ARREBATO (TANTO EN BROMA COMO EN SERIO)

Delirios

Morgana de Palacios – Gavrí Akhenazi

(décimas)

Tú te anticipas, yo actúo
cuando no tiene remedio
y están los ojos del tedio
fijos en mí, como un búho.
Hasta que me desvirtúo
con mi vestido de insecto
y llego al fín del trayecto
gris, desvalida y opaca,
no salgo de la cloaca
ni me alzo en vuelo perfecto.

Duermo poco, tengo afán
de permanente vigilia
y el sueño de mí se exilia
con despechado ademán.
Sólo despierta el desván
de los sueños se me ofrece
y es entonces cuando crece
– con qué infinita paciencia-
la flor de la efervescencia
que entre mis versos, se mece.

Y deliro, como tú,
arrebatada la frente
más fría si más ardiente,
dúctil caña de bambú.
Plumita de marabú
vilano de cualquier viento,
cosquilla del sentimiento
que se ríe de sí mismo.
Deliro mi agnosticismo
con la fe del irredento.

Morgana de Palacios


Si te digo piel de musa
me rebanás el garguero
y prefiero otro entrevero
que morir bajo esa excusa.
Para la ruleta rusa,
me toca siempre la bala
así, en tus manos, resbala
mi cerebrito licuado.
Y tu verbo, ensangrentado,
en su pasión se acristala.

Pero es verdad que mi rumbo
va siguiéndote el donaire,
silbando bajo, al desgaire,
como mosquita, te zumbo.
Y si me amenaza el chumbo
de tu mirada esmeralda,
tu corazón rojo y gualda
contra mi blanco y azul,
sé que no ves un gandul
olisqueándote la falda.

Porque aunque todos te digan
que yo no soy para vos,
que sos buena y yo feroz,
nuestras semillas, espigan.
Las pasiones desobligan
a lamentar tanto muerto
y a descabezar al tuerto
que escupe malas miradas.
Con las almas anudadas
cruzamos cualquier desierto
.

Gavrí Akhenazi


Si me dices piel de musa
te condeno al ostracismo,
que es un término en sí mismo
del que hasta el más tonto abusa.
Por debajo de la blusa
se me «alergiza» la piel
cuando veo en el papel
el nombrecito de marras.
Me gustas más si desbarras
saliéndote del riel.

Anda, no delires tanto
ni te busques más problemas
que mi nombre en tus emblemas
aumentará tu quebranto.
Precisamente el encanto
que tiene la situación,
es que somos en función
de cómo se mueva Eolo,
ajenos al protocolo
que requiere cada unión.

Que eres tú mucho poeta
y no te hace falta alguna,
cualquier musa inoportuna
que quiera darte la teta
y luego te comprometa
a serle fiel de por vida,
cerrándote la salida
para el verso libertario.
Quita, quita. Solitario
te lames mejor la herida.

Para cruzar el desierto
mejor sin musa ni muso,
que ambos somos multiuso
en cualquier terreno incierto.
Con el pecho al descubierto
y el corazón al galope,
tendría que ser miope
para no sentirte cerca.
Soy altiva mas no terca
si el tipo es cinemascope.

Morgana de Palacios


Si me aguanta, le respondo;
pero más si viene fresca
me gusta su picaresca
y su garbo sabihondo.
No se me da el cante jondo,
pero a la pasión me entrego
y en el amor soy tan lego
como un dinosaurio fósil.
Aunque su verso es tan dócil
que me envuelve su dondiego.

Me tiene en muy alta estima
su pensamiento poeta
pese a que soy pura jeta
en asuntos de la rima.
No me hallo en la tarima,
señora de mis quebrantos
y asusto con mis encantos
la modernista vanguardia.
Sabe bien, pura metralla,
mato diablos, bajo santos.

Divertido por bocón,
rapidito en el negocio
de achurarle el tiempo al ocio
y alegrar su corazón.
Cuando me mande al rincón,
por zarpado y lenguaraz
va a extrañar mi mente agraz
en esta vida difusa.
Usted, mi pasión, mi musa,
yo apenitas, verbo audaz.

Gavrí Akhenazi


Tiene usted muchas pasiones
cordobés de pacotilla,
y yo estoy en la otra orilla
estrangulando emociones.
Siendo un As de corazones
lleva repleto el petate
de mujeres en combate
por su músculo cardiaco.
No me meta en ese saco
no sea que me arrebate.

A jetón nadie le gana.
¿De dónde saca, querido,
esa humildad sin sentido
que me deja en la ventana?
Con precisión cirujana
se cachondea de mí
clavándome el bisturí
-volviendo a llamarme musa-
en la dermis que, contusa,
tiembla como un alhelí.

Ays qué malo, malo, bicho,
de siete suelas, ladrón,
mosasauridae cabrón
que me pone en entredicho.
Retráctese de lo dicho,
que me jode el estandarte,
y se está jugando el arte
de la diversión conmigo,

pues me iré como castigo
con la música a otra parte.

Morgana de Palacios


Tan linda venía la joda,
compañera de quilombo,
que le iba a comprar el combo
a su enjundia de rapsoda.
Pero ya vio, está de moda
y en auge la boludez
del derecho y del revés
sin que se entiendan razones.
De punta, con mis tapones
ando partiendo clichés.

Se me encolmilla la risa
de animal de dentellada
cuando hiende la pavada
la verdad, sin cortapisa.
Yo, que vivo en la cornisa
del desastre y la tragedia
parezco la Wikipedia:
no hay guerra que no haya visto.
A veces no sé si existo
porque el mal, no se remedia.

Entonces, soy un iluso,
todavía un serafín
que va de uno a otro confín,
ya desalado, contuso.
Pero ¿sabe? me rehúso
a resignar la bandera
y aunque así mi vida entera
sea un profundo fracaso
no me arrodilla el ocaso.
Sueña la paz, mi quimera.

Gavrí Akhenazi


Uno intenta ser amable
como vendedor de tienda,
por ver si el errado enmienda
del verbo lo reprochable.
Asertivo y agradable
hasta que la mala baba
de la prepotencia acaba
con la paciencia más pura.
Nunca fue Literatura
lo que tu escritor soñaba.

Y se te afila el colmillo
y las uñas se me afilan
y los ojos que vigilan
las estancias del castillo
se vuelven torvos cuchillos
para proclamar verdades.
No sé si son las edades,
las experiencias, el mundo
y lo que tiene de inmundo
lo que mata libertades.

Al final, la realidad
llega con su cara acerba
y consigue que nos hierva
la sangre a su voluntad.
Ni siquiera en la ciudad
de la Utopía perece
la hipocresía que crece
entre mansedumbre escrita.
¿Quieres verdad? Dinamita
el ego cuando aparece.

Morgana de Palacios

ARREBATO Y PASIÓN

¡Hala, Madrid!

Miguel Urbano – Sergio Oncina – Jordana Amorós

(sonetos)
Miguel Urbano

Aunque al Madrid derriben en la lona,
que el rival no se fíe, no se achanta,
pues con orgullo siempre se levanta
y en la lucha jamás su fe abandona.

Un equipo que no se desmorona
ni de retos difíciles se espanta,
al contrario, en la lucha se agiganta,
y rey en los estadios se corona.

¡Hala Madrid! con ánimo me entrego
a tu magia, a tu espíritu, a tu juego
que adorna tus vitrinas con blasones.

¡Hala Madrid! gritaba la afición
teniendo en la garganta el corazón:
en Saint-Denis seremos campeones.


Sergio Oncina

No me des más milagros. Has vencido
y me rindo a la magia . Yo te veo
cada día, real en tu apogeo,
y siempre que prometes has cumplido.

Te tengo fe, Madrid, porque perdido
tú siempre resucitas. Yo te creo
capaz de derrotar al más ateo
remontando en un último partido.

Porque no hay imposibles para ti
y, si dudo, evidencias que es así.
Porque das emociones y alegría

sin pedir nada a cambio, solo estar.
Porque si hay otro modo de ganar
elijo el tuyo, honor y valentía.


Jordana Amorós

Sin poderlo creer, ebrio de euforia,
el buen aficionado madridista
festeja con pasión esta victoria
tan incontrovertible e imprevista.

Siente que saborea ya las mieles
de la decimocuarta copa ansiada
¡Que vayan preparando la Cibeles,
que tal celebración será sonada!

Lógico es que, aupados con millones,
remonten y confirmen sus blasones
en la gesta que siempre se recuerda.

Sin quitarles su mérito, yo apuesto
por el triunfo moral de lo modesto
y digo: !Viva El “Alba”, manque pierda!

VERSO LIBRE Y VERSO BLANCO

Ya sé que la alegría es transitoria
como esa ciudad que siempre circunvalas
en el viaje a nunca
y en la que nunca te quedas a dormir.

Aromática como el dulce petricor que exhala la tierra
cuando abre sus fauces al canto de las aguas.

Obscena como la sangre en el pan
y el colmillo en la carne.

Inocente y estúpida como yo
ante cualquier ventana abierta a temporales
que he dejado de prever y me sorprenden
sonriente y encueros.

Llega
te besa
nada contigo un rato
se va
y permanece escondida en la distancia
con aquellas palabras que no quiero escribir.

A veces creo que no la necesito
y me he coagulado de silencio.

Alegría

Morgana de Palacios

(verso blanco)


Con los libros bajo el brazo

Isabel Reyes

(verso blanco)

Llovía en el Retiro.
Recuerdo escalinatas y un poema embrujado.
Daba temor mirarme. También tengo yo ahora
una sed infinita de que surja tu imagen.

Acaricias el frágil relente de mi pelo,
sabe a limón de mármol la añoranza.
No acierto a caminar, me asusto.
Tus muros son muy altos. Quién me abrirá las puertas.

Casi apenas mujer
te soy una exiliada que llega a la ciudad
en esta noche espesa, esta cerrada lluvia.
Me llamas desde hondos corredores sin aire.

Quién soy yo con los libros sujetos bajo el brazo,
estudiante en la “Complu”.
Me tomas de la mano y aquel parque disipa
su maleficio verde. Se han secado mis lágrimas
Nos vamos a encontrar.

Has llegado de lejos.
El sol hace trasbordo por tu boca
y empiezo a renacer.
Reescribo a dos velas mi tesis doctoral,
bebemos la tristeza solemne
de esta ciudad a oscuras que mis ojos permiten.

Quién eres, quién soy yo. Dónde vamos tan tarde
a prender ideales si no queda ni un taxi
por el puerto nevado de los amaneceres.
Hoy
tengo enfrente ese parque de mi inútil tristeza.

Demasiados peldaños ascendiendo a mi frente.


Sangran los horizontes por los cuatro perfiles
mientras en las esquinas de las bocas,
y a plena luz de las pantallas,
se trafica con paz impunemente.

Te ofrecen papelinas con dibujos
de palomas y olivos que tan solo contienen
un cóctel de moral adulterada.

Qué inútil es dormirse en el deseo
de antiguas psicodelias si no existe
terapia que libere
el tóxico del odio que regalan
en las mismas esquinas,
bajo la misma luz,

y tras las mismas bocas.

Caramelo de regalo

Ángeles Hernández Cruz

(verso blanco)


Me convenzo

William Vanders

(verso libre)

Esta noche me convence el insomnio.
Es un instinto primitivo,
un alma con mil ojos
en mi retina tapada.

Soy un Cro-magnon
hibernando despierto,
en alerta y sigiloso,
cauto para no ser cautivo,
con herencias tatuadas en el muslo,
de verbo herido y rumiante,
enfurecido en el temor,
acostumbrado a la amnesia,
de mandíbula pensante,
sobreviviente,
libre,
despabilado dentro del párpado caído:

un homínido

intrascendente,

con auroras a cuestas

para oscurecer el pecho

durante el combate.


Miro el río y, en él,
miro la sombra del crepúsculo
que se hunde en su musculatura acuosa.

Una sombra que no hace pie en espesuras,
y derrumba minaretes de sentido por correntadas
que arrastran olvido y desmemoria,
como si fuese posible
amalgamar sus gotas de mercurio.

Acaso sea eso lo que desteje el pampero
mientras peina las trenzas de los sauces,
lo que repite con su canto el zorzal
zarandeando las voces dormidas,
lo que insinúan los juncos
con sus guitarras de mil cuerdas.

Miro el río y sus luces de atardeceres fugados:
me recuerdan que esa moneda inadvertida
que la tarde dejó caer en su bolsillo
no es la misma que aquella segada
por el filo de cierta memoria implacable.

Re-lecturas

Silvia Heidel

(verso libre)

NOVEDADES EDITORIALES

«Maldita musa »

poemario de Mar García Romero

María García Romero no es una poeta para leer de paso. Es una voz poética intensa en su delicadeza, en la que el lector debe sumergir su vocación lectora para abstraerse y así sensibilizarse con el mundo que la autora propone. La voz de María es una voz de altura, de esas voces frente a las que voces como la mía se detienen y se quedan allí, disfrutando.

Disponible en La fragua del trovador

ARREBATO Y REFLEXIÓN

Secuelas de Violante

Natalia Alberca – Sergio Oncina

(sonetos)

Si Lope levantara la cabeza,
y viera las secuelas de «Violante»,
ante tanto poema petulante
se nos muere de nuevo, con certeza.

Yo también acometo esta proeza,
la magna gesta; en este mismo instante
surge mi verso prístino y brillante,
demostrando pericia y agudeza.

Se eleva mi autoestima con el logro
y me veo pletórica de ingenio,
triunfadora, poeta de prosapia.

Si, llegado el final, no lo malogro,
conseguir un soneto primigenio
es incluso mejor que hacer terapia.

Natalia Alberca


¿Qué pasa a los poetas de internet?
¿Por qué nos ametrallan con lo mismo?
¿Por qué tanto Violante? Qué simplismo,
siempre eligen el pollo en el bufet.

No les pido delicias de gourmet,
solo algo original, ningún cultismo.
Tampoco necesito un heroísmo:
que si tienen jamón no escojan fuet.

Que si saben pensar piensen primero,
antes de repetirse como el ajo
escribiendo un soneto chapucero.

Innovad, aunque cueste más trabajo,
que copiar las ideas de un tercero
no es homenajear, es caer bajo.

Sergio Oncina


Quisiera ser divina de la muerte
manejando las rimas y las prosas,
tal como lo eres tú, puesto que osas
replicarme al soneto de tal suerte.

Mas soy feliz al ver que te divierte,
y agradezco tus frases generosas,
pero no te confíes, que las diosas
son volubles: permite que te alerte.

De su favor gozaste hasta el momento:
innovador, insólito, inspirado,
gourmet del verso, amante del jamón.

Diste a menudo muestras de talento,
pero debes tener mucho cuidado
que los “violante lovers” son legión.

Natalia Alberca


La volubilidad de las diosas
es tema aparte: Diana, Talia, Hera…
No permito injerencias caprichosas
de musas que visitan a cualquiera

con versos y palabras cariñosas.
La ausencia de razón me desespera
y aunque parezcan reinas dadivosas
desestimo su gracia milagrera.

Porque soy yo, si fallo, quien me quiebro,
y no hay divinidad que me consuele,
cada migaja de talento es mía.

Nace de las entrañas y el cerebro.
Arrulla y reconforta. Daña y duele.
Es entusiasmo, alma y energía.

Quizá tu poesía
la escribe un duendecillo y a su magia
le sobra buen humor y verborragia.

Sergio Oncina

LOS CANTARES DE ALCOHOLADO

(Décimas tradicionales y experimentales)

Imagen de Roman Kogomachenko en Pixabay

Iniciación

Lo real, lo imaginario,
lo que dicta la memoria,
lo que calla (o no) la historia,
lo común, lo extraordinario,
lo mismísimo y contrario
tan igual y tan distinto,
lo sabido por instinto,
las creencias heredadas…
todo minuciosas nadas
al salir del Laberinto.

El propósito del viaje
no es marcarme, yo, la ruta:
Luz y Sombra, en su disputa
por dominar el lenguaje
de este onírico paisaje,
van mostrándome caminos
en los de otros peregrinos,
y mi paso se restringe,
inconsciente, hacia La Esfinge
de los aciertos divinos.

No es mi rumbo y es mi huella,
y, al pisarla, escucho en ella
ecos del saber futuro
(equívoco, ambiguo, impuro)
que a mi alrededor resuella
y me empuja en el declive
hacia aquello que me encuentre,
a tropiezos, en el vientre
de la gruta donde vive
la voz que se desinhibe.

Y ya abajo, vacilante,
me asomo al borde del charco
que a mi imagen da su marco
y conozco, en ese instante,
a La Esfinge, en mí, delante:
mi rostro, en su doble anexo,
se ve, en el agua, inconexo;
mi sonrisa, enajenada;
mis ojos, no mi mirada;
y mi cuerpo, en otro sexo.

Y La Esfinge canta: «Quien
halla respuestas conmigo,
olvida lo que le digo.
Vienes sin recelos, y en-
tre miedos te irás. Si hay cien-
tos de intentos cruentos (reco-
vecos, sueños presos) sé co-
mo un mal sol y un buen planeta:
si la luna ves completa,
has vaciado tú su hueco».

Aturdido, le pregunto
qué conocimiento esconde
su mensaje, y me responde:
«Comprenderlo no es tu asunto.
Solo escucha, olvida, y punto».
Su mirada aún embruja
desde el agua, en fuerte puja
mientras que la superficie
va dejando que se vicie
esa faz que desdibuja.

Y vuelve a verse mi cara
solamente mía, todo
yo, solo yo y, de ese modo
medio yo, partido para
siempre en la mitad más rara.
Y entonces, en la experiencia
de lo vacuo, en mi dolencia,
fuera de la gruta encuentro
que he sacrificado, dentro,
lo mejor de mi inconsciencia.

Ni dormido, ni despierto,
retrocedo en el abismo
de mi viaje, con el mismo
ingenioso desconcierto
que me guía en el desierto
y me deja más perdido,
inseguro y decidido,
desnortado, firme, lento,
vigoroso y soñoliento,
ni despierto, ni dormido.

Es el estado inconcluso
entre las contradicciones,
esta ley de oposiciones,
lo que da sentido incluso
al sendero más confuso:
adelanto en el atraso,
alegría en el fracaso,
indulgencia y voluntad;
pues la ilógica verdad
se discierne paso a paso.

Paradójicos vecinos
y ya perpetuos soportes
en su baile de consortes,
atento a mis desatinos
y a sus efectos perversos,
yo los sigo: dos caminos
paralelos pero adversos
que son uno, en mí enlazados:
Sombra y Luz, a los dos lados
y, delante, el universo.

ARREBATO Y PENSAMIENTOS

Anatomía tumoral

Cuerpo que me sostiene,
cuerpo que me ata.

Alma que se esparce
y se eleva
cuando quiero bajar al rio.

Piel y hueso ardiendo:
quisiera huir de esta tierra en desolación.

Conciencia sostenida a bocanadas,
aliento repelente que grita
dejando atrás el tuétano vacío.

Me pregunto si soy cuerpo, tierra, deseos.

No soy metáfora de nada.
Me veo tan real que me duele.
Tan niño ya, tan moribundo,
que la vida se me pasa pensando;
que los dias se me escriben en prosa,
en cencelladas, en aire,
en nata.

Cuerpo mojado,
alma en mojama,
ceniza profunda.

Jesús M. Palomo


Te has dado cuenta que la luna tiene dados
en que los números son historia rotando
para ser marea sobre la arena que pisamos.

El tiempo juega con las copas sin morir…
…corre aunque deseemos contenerlo.
La tierra sigue mudando en su historia,
nuevos números y una celda de espantos
con otras cenizas y con masas entre soles.

Todo lo que pedimos es una pieza del río…
…Y el llanto está secando nuestros ojos.

Leonardo Zambrano


Andar por esta mente troceada
recogiendo jirones de mí misma
es como practicar mi propia autopsia.

Bisturíes de luz
arrancan del recuerdo
las entrañas.

Isabel Reyes

LOS FAVORITOS DEL EDITOR

Mia Couto

Raíz de rocío y otros poemas (selección)

Para ti

Fue para ti

que deshojo la lluvia

por ti solté el perfume de la tierra

no toqué nada

y para ti fue todo

Para ti creé todas las palabras

y todos me extrañaron

el minuto que corté

el sabor de siempre

te di voz

en mis manos

Abrí los capullos del tiempo

le robé al mundo

y pensé que todo estaba en nosotros

en ese dulce error

de todo lo que poseemos

sin nada tenemos

simplemente porque era de noche

y no dormimos

bajé sobre tu pecho

para buscarme

y ante la oscuridad

ceñirnos por la cintura

estábamos en los ojos

viviendo en uno

amante de una vida.

—-

Di mi nombre

Di mi nombre

pronúncialo

como si las sílabas te quemaran los labios

sopla suavemente

de una confianza

para que la oscuridad se sienta como

para que tu cabello este desatado

para que ocurra

porque creo por ti

soy yo dentro de ti

quien bebe la última gota

y llevarte a un lugar

sin tiempo ni contorno

Porque solo para tus ojos

soy gesto y color

y dentro de ti

me recojo herido

agotado de pelear

donde me golpeo

porque mi mano infatigable

buscar por dentro y por fuera

de apariencia

porque el tiempo que vivo

se muere de ser ayer

y es urgente inventar

otra forma de navegar

otra dirección otro púlsar

para dar esperanza a los puertos

que esperan pensativos

En medio húmedo de la noche

di mi nombre

como si fuera un extraño para ti

como si fuera un intruso

para que yo no me conozca

y sobresaltame

cuando suavemente

pronuncia mi nombre.

—-

Pregúnteme

Pregúnteme

si sigues siendo mi fuego

si todavía enciendes

el minuto de gris

si te despiertas

el pájaro herido

que cae

en el árbol de mi sangre

Pregúnteme

si el viento no trae nada

si el viento arrastra todo

si en la quietud del lago

descansó la furia

y la estampida de mil caballos

Pregúnteme

si te volviera a encontrar

de todas las veces que me detuve

por los puentes brumosos

y si fueras tu

a quien vi

en la infinita dispersión de mi ser

si fueras tu

que reuniste pedazos de mi poema

reconstrucción

la hoja rota

en mi mano incrédula

Cualquier cosa

Pregúntame lo que sea

una tontería

un misterio indescifrable

simplemente

Así que sé

que es lo que aun quieres saber

para que aun sin contestarte

sé que te quiero decir.

—-

Identidad

Necesito ser otro

para ser yo mismo

soy un grano de roca

Soy el viento que te desgasta

soy polen sin insecto

soy arena apoyando

el sexo de los arboles

Existo donde no me conozco

esperando mi pasado

anhelando la esperanza del futuro

En el mundo lucho muero

en el mundo por qué lucho nazco.

—-

La demora

El amor nos condena:

retrasos

incluso cuando llegas temprano.

Porque no es en el tiempo que te espero.

te espero antes de que haya vida

y tú eres el que da a luz a los días.

Cuando llegues

no soy más que nostalgia

y las flores

caer de mis brazos

para dar color al suelo que pisas.

perdido el lugar

donde te espero,

solo tengo agua en el labio

para saciar tu sed.

palabra envejecida,

Tomo la luna en mi boca

y la noche ya no tiene voz

si te desnuda.

se te cae el vestido

y es una nube.

tu cuerpo yace sobre el mio,

un río se riega hasta convertirse en mar.

—-

El momento antes del beso

No quiero el primer beso:

suficiente para mi

El momento antes del beso.

me quiero a mi mismo

cuerpo ante el abismo,

tierra en el desgarro del terremoto.

el labio ardiente

entre el temblor y el miedo,

el oscurecimiento de la luz

en el vaciamiento de los cuerpos:

el amor

no más tarde.

quiero el volcán

que en la tierra no toca:

el beso antes de ser boca.

—-

Te amé sin saber

en el reverso de las palabras

en la cara opuesta

de mi soledad

Yo te amé

y acariciado

tu imperceptible crecer

como carne de luna

en los labios nocturnos entreabiertos

Y te amé sin saber

te amé sin saberlo

amor

de buscarte

amando inventarte

Al borde del fuego

dibujé tu cara

y reconocerte

cambié mi cuerpo

cambié de noche

Me uní al crepúsculo y al amanecer

acostumbrarse a

a tu ausencia intermitente

enseñé los timbilas

esperando el silencio.

—-

Soledad

Me acerco a la noche

el silencio abre sus telas oscuras

y las cosas fluyen

por aceite frío y espeso

Este debería ser el momento

donde me recogería

como una puesta de sol

en el latido de tu pecho

pero la soledad

entra por mis ventanas

y en tus manos afligidas

Libero mi delirio

Ahí es cuando vienes

con tus pasos de niña

tus sueños ordenados

como dos trenzas en tu espalda

guiándome por pasillos interminables

y volviendo a los espejos

donde la vida te enfrentó

Pero los ruidos de la noche

trae tu esponja silenciosa

y sin luz y sin tinta

mi sueño se resigna

Lejos

los hombres se hunden

con el anacardo que fermenta

y la ola del alba

persiste en la reunión

a las rocas del tiempo.


—-

Destino

A la pequeña ternura

me estoy acostumbrando

mientras pospongo

servidor de daños y engaño

estoy perdiendo la dirección

en la repentina lentitud

de un destino

eso me esta siendo escaso

yo se mi muerte

tu lugar escurridizo

tu suceso disperso

ahora

que más

¿puedo ganar?


Acerca del autor

António Emílio Leite Couto, conocido como Mia Couto, nació en Beira, Mozambique, en 1955. En 1972 se instaló en Maputo, donde comenzó a estudiar Medicina. Dos años después abandonó sus estudios para dedicarse al Periodismo. Fue director de la Agencia de Información de Mozambique (AIM), de la revista Tempo y del diario Noticias de Maputo.

Su carrera literaria se inició en 1983, con el libro de poemas Raiz de Orvalho, al que siguió, en 1986, su primer libro de cuentos, Vozes Anoitecidas. Ha publicado novelas, crónicas y relatos breves. Su novela Tierra sonámbula fue elegida como uno de los doce mejores libros africanos del siglo XX por un jurado reunido con motivo de la Feria Internacional de Zimbabwe.

En 1999 Mia Couto recibió el Premio Virgílio Ferreira, por el conjunto de su obra.

En 2013 recibe el Premio Camões, el más prestigioso que se otorga a la creación literaria en lengua portuguesa, convirtiéndose en el segundo mozambiqueño en recibirlo.

VERSOLIBRISTAS

Silvia Heidel – Argentina

Image by Bianca Van Dijk from Pixabay

Postales del instante

III
Podría suceder que el mar fuese devorado por las dunas .
Que abra sus compuertas y mis pasos atraviesen el desfiladero
hasta desenrollar el ovillo de resplandor encantado con médula de miel.
Es tan clara mi voz desde este lado de la ilusión .
Tan suficiente para hipnotizar a la cascabel de siete cabezas
tatuada en mi espalda. Instante,
canta tu bossa nova.
Cómo imaginarte?
Inmortal, pese a que sos fuego?
O, apenas y a penas, infinito mientras dures.


IV
Igual que yo, esta bahía y su calendario
se han desprendido de los inviernos.
Aquí un sol atemporal desliza brillos sobre
cuerpos inmersos en gradaciones de aguamarina.
Una gaviota inmóvil despliega su fuselaje.
Un cardumen quiebra iridiscencias en juegos sin guión previo.
Hay un batir de oleajes que vienen, van y regresan a la misma playa.
Ecos de risas que erizan la dermis con escalas de garganta salobre.
Sobra tanta placidez bajo estas hojambres de redondez imperfectible.
Vibra una energía expansiva en la atmósfera:
desmesura que desborda la palabra y rebasa los contornos.
Es mi corazón acurrucado en tu palma.
Descalzo, el tiempo se detuvo en mi portal.
No sabe adónde ir.



William Vanders – Venezuela

Image by Kerstin Riemer from Pixabay

Parco

Narrar con sombra el fantasma de la sangre.

Fugarme del otro cuando la mente se asusta.

Caminar descalzo sobre los cardos de una lágrima.

Sospechar de la violencia dormida en la derrota.

Ser ángel descosido en la raíz del árbol.

Entrar en el ojo de Dios y extraer origamis de fuego.

Palpar la ceniza oculta en el archivo de la piedra.

Reconocerme.

Saberme.

Hablarme.

Evocar a la muerte que me aviva.

Transcribir mi naufragio.

Volver.

Mudar este silencio a la pausa habladora.

Transferir mi alma a un pez milenario.

Quedarme quieto en la parquedad de su espíritu.

En fin:

Volcar la aurora en mi frente.

Desplazar el infinito a mi nariz oceánica.

Colocar azúcar sobre la sal derramada.

Arrojar esqueletos maniatados por la memoria.

Cincelar.

Olvidar.

Desmarcar.

Partirse desde adentro.

Reunirse.

Beber.

Zigzaguear.

Habitar la locura del sol tragamundos.

Andar.

Mirar.

Callar.

Reconocer al magma en la lengua.

A las anclas incrustadas en la espalda.

Al barco hundido en el pecho.

Dormir.

No despertar.

Descansar.

Lamer la dulzura salobre del destino.

Viajar siempre viajar adonde habita mi ternura.



Jesús M. Palomo – España

Image by Bianca Van Dijk from Pixabay

Poema de amor

No te escribo poemas de amor.
Y te podría decir que tengo las palabras rotas,
pero sería como ladrar en una comisaría.

No te escribo poemas de amor
porque al amor no lo entiendo.
Te llegué con batallas de más
y dejé los adjetivos grandes
esparcidos por los campos,
los tequieros desterrados, al sol.

No te escribo poemas de amor.
Desisto de usar las manos
para aplaudir a mi propio ego.
He dejado aquello atrás también.

Prefiero callar, escuchar la vida
mecido en tu regazo
y dejar que sea el silencio
quien marque el compás
de este corazón adormeciente.



Rosario Vecino – Uruguay

Imagen de Peggychoucair en Pixabay

A pesar, quizás, aún

castradora de aguas santas
mis fluidos
mi llanto

la sagrada humedad de dos cuerpos
trenzados
amándose

cadena de mis manos impidiéndome
el tacto
la caricia

traidora de mi esencia
has congelado mi lengua junto con mi corazón

pero no recordaste -rosarito-
que yo respiro por el estómago
me escondo en el estómago
me muestro en el estómago

y
resucito a otras vidas
-adiviná-

regurgitando

NOVEDADES EDITORIALES

«A instigación del viento»

poemario de John Madison y Eva Lucía Armas

Versión kindle
Versión impresa

Disponibles en Amazon

Quizás la magia existe. No lo sé. Pero muchas veces, el acto de escribir se transforma en un acto de magia que devela ante los ojos atónitos del lector, todo un universo ideal hecho con propuestas sanadoras, con ímpetus heroicos, con penas restañadas y, por sobre todo, como en una ensoñación, un universo en que hay «amor del bueno».

Eva Lucía Armas y John Madison existen y escriben en ese plano que transforma lo real en un caleidoscopio de sensaciones armoniosas.

Han hecho del verso y la palabra, un arma de combate para enfrentar la vida cotidiana y llevarla al plano de los sueños.

Ambos coinciden en el don. Y ambos poseen un don poderoso para hacer de la expresión escrita un ancho mundo sano a través del cual los lectores pueden encontrar la ruta de la sanación siguiendo el rastro de las emociones en su estado más puro.

Dos autores con poder de fuego que viajan por todos los mundos que sus voces fabrican con esmero y latido.

Leerlos vivifica y remodela el día. Como si fuera magia.

Los autores
Eva Lucía Armas – Argentina
John Madison – Cuba

LOS CANTARES DE ALCOHOLADO

Antonio Alcoholado – Reino Unido

Image by Gerd Altmann from Pixabay

«Espejos», narración en versos

Bahía de Qorna, ciudad predilecta
de ilustres familias, un año impreciso.
Un hombre encumbrado que todo lo quiso
y le parecía rutina perfecta:
pujante, el negocio; la casa, lujosa;
la hija, muy guapa (también presumida);
modélica esposa
de buen apellido (también negligida);
sus viajes constantes marchándose lejos,
dejándolas solas,
trayendo consigo de allende las olas
el mismo regalo siempre: más espejos.


Sinfín de diseños, orígenes, modas,
su gran colección de espejos, de todas
hechuras, tamaños y formas pensables,
tapaba paredes, cubría hasta el techo
y abría, de hecho,
la vista hacia espacios inconmensurables…
La gente llamaba “Mansión de Cristal”
a aquel palacete por cuyos salones
y alcobas sin fondo flotaban visiones
y, oculto entre ellas, un extraño mal.


La casa se llena de espejos,
la casa se llena de sombra,
la casa se llena de viejos
demonios, y nadie los nombra.



La niña tenía, por toda afición
empeño de verse, y en su laberinto
de joven belleza, con todo su instinto
devoto y absorto por esa obsesión,
vivía sus días,
soñaba sus noches, por las galerías
detrás de sí misma, su mero reflejo,
su copia en la luz, los ojos curiosos
en busca de todos sus rasgos hermosos
ya tan aprendidos, un juego complejo
de incógnitas reglas y efectos extraños:
de tanto mirarse, su inmensa guapura
hacía aumentar en número, en años,
cual si una pintura cobrase textura
del lienzo incompleto, la imagen sumisa,
la pose segura de amada figura
salida de un sueño, con esa sonrisa
que augura desastre… signos de locura.


El día relata una historia,
la noche susurra un secreto.
La luz recupera memoria
y la oscuridad su alfabeto.



La madre quedaba detrás, sin lugar
ni asunto ni voz ni apenas palabras.
Y sola, en penumbra, se daba a alumbrar
ideas macabras.
Veía en la niña su propia belleza
copiada, usurpada por una criatura
que trajo a su vida tan solo amargura,
dolor y tristeza, rencor y aspereza.
Y, al verse en los mismos, distintos espejos,
veía a la niña con rasgos ya viejos.
Y no distinguía ya más que una altiva
presencia encarnada en dos, y que oscura,
corrupta en su esencia, furtiva, abusiva,
venía a imponerle violencia lasciva:
romperla en el vientre, quebrar su cintura,
cubrirla de arrugas, ahogarla en saliva,
llevársela viva,
rapto ponzoñoso y a la sepultura.


La obscena presencia que allí se ocultaba,
por arte de sombra, se hizo alimento:
un tósigo gris, insípido ungüento
que, en cada comida, la madre mezclaba.
La hija sufría dolores y llanto
durante la noche; de día, el impulso
de verse, en penoso gemido convulso,
delante de aquellos retratos de espanto.
La contemplación de tal deterioro
creaba en la madre placeres impúdicos,
temblores de gozo perversos y lúdicos
que, igual que un tesoro
de nueva, tardía, vital experiencia,
propósito pleno le daba al suplicio,
gloriosa dolencia,
justo sacrificio.


Me muero, y me muero de miedo,
el miedo de ser un delirio
por siempre, en silencio, y no puedo
salir de este horrendo martirio.



El médico obraba con sus soluciones
de friegas, purgantes, jarabes, punciones…
Tras cinco semanas de intensa agonía
(un largo suspiro), la niña acabó.
Y aquel mismo día,
la madre esta historia de nuevo empezó:
oculto el ultraje
detrás del lamento de las plañideras,
la hija en la tumba y el padre de viaje,
ajeno a su luto y ajena, de veras,
la causa fatal de aquel maleficio
al propio servicio,
la madre tenía la casa al completo
dispuesta a guardarle por siempre el secreto…

… y a solas, de noche,
se ve en cada espejo
un vago reflejo,
y un tenue murmullo de queja y reproche
la acecha detrás de la espalda,
le tira, sutil, de la falda,
le palpa y eriza la piel…
y en tal arrebato,
se lanza a la mesa, tantea el mantel,
vomita en el plato
la blanca simiente
de un horror demente.


Perduro en el aire que pasa
y el aire repite, con creces,
en cada rincón de esta casa,
repite mi imagen mil veces.



Privada de sueño, que no de dolor
ni miedo en el lecho,
mayor pesadilla perturba su pecho
y llena sus horas de horror:
exhausta y enferma,
hambrienta, vampírica, yerma,
consume sus fuerzas… ¡y cada mañana
la muestra el espejo más bella y lozana!

Bahía de Qorna, ciudad predilecta
de augustas familias; por fin ese día
que vuelve del viaje, rutina perfecta,
el hombre encumbrado que todo quería:
pujante, el negocio; la casa, endiablada;
la hija, difunta (que no lo sabía);
y, cada jornada
mucho más hermosa,
esa noble esposa…

CLÁSICOS EN BLANCO Y RIMADO

El viento en la enramada

La cordura
es un don que no abunda demasiado
ni conviene ejercerlo,
pues los locos no quieren que nadie les disuada
de que es solo ruido
ese abigarramiento polifónico
que suena en su cabeza.

Sin saber qué decir
que aporte algo de luz a toda la vorágine
de tantas y tan cáusticas babeles,
qué habrá de hacer mi voz, sino asumirse
lágrima en un océano de sal
y quedarse callada.

Hablar de la armonía
en un mundo de sordos
carece de sentido
mejor no exasperarse malgastando palabras.

Porque jamás la música
ni la verdad
necesitaron nada que no fuese
el susurro del viento en la enramada
y un corazón atento y sensitivo
para existir.

Quién quiera
puede llegar a ellas, solo tiene
que dejar al instinto que descubra
los rumores que pueblan los silencios.

Y escuchar con el alma ensimismada.

Jordana Amorós

Verso blanco

Miguel Urbano

Tercetos encadenados

Canto a la esperanza: A Lorca

Te busco amigo mío por doquiera…
mas no puedo arrancarte de mi mente
pues hiciste en mi alma enredadera.

Y a pesar de tan largo tiempo ausente
tu recuerdo me sirve de alimento,
pues, en mí, siempre vives tú presente

ocupándome todo el pensamiento.
Jinete cabalgando te he soñado,
cometa que volabas sobre el viento.

Y, ¿cuánto con tristeza te he llorado?
Que lágrimas de sangre aún me vierte
el corazón, del tuyo enamorado.

Con su guadaña vino a ti la muerte
quedando aquella noche ensangrentada;
¿Qué hados te trajeron mala suerte?

Y, ¿dónde estaba Dios la madrugada?…
Pero los hombres son con sus rencores,
el odio y tanta envidia despiadada.

Yo querría llevarte algunas flores,
donde tu cuerpo pueda reposar
con el trinar de pájaros cantores.

La luna se quería desposar
tú de negro, ella rojo su vestido
y en sus manos un ramo de azahar.

Y yo pregunto ¿Dónde te han metido?…
Alimentando rosas y jazmines
en un hondo barranco allí perdido.

Te buscaré del mundo sus confines
hasta haber tus reliquias encontrado
y haremos fiesta y fondo de violines.

Tu verso compañero va a mi lado
y, como perro mis entrañas muerde
dejándome el sentido traspasado

soñando…verde que te quiero verde…
Maldita sea siempre toda guerra.
El mismo vencedor también la pierde.

Si no aprendemos del error se yerra:
y esparcimos el odio de semilla
sembramos de cadáveres la tierra.

¡El poeta de alma tan sencilla
sea concordia entre los hermanos,
fanal de amor y paz su luz nos brilla,
y nos haga vencer rencores vanos!


Una fiesta de luz y de colores

Cuando me llamas Juan, Juan de mi signo,
cuando me llamas Juan entro en los cielos
cuando me nombras, Juan, soy tu cautivo.
Cuando me dices, Juan, Juan de los muertos.

Cuando me dices Juan, Juan de mi signo
se desordena el magma de mis versos.
Cuando pronuncias: Juan, no hay más caminos
que elegir en tu nombre de altos vuelos
la majestad de levantar destinos
en órbitas lejanas. Si tu verbo,
si tu cantar de pan, tu son de vino
me invoca: «Juan, mi Juan el marinero»
a mis montes regresan los olivos,
los albatros quebrando mis silencios

Cuando me dices Juan, Juan el marino,
cuando me llamas Juan, regreso al templo
que fundé para ti donde los hilos
del tiempo hacen posible los te quiero.

Cuando me llamas Juan, soy ese tipo
que levanta por ti mareas, reinos.
Cuando me llamas Juan, soy tu marido
en esos tentadores multiversos.

Cuando me dices, Juan, vuelvo a estar vivo,
Dios protege en sus aguas el secreto;
nuestro secreto, amor, donde existimos
en un castillo al borde del desierto,
y solo Dios conoce nuestro exilio
nuestro rito desnudos contra el miedo,
solo Dios reconoce tus vestidos
mis sombreros Fedora, mis misterios.
Solo dios sabe, Octavia, que dedico
al borde de tus labios mientras vierto
mi seminal victoria en tu delirios.

Cuando me llamas Juan, mi Juan el marinero,
mi capitán, mi Juan el de los himnos,
soy tu escritor mercante extra terreno
y en tu fiesta de pájaros y trinos
quiero morir de amor, morir en verso.

John Madison

Rima alterna

Orlando Estrella

Verso blanco
Mi compañera se marchó

Mi compañera se marchó de incógnito.
No me explicó porqué.
No se fue de mi casa, nunca vivimos juntos,
nuestro hogar era el mundo, los caminos, las calles,
los comedores, los hoteles chinos,
-ahí no hacen preguntas-,
les importa un carajo quien eres o quién no.
Y esos pormenores nos definían bien.

Nos gustaba estar solos, apartados de otros.
Amigos de los márgenes, algo así como antítesis,
un gran contraste, pues, éramos militantes
de un partido de masas que procuraba gente
para lograr sus fines.
No fue nada chocante que juntos renunciásemos
maldiciendo los putos dirigentes de mierda
que resultaron ser rateros consumados.

Una mujer brillante, cuyo sueño mayor
era ser contratada como investigadora
como cualquier ratón de biblioteca.
-Aunque esté recluida y que además me paguen-
musitaba con brillo en su verde mirada.

Pero un día se fue, se apartó sin decir,
sin dar explicación. Quizás sea frecuente
en la mujer independiente, libre.
O tal vez cometí un disparate
y no lo supe.

Si no fuese habitual mi mundo solitario,
me hubiese golpeado con una mayor fuerza
ese trance de vida que recuerdo
como el mejor poema que se adapta a mi estilo.


Mea culpa

Resultaría fácil
culpar a los demás de que haya huecos
en las opacas vetas de espejismo
con las que construí mi gazapera.

Afuera luce el sol
y por los agujeros se cuelan alfileres
que inoculan el frío de la luz.

Aunque me convirtiera en diosa de ocho brazos
los dedos no serían suficientes
para tapar las brechas que persisten
en su afán de mostrarme mi ceguera.

Culpo a mi cobardía y su tesón
en hacerme mirar hacia otra parte,
mientras tarde o temprano
los problemas que un día no enterré
revientan para abrir otro boquete.

Ángeles Hernández Cruz

Verso blanco

Eva Lucía Armas

Romance heroico

La playa de la Pena

Érase una vez un hombre antiguo
que amaneció en la playa de La Pena.
Con él había un esplendor de antaño,
su vieja Excalibur, cuatro quimeras,
un paquete con voces que cantaban
mojadas bajo el sol pero despiertas,
algunos abalorios hechiceros
que olían a Patchouly y hierbabuena,
conjuros varios, notas, mapas, pan
y un fuego que alumbraba en cualquier niebla.

Iba a pie por el mundo con sus cosas:
sus viejos dinosaurios de otras eras,
sus aves fabulosas e imposibles,
su voz de encantador de las tormentas,
su flauta de Hamelín, sus distracciones
y su red cazadora de cometas.

Un día, tuvo un barco y fue pirata,
un corsario en busca de una reina
y anduvo por «los mares procelosos»
al timón de su propio Perla Negra
que del norte hasta el sur viajó la aurora
buscando una esperanza aventurera.

Érase un hombre antiguo, un hombre extraño,
con manos de apartar todas las piedras
el que llegó a la playa dando voces
como conquistador de las sirenas
y levantó castillos y almanaques
puso en horario el reloj de arena
y se sentó a esperar tejiendo pájaros
a que se enamorara de él la ausencia.

La Pena lo miraba, alucinada.
Toda la isla olía a madreselvas.

CATORCE VERSOS

Jordana Amorós – España

Pájaro de nieve

En mi ventana canta un pájaro de nieve
con un trinar que habla de un pálpito aterido,
una canción que nunca jamás había oído
y al escucharla toda mi alm
a se conmueve.

El color de la tarde ya no es tan desvaído
y al tiempo sin textura le presta su relieve.
Hay una bocanada de suavidad que mueve
el aire, que en su encaje se queda entretenido

Con qué fervor quisiera aprender de su humilde
manera de olvidarse de sí, de hacerse albricia,
más allá de la anécdota del helor y su duelo.

Y practicar el arte de colocar la tilde
de mi decir en donde la voz se hace caricia
de pluma y se ensimisma en el placer del vuelo.


Sergio Oncina – España

La barca

Mecido por el mar, seguro y reo,
a merced de los vientos y la luna
soy Calypso, Penélope, Fortuna
y rico en soledad, cuanto deseo.

El cielo me acompaña y no me creo
esta suerte de calma, la oportuna
cadencia musical bajo mi cuna,
la extrema suavidad del bamboleo.

No lucho contra nadie en el camino,
barquichuela sin quilla a la deriva,
madera sobre el agua sin destino.

No sueño y tengo estrellas al alcance,
luciérnagas que miran desde arriba
la inconsciencia infinita de mi avance.


Morgana de Palacios – España

Relampadare

Quién no abrazó interminablemente
en un instante íntimo de exilio,
la plenitud salvaje de un idilio
hecho de carne y vísceras y mente.

Quién no abortó irremediablemente
algún amor gestado, sin auxilio,
en cualquier clandestino domicilio
ante un prohibido hogar de llama ausente.

Por el relámpago de un disparate,
quién no ha muerto en la gloria de un combate
de amotinadas sábanas furtivas,

para resucitar, sola y desnuda,
con la triste impudicia de una viuda
de muerto corazón y manos vivas.


MINIMALISMOS

Antonio Alcoholado – Reino Unido

Milagros y prodigios

Te he visto obrar milagros y prodigios
y sin superstición te rindo culto:
la eternidad es un momento juntos;
la inmensidad, andar tras nuestros hijos.
El universo es suyo en tu homenaje.
Si hay dioses, se asemejan a tu imagen.


William Vanders – Venezuela

Agrietado

Se nace agrietado,
luego el rayo se hinca en la fisura
y uno queda anochecido y ciego.


Isabel Reyes – España

Haikus

Agazapada
la mar borra la noche
y olvida al cielo.

En la rotonda
se oscurecen los árboles.
Pasa una nube.

EN VERSO LIBRE

Silvia Heidel – Argentina

Imagen by Jackson David
Flashback

Una nube se ha detenido sobre el piso del cuarto.
Bajo su sombra que no se decide a ser lluvia,
lloran sin lágrimas los ojos de mis difuntos.

Acodados en la férula del recuerdo
son bocas descosidas de silencio,
gestos que bailan con pie mesurado
alrededor de la mesa vestida de fiesta.

Han sentado en mi falda
las llanuras oscilantes donde rieron,
sus huertas y jardines de corolas gigantes
hoy brotan en mi alfombra.

Han puesto a cantar al rescoldo
levando misterios con sus manos blancas
que regalan duraznos al aire
y musitan claves a sus bandoneones.

Un tobogán de niebla los trajo a mi puerta,
ahora que mi memoria opone su espalda
a este catálogo que naufraga en un vórtice.

Y ese fogonazo dispara su carta sin remitente
en el ojo del espejo que me mira desolado.
Impasible.


Love and peace

Hay olor a sol de verano en el aire,
bajo un cielo tan brillante que lastima.

Se diría que los eucaliptus
transpiran tristezas mentoladas,
heridos por el flechazo de siriríes
ajenos a tanta escaramuza.

Escucho el golpeteo del oleaje
acariciando mis perímetros.
Reincido en ejercicios de olvido,
hamaca de viento que lleva y trae
sobre las luces flotantes del día.

Mientras, descifro titulares:
los leo al revés,
en diagonal,
en zigzag,
en jeringozo.
Están escritos en idiomas que no entiendo.
Deberíamos inventar un esperanto
que no sea polilla de biblioteca.

Todo esto, para no ver los peces
que alguien arrojó en mi living.
Una tonelada de peces muertos.

Te lo dije.
No es un lugar seguro.
Nunca lo fue.
Solo en tu cabeza love and peace.
Solo en tu cabeza.


Jesús M. Palomo – España

¿Cómo te llamas?

Me llamo Jesús por mi abuelo.
Me llamo Jesus,
sin tilde,
porque mi padre lo escribía así.

Me llaman Jesus, o Palomillo
pero me han llamado de todo.

Cuando era niño me llamaban Chusete
y lo aborrecía.
Así aprendí a hacerme el sueco.

Y, cuando era menos niño,
me llamaban Txus,
porque había otro que portaba el mismo nombre
y yo,
que llegué más tarde,
no era merecedor de ser nombrado completo.
Por eso ahora siempre llego antes que los demás.

Cuando me salio el bigote
y me afeitaba con la cuchilla de mi padre
nadie me llamaba.
Dejé de ser popular.

De vuelta de Mallorca,
me llamaban maricón.
Pero lo decían por lo bajini,
no fuera a ser cierto.
Con mis plumas los descolocaba.

Tuve una época
donde casi ninguno de los que conocí
recuerda mi nombre.
Aún hoy, algunos ni me saludan.
Cómo iba a saber yo que estaban casados.



Siri dice

Avanzo hacia un destino
que aún no soy capaz de vislumbrar.

Lo hago usando mapas antiguos,
pues renuncio
a ser mecido por el ge pe ese,
que me hace sentir atontado,
adormecido entre las consignas.

«Siga adelante en la rotonda
si quiere llegar a la Gloria»

Pues no quiero.

Desisto de ser guiado por satélites,
a pesar de las ocasiones
que me he precipitado por ruas embarradas,
por rutas que acaban en basureros
y en cuevas ciegas.

Avanzo errando,
sin que nadie me controle
y voy encontrando recovecos insospechados.

Solo cuando en la niebla
me abandona hasta la orientación,
se me antoja poética la última voz de Siri.
«Ha llegado.
Su destino está a la izquierda».