tanto hincarse en el suelo
en pos de llevar al cielo
al prójimo venturoso
que en su cáliz espumoso
ansiaba remontar vuelo.

VI
Su rostro se transformaba
en el del ángel perverso
que ocultaba en su universo
de señorita aniñada.
Andaba así, disfrazada
de la madre superiora
y no veía la hora
de desgarrarse el vestido
para exhibir su tejido
de hembra profanadora.


Tríptico

I

Tu boca es la cerilla que se enciende
al roce de esa lengua lijadora
que todo lo que toca lo devora,
lo esculpe, lo barniza y lo trasciende.

Tu boca es una artista que sorprende
en cuadros que la pintan pecadora,
sonríe de rodillas mientras llora,
escala hasta mi cumbre y la desciende.

Tu boca es como un libro contra el tedio
que avanza desde el nudo al desenlace
con la profundidad de la garganta.

Tu boca es una víbora al asedio
que enrosca mi vigor cuando le place
y muda en mí su piel de virgen santa.

II

Tu boca es como un huerto donde planto
mis labios que a su luz recogen besos,
tierra fértil de todos los excesos
que brotan en la noche de su encanto.

Tu boca es como un templo sin un santo
y yo, profanador de los confesos,
el limbo donde vamos los posesos
que en el cielo perdimos el espanto.

Tu boca es una boca de tormenta
captando el albo flujo de la lluvia
que lluevo en las orillas de su ría.

Tu boca es una fruta que me tienta
a morderla y tallarla con la gubia
de mi lengua cavando hasta su umbría.

III

Tu boca es lo que dice cuando calla,
se abre sin mediar palabra alguna,
me observa como un cíclope en la hambruna
y libra por mi carne una batalla.

Tu boca es como un traje hecho a mi talla
y mi cuerpo, al crecer, no la importuna,
pues su elasticidad nos mancomuna
y es la presa en la prenda la que estalla.

Tu boca es un soldado que ametralla
los ecos que acrecientan mi fortuna,
y su arrojo merece una medalla.

Tu boca es un oasis que en mi duna
se expande, se desborda y se amuralla.
Tu boca es como todas y ninguna.

Jorge Ángel Aussel

Las modas que no pasan



1

Nunca estuvo de moda ser distinto
por transitar la vía de ser uno,
uno mismo entre todos.

La mayoría teje un disfraz de persona
y se ciñe al disfraz como se ciñen
los bebés a la teta de su madre,

hasta hacerse disfraz.


2

Nunca estuvo de moda ser brillante
por ser luz al final
del túnel de los hombres
poniendo por delante los principios.

Es más fácil venderse como estrella,
fulgurar en lo alto desde lejos,
figurar en el cielo de los otros
cuando en el propio espacio no se es nada.

Brillar con propia luz no es propio de los grises
que arden solamente
cuando atizan la hoguera de sus egos.


3

No se pone de moda la cultura
de hacer todas las cosas
como si fueran siempre para siempre,
como si nos jugáramos la carne
en todas las jugadas.

Hacer las cosas bien no está de moda.

Nunca estuvo de moda hacer las cosas bien
en este mundo atado
con el delgado alambre de la mediocridad.

Un alambre que tiembla
como un niño que tiembla por el frío,
cada vez que unas manos negligentes
lo vuelven a tensar con su impericia.

Si el alambre se corta cualquier día de estos
el mundo nos estalla entre los ojos

y perdemos la vida o la ceguera.


4

El hombre sin genuinos referentes
que le puedan servir de referencia,
va detrás de la fama
como un piojo sediento por la sangre
de muchos otros hombres.

Esa efímera fama de los memos
que alimentan las redes con sus memes.

Esa aleatoria fama de fulano
que se hizo famoso
rasgándose la piel de las rodillas.

Esa fama que no responde a nada
más que al instinto de prostitución.


5

No se pone de moda la humildad
que nace de saberse igual que todos.

Esa humildad que nace de saberse.

Esa humildad de cielo despejado
que ofrece un horizonte
detrás del ancho mar de su mirada.

Esa humildad de aquel que no precisa
querer sobresalir de sus iguales
para sobresalir.

Jorge Ángel Aussel- Argentina

Sonetos escogidos

A un paso de los treinta

Van veintinueve otoños arrancados
en este abril de labios entreabiertos
que sopla en mí feroces desconciertos
como Jumanji al arrojar los dados.

Pienso tanto en futuros sin pasados
como en pasados todavía inciertos
mientras apilo días como muertos
apilan en las guerras los soldados.

¿Cuándo fue que el reloj tejió las horas
que nunca volverán, si siempre vuelven
y vuelven otra vez y nos envuelven

con su lengua de agujas predadoras
que lograrán matar de todos modos
con tiempo al tiempo y con el tiempo a todos?



Año nuevo, escoba nueva

Se acerca el fin de un año y otro llega
con la ilusión de que serán mejores
los días que vendrán —embajadores
de nuestra devoción a la fe ciega—.

El pensamiento mágico se entrega
a sus propósitos masturbadores
mientras si ajustas los retrovisores
año a año ves más tragedia griega.

En el crepúsculo del mes postrero
apostamos el júbilo a un enero
donde quizá nos tocará la muerte.

La novedad va siempre bien vestida,
mas toda escoba nueva se convierte
y no barre tan bien, es ley vivida.



Medianizados

En este tiempo en que canta cualquiera
lo que primero pasó por su mente,
donde la rima es el ripio inherente
a tanta copla con letra somera,

donde al talento el carisma supera,
donde el estulto es un tipo influyente
en el YouTube del inculto presente
solo por ser un modelo en vidriera,

está mal visto opinar que se iguala
más hacia abajo que arriba en la escala
de unos valores que venden baratos.

Para que nunca lo pongan en duda,
en la igualdad el mediocre se escuda
y pinta pardos a todos los gatos.

Un pasaje de ira con retorno

Jorge Ángel Aussel – Argentina

Esta fiera volcánica que explota
en el trémulo estero de mi mente
se ciñe a la razón intransigente
de tener la razón que nos derrota.

Soy amo de la furia y soy mascota
de la herida que causa mi tridente
cuando lame las tripas de la gente
nutriéndose del daño gota a-gota.

Estoy viciado de beber mis noches
en un coctel cargado de reproches
por mi comportamiento encarnizado.

Y es que en cuanto vacío las botellas
vomito en el vacío las estrellas
de mi arrepentimiento atragantado.

Jorge Ángel Aussel – Argentina

Matrix

«La ley básica del capitalismo es tú o yo, no tú y yo». Karl Liebknecht

En la Matrix macabra del cinismo
somos mitad humanos, mitad clones
fraguados bajo estandarizaciones
que representan al capitalismo.

Como trágicos títeres del mismo
nos debatimos entre las nociones
del ser y del tener más posesiones,
enajenados por el consumismo.

Importa más que ser, el parecer,
aunque esto signifique perecer,
pasando de ser alguien a ser algo.

Como es una película animada,
en Matrix lo que tengo es lo que valgo
y no soy nadie si no tengo nada.



Un poema de ardor

Un poema de amor que me lacere
como un escupi-tajo en la mejilla,
de esos que son hijos del desprecio
y madres meretrices de la angustia.

Un poema de odio que me escueza
como un ají picante en la garganta,
de esos que son ácido sulfúrico
cuando muerden la carne del espíritu.

No un poema de amor indigerible
donde las heces huelan como rosas
y sean siempre suaves los c-olores.

No un poema de odio en que procures
lanzar tu anfibológico venablo
siendo indulgente con Jesús y el diablo.



Una verdad incuestionable

Un toque de locura es razonable
y muy poca razón, una locura,
aunque sea mal vista la cordura
que amplía nuestra sombra deleznable.

A veces la persona más amable
cubre su fealdad con hermosura,
y quien viste el disfraz de la tortura
nos salva de una vida miserable.

La criatura que nace saludable
instaura en su país la dictadura,
se vuelve intransigente e implacable
y aplica una mordaza a la cultura.

Si busca una verdad incuestionable,
no juzgue al bollo por su levadura.

Editorial de la edición número 6 de la Revista Ultraversal » Por Jorge Ángel Aussel

Resilientes

Especial aniversario

Cuando mis compañeros me cedieron el honor de la palabra para escribir el editorial aniversario de nuestra Revista, lo hicieron creyendo que era la persona más indicada para transmitir a nuestros lectores el proceso de creación y evolución de la misma a lo largo de su primer año de vida. No porque sea más o menos importante que ninguno de ellos, claro está, sino porque me desenvuelvo en un puesto del equipo que estriba de que todos los jugadores de todos los demás puestos hagan su trabajo antes que yo pueda hacer el mío, lo que me proporciona una vista panorámica del juego y sus jugadas, por decirlo de algún modo, privilegiada. Pero como cualquier honor, el que me otorgaron lleva implícita la responsabilidad de estar a la altura de las circunstancias frente al compromiso que asumí y, ante mis múltiples y fracasados intentos de escribir un editorial aniversario a la manera convencional, como pensaba, quería y no pude hacerlo a pesar de haberme empeñado en ello, temo defraudar a las siete personas que dejaron este encargo entre mis dedos. Y es que la tragedia, esa sinvergüenza que no sabe de timbres ni de aldabas ni de puertas, que no pide ni espera el beneplácito de nadie cuando llega dispuesta a entrar en nuestras casas, respira en mi nuca en estos momentos y me recuerda las veces que ha escupido su nombre en nuestras caras en todos estos meses y, testarudo como ella, quiero hacerle saber que no pudo con nosotros; recordarle cómo nos bebimos nuestras propias lágrimas cuando sembró en nuestras almas el desierto, pensando que moriríamos deshidratados.

La tragedia, esa que pasa furiosa con su mirada de ocasos, los labios pintados de negro caótico, la sombra del dalle entre sus falanges de tsunami, envuelta en otoños y calzada en unos borceguíes número cuarenta y siete, punta de duelo y suela de lona para grabar a fuerza de infortunios las huellas de la nada y arrasar con todo lo que se interponga en su paso, desde que iniciáramos esta travesía a fines de dos mil catorce, se ha llevado a varios de nuestros compañeros, amigos y familiares cercanos en complicidad con doña fría, e incluso puso en jaque la vida de más de uno de nosotros, aunque no le permitimos que mate nuestra carne ni mucho menos nuestro espíritu. Eso nunca.

Para el acontecimiento que nos convoca quería escribir en detalle la historia de cuando el foro poético y literario Ultraversal llevaba más de una década de trayectoria en internet formando a escritores y poetas de todas partes del mundo, y la Comunidad Ultraversal en Google Plus acababa de cumplir su primer año de vida, y surgió la idea de crear una revista de escritores para escritores, como la llamaría por primera vez Morgana de Palacios, en la que poder publicar las mejores obras de los autores ultraversales que dieran su consentimiento para dicho fin y, por supuesto, estuvieran comprometidos con el proyecto. Quería escribir de cómo en principio se pretendía que la Revista fuese publicada en un blog como único soporte digital, y Gavrí Akhenazi, conocedor de mi afición por el diseño web, propuso que fuera yo quien me encargara de la realización de la página, a pesar de que por entonces mis estudios me mantenían alejado de Ultraversal. Quería contarles de cómo una vez creado el staff de planta permanente, en el cual me incluyeron como miembro, dicho con toda honestidad, para mi asombro, el primer punto de encuentro del equipo editorial fue el correo electrónico, donde tuvieron lugar diversos debates, acuerdos, desacuerdos y hasta alguna que otra controversia en el apasionamiento generado por alcanzar la excelencia y entregar a quienes serían nuestros lectores un producto digno y de buen gusto, donde la presentación estuviese a la altura del contenido en una mixtura que representara nuestro sello de calidad, puesto que sabíamos que revistas digitales las hay como para forrar una nación sólo con sus portadas, pero también que muy pocas de ellas expresan una imagen profesional o se toman con la seriedad que nosotros nos tomamos cada cosa que hacemos, porque aunque tengamos la capacidad de improvisar sobre la marcha si la situación lo amerita y seamos humanos, tengamos falencias y podamos equivocarnos como cualquiera, no somos unos improvisados. Quería escribir de cuando el dos mil quince asomaba su cabeza como una criatura recién nacida y con mis compañeros nos reunimos en sucesivas ocasiones por Hangouts para repartir democráticamente los cargos en los que se desempeñaría cada uno de nosotros dentro de la Revista y esclarecer el modo en que llevaríamos a cabo nuestro plan. Escribir de cómo si bien el reparto fue sencillo, ya que nos conocemos lo suficiente como para saber cuál es la tarea indicada para las aptitudes de cada cual, organizarnos de tal modo que funcionáramos como una máquina humana con todos sus engranajes perfectamente hermanados, como un auténtico equipo, tal y como trabajamos en la actualidad, fue una labor mucho más compleja que requirió tiempo de adaptación, constancia y firmeza de ánimo en esos momentos en que la meta parecía inalcanzable ante la aparición de nuevos, y cada vez más complejos, obstáculos. Deseaba contarles de cómo teniendo nada más que una vaga noción del modo en que se realiza una revista digital, nos formamos, estudiamos todo lo que teníamos que estudiar, hicimos los deberes que nosotros mismos nos mandamos y desde las ganas mismas, con amor, inteligencia y muchísima voluntad logramos lo que nos propusimos. Quería, como ya dije, contar una historia, y en cierto modo lo hice con estas vagas pinceladas de reminiscencia que acabo de dar, pero no es lo único que tenía ni lo único que tengo para decir.

Cumplir nuestro primer aniversario es un motivo de celebración, no caben dudas de ello, pero ante todo, la oportunidad de reflexionar sobre aquello que celebramos que, desde mi óptica, es mucho más que el simple hecho fortuito e inevitable de que transcurrieron trescientos sesenta y seis días desde el lanzamiento de nuestra Revista hasta la fecha. Detenernos en ese continente cuyo único artífice es el tiempo, sería negarnos la posibilidad de bucear en el contenido con el que nosotros llenamos dicho continente, dándole un sentido más profundo. Porque lo que celebramos este primero de mayo, lo que yo particularmente celebro, no es que llegamos hasta aquí impelidos por la inercia del movimiento de rotación y traslación de la Tierra, sino que lo hicimos de pie, erguidos incluso cuando el agua empetrolada nos mordía las narices y lidiando en simultáneo con circunstancias personales de lo más adversas, pérfidos y un séquito de opositores a los que ya les dediqué suficientes palabras en el primer editorial que escribí para esta Revista como para darles más cámara de la que de por sí roban cada vez que, salvo nobles excepciones, hacen su bufonesca aparición.

Hoy celebro y agradezco la posibilidad de formar parte de un proyecto cultural que es la prueba viviente de que el que quiere, si se esfuerza y sirve para lo que quiere, puede. Celebro pertenecer a un grupo de personas talentosísimas con un nivel literario a la altura de cualquier gran escritor, cuya cualidad preponderante no es el talento, a pesar de tenerlo de sobra, sino su formidable capacidad de resiliencia. Y celebro, además, en un mundo gobernado por el individualismo, que nuestra Revista simbolice una victoria del altruismo frente al egoísmo, que aunque resulte de las dimensiones de una partícula subatómica comparada con las innumerables batallas que gana a diario su antagonista, sumada a un montón de otros pequeños triunfos, nos proporciona el oxígeno necesario para seguir viviendo.

Hoy celebro y agradezco más que nunca ser ultraversal.

Acerca de Jorge Ángel Aussel

Jorge Ángel Aussel – Argentina

Dudar es pensar

La duda es uno de los nombres de la inteligencia. Jorge Luis Borges

El manual del mandato social nos plantea directa o indirectamente que la duda es mala; sobre todo quienes se proclaman religiosos. Pero ¿acaso los hombres de fe no dudan? Claro que sí. Un hombre que cree sin dudar es un fanático y nada más distanciado de la fe.

En algunos pasajes de la vida, cuando alcanzamos una cierta madurez, que no depende en absoluto de la edad cronológica, debemos empezar a poner a prueba nuestras creencias, desconfiar de ellas, e incluso plantearnos la posibilidad de que podemos estar equivocados y haber creído desde tiempos inmemoriales en muchísimas falacias.
Dudar no es un delito, es una herramienta que tenemos que aprender a usar.

No puedo aseverar que a través de la duda alcancemos la verdad, pero no dudar jamás, simboliza aceptar lo que podría ser una mentira atroz, y todo por la tranquilidad que confiere el hecho de no tener que movernos de lo que hemos establecido como real. Porque dudar es pensar. Y el cerebro es un órgano que muchos se niegan a usar.



Por cobardía

Tus problemas te perseguían como un asesino a sueldo con el poder de acabar con una vida que pudiera denominarse como tal, como un perro rabioso que cuanto más corrías, más se empecinaba en atraparte e hincar su dentadura en tu cerebro hasta hacerlo reventar.

Pero el verdadero problema era que a medida que escapabas de todos ellos, no conseguías percatarte que las soluciones venían detrás, justo al lado de tus problemas.

Si hubieses tenido el valor de detenerte por un momento para enfrentarlos como el sol se enfrenta a la noche en cada amanecer, hubieses sido feliz. Pero no quisiste hacerlo, optaste por huir como las aves cuando se avecina una tormenta, aunque arrastrándote por el suelo. Mas nunca fue por no enfrentar tus problemas. Más bien fue por no enfrentar tus miedos.

Acerca de Jorge Ángel Aussel

Editorial de la edición número 3 de la Revista Ultraversal, por Jorge Ángel Aussel

Ladran Sancho

Entre los cargos que pretenden imputarnos nuestros detractores, se encuentran los de tener “malos modales” para decir nuestra verdad, ser “criticones”, “insensibles”, “crueles”, “rígidos” y hasta “despóticos”, lo cual es erróneo en todas las acepciones de la palabra, por un lado porque el único “poder” del que hacemos uso y “abuso” los ultraversales, es el del conocimiento puesto al servicio de quien lo corresponda en reciprocidad, y, por otro, porque siempre actuamos en consecuencia al Ideario que es Nuestra Ley Suprema, al que nos atenemos en todo momento y bajo toda circunstancia, y al que cualquiera que esté interesado en leer puede acceder desde el enlace que destinamos para dicho fin en el menú principal de la cabecera de Ultraversal.com.

Podría continuar con la vasta enumeración de agravios, ya que son múltiples los descalificativos que nos propinan ciertos individuos que caen en nuestros territorios como paracaidistas, pasándose nuestras normas de convivencia por donde no les da el sol y, encima, ofendiéndose como si les insultáramos a la madre que los parió cuando les impedimos hacer en nuestra casa lo que les nace de sus partes pudendas, pero todas las injurias habidas y por haber tienen su eje en la que, a mi entender, es la cualidad más valiosa e inherente a todo ultraversal, nunca entendida por los detractores ni mencionada por su nombre de pila: honestidad.

En un mundo donde el doblez es el plato principal de cada día, no es de extrañar que se nos acuse por ser honestos, con calumnias de todas las calañas y una procacidad capaz de poner a prueba la tolerancia del más tolerante entre los tolerantes, puesto que es de la única forma que saben hacerlo los mediocres, para colmo de males, cobardes. Mas nótese que digo “saben” y no “pueden”, ya que por mucho que quieran, con esa pertinacia que en ocasiones rebasa los límites del enseñamiento, no pudieron, no pueden ni podrán arremeter contra la transparencia de nuestras acciones. Sus desbocadas tentativas de descrédito hacia nuestro proceder no hacen otra cosa que atrincherarnos cada vez más en nuestro Ideario, que entre otras peculiaridades trata de compromiso y generosidad en la práctica continua, único modo en que entendemos que cobran sentido estos conceptos, hoy más que nunca opacados por sus antónimos imperantes, pero que, sin embargo, al hacerlos verbo desde el rincón en que nos toca desempeñarnos, posibilitan la supervivencia de nuestra civilización sobre la Tierra. Y dirán que exagero, pero ya Goethe, en uno de sus más célebres aforismos, dijo que si cada uno limpia su vereda, la calle estará limpia, y nosotros creemos desde lo más profundo que la labor por el bien común puede llevarse a cabo en cualquier ámbito de la vida, e Internet no deja de ser parte de la misma, ya que lo que hacemos en la virtualidad repercute de manera directa en la realidad y viceversa, hasta ese punto donde la línea que divide ambos mundos se difumina y tanto lo “virtual” como lo “real” dejan de ser compartimentos estancos en nuestras mentes.

El problema surge cuando lo que para nosotros es hacer el bien común, como compartir nuestros conocimientos en defensa de la correcta ejecución del arte que amamos, para otros es poco más que un oprobio, porque ¿cómo podemos tener el tupé de señalar siquiera un fallo en el gato que venden por liebre como obra maestra inmaculada? ¡Qué desconsiderados! Con lo que les habrá costado escribir esas sin-cuenta sobras…

Para cualquier aspirante a ser un buen escritor o poeta o ambos, el poco o mucho talento que posea y la perseverancia, no son suficientes. Se precisa, además, de una buena dosis de humildad para aceptar la crítica de aquellos que ya han hecho carrera en el oficio literario; escritores que actúen como espejos de los ojos incapaces de verse a sí mismos si no es a través de… Y de estos, está lleno Ultraversal. Y como aprendiz que soy, me excluyo de esa lista.

Pero la honestidad de los ultraversales a la hora de transmitir lo que sabemos a través de la crítica constructiva, tras tomarnos el minucioso trabajo de leer una obra, desmenuzarla y analizarla por partes con todas las herramientas del saber con las que contamos, no sirve de mucho, por no decir de nada, si además no entran en juego la sensatez del autor para afrontar nuestra opinión y la honestidad para consigo mismo, así como su voluntad de ampliar el criterio literario y aplicarlo en la mejora de la obra en cuestión y las que le sucederán a partir de ese punto de inflexión que significa contar con la ayuda de personas idóneas que nos guíen en el campo de la literatura.

Un escritor siempre debe saber “desprenderse” de su obra y estar dispuesto a editarla ante eventuales fallos estructurales o de cualquier otra índole, e incluso tener el valor de deshacerse de ella cuando esta sea insalvable. Porque un texto en prosa o en verso no es la canalización de un mensaje extraterrestre vomitada sobre una hoja, como para negarse a tocarle una vocal. Y aunque lo sea, seres de otros mundos no pondrán la cara por nosotros cuando haya que rendir cuentas sobre el mamarracho que escribimos, así que más vale atenernos a las normas terrícolas que pasar vergüenza delante de toda la clase. Que un texto nazca de nuestros corazones no nos imposibilita a depurarlo hasta obtener un fruto digno de degustación. Poner en un altar lo que escribimos y negarnos a corregirlo porque “así salió de nuestras almas y así se quedará”, es de una comodidad y una pedantería calamitosas.

El autor incapaz de desdoblarse para verse y ver su obra con la mayor objetividad posible, se ve limitado en su capacidad de crecimiento por el continente al cual se halla ceñido, como un árbol que no puede seguir echando raíces si permanece plantado en la diminuta maceta donde germinó, y, por tanto, no desarrollará toda su capacidad de crecer en altura. La diferencia fundamental radica en que los seres humanos, la mayoría de las veces, podemos elegir entre permanecer circunscriptos a la mediocridad o expandir nuestros horizontes a través de la adquisición de nuevos conocimientos.

Lamentablemente, por lo general, no es lo que eligen aquellos que nos difaman, cuyas obras, en casi la totalidad de los casos, fueron puestas en evidencia en comentarios que les realizamos, en contraposición a las alabanzas inmerecidas de incalculables aduladores que van por la red repartiendo quélindos a trabajos impresentables, como también a los que no lo son, devaluando así a estos últimos y enalteciendo aquellos dignos de la hoguera.

No obstante, desde Ultraversal, nuestro hogar poético y literario, llámese Foro, Comunidad y/o Revista, estamos dispuestos a resistir, como lo hemos hecho hasta ahora, sin traicionarnos.

Aunque borren con un dedo lo que escriben con sus manos y censuren los comentarios que realizamos con tanta dedicación y buena voluntad; aunque intenten afrentarnos en vez de enfrentarnos con la hidalguía que parece que no tienen; aunque vayamos contracorriente y las olas de la desidia amenacen con arrasarnos, seguiremos combatiendo el egoísmo e individualismo con altruismo y generosidad, y desempeñando la labor docente de llevar a cabo un taller literario como el que llevamos, totalmente gratuito y abierto a todo aquél que esté dispuesto a trabajar uniendo sus manos con las nuestras, con la decencia que nos caracteriza y en pos de aportar al desarrollo conjunto, por la firme, y mucho más que firme, inquebrantable convicción de que cuando crece el otro, también lo hacemos nosotros.

Acerca de Jorge Ángel Aussel

Jorge Ángel Aussel – Argentina

Duelo por piratas

Izaste a media asta las banderas
al dar lo nuestro por finiquitado,
y entre la densa bruma y lo abrumado
no vi las tibias ni las calaveras.

Me costaba creer que concluyeras
el cuento sin haberlo comenzado,
con un final coprotagonizado
por un actor que nunca describieras.

Y sin embargo, al filo traicionero
del garfio en tu muñeca, lo he sentido
justo en mi médula espinal hundido.

En ocasiones no es el bucanero
sino el pirateado quien va cojo
con un parche de tela… en cada ojo.

La fuerza oscura de la Luz

1

Te falta el pinche tirano
que ponga en jaque tu vida,
quien te acuchille en la herida
para cortar por lo insano.
Sin cruz no habría cristiano
y sin un Judas, tampoco,
ni habría mucho sin poco
ni poco sin mucho y nada
ni sería la balada,
sin un cuerdo, para un loco.

2

Te falta la indócil fuerza
del golpe in-justo en la entraña,
la que te estampe su saña,
la que te forje o te tuerza.
Será preciso que ejerza
sobre ti, tu lado opuesto,
la presión de lo funesto,
y si eres de cesio o cromo,

con ese lastre en el lomo
se pondrá de manifiesto

De finales sin principios

La oscuridad se devoró mi mundo
tras el This is the end —y no es ninguna
desmedida metáfora oportuna
que desenvaino para ser rotundo—.

Esa noche con ojos de inframundo
que amamantaba en brazos la infortuna,
no quiso dar la cara ni la luna
en un cielo de humus infecundo.

Me cortaron la luz —lo que faltaba
para encajarle la cereza al plato
de la desolación— y el desconsuelo

se apoderó de un hombre que lloraba
a la luz de las velas de lo ingrato
en el espejo donde hacía el duelo.

Sigo

¿Estos últimos tiempos? Agonía,
muerte, velorio, sepultura, llanto,
resurrección, vivir el desencanto
y morir nuevamente cada día.

Aspereza, esperanza, fantasía,
realidad, desilusión, quebranto
y querer no poder quererte tanto
sabiendo que te quiero todavía.

Cinglar de día por ciar de noche
hasta rayar la aurora del reproche

que como Tom a Jerry me persigue…

Y para resumir, ¿cómo te digo?
No estuve en Disneylandia, pero sigo
porque la vida mata al que no sigue.

Acerca de Jorge Ángel Aussel