«Pájaro lastimado», «Breves», «No está en la línea de mis manos», por Silvana Pressacco

Prosas

Pájaro lastimado

Cuando comprobé que no existen aves guías inmortales creí haber elegido ser un pájaro huérfano que con las alas plegadas se dejaba caer.

El tiempo me enseñó que no existen pájaros sin lastimaduras y que los que realizan los mejores vuelos son los que aprenden a llevar consigo el dolor sin darle combate.

Me enseñó que en los puentes de salvación siempre existen tablas sueltas y que el único soldado que las puede reconocer es uno mismo.

No necesito hacer pie en la fragilidad de otro y salvarlo para comprobar mi propia capacidad de resistencia ante la adversidad porque mostrarme débil ya no me importa.

Solté mi afán absurdo de ser una semirrecta impaciente con vocación de empuje y resistencia porque comprendí que soy un punto en la grandeza de la vida, un punto que puede detenerse y que detenerse no es necesariamente morir.


Breves

Inventé un mundo tan lejos de mí que ahora no encuentro un pájaro que me quiera regresar.

Por proyectar tantos vuelos he olvidado cómo agitar las alas.

Suspendida en el aire, con las alas entumecidas por imposibles, vigilo el cambio de guardia. Tal vez hoy se vaya el silencio o la araña del tiempo.

En muchas oportunidades me propuse modificar la rapidez con la que transito por la vida porque, siempre confabulada con mi responsabilidad, impidió que disfrutara de muchos paisajes que dejé atrás. No puedo victimizarme porque mientras mantenía la mirada fija en el cartel de llegada sabía que no había caminos de retorno.

Mis talones nunca encuentran una fuerza externa que resista el empuje de las obligaciones. Sigo el trayecto vencida por la inercia.Cuando me busco cierro los párpados. Cuando necesito sentir o pensar apago la luz del afuera. ¿Será que la verdad se pega al reverso de los ojos? ¿Qué es lo que ellos ven que enceguece el entendimiento? ¿Por qué si en el silencio oscuro de mi habitación la verdad es tan clara, por la mañana ando a tientas?



Un poema

No está en la línea de mis manos

Si quieres conocerme
no alcanza con leer las líneas de mis manos
porque no guardan rastros de escapes y locuras.

Solo pueden contarte
que a veces ser entrega me lastima
porque soy incapaz
de levantar columnas desde la periferia;

escapar de reclamos
para garantizar la protección
de mis células sanas,

silenciar el idioma de mis ojos
que exponen claramente lo que guarda mi lengua.
También pueden decirte
que a veces soy un pájaro,
un pájaro que elige vivir en una jaula
que mantiene la puerta siempre abierta;

o una fiel maleza, empecinada
en hacerse frondosa
en un terreno húmedo y oscuro
mientras sus ramas tímidas
acarician el árbol
coronado de sol.

Te dirán que soy mapa, también ruta y refugio;
un paisaje pintado con montañas de euforia
y llanuras de pausas.

Pero hay algo intangible, sin registro en las palmas,
algo que transfigura
si las garras del tiempo descansan y desprenden,
algo que me transporta a la vereda opuesta
donde impera la magia,
en donde lo perfecto es toda imperfección.

Te confieso que ahí

soy aire por segundos.

Cuando muero, por Silvana Pressacco

Imagen by Daniel Hanna

A veces mis ojos me abandonan. Se van de turistas sin provocarme dolor y yo me quedo tallada en piedra con huecos secos en el rostro. Es extraño porque sé que miro sin ver nada.

No sé el porqué, pero ocurre. Mis ojos se rebelan y son independientes. La película de la vida se tilda en una escena y me siento ajena al tiempo que pasa a mi lado.

Creo que son segundos en los que puedo prescindir de los demás sentidos y hasta del aire. Por un momento soy una cosa porque quedo sin vida. Y no duele, es cierto que no duele morir. Y es cierto también, que no se desea regresar porque no se extraña, porque sencillamente no se siente y es agradable.

No importa advertir que todo continúa mientras estoy petrificada y llego a odiar al inoportuno que se obstina en encajar mis sentidos de nuevo en el cuerpo y logra que la película siga porque he pestañado.

Cuatro poemas de Silvana Pressacco

Ya no importa

El sol sigue en penitencia
y mi piel se abre para parirme nieve.

Entrego las armas de una batalla injusta
en una guerra contra mis adentros,
también entrego mis necesidades
porque nunca fueron mis hijas favoritas.

Me quedo conmigo.

Me quedo con mi sombra
que acompaña sin reproches.

Las dos sabemos que nunca bastó mi entrega
para pagarle el precio a la alegría.

-Nunca-

Es raro
pero ya no duele,
ya no me duele su presente- ausencia.

Una distancia de aire sólido la esconde
y me infla el pecho de cemento.

Temo soltarte

Me quedo en los rincones
para teñir de negro la memoria,
pero la misma noche confabula
y se escapa dejando un viento blanco
que estampa tu reflejo en todas las paredes
y me duele la luz desde tu ausencia.

Cuando cierro los ojos imagino tu sombra
pegándose a mi carne, naciendo de un latido
y después vuelve el miedo,
ese miedo que no deja dejarte.

Sé que aceptar la luz también supone
enfrentar los escombros
de todos nuestros sueños.

Un tibio fantasma

Llegas a mi balcón
como llegan los pájaros curiosos
trayendo primaveras sin septiembres
invadiendo con trinos
que me dictan los versos antes mudos.

Llegas a mi rincón
como un fiel compañero
que sabe de silencios y nostalgias,
de entrañables ausencias que no mueren
y de la necesaria calidez de un abrazo.

Vienes sin sombras
como un fantasma tibio
y me ovillo al perfume que me dejas
guardando la sonrisa en mi regazo
para que nada te provoque el vuelo.

Si te vas

Si te vas
llévate la esperanza de saberte en un beso,
esas calles que esperan enredar nuestras huellas
y el banco de la plaza, las palomas,
los abuelos y niños que escucharon
cómo y cuánto pronuncio tu nombre en mis silencios.

Llévate la cosquilla del aroma campestre,
ese cielo obstinado
que se mantuvo limpio de reclamos absurdos,
y llévate sin falta pinceles con colores
para pintar mil lienzos de suspiros,

mis párpados celosos
que encierran sin descanso lo que sueño
y mis labios adictos a la miel.

Llévate las raíces de mi patio,
tardes de sol y lluvias sin refugio,
historias inventadas sin finales,

la sombra confidente del laurel
y una mesa servida con risas contagiosas.

Llévate mis tesoros
y llévame con vos.

Silvana Pressacco

Tango

Quisiera que arrastremos nuestros sueños
a bordes indecentes, como el tango
y ser revolución en un compás prohibido
bajo los farolitos de un suburbio.

Fundirme en un abrazo apasionado
de piernas y mejillas, mientras arde
la música en un corte o firulete.

Quisiera mi cintura dormida en tu rodilla
y tus manos haciéndome camino
mientras nuestras miradas se confiesan.

Quisiera ser un huracán sensual
detenido en tu pecho y bebernos así
el aire que distancia nuestros besos.


Breve

Apenas respiro mientras percibo las líneas cálidas que dejan las yemas de tus dedos sobre mi vientre y en esa quietud que adopta mi cuerpo siento cómo se magnifican todos los sentidos.

Silvana Pressacco – Argentina

Background by Gellinger

Una reflexión

Un ejército sin bandera desafía nuestras vidas, nos mantiene estacados en la tierra para obligarnos a ser testigos de cómo sus minúsculos soldados babean sobre el paisaje de nuestras rutinas mientras deambulan buscando más y más víctimas. No sabemos liberarnos de esta guerra que no escuchamos declarar pero imaginamos en miles de películas; una guerra que está cambiando nuestro todo, nuestro mañana y la manera con la que miramos el ayer.

Quienes son alcanzados por las manos de este extraño enemigo permanecen en silencio para no sentir más intensamente cómo se rompe el aire a su alrededor mientras entregan su sangre al destino. Un destino que pudo ser menos hambriento y solo dependía del nosotros.

Ahora el planeta sigue el movimiento a merced de un piloto automático mientras la gente cae de él porque ha soltado las manos de las manos de otros y espera con miedo que nadie toque en la puerta de su vacío. Cae mientras extraña el sabor dulce de un beso, el color celeste del cielo, la fuerza de un abrazo. Cae después de comprender que nunca agitó las alas mientras sobraba el aire y se podían proyectar vuelos. Cae mientras los invasores que huelen lo vulnerable y se relamen, giran a su alrededor como gira un perro cuando decide acomodarse en un lugar del mundo.

Silvana Pressacco – Argentina

Poemas escogidos

Cambio de roles

Sigo viendo la sombra de tu infancia
en todas las aristas de mi entorno
y no recuerdo cuándo la soltaste,
cuándo fue que el espejo se quedó
con tus pecas, tus trenzas desarmadas
y esos labios de leche y chocolate,
cuándo dejó de oler a mandarina verde
la lapicera rosa que conocía el nombre
de todos los papás de tus muñecas.

Cuándo fue que esa niña
abandonó las ramas de los árboles
para trepar sus sueños,
cómo fue que aprendió
a controlar la risa de sus ojos
a ocultar la locura de sus verbos
y las mil travesuras ilustradas
en sus flacas rodillas.

Desde cuándo soy yo
la que no siente miedo
si camino a su lado.



Sal y deseo

Fueron tuyos los versos que nacían
mientras tu sombra
desataba los nudos de prejuicios
que enfriaban mi cuerpo.

Fueron tuyos los versos que nacían
cuando mi lengua por tu lengua supo
que existían oasis afuera de mi tierra
para empapar mis venas de deseo.

Fueron tuyos los versos que nacían
mientras te desprendías del latido
como también fue tuyo el último poema
que dejó mi mirada llena de sal y viento.



Tregua

Regreso al universo
que ofrece solo puertos y caminos
sin carteles de alerta.

Tal vez se trate de una simple pausa,
de un regreso a las luces conocidas
que tienen sus recreos fríos pero seguros,
sin molinos de viento.

Regreso allí en donde el dos más dos
sigue sumando cuatro*,
y las letras se unen con los números
en música sin rimas.

Vuelvo a ese universo por la inercia
que empuja mis principios
y que pide silencio para salvar mis dedos
de la espuma que nace de los labios,
de las voces que escupen desde mi lado oscuro.

Regreso y me recibe sin reproches,

regreso y no pregunta cuánto valgo.

Silvana Pressaco – Argentina

Prosas escogidas

Aerial by Mariusz Prusaczyk

Decido soltar

Es tiempo de olvidar los guantes de modales.

Mi cuerpo ya no tiene miedo y se ofrece desnudo al barro viejo que se acumula en todas las puertas que voy abriendo porque fue testigo de la incapacidad de la lluvia, de todas las lluvias que me han caído, para lavar las miserias que escondí bajo la alfombra o que saqué del rincón de mis rincones. Es increíble cómo los años enseñan a caminar sobre cualquier pantano.

Ya no respeto a quien exige silencio para mostrarse respetable, no me importa dónde vomito ni a quién salpico con mi vómito porque confío en mi lengua que se acciona con un interruptor de sentimientos sinceros; un interruptor que estimula la caricia a unos o quita el suelo a otros.

Me cansaron los zurcidos sobre los zurcidos porque nunca pudieron con el potencial del río que llevo adentro, porque pese a la insistencia de curarme seguí sangrando muy seguido. Ahora, ofrendo al viento mis verdades porque después de sus golpes viene siempre un tiempo que seca, cicatriza y libera.

Aprendí a considerar mi tiempo como infinito porque concibo la vida como una cadena de proyectos. No le permito a mi mirada que se distraiga con el tablero que indica la autonomía de viaje, sino que la invito a disfrutar del paisaje ahora que entendí que las cortinas pueden enemistarse con las ventanas, los espejos revelar secretos y que no me importa qué dirá y cuándo se escribirá, la última página de mi agenda.

En el trayecto de mi historia armé y desaté varios nudos como pude, lo hice metódicamente, considerando lo conveniente y oportuno; hoy solté las riendas y me puse a merced del piloto automático para que me sorprenda donde me lleve, no importa si es sin equipaje.

Quiero que en este tramo de la vida cierre los ojos por las noches sin hambre de sonrisas, dejar atrás lo precindible como dejo atrás los postes ante la ventana de mi viaje.
Necesito mis pies rozando tierra
porque todo mi adentro
-toda yo-

quiere ser aire.


En los pasillos de mi espejo



La soledad nunca pudo con sus horcas. Ni siquiera pudo causarme aburrimiento porque fue en su compañía cuando cultivé mi veta de soñadora y descubrí que la imaginación creaba un mundo más rico que el de afuera.

Nunca dejé de lado a la niña que fui porque ella me enseñó mucho de lo que esta mujer a veces olvida. Fue ella la que me enseñó a montar sobre una rama con un mantel blanco atado al cuello para que en el galope de ese corcel extendiera magia en cualquier rincón de mi infancia.

Fue ella la perseverante y hasta fue ella la caprichosa que aunque perdiera el tren seguía detrás de él corriendo sobre sus rieles.

La que se permitía mojar con la lluvia de cualquier sabor para cicatrizar.

Es incluso hoy, la que me sorprende por las noches para pedirme que no me deje engañar por el tiempo porque no es más que un disfraz para inventar excusas que atan. Todas las noches me roba un poco de sus prendas para que termine desnudándome de él.

Es ella la que comenzó a dialogar con su melliza frente a los espejos para pelear por lo mismo en todas las ocasiones porque ninguna aprendió a callar cuando la otra hablaba. A veces esta mujer que soy quisiera volver a jugar con su reflejo pero no le resulta tan fácil como entonces porque el espejo es ahora la boca de un pasillo donde me meto para encontrarme.

Es justamente allí, en medio de esa oscuridad desconocida que no me atemoriza, donde cientos de pájaros tiran de mis cabellos para remontarme a un lugar sin agendas, donde ya no hace falta darme cuerda porque ellos hacen todo por mí. Y mientras planeo sintiéndome otra, me veo desde arriba, en el mismo frasco de siempre que conserva mis modales de señora discreta y responsable a resguardo de vientos locos. Me veo ajustándome el cabello, sonriendo al reloj, escuchando a todo el mundo, pero nunca a mi melliza.

Cuando regreso del viaje siempre algún pájaro se queda encerrado en mi pecho.

La próxima vez que vuelva al pasillo de mi espejo iré tan solo con mi capa.

Silvana Pressacco – Argentina

Polvo de yeso

Fue oportuno estar ahí en el momento justo en el que la estatua se trituró contra el piso a raíz del empuje  que le dio tu soberbia. Pude ser testigo de cómo se elevaba por el aire el polvo del yeso mientras moría definitivamente  el brillo de tu imagen.

Nunca lograste conocerme —o tal vez  nunca pudiste—  porque caminabas frente a espejos recitando de memoria tu nombre. Te nutrías  tan solo con los logros de tu propio huerto mientras  una ciega con las rodillas lastimadas lo  abonaba en los climas inadecuados.

Ahora es inútil  que hables de regreso porque me llevó mucho tiempo limpiar la basura. Además debo confesarte que ya  no tengo altares, ni siquiera religión.

Sinceramente —para qué mentir— no me seduce un dios craquelado. ◣

Recuerdos de un inmigrante

companerismo

No podía saber cuántos momentos había borrado de su memoria con los años, pero el primer día en Argentina seguía intacto y lo revivía como si fuese esa misma tarde. Volvía a ser un niño en las calles grises del puerto, sintiendo cosquillas de incertidumbre y un miedo indescriptible comiendo su hambre mientras se sujetaba a la mano callosa de su papá como lo único seguro.

Dos días después de haberlo desembarcado el bergantín había vuelto a partir, y aún maldecía no haber seguido el impulso de subirse de nuevo olvidando lo que se esperaba de él. Comprendería después que por su cobardía había perdido la única oportunidad de volver a los brazos de su madre. Desde entonces, ningún barco se la trajo y ninguno lo regresó. El sueño de volver a Italia moriría con él, enterrado bajo una tierra que lo había cobijado pero en la que siempre se sintió un intruso. Una tierra en donde conoció temprano el abandono, la pobreza y el sacrificio.

Aún le dolía la mano gruesa y firme de su padre posada en el hombro, la presión del moño que acomodó en su cuello y la caricia fría sobre el flequillo para despejar los ojos que vencían a las lágrimas. Él tenía tan solo 8 años cuando lo vio partir dejándole un montón de mentiras como única esperanza, un patrón severo, una cama dura y por techo  un galpón que competía en crueldad con las temperaturas exteriores.

El recuerdo venía acompañado siempre de los mismos dolores que validaban sus convicciones, no era bueno amar y mucho menos confiar.

Había logrado sobrevivir sólo y en su corazón nunca hizo espacio para nadie. ◣

El mundo, el demonio y la carne, por Silvana Pressacco

Cuál será la palabra poderosa
que rompa las costuras de los párpados
y cosa en nuestras manos dedos multicolores.

En qué otoño caerán las armas
para abonar el mundo.

Qué río lavará los ojos de inocentes
y les presentará sus sonrisas sin hambre.

De qué semilla nacerá la estaca
que venza los demonios.

Acerca de Silvana Pressacco

Silvana Pressacco – Argentina

Por un buen recuerdo

Me conoces y sabes que me duele dolerte
que mis palabras duras son cobardes
pues dejan la tarea difícil a mis ojos
que siempre me delatan.

Nos resulta imposible apagar los incendios
de todas las verdades. Nuestro círculo asfixia
mientras nos convencemos que es normal
que el arco iris pierda sus colores.

Ninguno admite frente a frente el desencanto
que habita dentro desde que la rutina echó
raíces en la tumba de los sueños.

Nuestra historia merece ser una buena historia
por eso mi mirada suplicante
se detiene en la puerta de salida.



Prioridades

Mi agenda es un exceso de palabras
y de cruces severas sobre las ilusiones.
Las horas son caudillos que cubren los paisajes
mientras se multiplican mis deberes.

A veces continúo por inercia
agregando renglones,
manteniéndome ciega a las señales,
con el asombro preso en los bolsillos
para no distraerme con otras trayectorias.

Las letras de mi nombre se fugaron
con la imagen que nunca pintaron los espejos,
los años se escurrieron vestidos de uniforme
sin conseguir aliados ni una bandera blanca.

Elegí estar detrás de la fila de hormigas
para llevar el peso que las demás negaban
y acopiando basura me crecieron jorobas.

Mientras el conformismo siga siendo mi escudo
sobrevivo apretando las alas impacientes
que anhelan el regreso de mi voz
en primera persona.

Mi pecho estallará cuando suelte las aves.



Contigo es más fácil

De pronto las salidas se me esconden
detrás de raros muros que crecen en las calles.

Mientras el sol burlón se muda hacia el oriente
para llevarme repetidas veces
a las coordenadas de tu nombre,
mi compás sigue haciendo pie en la misma sentencia
y el radio empequeñece acercando el infierno.

Nunca supe tomar atajos de mentiras
y las alas están presas por mi condena.



Me da lo mismo

Hoy estoy triste
y de nada me sirves, poesía.

Tal vez encuentre versos con metáforas claras
para hablar de mi fondo más penoso
que hoy presiento, fugaz y fugitivo.

Será que estoy cayendo
por la garganta inmunda
de la impotencia.

Mis manos acarician las paredes
porque aborté las uñas.

Es algo rutinario
un viaje sin boleto,
y ya me da lo mismo
adonde lleva.

Acerca de Silvana Pressacco

Silvana Pressacco – Argentina

La herencia intacta

Las líneas del tiempo se pintaron simétricas alrededor de tus ojos pero nunca lograron deslucir la luz de su picardía.

Los años que se iban colgando de tu frente apenas pudieron refugiarse en surcos débiles y paralelos porque nunca los mal alimentaste con preocupaciones.

Aprendí mucho de vos pero no tuve el tiempo suficiente para agradecer. Hubiera querido más horas a tu lado, viejo.
Me salpicaste con tus experiencias desde pequeña y ocupé un lugar importante en todas tus decisiones. Me dejaste como herencia el coraje para enfrentar la vida, me enseñaste a sonreír desde adentro, a sacar afuera lo que duele y a expresar sin vergüenzas lo que siento. Aprendí a quererme cuando me sentí tan querida en tu abrazo.

Tus manos siempre abrigaron las mías mientras tu espalda hacía de sostén para impedir mis posibles golpes. Me entregaste tus ojos cuando los míos eran dos huecos y aprendí a ver con optimismo. Aprendí –como vos decías– a descorrer los velos.

Cuando me sorprendiste con tu repentina partida, el calor del hogar resultó insuficiente. A veces arde el frío, quema, pero ya no me lastima.

En ocasiones me encierro entre mis propios brazos para reemplazarte, para sacar el aire que me sobra. Extraño tanto ser la princesa de tu cuento.

Desde el espejo, una mujer me sonríe con las mismas líneas en los ojos, tan parecidos a los tuyos. Sonríe mientras anhela dejar a sus hijos tu herencia intacta.

Anécdotas de una docente: Marcelo

Según el gabinete psicopedagógico, Marcelo no tenía problemas de aprendizaje, sino que era tímido y eso le impedía interactuar con otros, incluso con el conocimiento.

Sus familiares lo traían desde el campo a las clases de apoyo escolar y, en más de una oportunidad, su madre me esperó a la salida para transmitirme su preocupación. Según ella, los profesionales del gabinete le describían a un desconocido.

Con el tiempo yo también llegué a pensar que Marcelo no era tímido porque se desenvolvía como uno más a pesar de que el grupo estaba conformado por alumnos de distintas edades. Me gustaba verlo concentrado, con el ceño fruncido y sus ojitos fijos en los números que comenzaban a dejar de ser sus enemigos. Cuando completaba una de las tareas me preguntaba entusiasmado con qué página del cuadernillo de actividades podía continuar.

Sin embargo, las notas escolares y la participación en clase no mejoraban.

Cuando tuve la oportunidad de ser ayudante de cátedra, elegí hacerlo en el curso de Marcelo porque mi intuición me decía que había una realidad que no dilucidaba nadie, ni siquiera él. Algo lo obligaba, en las horas normales de clase, a regresar al caparazón del que todos me hablaban.

El recreo transcurría sin que él lo advirtiera porque permanecía en el aula completando las tareas, o con la mirada fija en un sector del pizarrón y, al terminar la jornada, se sentaba en un banco del patio esperando que sus padres vinieran por él. Nunca miraba hacia la puerta de entrada, porque su atención estaba en la punta de sus zapatos y permanecía ajeno al movimiento del alumnado hasta que alguien lo obligaba a salir de esa abstracción tocando su hombro.

En una oportunidad, la Jefa de Cátedra me permitió analizar las evaluaciones de Marcelo. La sorpresa fue comprobar que todas estaban incompletas y que en lo poco que hacía no evidenciaba problemas de comprensión. El tiempo no le era suficiente. Algo le impedía demostrar la capacidad que yo le conocía.

Como mi desconcierto crecía a medida que Marcelo mejoraba en mis clases y no mostraba cambios en el colegio, decidí conversar con docentes de otras áreas. Todo se aclaró cuando comprendí que las dificultades se le presentaban en las asignaturas donde el pizarrón era de uso corriente.

Nunca olvidaré la mañana en que me crucé con su madre a la salida del colegio. Creo que la señora descargó todas sus tensiones al abrazarme, porque me hice pequeña contra su pecho. En un principio sentí un desconcierto prolongando ese momento en el que sólo se escuchaba su sollozo y, al separarnos, no fueron necesarias las palabras. En sus manos llevaba la libreta de calificaciones de su hijo como si se tratara de un trofeo.

Marcelo, apoyado en la camioneta, limpiaba los cristales de sus gafas gruesas mientras protestaba por su demora.

Acerca de Silvana Pressacco

Entrevista a Silvana Pressacco, por Rosario Alonso

“En la poesía se juega con la imaginación, las rimas,
el ritmo, la métrica y otras estructuras repetitivas
que hacen escucharla como música”

Silvana Pressacco, argentina,  cordobesa, docente de profesión, es una mujer a la que le gustan los extremos y tal vez por eso a la vez que imparte clases de matemáticas explora el mundo de las letras. En un principio escribía solamente relatos, pero como mujer curiosa que es, se adentró en el mundo de la poesía escrutando, poco a poco y con paciencia (a pesar de que dice no tenerla), la técnica poética hasta lograr excelentes resultados.

Disfruta tanto de la soledad como de la compañía. En sus ratos libres cuida el  jardín de su casa, observa el mar con  sus diferentes colores al atardecer, nada, camina y, amiga del bullicio, organiza reuniones en su domicilio tanto con amigos como con familiares.

No le gusta el reloj. Como ella misma dice,  es “perrera” y siempre que puede, sobre todo los fines de semana, trasnocha y se levanta muy tarde.

Algo que admite con firmeza es que detesta no saber delegar. Según nos cuenta,  le resulta  imposible decir “no”, “no puedo”, “no quiero” y siempre que se compromete con alguna labor no descansa hasta terminarla y terminarla bien.

En su trabajo disfruta del contacto con los jóvenes y nos aclara que, según sus alumnos, demuestra la pasión por lo que hace.

Así, a grandes rasgos, es Silvana, pero vamos a conocerla un poquito más.

1- ¿Qué es la literatura para ti?

Es una forma de expresar a través de la escritura atendiendo a ciertas condiciones. No cualquier texto es literario.

Recuerdo que en una oportunidad en la que compartí mis escritos con una docente de esa cátedra para que me hiciera una crítica, me sorprendió con su respuesta “te falta la literatura”.

Quedé esperando una explicación más amplia porque para mí yo estaba haciendo literatura. Después de su aclaración supe de las condiciones que menciono en el primer párrafo, los recursos literarios. Llegar al lector sin decir todo coloquialmente, escarbando en las imágenes que pueden hacer percibir más allá de los sentidos, por supuesto ajustándose a las reglas gramaticales.

Por lo tanto, no cualquier texto escrito es literatura. La diferencia está en el cómo lo expreso; hasta lo más simple puede serlo y lo más complicado no serlo nunca.

2- ¿Y la poesía?

Es una forma de hacer literatura. Tal vez la primera forma que se conoció.

Yo era reacia a escribirla porque desconocía su estructura y variedades y porque suponía que debía hacerlo con un lenguaje rebuscado, alejado del que corrientemente uso.

En la poesía se juega con la imaginación, las rimas, el ritmo, la métrica y otras estructuras repetitivas que hacen escucharla como si fuera música.

Muchos la recitan sin plasmarla en un papel.

3- ¿Desde cuándo escribes y qué motivación te impulsa a continuar?

Soy muy lectora y ese gusto me llevó a querer cambiar las historias que leía, a decirlas de otra manera. Así en el año 2009 comencé con textos extensos que armaron novelas, sí ¡novelas! , creé historias y personajes de los que me enamoraba, los sumergía en todo tipo de escenarios y contextos.

Después vino el tiempo de evaluarme porque comprendí que me dejaba llevar por mis impulsos a ciegas y comencé a participar del foro literario Ultraversal desde donde estoy dando mis primeros pasos con conocimiento y ayuda de personas que saben guiarme a partir de su experiencia y preparación.

Ahora puedo decir que estoy aprendiendo a escribir literatura.

4- ¿Cómo definirías tu poesía?

Si bien muchos me dicen que tengo mi propia voz, yo todavía no podría definirme. Sí puedo decir que intento acercarme a ella, a conocerla para después poder definirme. Me gustan los versos blancos, los alejandrinos y los sonetos porque sus estructuras me dan cierta seguridad.

Por lo general en mi poesía trato de dejar un mensaje pero me cuesta mucho encontrar la manera de decirlo de otra forma que no se haya dicho.

5- ¿Y tu prosa?

Es de un lenguaje muy cotidiano, directo. Antes creía que no tenía reglas sino que era escribir atendiendo a la gramática y con unos pocos recursos literarios. Era a lo que más me dedicaba. Hoy siento que la tengo abandonada no porque haya perdido el gusto por ella sino porque comprendí que no es sólo narrar como lo hacía.

A veces escribo prosa poética y otras, cuentos o testimonios.

6- ¿Qué influencias literarias han marcado tu manera de escribir?

Las únicas influencias son las que me otorgan día a día los compañeros de Ultraversal, a ellos les debo todo lo que logré.

7- ¿A qué público pretendes llegar?

A cualquiera que sea capaz de emocionarse con las cosas sencillas de la vida.

8- Para ti, ¿qué condiciones debe cumplir el escritor para ser considerado como tal?

No sabría decirte, pero creo que hay más escribientes que lectores. Que cualquiera se autodenomina escritor sin hacer un gramo de literatura.

9- Cuál es tu proceso creativo, ¿te sientas a escribir poesía o esperas que la inspiración llegue?

A veces me sorprende la necesidad de escribir, me siento enfrente del teclado aún con otro trabajo pendiente en un rincón y surgen los versos sin siquiera pensarlo. Al final me llevan a contar la historia que ni sabía que tenía en mente. Pasa un tiempo, me leo y me pregunto cómo se me ocurrió.
Otras veces la pantalla queda en blanco.

Creo que escribo más poesía de arrebato.

10- ¿Piensas que hay mucho egocentrismo en el mundo poético o que, por el contrario, es un mito?

Hay de todo. Ya te confieso mi parecer cuando afirmo que hay más escribientes que lectores. Otro ejemplo es la ausencia de comentarios en las comunidades y la publicación compulsiva para mostrar lo propio.

Creo que si deseas avanzar es necesario compartir lo que sabes y lo que no. El interactuar con otro permite crecer, pero la única manera de interactuar significativamente es siendo humilde, sincero, curioso y observador. Características muy alejadas de una persona egocéntrica.

Una persona puede tener todas las cualidades para ser considerado un escritor excelente pero sería muy bueno que toda esa capacidad le sirviera para detectar potenciales nuevos y ayudarlos en su crecimiento. Eso es lo que se hace en Ultraversal y te aseguro que fui testigo del crecimiento de muchos compañeros a los que particularmente en un principio no entendía ni uno solo de sus versos. Aquí está presente la solidaridad y la pasión compartida. Por esa pasión a la que se respeta, se enseña, se comparte, se guía. El egocentrismo no permite el crecimiento.

Siendo profesora de matemáticas, ¿piensas que los números y la poesía se complementan?

Siempre consideré que mi mundo numérico era muy lejano al de las letras. Fue una rareza para mí y hasta para mis colegas que comenzara a cruzarme a la vereda de enfrente. Creo que la poesía tiene mucha matemática en sus estructuras y también siempre consideré que la matemática con su exactitud es una belleza, es un arte. Así que sí, se complementan y se acompañan.

11- ¿Crees que la poesía vende? ¿Cómo ves la poesía en la sociedad actual?

Estas dos preguntas van de la mano. En la sociedad actual la poesía se escribe, no se lee y menos se compra.

Cualquiera escribe y llama poesía a una sucesión de versos porque considera que es suficiente volcar sentimientos en un papel para que sea un poema. Hay muy pocos que distinguen textos, de literatura.

12- ¿Qué opinas del formato digital con vistas al futuro?

Creo que la tecnología está presente en muchos aspectos de nuestra vida. Que se instala cómodamente y que debemos aceptarla y manejarla porque, de otro modo, pasamos a ser unos analfabetos.

Personalmente me gusta el papel pero entiendo la comodidad que significa el formato digital. Pero de todas maneras, cuando leo algún libro que me queda en la memoria por determinadas circunstancias, prefiero tenerlo en mi biblioteca.

13- Silvana, agradezco tu implicación. Se me hizo corta la entrevista. Ha sido estupendo charlar contigo.

Gracias a vos,  Rosario,  has sido generosa al dedicarme tu tiempo e interesarte por mí.