«Notas dispersas sobre el hacer poético», por William Vanders

Que cada quien sea libre y haga sin menospreciar la libertad del otro ni mucho menos impedirla. Harto complicado cumplir con esto último a la perfección, pero el intento es lo que vale porque sé que existe gente que lo logra.

Digo, no es palabra santa ni pensamiento obtuso: uno deja de ser religioso cuando ya conoció la religión. Y que uno deja de ser poeta de las formas cuando ya las dominó. Es como reconocer la profundidad de la pobreza luego de haber vivido en la opulencia. Quizá no me sepa explicar. No tiene porqué ser como lo expreso. Quiero expresar y no me importa repetirme en recodos semánticos inentendibles, que la razón pura me dicta y el deber ser también – o el sentido común en todo caso-, que: la poesía pura está caduca, aquella de la métrica y rima, que debo primero conocer todo de ella para negarla y hasta para hacerla trizas y quitarle mérito a capricho o con razón. En todo caso, no fui, ni soy ni seré un aprendiz de la poesía de la formas rimadas. Hice el intento de aprenderlo en la escuela primera y luego en la universitaria; también de forma autodidacta…pero me fastidié de contar, de medir, de rimar…no me gusta. Me molesta tener que hacerlo, no es la forma que se adapta a mí, ni es un traje que pienso le quede bien a lo que quiero decir. Sin embargo, y ya con este sin embargo estoy dando muchas vueltas al asunto, existen inumerables poemas rimados que son obras maestras, y no obras maestras porque algún consagrado las haya escrito, sino obras magistralmente escritas por personas con el oficio, el tiempo y la pasión necesarias para esculpir el ángel invisible,dormido en el cerebro, y marcarlo en letras para mostrarlo al resto del mundo que dice existir.
Sí hay algo qué destacar en la versificación de hoy es que pretende ser como la de otrora….y es que existen excepciones en las que el contenido, atado a una forma vetusta, se adapta a la realidad actual. Evita decir lo trillado e intenta hablar del hoy sin la misma flor y el abejorro de ayer.

Me estorban cosas de mí y me decanto y me releo para sacudirme lo que no me gusta.

A veces no me creo lo que fui o me impresiona lo que dije, es parte de la vida y sus transiciones. Hay tantas cosas que he escrito que quisiera quemar u olvidar; las leo tan imperfectas, tan inexactas, tan poco agradables para mi entendimiento actual. Comprendo, además, que fueron épocas y que nacieron así y que ya poco puede hacerse, salvo versionar la idea. Las transformaciones que haga sobre lo antiguo quizá vengan, quizá ya las esté haciendo o quizá las deje sin ignición.

La fama del poeta

La muchedumbre, el poeta que la mira y se regodea en ella, tiene la tendencia al reconocimiento externo antes que de sí mismo y de su obra. Allí hay una sonrisa que tiene hielo, como diría Nietzsche. Una farsa de sí que es como un espejo roto del alma de uno, un espejo remendado con goma de mascar de esa que olvidan a propósito bajo las mesas. Una mentira del tamaño del ego de sí mismo. De modo que el autor gozará de tanta autenticidad en la medida que se aleja de la gente, del reconocimiento o galardones y en la proporción para que su pensamiento se amalgame en el corazón de la gente que adopta el mensaje, lo hace suyo y lo transforma según su percepción.

«La sabiduría de las fresas, «Buscando la sombra del relámpago», «Me designo», poemas de William Vanders

Imagen by Joshua Woroniecki

La sabiduría de las fresas


soy presente
un hoy de abeto tallado en el pasado
pincelando el aquaforte futuro

no me molestan los ayeres

algunos visten camisas ocres
otros son traslúcidos y soñolientos

me visitan por las mañanas
bebemos sonrisas
y untamos el pan con la sabiduría de las fresas

luego

las sombras

me susurran las manzanas que vendrán en diciembre
y duermo en el ahora del hoy mismo
para despertar

de nuevo

junto al reloj de lo que voy siendo



Buscando la sombra del relámpago



Si hay oscuridades atrapadas
en los ojos de las aves
y cansancios varados en las piedras:

¿por qué los filósofos mueren
buscando la sombra del relámpago?

¿por qué hay libros con hambre
acurrucados en las raíces de los árboles?

¿por qué los sonidos sueñan
con el vuelo del silencio primigenio?

Por si las dudas,

zurcí bocas a mis suelas para hablar con dios
en la grieta del asfalto.



Me designo


Bucanero sobrio y ladrón de ladrones.

Punto.

De tiempo libre para los oficios libres.

Punto.

Sufriente inmolesto y mártir justificado.

Doble punto:

Vivo en una buhardilla junto a mis muertos,

colecciono playas redimidas en caracoles viajeros,

duermo sin almohada y con espada al cinto,

me asombro fácilmente y sueño el mar,

despierto sin sol y alimento a mis polillas.

Punto y aparte.


Luego, soy feliz.

No me hambruna la soledad.

William Vanders – Venezuela



William Vanders. Nacido en alguna parte. Vive en una isla. Se dedica a buscar tesoros. Le gusta ir a la montaña y caminar por la orilla del mar.Nadador. Bucanero sobrio y ladrón de ladrones. De tiempo libre para los oficios libres. Colecciona playas redimidas en caracoles viajeros. Duerme sin almohada y con espada al cinto. Se asombra fácilmente y sueña el mar. Despierta sin sol y alimenta a sus polillas. A veces pinta y dibuja. Como Tirso Vélez, quiere con su pincel, pintar no la flor sino el aroma. Hace intentos por escribir para que la palabra sea útil.  Cree que El poeta de la poesía, es un martillo donde hay tachuelas sobrantes para las penas.  Que es un mar inmortal en piedras dormidas. Que el poeta es el no poeta. El que mira el cielo en los ojos del río. El que invisible, quema su nombre en los surcos de las manos. El que con palabras dice la lluvia y con susurros escribe el fuego.  Además, bebe vino y es vegetariano.

«Salvador», relato de William Vanders

Imagen by Reimund Bertrans

Conocí a Salvador cuatro años antes de su muerte. Murió de cáncer en la garganta.

Salvador fue un hombre de barba más cenicienta que blanquecina. Fue un servidor de las letras, más por su acendrada imaginación, que por rigurosidad académica.

Autodidacta de la palabra, describió el proceso de desnudez de las piedras. Dijo que las piedras se desnudaron para copular aleatoriamente con la lluvia, el aire, el frío, el calor, la humedad, el líquen, la luz, la oscuridad y el tiempo. Que su desnudez es signo fijo y secular de una memoria múltiple: la memoria de los secretos. Que su desnudez solidificada fue arena, es arena y será arena. Que duerme despierta estando dormida y queda vestida estando desnuda. Que habla sin ojos y mira sin boca. Que camina estando quieta y estando quieta respira. Que desnuda está siempre pero, a veces, se enamora del líquen y se transmuta en agua para viajar al río, ser meandro y beber el mar.

Salvador murió de cáncer en la garganta. Acaso una piedra en la voz de la palabra, acaso una palabra en la voz de la piedra.

Salvador.

Murió.