EL AUTOR INVITADO

María G. Romero – España

POEMAS



IMPOTENCIA

El mastín del dolor,
con su hambre canina,
me devora incesante
royéndome los huesos.
Orco fiero, imbatible,
acosador de flores y alegría.

En las crines del aire,
detrás de la paciencia,
en el abrazo inmenso
de mi padre me escondo.
Es inútil, no tengo
ni la pastilla mágica
ni el arte de volverme invisible
o madera de boj.

Zaragoza, 2007


ABRIL

Abril lleno de luz, de soles vivos,
atraviesa la estepa de los brazos,
cojea entre los pies, trata la lengua
como un amante fiel, como si aún
fuera un cuenco de luna; el ruiseñor
que todavía canta en sus alcores.

Pleno de algarabía en la ventana,
con suavidad él deja su presencia
en la dehesa triste de los ojos,
en el ocaso azul, los altozanos,
sobre la voz del río y el adagio
que es el cierzo callado cuando duerme.

Yo no quiero morir en primavera
con el almendro en flor y los rosales,
ni en la marcha triunfal de cuanto vive
embriagada de aromas y de trinos.

¡Oh, Dios! Cómo me duele mi corazón de barro,
mis huesos de madera, los nudos de mis dedos.


PERRA VIDA

No tengo amor ni hambre
ni siquiera
habito ya tu instinto o tu deseo.
Temo,
en esas soledades de ida y vuelta,
encontrarme tus versos o mis besos,
que me huyas
como huyen los mirlos cuando llegan
las blancas golondrinas del verano.

Solo mi perro sabe
del aullido silente de una casa vacía.
Mi perro
que a bien tuvo adoptarme
sabiendo-¡soberbio compañero!-
que tal vez no le viva doce años.

Zaragoza, 2006


3

Han volcado los cielos, los alcores,
el horizonte tiene
dos soles y tres lunas sorprendidas,
la sombra del amor tiene su sombra.

Besos de absenta dulce,
adelfas en la boca y en el alma,
entre sensibles campos que me cercan
dibuja Frida Kahlo, la mañana.

La vida es un retorno
sin fin en la memoria;
los ojos de mi padre siguen vivos,
cantan las golondrinas y retrocede el agua.
Quizás salga del sueño y no esté el arcoíris,
o ese banco de ayer de piedra entre la niebla.
El amor es así, revelación,
copa de sol y boca de ceniza.

4

Giralda soy y giro con el viento,
¿ de qué sirve oponerse a su gran fuerza?
Me engañan las esquinas donde de rostro cambian
aquellos que una vez caminaron conmigo
en estas soledades sin retorno.

No existe la tragedia a los ojos del cielo,
no hay misericordia en la luna encendida
ni error que no se pague
si pisas los confines de la niebla,
este nimbus caído en pleno mayo.
Me deslumbran estrellas
que son tan solo rocas
disfrazadas de luz o de cristales;
un falso firmamento de la inocencia absurda
que, a pesar de los años, no me deja crecer.
-Quiero encontrar de nuevo la alegría que fui-
¡Oh, victoria, victoria, la risa de la muerte!


POEMA A VIVA VOZ

Junto al hermoso fantasma de Rimbaud,
oceánico león que en la distancia
clava su arañazo de luz,
amo la pesadilla de mi tiempo.

Las flores de mercurio
que en sus sudores queman
los pétalos del alba
sin dejar de llorar entre los números,
relámpagos abstractos,
que tercamente niegan
mi cita con el heno.
Esos rostros de milenaria escarcha
con sus cabezas tristes dándose contra el cielo.

Persiguen la medida de mi fuerza,
mi amor desesperado
guardián de la locura,
este manto de sal
que tus delirios hiela.

La noche se rebela
como un titán oscuro,
condenándome todo
a la muerte más fácil.
Una revolución de lágrimas y dientes,
estrangula y socorre mi herida eternizada:
Yo soy el corazón de esta agonía.

Zaragoza, 1978



Acerca de la autora

Nació en las primeras estribaciones de la serranía de Cádiz, en Villamartín, primer pueblo de la Ruta de los pueblos blancos.

Desde el año 1966 reside en Zaragoza por motivos de trabajo de su padre.

Miembro de la tertulia del Ateneo de Zaragoza desde el año 1978.

Participación en varios libros colectivos:
“Retos Poéticos”. Madrid, 2017
“La Cárcel”. ASEAPO. Madrid, 2017
“El viaje”, relato. Colección “Picapedreros”. Zaragoza, 2017
Antología a Federico G. Lorca. “Granada”. (Soneto) Córdoba Azalea. 2018.
“A la hora del Café”. Amazon. Noruega. 2013.
53 Escritores a Ramón J. Sénder. Editorial Heraldo de Aragón.1980
Poemas a viva voz. C.S.I.C. Excma. Diputación de Zaragoza. 1999
Alijos Poéticos.Sdad. Coop. Librería General. Zaragoza 1989

EL AUTOR INVITADO

Jorge Alejandro Neira Rosas (Chile)

Poemas

INTERSECCIONES EN UN PLANO NO EUCLIDIANO

Entre la pléyade de amigas y amigos
en estos ocho años se han casado y divorciado
casi todos.
En mi pared, una ventana va contigo en tus pasos
y en tu insomnio.
¿Sabes cuantos eclipses parpadean en mi silencio?
Este calendario rota y rota sobre sí mismo.

Entre tu jaula y la mía
aun cae el rocío.


CINEMASCOPE

Si.
Es verdad que no duermo,
pero da igual.
Mirando las imperfecciones del cielo raso
repaso las arrugas que asoman en tus mejillas.
Si.
Es verdad,
el techo este es un cine de fantasías
desde el que me sonríes
y me pregunto
por qué
aun
sueño contigo.


MUJER QUE MIRA COLORES EN UNA PARED

Si llegas hecha verso y metáfora
desenredando tu ADN de maga,
balanceando tu existencia de penumbras
o mirando de revés la tómbola de tus años,
quedarán tus huellas
en mi pared.
Si llegases -octosílaba, silente-
danzando y alumbrando el último adjetivo,
masticando una calle de favelas,
tiñendo de sangre tu luna menstrual,
dejarías tu alma
descansando
en esta ventana.


DOBLEZ

Camíname después de las orillas,
en otras ramas,
dibujando en la periferia
estos ángulos que matan.

Cada esquina un vórtice que nos mira.

Un vals de ballenas en el ajedrez planetario.

Esta fuente gorgotea sangre de unicornios,
tan mal está nuestra sociedad.
Las muchachas se pintarrajean
como si con eso acunaran horizontes.
Las manos líquidas de labiales trasvestidos
inoculan falsos pentagramas,
no hay año bisiesto en una uña que maquilla,
en un labio que se pudre en una tumba.
Esta fuente se deshace y arroja pelucas al viento.
¿Quién caminó sobre sus pecados a medio confesar?
Desvistieron cada muñeca y ocultaron sus lágrimas entre tanto reloj sin cuerda.
¿Dónde estuvo la señora muerte en sus zapatos blancos?
¿Dónde quedó el verde que te quiero verde si solo hay humo en la memoria?
La densidad misma,
tarjetas de crédito y plástico en todos los océanos.

Esta fuente, esta fuente…
Esta fuente gorgotea sangre de unicornios,
tan mal está nuestra soledad.


Prosa

UNA MANO MUERTA SALUDA MI NAUFRAGIO

Todos los puertos están clausurados. Canta mi canción, leva tus anclas, estruja mi sombra. La tarde cae y caen tus lágrimas, así, de soledad inmune.



EN TRÁNSITO
SIN MÁS ADICCIONES NI FALSAS EXPECTATIVAS.

Dejar que la noche se devore a sí misma en algún oscuro rincón del alma, deshabitar aquellos hilos que alguna vez fueron puentes luminosos apretando ese destino hacia una calle sin salida, intentando resolver, a golpes cotidianos, una ecuación desde el inicio mal planteada, una esperanza inocente que se diluye ya en pasos perdidos tras la luna.

Abandonar caminos de fantasía y espejos, triturarse los ojos, las manos, las rodillas; arrancarse los sueños dejándolos ir hacia cualquier cementerio, solo rosas negras serán pasaporte hacia el olvido, una larga cadena de amaneceres y lluvia que ya no me revivirán, negras rosas de silencio, rosas de vacío implacable, horizonte preso en nunca más voltear la vista.
Huérfano, ahora, de vino y tabaco, madrugando sin norte, voz perdida en la arboleda. Tanto ir solo a estrellarme, a repensarme solitario escudriñando viejas huellas en arena, un triste canto de gaviotas sobre un mar embravecido, una gran circunferencia que abandonó su centro, inútil reloj durmiendo sin horas, estrella muriendo lejos de cualquier constelación.

Unos resabios amargos de voces me aguijonean a la distancia. Se ha ido la luz, el multiverso no amanecerá en mi desayuno; ninguna plaza volverá a triangular esa distancia, la pandemia será apenas una anécdota, un paréntesis de temor y mascarillas, la hora final en un juego de abalorios diluidos, un punto aparte en sonrisas que no veré, una lámpara sin combustible mirando por última vez al infinito.

Es la hora de tatuarse un sol muerto, de clavarse las uñas en la garganta, arrancarse uno a uno todos los versos que, atragantados, esperaban la vida. Esta es la hora, la de caer al pozo ciego, inmisericorde, en la contraportada de un libro que no se volverá a transitar, palabras sin sentido, gramática esquizoide en un silabario de hojas marchitas.

Aquella hora en ese huerto donde el todo nos abandona, cuando el silencio nos golpea a gritos en los huesos y la noche nos besa los ojos.

La última cruz, sin salvoconducto, directa a la muerte segunda, un remolino ciego blandiendo su estocada final, sin despedidas, ningún obituario; un corte perfecto y limpio llevándose los dedos del espíritu. La última cruz, trazada en el aire con lágrimas de sangre que no se recordarán.

Llueve ahora.
De medias hojas, de medias lunas, llueve.
Rojos hilillos me atraviesan.

Es la hora de tatuarme todos los soles muertos.



TODO CRÉDITO TIENE VENCIMIENTO

En este callejón sin salida, la muerte me arrincona, me ofrece un año más de vida a cambio de mis manos. Sin emoción alguna advierte que mi tiempo se ha terminado, que nada puedo hacer sin saltarme esta larga cadena de aspiraciones y remordimientos, solo me apunta y exige: mis manos por más vida.

Le respondo: tu cabeza por un año de lluvia en un calendario bisiesto.

No se lo esperaba, baja su capucha y saca de entre los jirones de su capa, una baraja que me ofrece. Naipes cotidianos, todas las postales aún no dibujadas, una colección de sermones y batucadas, inútiles timones en barcos olvidados, llaveros inservibles en noches de eclipse, ruidos apenas audibles para una carabela que flota en una nube de luciérnagas; me entusiasma con viajes a diestra y siniestra. Siniestros, más bien.

Yo también insisto: tu guadaña y un volcán boca abajo.

La muerte no renuncia, nunca lo ha hecho, por lo que sé.

Extiende frente a mí un tablero de cementerios fugaces y rotos, una cierta amalgama de ofrendas amarillas y oscuras, una total muestra tipo feria transuniversal, una tempestad de algoritmos en un cuaderno de agua, pasos lentos en tres dimensiones; intenta ganar su partida, es decir, mi partida…, pero yo tampoco renunciaré, no ahora.

Negociando con la muerte pasaron estos años. Sí. Y tuve hijos, huertos, amantes, amores que no fueron pero que igual fueron y dejaron otros caminos en medio de agujeros negros y enanas blancas.

No toqué sus cartas a pesar de su asombro, me negué a sostener su violín o a caminar sobre sus ojos. Truqué y retruqué cada astilla de su tiempo, enarbolé toda raíz que brotó en mis sienes, no dejé piedra lunar sobre venus y trepé, trapecista sin vértigo, hasta el último cuadrante.

No sé si fue una tregua. Alzó su diestra y me mostró la torre Eiffel.
Orgullo, dijo, solo una vez.

Es lo último que recuerdo en este quirófano en el que me arrancan el corazón.


Acerca del autor

Jorge Alejandro Neira Rozas nació en Chile; es antropólogo de profesión, poeta y cuentista. Escribe desde su juventud apareciendo su primera publicación en 1975, como integrante de un poemario junto a otros dos destacados poetas nacionales: José María Memet y Gustavo Becerra.

Fue luchador social contra la dictadura de Augusto Pinochet y debió exiliarse. Retomando la escritura en 2013, en 2018 ve la luz su primer libro «De nostalgias y caminos».

Al día de hoy, Neira Rozas cuenta ya con seis libros terminados, de los cuales «Mujeres de luz y sombras» está en proceso editorial y «Peldanne» siendo prologado.

El autor es miembro de número de la SECH (Sociedad de Escritores de Chile)

Su página en Facebook: SURPOESÍA.