DEBATES MÁS, DEBATES MENOS

Divague sobre el hacer literario, por un tal Ronco Campana

(Imagen by Nathan Osman)

No existe ninguna novela, ningún cuento, ningún poema del que broten bananos, ni poema social que elimine a la doctrina asesina. La literatura es suplemento de entretenimiento y no va más allá de ello, luego podría ser otra cosa, como por ejemplo, útil para crear camaradería, como formadora de criterios de autoayuda, para resolver el enigma del hombre o hacerse preguntas sobre la sombra del rayo; pero la literatura no alimenta a nadie y bien puede desaparecer que no haría falta. Cuanto menos llena está la panza menos necesaria es la literatura. Somos una minoría rara que hace lo que hace y por ser minoría no estorbamos; salvo contadas excepciones de escritores que usan la palabra para retar al dictador y el dictador los desaparece…y fin del problema.

No hay balas en las letras.

La literatura es, en realidad, ira que no daña.

Luego si queremos, podemos hablar de la literatura que enseña, que es otra cosa, de la literatura que hace manuales, que también es otra cosa, pero la literatura del poema, de la novela, del cuento, en el 99% es mero entretenimiento que poco modifica al mundo.

Escribe sobre el hambre y observa si el hambre termina. Somos una sarta de necios que quiere cambiar al mundo con una flor.


Réplica 1:

La literatura fabrica pensamiento. Uno lee y su cerebro y su rango de pensamiento se amplían y cuanto más lee, más se amplían, porque observa diferentes cosas, diferentes posturas, diferentes dilemas, a lo largo de la testificación de la historia humana que hacen los escritores.

La literatura expresa épocas, movimientos, registra las revoluciones humanas, trabaja sobre las evoluciones de la especie, le habla al hombre profundo para despertarlo y luego, el trabajo será de ese hombre profundo y sus análisis y sus visiones sobre los planteos. La literatura interroga, sugiere, duda, afirma, pero es el hombre el que crece cuando se sumerge en ella y trabaja las conclusiones en sí, que todo lo leído le aporta.

Por supuesto que si te mantenés en lo superficial de estar discutiendo si la métrica sí o la métrica no, nunca vas a llegar al hecho básico de la elaboración de pensamiento y de conciencia que se hace a través de la escritura y que deviene en la lectura sus frutos.

A través de la literatura, llegan otros mundos y otras posibilidades. Llegan otros razonamientos y otros cuestionamientos. Llegan otras historias que no quedan en el metro cuadrado muelle en que mucha gente vive.

Los escritores han pertenecido a los movimientos que cambiaron el mundo, desde que el mundo es mundo. Porque aunque el hombre se mantenga dentro de su condición humana, el mundo ha ido cambiando desde las cavernas hasta ahora. Y han estorbado en todos los tiempos, en todos los siglos y seguirán estorbando porque ponen las cosas en cuestión.

Hablo de literatura. No de estupideces pasatistas, que sí, no molestan a nadie que no sea un escritor de raza.

Cito:

«Cuanto menos llena está la panza, menos necesaria es la literatura».

Sorprendería saber cuánta gente con la panza vacía se ha aferrado a la literatura para aguantar el día. Y cuánta gente atrapada en el miedo, ha encontrado en la literatura una puerta para llegar a la mañana.



Réplica 2 :

Es seguro que si la Literatura en toda su extensión no existiera, no existiría la humanidad tal y como la conocemos hoy en día. La comunicación entre seres humanos y la evolución a nivel científico, sociológico y mental que tenemos, tampoco se hubiera dado.

La Literatura es útil para el hombre, tanto como lo es la Medicina, la Psicología y la Psiquiatría, las Ciencias de todo tipo, etc. etc. y todo lo que se base en la transmisión de conocimientos por escrito de una generación a otra. Todo, en definitiva, de lo que se compone la civilización.

No digamos ya de la utilidad de la Industria Literaria, a la hora de dar de comer a todos los trabajadores que integra, algo más que bananos ¿verdad? ¿O vamos a decir que todos los asalariados de Editoriales, Imprentas, Librerías, Concursos, profesorado de colegios y Universidades, y todos los etc. que quieras añadir, carecen de estómagos reclamantes?

Hay Literatura (perra) que no cambia al hombre por carente de todo aquello que pueda motivarlo al cambio, y la ha habido y la habrá (excelsa) para cambiar al hombre desde lo más profundo. Si tú realmente crees en eso que estás diciendo ¿Qué haces escribiendo lo que escribes? ¿Por qué no te dedicas a algo que sea más que un hobby para matar tu tiempo de aburrimiento llevando la contra al que pueda ser considerado un escritor de raza que hace muchísimo más que entretener a su prójimo, teniendo en cuenta, además, que el entretenimiento, en sí mismo, es lo mejor que puede sucederle a un hombre, mientras aprende de todos los demás hombres?


Réplica 3:

Efectivamente, el contenido de un libro, un poema, una historia, todo lo que es el lenguaje oral y escrito no da un banano porque no es un bananero como tampoco dará peras ni naranjas.

Ahora, la literatura, en cualquiera de sus ramas, da un fruto excepcional empezando por el aprendizaje, el cocimiento, la belleza y además tiene la capacidad de hacer salir de uno mismo para dejarse llevar en otro yo que nunca imaginaríamos sin la literatura, porque es ella quien lo mueve.

Precisamente fue el lenguaje lo que determinó al hombre como tal. La literatura es el alimento de la mente, se nutre con ella, expande el pensamiento, incluso enriquece el lenguaje. Bien podría decirse que es un círculo con dos centros.

Si yo tomara una partitura y la leyera no me diría nada, pero si la entendiera, si en ella sintiera y comprendiera la música, qué mundo se me abriría.

Hay que saber leer.

La literatura es una necesidad y un bien inmaterial.

Respuesta:

Si bien Ronco Campana dice cosas duras, al analizar en profundidad lo que menciona, no cabe duda que, apartando su vehemencia, hay detalles que pueden aportar si se logran ampliar. Porque no hay guerra que conozca fin solo porque una novela se publique, ni hambre que cese porque un poeta escriba un poemario. Sí existe la comprensión colectiva de una tragedia a partir del aporte de un escritor, ya eso es mucho decir. Pero la Segunda Guerra Mundial no la terminaron los poemas, sino las balas de verdad. Luego la literatura hizo su parte, integrando lo ocurrido a la memoria colectiva, detallando la atrocidad para que las generaciones por venir se dieran por enterado.

Intervienen: William Vanders (Venezuela)-Gavrí Akhenazi (Israel)- Morgana de Palacios (España)- María José Quesada (España)

ANTIACADÉMICAS

Influenza del freddo (nell’anima)

por Gerardo Campani (z’l)

Del verbo influir parten los sustantivos influjo e influencia. Ambos sustantivos son sinónimos, y la razón de esta duplicación podría estribar en ciertas leves connotaciones en el uso, en la apenas ganancia de contar con dos términos de distinto género, o sabrá Dios en qué. La cuestión es que el verbo procede del latín influere (influir), y los sustantivos, de influxus (influjo) y de influens–entis (influencia). Hasta aquí la lógica.

El verbo influencia no existía hasta no hace tanto; luego se lo registró como galicismo, y por último se lo incorporó en el DRAE sin más noticia que la siguiente:

influenciar. tr. influir.

Es decir, se incorpora una palabra al diccionario que es sinónimo de otra existente, con la única noticia de diferenciación que se trata este de un verbo transitivo, en tanto el original (influir) es intransitivo. Esto (el hecho de que se trate de un verbo transitivo) significa que no se puede decir que tal cosa influencie, sino es preciso especificar a qué. ¿Se entendió? Digo que es correcto decir tanto “el amor influye” como “el amor influye en la salud”, mientras que no es posible decir “el amor influencia”, sino que es preciso especificar: “el amor influencia en la salud”. Aparte de sonar horrible a los oídos y a la vista cultivados en la lectura, no se observa ninguna ventaja semántica ni expresiva con este sinónimo.

Pero los cráneos académicos, expertos en lingüística, filología, gramática, semiótica y cuanta disciplina tenga que ver con las Letras, no se quedaron en el sustantivo: validaron asimismo el adjetivo del caso: influenciable. Veamos qué dice el DRAE:

influenciable. adj. Que se deja influir fácilmente.

Nótese que dice «que se deja influir» y no «que se deja influenciar». ¿En qué quedamos? ¿Se trata acaso de un acto fallido en el que se menciona al más correcto de los verbos en lugar de referirse al verbo admitido del cual proviene el adjetivo?

La verdad es que (viva la Pepa) podrían haber acuñado el adjetivo influible, con más razonabilidad* etimológica, pero prefirieron convalidar influenciable, de la misma manera que hicieron con influenciar.

Ahora el despropósito es un hecho consumado: la Academia es (¡ole!) influenciable por la presión de las masas populares, y la palabreja es oficial, y a todo el mundo (también a mí) le suena pipa. El tiempo todo lo cura, of course, hasta los barbarismos.

La pregunta es: ¿para qué cárax queremos entonces a la Academia?

* Esta palabra no existe, aunque debería. Demandaría una mínima línea y ningún esfuerzo intelectual. A saber:
razonabilidad. f. Calidad de razonable.
Los expertos doctores prefirieron ocupar esa línea con la siguiente antigualla:
razonal. adj. ant. racional.

ARTÍCULO

El arte según Madison, por John Madison

¿Qué se necesita para hacer arte? Yo diría que valentía, y mucha personalidad por encima de todo, porque desde ya afirmo que no es suficiente con la formación técnica. Si todos los artistas del planeta se hubieran conformado con lo que ya estaba hecho sin traspasar la línea que cuenta para la academia como no permitido, aún estaríamos pintando en las cavernas.

¿La técnica es necesaria para crear cosas que nunca se han hecho? Por supuesto, ¿cómo valorar lo hecho para posteriormente abrir una nueva brecha? ¿El autor puede hacer lo que le de la gana con su obra, aunque no entre dentro del canon? Por supuesto.

Tu Arte: ¡Tu responsabilidad!

En muchos casos, los procesos de experimentación han dado lugar a movimientos culturales nuevos y a la modificación de los manuales.

Los valores del individuo: historia personal, infancia, geografía, dogma, religión o filosofía, condición socioeconómica, familia y tabúes condicionan la forma de hacerlo. De ahí que no se pueda medir la manera en la que cada cual se exprese. La literatura es una instantánea de esa realidad que el creador vive y exorciza. De modo que, también, es una credencial que habla de ese autor como parte de un conjunto «x» con un comportamiento sociocultural «x». Lo llamamos «estilo». Cada cual el suyo.

A menudo uno tropieza con gente que pretende cambiarle el estilo: «No entiendo lo que escribes, porque tus palabras o tus versos no son iguales a los míos», «Yo no diría jamás eso con las palabras que tú lo has dicho»… válido para actividades como pintar, cocinar, actuar, fotografiar… En fin, Arte.

Para TODO.

Enfrentar un texto, en prosa o en verso, con esa libertad de la que hablo requiere valentía si se pretende retratar y sobrevivir a toda una jauría de inquisidores más interesados en la quema de brujas que en el respeto por el marco que rodea la expresión escrita.

Me es imposible marcharme sin recordarme a mí mismo el concepto real de Arte: Arte, del latín ars, artis. Actividad o producto realizado con una finalidad estética y comunicativa.

En fin, comunicar va de «hacer Arte».

EDITORIAL

La guerra y la paz, por Gavrí Akhenazi

Dejé de publicar la Revista hace más de un año.

Mientras leo el último editorial pienso que el ’23 resultó para mí un año especialmente espantoso y para no mejorar, me cayó una guerra y desde ella escribo este editorial.

Aunque hubiera abandonado la Revista un año antes y el ’23 haya sido poco halagüeño para con este tipo de emprendimientos, la Revista puede resultar también un punto de fuga desde la realidad hacia otros territorios dentro de los cuales se puedan imaginar mejores mundos, mejores perspectivas y se busque creer en la desnortada nobleza de los seres humanos y en que aún, aún, repito, existe en el hecho creativo un refugio al que no llegue ni la mezquindad –que llega igual– ni la envidia –que golpea la puerta todos los días– ni todas esas minúsculas miserias –de las que nadie se salva– obstaculizadoras de la mejora como humanidad.

El arte, cualquier arte, apela a los resortes íntimos y los devela en su esplendor o en su crueldad.

Expresa lo secreto de los hombres tanto como expresa lo visible, porque en el arte en sí hay un desnudo como el del «emperador», que devela los paraísos y los infiernos interiores del artista.

La literatura, ficcional o no, es un retrato hablado del hombre y sus circunstancias.

Desde lo primordial a lo superfluo, la literatura es un espejo que ofrece, si se sabe mirar dentro de ella, el cuadro humano en todas sus secuencias y procesado desde todos los ángulos a los que alcance la diferencia inconmensurable de perspectivas.

Hace tiempo que me pregunto si todas esas personas, todos estos artistas literarios que confiaron en el proyecto Ultraversal y perseveraron desde la constancia, el apoyo irrestricto y a pesar del pesimismo y los demasiados temporales que capeó este timonel, se mantuvieron fieles y no cejaron de dar batalla en la trinchera, no eran los que había que llevar hasta el puerto más cosmopolita que existe, sin dudar: el arte.

Creo que la publicación de la Revista con la producción de todos ellos es una forma de agradecimiento a los que todos los días hacen posible el proyecto porque no ponen palos en la rueda y si la rueda se encaja en el barro, se bajan del carro y empujan; porque no quieren torcer el timón para convencer al timonel de seguir otro rumbo aunque discutamos de tanto en vez sobre si hay que atravesar entre Escila y Caribdis; porque aún dan debate y proponen ideas; porque a pesar de todo no arrian las velas y frente al huracán han aprendido a escorar; porque están ahí, aprendiendo y enseñando desde el buen hacer de la convivencia armónica, aunque haya irrupciones disruptivas que enrarezcan el ambiente por momentos y porque todos escriben de puta madre (soy yo el del editorial, así que me soy fiel a mí mismo en el idioma).

Que Ultraversal lleve veinte años y que yo quiera retomar la Revista, es mérito de la rebeldía de todos los que no sabemos cómo darnos por vencidos, aunque ya tengamos muchas menos plumas y debamos aprender a volar con los huesos.

Los gustos hay que dárselos en vida.

CONTRATAPA

«Cuando escriban la vida los buenos/al final, vencedores…»

Silvio Rodríguez

Los diarios de la guerra

Traduttore traditore

(el 7 del 10)

Estoy en duda de cómo traducir esta palabra al español desde el hebreo. No sé si es «levemente» o «ligeramente» humano.

Para el caso, siempre se me presenta el mismo problema: la frondosidad del español.

Resulta que como soy escritor cuando no soy soldado tengo un español algo frondoso y por lo tanto se me suelen presentar estas disyuntivas y como estoy en un mal momento, digamos que no percibo realmente si como me acaba de catalogar frente a otro compañero el muchacho que ya terminó de vomitar es: levemente o ligeramente humano, refiriéndose a mí.

«El comandante parece ligeramente/levemente humano».

Por lo menos, puedo imaginar en español que empleó un adverbio (ya que en hebreo es un adjetivo) que aporta a mi conducta una breve cualidad y no me transforma, como han sabido hacer otros, en un «inhumano» a secas.

Es que a pesar de lo que pueda sentir interiormente, si me permito sentir algo, termino como el soldado: vomitando y llorando.

Uno aprende a avanzar por las películas de horror viéndolas como películas; abstrayéndose de pertenecer al fotograma y considerar al fotograma por el que camina, solo eso: un fotograma que sucede a otro fotograma y así, conforman uno detrás de otro, un movie de terror.

Perder la compostura no está en mí y siempre me han cuestionado, bien no sé por qué, esa especie de frigidez mientras a mi alrededor hay llantos, vómitos e imprecaciones y rezos de todos los tonos y colores.

Yo puedo mantenerme fuera de la película y que todo lo que veo sea una película por la que camino como algo superpuesto, pero sin tener nada que ver. Algo como cosas de otros que no me afectan o que no deben afectarme.

Sólo es estar ahí, dotado de la más absoluta impermeabilidad, protegido en una coraza de amianto, incombustible frente a lo horroroso del comportamiento humano.

Mi coraza no tiene poros. Nunca tuvo poros.

Sé qué tengo que hacer y cómo debo hacerlo y de ahí no me saca ni Dios, porque si acaso en un momento me saliera de ser una figura pegada sobre un escenario que no le pertenece, me rompería irremediablemente en no sé cuántos pedazos que ya no podría volver a reunir, como es imposible reunir los pedazos que todos estamos viendo o buscarle los ojos a los niños a los que se los arrancaron o identificar el brazo de esos mismos niños entre el resto de brazos que hay aquí.

Quizás, es como el trastero de la juguetería de un monstruo, en el que podemos encontrar trozos de pequeños muñecos mutilados, sin ojos, sin brazos, sin cabezas y aunque revolviéramos las estanterías de ese monstruoso trastero calcinado, el estado de todo es tal que pegaríamos ajenidades hasta que todos esos muñequitos se transformaran en pequeñas creaciones de un nuevo y a su vez monstruoso Dr. Frankenstein.

Mi unidad nunca toma prisioneros. Mi viejo comandante solía decir que «esta Unidad no junta basura en cajitas y se la lleva de recuerdo».

Cuando ocupé la comandancia, apliqué a rajatabla esa premisa. Sin embargo, con estos jóvenes que no pertenecen a mi Unidad y que conforman una improvisada tropa de soldados de los caminos, hemos capturado algunos infiltrados. Quizás, el propio desconcierto nos lleva a no matarlos para que, a través de ellos, podamos entender con claridad qué es lo que está pasando.

Tuve que ordenar «capturen enemigos» pese a mis propios deseos de exterminio sin indulgencia que, generalmente, es lo que practico. Sin indulgencia.
Por eso, escuchar la expresión de ese joven soldado que ha vuelto a su menester, me ha llamado la atención.

Cuando mengüe este ensordecedor ramalazo de muerte, recordaré preguntarle por qué dijo eso, mientras me miraba extrañamente fascinado.
Termino de enterrar el pajarito en un hueco que hallé entre todos los huecos. Lo cubro con restos de tierra y escombro, en un jardín destrozado por el ataque. Aún sobreviven algunas flores.

Me incorporo, recojo mi fusil y sigo caminando como si la película volviera a rodar luego de una mínima interrupción de la energía eléctrica.

De: Levemente humano (cartas y diarios de guerra)

גברי אכנזי

EDITORIAL

La prosa, esa otra música

por Gavrí Akhenazi

Es una opinión instalada esa de que la prosa no posee ritmo a diferencia del poema, del que también se acota que un poema es casi una composición musical.

¡Cuán errado está en realidad ese concepto acerca de la prosa! Es de verdaderos ignorantes aferrarse a tal premisa porque justamente lo que hace fluente y seductora una prosa es, además de su contenido, la forma plástica que se imprime a ese contenido o sea, el ritmo, la cadencia, la singularidad sonora de los componentes del fraseo.

La elasticidad o plasticidad de una prosa depende exclusivamente del dominio idiomático del escritor ya que para construir sustancia armoniosa que atrape con su discurrir ágil al lector, es necesario concebir un ensamble sonoro elocuente, ajustado a los tempos necesarios y curvos que posee el idioma, o sea, aplicar un ritmo interno, un ritmo propio, que modifique con curvaturas la rigidez propia del fraseo.

Frente a la poesía con sus reglas y su técnica que cualquiera puede aprender si se esmera  –aunque tenga que escandir con los dedos para dar con el cómputo silábico que cuadre con el metro elegido– en la prosa hace falta una percepción artística notablemente más inaprensible, más delicada.

Un escritor trabaja en prosa con variantes invisibles y las aplica para virar, en cualquier momento, de acuerdo a aquello que esté intentando reflejar.

La prosa no posee convenciones como sí podemos ver en un poema con métrica y con rima construido en base a ajustarse a ellas.

En la prosa, el sonido y su movimiento, el flujo de fraseo y su color se modifican en estilos variopìntos según  aquello que el narrador esté intentando transmitir a su lector.

De ahí que para un escritor que se precie de serlo es imprescindible conocer el peso exacto de las palabras que emplea en el armado de cada una de las ideas, ya que cada palabra es o representa un matiz, algo específico y único que, en realidad, no admite sinónimos si uno decide emplear el potencial de cada vocablo en el espacio justo en el que ese vocablo y no otro, cabe.

 Entonces, cuando se sabe mensurar el justo peso de cada palabra según cómo ésta se coloque en el puzzle de la armonía contextual, se consigue centrar todo el interés de la idea.

Basándonos en la elección y en la posición en la que ajustamos los términos,  podemos impactar en el lector tan solo con una palabra que, colocada estratégicamente y persiguiendo su único y exclusivo matiz, logre asombrar o conmover.

Aunque en la actualidad todos escriben y cualquiera se llama a sí mismo escritor porque consigue redactar decorosamente (y a veces ni eso) dentro de los cánones primarios de la escritura, la prosa narrativa (y por qué no las otras) requiere muchísima más elaboración que el poema para alcanzar calidad pero por sobre todo, requiere dominio, léxico, conciencia sonora, estilo estético, sutileza, minuciosidad y búsqueda.

Narrar no es soplar y hacer botellas como piensa la mayoría.

Narrar es proponerse construir una verdadera catedral solo con el idioma en que se narra.

COMENTAR TEXTOS

por Gavrí Akhenazi

Comentar un texto literario no se remite al simple hecho de hacer una lectura superficial del mismo y agregar al pie tres palabras amables y un saludo afectuoso al autor.

Comentar un texto implica un compromiso para con ese otro al que comentamos.

Así como se establece una relación estrecha entre autor-lector, la relación inversa no es menos importante.

El tomar medida del peso de la lectura de un texto es tan necesario para el autor como para el lector es importante que esa lectura lo movilice y le produzca los impactos exactos que motiven su emoción.

Cuando se expone una obra, se la da a juicio. Por supuesto que el ego artístico desea que sea bien recibida y que todos opinen sobre su calidad con beneplácito. Muchas veces, no ocurre eso. La recepción en el público no es la esperada. El análisis de la crítica no es halagador. Queda, entonces, en el autor un regusto a derrota que le impide capitalizar positivamente lo que se le observa para conseguir un mayor abanico de posibilidades receptivas.

Por otro lado, el comentarista debe involucrarse con el autor. Analizar lo expuesto con la seriedad necesaria como para poder, dentro de su subjetividad, ser lo más objetivo posible en la evaluación de la obra que está leyendo.

Comentar un texto supone comprobar los datos que se perciben de ese autor, sus características, su estilo. Y comprender con profundidad un texto literario en sus diversas implicancias : autor, estructura, forma, contenido, es descubrir los valores estéticos que justifiquen lo leído como una creación artística.

Debemos tener en cuenta que una obra, cualquiera sea (poema, novela, relato), no tiene disociadas la forma y el contenido y ambas, en conjunto, representan una unidad artística, por ende, la forma determina el contenido y viceversa.

Sabemos que si bien existen métodos o modelos mediante los que realizar el comentario o crítica de una obra, no todos los lectores poseen ese conocimiento, por lo cual los resultados de un comentario, en general, siempre dependerán en cierta medida de la agudeza, conocimientos y aptitud del comentarista.

De acuerdo a esto, cada comentarista tendrá su estilo para enfocar el comentario y podrá hacerlo de acuerdo a sus conocimientos desde lo gramatical, lo estilístico, lo sociológico, lo psicológico o, sencillamente, desde la expresión del impacto estético que ha recibido.

También, en la elaboración de un comentario es posible seguir un orden y partir de ciertos principios fundamentales para aplicar a cualquier texto literario o a la mayoría y poder arribar a un comentario provechoso.

Al analizar un texto es necesario precisar la disposición del autor ante la realidad y su actitud o punto de vista. Se trata de visualizar el modo en que el autor interviene en su texto, como escritor y como persona.

Los aspectos a analizar e identificar serían la técnica del autor y su implicación psicológica en el texto; establecer el modo en que el autor se sitúa ante la realidad y los procedimientos que adopta, conscientemente, para transmitir su mensaje.

Antes de iniciar el análisis es preciso leer con rigor y profundidad, intentando descubrir sus valores literarios.

En esta etapa se trata de entender el texto. Se debe interpretar su estructura artística y tratar de explicar la reacción que produce su lectura. Hay que leer varias veces el texto, hasta estar seguros de haber desentrañado su sentido literal y connotativo y las dificultades lingüísticas, técnicas, culturales, que nos plantea para resolverlas en nuestro comentario.

Si es necesario, deberá hacerse uso de los libros de consulta necesarios.

Al finalizar debemos tener la convicción de que no nos ha quedado ninguna duda léxica, sintáctica o de cualquier índole sobre el texto que vamos a comentar.

El análisis de los elementos formales siempre estará en función de explicar el contenido del asunto y la sensación que produce en el lector, y en relación, además, con la intención del autor.

Solo deben tenerse en cuenta aquellos aspectos estilísticos que nos ayuden a explicar el texto, atendiendo siempre a la justificación de su uso y a la impresión que producen.

A la facilidad en el comentario se arriba mediante la reflexión y la práctica honesta y rigurosa del mismo.

Un comentario negligente, es una falta de respeto hacia el autor y hacia el propio comentarista.

PLATÓN, APOLOGÍA DE SÓCRATES

por Silvio Rodríguez Carrillo

Este libro de Platón es una versión recreada del discurso que ofreció Sócrates como defensa frente al tribunal ateniense cuando fue acusado de corromper a la juventud y de impiedad. La acusación la hacen Meleto, que es poeta, Ánito, que es político, y Licón, que es orador, quedando entonces representados los tres grandes grupos contra los que Sócrates había venido arremetiendo en su vida pública. Por otra parte, Sócrates también se expresa respecto de los acusadores anónimos, es decir, respecto de todos los hombres que durante muchos años han rumoreado en su contra, independientemente de los que lo llevaron a juicio.

El protagonista recuerda que Querofonte al consultar al Oráculo de Delfos recibió como respuesta que no había nadie más sabio que Sócrates, y que desde entonces se empeñó en demostrar que el Oráculo estaba equivocado. Fue así, que comenzó a interrogar a poetas, políticos y oradores, descubriendo que estos, creyendo saber, en realidad no sabían, en tanto que él mismo, al reconocer que no sabía, era más sabio que ellos, que finalmente la sabiduría era territorio de los dioses y que frente a ella el conocimiento humano apenas valía algo. Esta actitud hizo que ciudadanos prestigiosos se volvieran adversarios y acusadores.

El tribunal lo encuentra culpable, y Sócrates, antes que protestar, propone un castigo un tanto inusual: participar en las comidas del Pritaneo. Esto era un privilegio del que gozaban los atletas y algunos contados ciudadanos destacados, es decir, Sócrates estaba convencido de ser un benefactor y no un criminal. Obviamente el tribunal rechaza su propuesta, entonces Sócrates propone pagar una multa de una mina, que era lo que podía pagar, monto que se rechaza, a la sazón, sus amigos aumentan esa cifra a 30 minas, pero la asamblea encuentra que es muy poco y condena a Sócrates a muerte vía envenenamiento.

Ante la condena a muerte, Sócrates tampoco pierde la calma, y se dirige a la asamblea expresando que el veredicto en su contra no se debió a la falta de argumentos en su defensa, o a algún error en la presentación de su razonamiento, sino, justamente, en que en ningún momento cedió a asumir una postura que no era la suya propia, sincera y verdadera. Esto es, el gran filósofo sabía que podría parecer soberbio ante los ojos de los demás, pecaría de ingenuo si no lo supiese, pero no tenía alternativa, actuar de otra manera sólo implicaría ser un hipócrita.

Es un libro que nos hace reflexionar acerca del egocentrismo y la vanidad característica de la mayoría de la gente de poder, como también de la gente corriente. Pensemos en cuán duro es que nos señalen que ignoramos muchas cosas de la materia en la que nos sentimos maestros, a menos que vivamos con la actitud de ser eternos aprendices. El libro cierra con estas palabras del maestro: «Pero ha llegado la hora de que nos separemos; yo, a morir; vosotros a vivir. Quién de nosotros se encamina hacia un destino mejor, es un enigma para todos, excepto para los dioses».

FICCIÓN O REALIDAD, LAS PREGUNTAS DE LA IMAGINACIÓN

por Gavrí Akhenazi

Le he dado muchas vueltas al pensamiento de que para escribir sobre algo es preciso estar en franco contacto con aquello sobre lo que se escribirá, lo específico, lo que resulta real y tangible.

Todo aquello que se ve y también  lo que se percibe es la base de la escritura, los cimientos que le dan forma a las preguntas que las realidades hacen brotar desde nuestra percepción más allá de nuestra objetividad de observador.

El proceso creador se fundamenta, muchas veces, en las interrogaciones inconscientes, esas que se disparan desde nuestro poder de observación y que construirán un caleidoscopio con aquello observado, dando de este modo paso real a la imaginación subsecuente para recrear lo ya conocido transformándolo en algo por conocer.

La realidad exterior puede ser limitante para muchos observadores, pero no  con los creativos, sino que, muy por el contrario, producirá todas esas preguntas necesarias para deconstruir lo tangible y reconstruirlo  ya que la escritura será el medio lógico para obtener ese resultado de reconversión.

La escritura y todos sus interrogantes, por caso, se transforman en una herramienta de autoconocimiento, donde se entretejen las diversas realidades que involucran al escritor ya sea desde la vivencia o desde la observación.

Es cuando todas esas realidades asimiladas e interrogadas se fusionan que dentro del individuo se ha abierto camino el hecho literario.

Una vez que hayamos conseguido dominar todas las ideas de nuestra imaginación reconversora de la realidad, la efectividad del proceso comenzará a signarse por las estructuras de las oraciones mediante las cuales plasmar la fusión. Básicamente, esto se logra con el ordenamiento de los elementos narrativos para que no se vea afectado el significado final de lo que estamos buscando transmitir.

Todo creador posee dos tipos de conocimiento: el de la realidad que lo rodea y el que tiene acerca de sí mismo.

La indagación profunda lleva consigo un constante experimentar con la creatividad de modo que la producción obtenida se transforma en un ejercicio de búsqueda que consiga relacionar lo conocido con lo percibido sin que en este último parámetro haya una verdadera certeza sino, más bien, un tamiz propio que dotará a la obra de la necesaria impronta que diferencia a unos de otros.

Es la imaginación recurrente sobre el reflejo que el exterior produce dentro de quien lo percibe, aquello que terminará por ser proyectado en la escritura.

Cómo un escritor indaga sobre lo que percibe es lo que definirá la fuerza o la intrascendencia de su narrativa, porque es lo que le otorgará, sin duda alguna, la voz que lo distinga.

MISCELANEAS

Silvana Pressacco – Argentina

Disparos en mis pausas

No hay remiendos, no hay parches
ni curvas hacia atrás
en la línea del tiempo.

*

De qué sirve conocer la mejor receta si nunca la experimentas con tus manos.

*

Escapar nunca fue una de mis soluciones posibles.

No es salida real aquella puerta que no deja pasar a todos los míos.

Pueden observarme cansada en el campo de batalla, incluso creer que no tengo armas suficientes pero nunca dejaré de ser una guerrera.

La tristeza regresa para recordarme que hay motivos que no me convencen como para resignar la lucha.

Hay tiempos de tregua para recuperar aire y elevar la espalda de nuevo.

La paciencia es mi arma más poderosa.

Cuando renazco mis ojos hablan mil idiomas y mi lengua es un arsenal.

Hay luchas que ya no enfrento porque desgastan y aprendí que el tiempo, como el soldado más leal, anota a mi favor .

Cuando lave los pensamientos oscuros que con frecuencia me visitan podré vislumbrar el propósito de mi vida.

Debo lograr un equilibrio interno para superar todos los frentes que atacan mi felicidad.

Es difícil lograr la felicidad plena si antes no aprendo a vivir en armonía con todo lo que vive, con el otro y con el mí mismo.

Si no tienes concordancia entre tu hacer, tus intenciones y metas tampoco tendrás suficiente equilibrio para avanzar por el filo de la vida.



Leonardo Zambrano – USA

Valores

¡Estamos llenos de ciegos y muchos sin valor!

El silencio no es artificial…

Hay que tener valor y piel de luna
si su luz es animal entre tus ojos rayando…

…Hay que valorar ser libre en el Mar Negro.

Hay que caminar sin sandalias
y saber evadir las otras piedras…

Hay que pintar los adioses que el labio oculta,
aún cuando el silencio ocupe las muertes escondidas…

¿Cómo poder documentar la voz?
Si el silencio asalta el verbo sentido…

Somos un espacio en la línea de otros…

Quisiera regresar a mi inocencia
y no depender de la ignorancia…



William Vanders – Venezuela

Pérdidas

Perdí mi nombre, no puedo recuperarlo. Mi alma es fémur solitario en playa escondida.

Perdí mi alma, sigue extraviada. Mi bahía es cardonal de emociones sin agua.

Perdí mis instintos… ya no hay arena sobre la que pueda dibujar la carne de mi espíritu, la boca del silencio, el abrazo de las manos, la soledad del consuelo, la tragedia de la pausa, la calma de la prisa, la palabra que mata.

Perdí todo, ahora soy tronco muerto hecho de origen.

EDITORIAL

La «poética del arrebato», el proyecto Ultraversal

por Gavrí Akhenazi

Es muy difícil hablar de lo que se hace; tomar distancia y hablar de Ultraversal. Al menos a mí, intentando armar conceptos en este editorial, se me produjo una especie de conmoción porque cuando los proyectos se llevan adelante, el proyecto te absorbe hasta el punto de perder la verdadera dimensión del mismo. Solamente uno se aboca a trabajar en él con toda su libido al servicio del objetivo y pierde la noción de «proyección» que el susodicho proyecto pueda tener o el impacto que logra en los demás.

Entonces, el editorial me obliga a detenerme y mirar y por sobre todo, a reflexionar sobre la historia de Ultra, que ya lleva más de 18 años en el aire y ha formado escritores que hoy se pasean por el mundo ostentando sus premios.

Ultraversal puede enorgullecerse de los nombres famosos que han pasado por sus entresijos.

En dieciocho años largos que Ultra está en el aire como Proyecto Cultural, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que de nuestro semillero han salido poetas y escritores que hoy están en los catálogos de esas editoriales que todos nombran y de otras muchas y que, cuando entraron a nuestro proyecto no podían distinguir una sinalefa de una sinéresis aunque hoy den conferencias.

Solamente hay que ir para atrás en las historia del foro, porque todo está escrito y lo escrito no permite mentir, ya que una de las premisas de Ultraversal, es que no se borra nada de lo que en ella se escribe.

La corriente literaria del Proyecto se llama «Poética del arrebato». Ese es el nombre que Morgana de Palacios eligió para bautizar el mecenazgo que encaró, porque Ultraversal es un proyecto gratuito, costeado por su fundadora y sin ningún fin de lucro. Se trabaja en él desde y por el amor a la literatura y en defensa de la literatura.

«Poética del Arrebato» porque la escritura es una movilización interna, íntima. que desafía los límites de la creatividad y detona la fuerza creadora del artista poético. Se basa en el sistema motivacional, en que lo que alguien dice despierte en el otro el ansia de crear y de hacerlo con calidad y excelencia. Que se muevan sus mundos interiores y suelten la voz oculta que todo escritor tiene.

La premisa es que todos aprendan de todos, que todos ofrezcan a todos la honestidad de la apreciación, y de ese modo, el crecimiento es conjunto.

A diferencia de otros proyectos que quisieron copiar el modelo Ultraversal, nosotros priorizamos la calidad sobre la cantidad. No nos interesa tener cincuentamil claques que se aplaudan y alaben unos a otros, sino cincuenta miembros solidarios que quieran crecer en conjunto ayudándose los unos a los otros desde la más profunda honestidad.

Por ende, todos somos iguales ante la ley, no importa si venimos de los catálogos de las editoriales o de la cocina de nuestra casa. No importa cuál fue nuestro recorrido literario antes de ingresar a Ultraversal, porque si decidimos poner nuestro conocimiento en este proyecto exigente y altruista, importa lo que hacemos, no quienes somos y por sobre todo, lo que creo que nos hace posibles, es si lo que hacemos, lo hacemos bien. Y en este punto, a las pruebas me remito. El que quiera certificar mis palabras, puede pasear por los anales de Ultra y verá nombres que rubrican lo que yo digo aquí.

Muchas de estas personas no dirán: «yo aprendí en tal lugar a escribir como escribo», porque el ego del artista es superior a la calidad humana en muchos casos, pero el mayor orgullo de Ultraversal es justamente haberlo conseguido, no estar en la boca de aquellos, sino saber que aquellos son esos que Ultraversal formó.

Así que, «formamos» es el término. Y la premisa es «se puede».

NOVEDADES EDITORIALES

«Maldita musa »

poemario de Mar García Romero

María García Romero no es una poeta para leer de paso. Es una voz poética intensa en su delicadeza, en la que el lector debe sumergir su vocación lectora para abstraerse y así sensibilizarse con el mundo que la autora propone. La voz de María es una voz de altura, de esas voces frente a las que voces como la mía se detienen y se quedan allí, disfrutando.

Disponible en La fragua del trovador

EL OTRO Y LA PERSONA

por Edilio Peña – Venezuela

¿Cuándo una persona se transforma en un personaje? Antes de indagar y hallar la respuesta que parece imposible, habría que preguntarnos, quizás, lo más inquietante: ¿cuándo una persona deja de ser lo que parece, con una supuesta identidad propia, para, en un instante, transformase en aquel desconocido sin nombre que creía haber olvidado o extraviado en la selva de la niebla impenetrable, desde el inagotable misterio del ser?

Ese otro que se presenta sin anunciarse ante el reflejo de las aguas oscuras y profundas, en esos laberintos azarosos de la vida, o como un doble que lo persigue como la culpa, el crimen o el castigo en la acuciante vigilia o el insomnio. Un ser extraño que también lo asalta en el sueño tenso de la pesadilla donde, a veces, un resquicio de su memoria tapiada se rompe y le revela que es una bestia, un bicho raro, o un niño perdido y desamparado  entre la ceguera y la orfandad.

Acontece que mientras duerme, inesperadamente, la persona emite un grito sostenido al descubrir, desde el fondo de la inconsciencia, que se halla confinada en una prisión, más oscura que la misma noche desgarrada, con el cuerpo paralizado y, por más esfuerzo que haga por despertarse, lo traiciona la falsa idea de que se ha despertado, estando inmerso aún en la pesadilla y en la angustia más demoledora, al percatarse que no puede mover ninguno de sus miembros.

El drama se acrecienta cuando la persona no tiene a nadie cerca que lo despierte de su impotente y sordo socorro y la agonía puede prolongarse hasta la muerte, en el intenso sopor que empapa las sábanas blancas en un púrpura espeso de sangre. Al ser condescendiente con lo sublime, en la pesadilla, la persona también ha podido descubrir que seguramente había sido un ángel al que le quemaron las alas antes de convertirse en persona o personaje. Pero, ya es demasiado tarde para repararlas y volar más allá de sí mismo; porque las nuevas que pueda obsequiarle Dios, nunca podrán pertenecerle ni volar a donde quiere ir. Así sea, hacia el sin sentido.

Acorraladas, algunas personas fabulan el deseo infantil del carnaval y se disfrazan a escondidas de los curiosos y espías, para alejarse de ese ser que lo habita y del que ha comenzado a dudar porque lo encarna como el personaje de una novela, película o pieza teatral que necesita conjurar. El tormento acrecienta ante la mirada de los espejos porque no lo deja realizarse más allá de la cultura, la religión o la sociedad fundada en rígidas normas que le  ha pautado su conducta.

A veces el doble, o los desplazamientos mentales, se instalan como una provocadora necesidad para cruzar los puentes prohibidos, pero es una tarea clandestina riesgosa de la cual nadie más puede enterarse, porque se precipita la catástrofe y se puede entrar en la locura. Es como aproximarse a los abismos o a un complejo problema matemático. Los infieles, los traidores, los desleales, saben de eso. Aunque el amor o el odio los justifique en su arriesgada aventura. Mucho más, si logran su objetivo. Real o virtual. Porque ninguna persona se sostiene en una sola expresión, en un solo sentimiento, en una sola máscara. Así lo jure o lo prometa en la convivencia con los otros. Todo ser humano, es como ese personaje de la novela de Italo Calvino: El Vizconde demediado.

LAS REFLEXIONES DE GILDO

Tantos libros

Nunca había tenido tantos libros nuevos. Aunque sería justo decir que cuando llegaron los últimos ya había leído el primero: Berta Isla. Que no era el primero que había pensado leer, sino Tomás Nevinson, también de Marías. Pero al mirar la contraportada y leer que Nevinson era el marido de Isla, y siendo que Javier Marías es uno de mis escritores favoritos –aunque tenía algunos años sin leerlo (tres quizá)–, sabía que Berta Isla era el nombre de ese otro libro suyo. Así que para poder leer a Tomás y disfrutarlo sin peros, debía antes leer a Berta, y claro, ir por el libro primero, que no llegó solo, sino con uno de Saramago (el segundo de mis escritores favoritos junto con Marías) para poder recibir un descuento de cien pesos por la compra previa del de Nevinson y los que lo acompañaron.

Ese primer libro, Tomás Nevinson, vino junto con otros cuatro como el regalo navideño de mi madre, que no pensaba regalarme libros, sino unos tenis, que le dije no necesitar. Claro que tampoco necesito libros en sentido estricto, pero es un lujo que en ese momento me podía patrocinar mi madre.

Como ya mencioné, llegó luego ese par de dos de mis favoritos (el otro es Gavrí Akhenazi), y todo el asunto de adquirir material de lectura parecía cerrado. Pero por mi cumpleaños Gil me regaló dos libros de Mario Vargas Llosa, entre ellos Conversación en La Catedral, libro que anhelaba leer pero que no había encontrado, y que pude leer ya.  

También por mi cumpleaños mi hermana me obsequió una tarjeta de regalo de esa misma librería. Y podía escoger otra cosa que no fueran libros pero libros fueron. Mi madre me dio dinero y dijo como para que no me queje de que no me conoce, como cuando olvida luego de más de cuarenta años que no me gusta la cebolla cruda, entre otras cosas; «para que te compres un libro». 

No es que sea demasiado obediente, pero tenía pendiente una visita a la librería para hacer válida mi tarjeta de regalo, así que fui tan pronto como pude. Hay hábitos consumistas que todavía me dominan. Aunque del dinero de mi madre sólo pensaba gastar la mitad en libros, y así había sido, hasta que estaba por pagarlos. Voltee a ver paquetes de libros por mera curiosidad y me encontré con un envuelto de seis libros de Xavier Velasco. Y por la misma lastimosa curiosidad, tomé el paquete y miré el precio, que debí mirar dos veces tras no creerlo la primera vez, y soltar una obscena exclamación de felicidad: $410.

No había leído cuatro de los seis libros de Xavier pero ya no llevaba dinero suficiente. Y mi paranoia me hizo pensar que si no regresaba al día siguiente alguien más se llevaría la grandiosa oferta, dejándome con un palmo de narices y tantos «si hubiera» en la cabeza, como tantas veces. Era tanta mi emoción paranóica que no había notado que podía obtener otro certificado de $100 de descuento por esta compra al volver al día siguiente. Lo noté a tiempo.

Sólo había que buscar algo barato para completar los $500 pesos de compra que piden como mínimo para descontarte los $100 de la compra anterior, y en la mesa de rebajas encontré dos ediciones baratas de Stevenson y Dostoyevski para completar mi compra. Me dispongo a pagar y el cajero me dice que no puedo hacer válido el descuento, pienso que al estar tan rebajados los libros de Velasco es imposible que me descuenten más, en mi cabeza lo acepto, no importa, me los llevo. En principio no comprendo cuando el chico de la caja dice que me hace falta llevar más libros porque para hacer válido el cupón debo comprar $500. 

Sigo sin entender, hasta que dice que el paquete de libros sólo cuesta $249. Supongo que mi cara mostraba una felicidad inmensa e incomprensible, y le digo que espere, que voy a buscar algo más para completar la compra, todavía con esa sensación de alegría extrema que a veces ante estos chispazos llega y nos sorprende. Salí con diez libros por poco más de $400 (unos 20 dolares). Demasiado feliz.

Supongo que tengo para unos tres años de lectura, no leo tan aprisa y la tercera parte del año el futbol americano secuestra mi atención tres noches a la semana. Y como casi todos los que disfrutamos leer también tengo algunos libros sin abrir que deben estar algo celosos.

EDITORIAL

por Gavrí Akhenazi

La poesía del oportunismo

Llevo varios días dándole vueltas a la cosa y planteándome si escribir sobre esto no es, de algún modo, oportunista.

Quizás lo sería si fuera la primera vez que toco el tema o que miro hacia ese lado con cierta atención. Pero no. Este tema, el de esta humanidad de leviatanes, como dijo alguna de mis colegas poetas en el Foro, es el único y excluyente tema que he tocado en mis libros ya sea de manera tangencial o de manera directa. Toda la vida escribí sobre «las guerras» en que la Humanidad ha desarrollado su estilo de vida.

En realidad, he hablado sobre los hombres en las guerras porque me ha tocado servir en unas cuantas a lo largo de mi vida y creo que este oscuro desengaño con lo humano que me asiste y corroe, se ha producido a partir de conocer la cosa desde adentro, desde los hospitales de campaña, desde el rescate de los niños soldado, desde los huérfanos de guerra de los que nadie se hace cargo, desde las interminables columnas de gente a pie que huye de zonas en conflicto arrastrando sus almas hasta sitios en donde se les da la espalda por su color de piel o por su origen.

He visto tantos muertos, tantos muertos, que he perdido el asombro y he perdido el dolor.

Ahora, que esta guerra que es una guerra más y no «la guerra» ocupa todas las pantallas de los hombres, la boca de los hombres, los ojos de los hombres y el miedo de los hombres, me pregunto en dónde subyace la diferencia entre una y otra masacre si todas son masacres y si son niños, mujeres y hombres de a pie los que mueren en ellas. Qué diferencia hay entre una aldea en un lugar que nadie encontrará en el mapa y una aldea en esta nueva guerra que ocupa con sus gritos el resto de los gritos.

No pretendo hacer un alegato sino que me pregunto por qué hay tanta muerte que no le importa a nadie ni se habla de ella. Tanto niño anónimo muerto al costado de un camino por el que escapaba solo entre otros solos, ahogado en el Mediterráneo, bombardeado en su cuna, arrancado del vientre de su madre por un tajo de machete, enfermo de pestes que la Humanidad ya ha superado porque no hay nadie de las «humanitarias» que llegue hasta él con los medicamentos.

Ahora veo por todos lados voces y alegatos, poemas de dolor altisonante, banderitas como aquella vez de Charlie Hebdó, cuando todo el mundo era Charlie Hebdó cuando nunca fue nadie de todos los otros Charlie Hebdó que han muerto desde siempre.

Y luego, todo lo que no dio ninguna de las otras guerras que ocurren concomitantemente a esta –en lugares que no le importan a nadie– invadirá la poesía de esta parte del año y se olvidará de esto en cuanto acabe, como el hombre olvida constantemente todo.

Hoy ya no puedo leer lo que leía. La poesía, en su significado más íntimo es invariable porque habla de aquello que implica lo universal y es el mundo el que un día, por una circunstancia como esta, se mune de unas voces que cambian sus discursos, cada una a su manera y de este modo ilustran y acompañan un retazo de la realidad que lo constituye.

Luego, cuando baje la marea o se naturalice, la poesía olvidará para regresar a los problemas poéticos que siempre la han nutrido: soledad, amor y desamor, tristeza, individualismo, inconformismo y ese tipo de asuntos personales, tan propios de la indiferencia del ombligo.

La poesía, vestida con sus nuevas máscaras, también en este caso, con su Carnaval de Venecia acompaña la guerra en un mundo en que la palabra ha fracasado desde siempre.