Ana Estepa, poemas

Imagen by Emily Schoieme

Palabras

Las palabras importan, y se quedan grabadas
más allá del momento en que se dicen.
No son tan solo aire que escapa por la boca
en las ondas acústicas.

Las palabras definen circunstancias
delimitan fronteras, tejen lazos;
reflejan realidad o velan falsedades.

Hay palabras suicidas
que engatusan, confunden, enloquecen…
palabras que despliegan alas de mariposas
de colores y formas deslumbrantes.

Y palabras que muerden las entrañas
que envenenan, destrozan y asesinan.

Otras veces palpitan en los labios
como un corazón abierto al cielo.
Entonces, las palabras son suspiros
que brotan de los versos de un poema.


A dentelladas

Puede llamarme ilusa, tonta, loca,
cabeza de chorlito, majareta…
pero nunca seré la marioneta
que manejen los hilos de su boca.

Sabe que el corazón se me disloca
y que no soy capaz de estarme quieta,
que me arde la sangre y soy veleta
heredera del viento que me toca.

Que me niego a tener que acostumbrarme
a vivir en palabras silenciadas,
y me asfixia el trasiego rutinario

hasta ser un desierto carcelario
en la voz que no quiero más callarme.
Y me como la vida, a dentelladas.

Ángeles Hernández Cruz, poemas

Imagen by Sergiu Jalba

Ladrón Azul

Ladrón de embozo azul con colmillos de espuma,
¿recuerdas una tarde de bochorno lejana
con destellos de siesta y el sol como testigo?
Me apuntaste a la sien con tus armas de olas
y exigiste un peaje para llegar a tierra.

Ladrón de niños fríos en el agua,
te apeteció el aroma de ternura
en las pequeñas manos que se asían
al aire que quedaba entre mis labios.

Ladrón irrespirable con zapatos de algas,
no esperabas un no como respuesta
y aunque heriste, mi carne hecha un ovillo
fue el refugio invencible de mi cría.

Ladrón escurridizo con escamas de plata,
¿No te roba el aire tanto ahogado?


Mi lugar

Ayúdame a encontrar mi sitio, cabuquero.

Tienta el eco de mi vientre, prende unos cartuchos de explosivos
y escóndeme en el canto de advertencia, en la voz acorazada que repites
para que mi miedo tenga tiempo de alejarse del desplome.

Estoy tan cansada de buscar ese espacio
que me agota mucho más la incertidumbre que la huida
la oquedad que el asedio del porqué
y el silencio que el sonido del rumiar de mi mente.

Tras la detonación, cuando se desenrede el aire,
comprueba si hay una fuente, surtidor de vida embravecido:
allí estará mi lugar.


Jordana Amorós, poemas

Imagen by Lukás Jancicka

Corriente

Ya no quiero seguir. El manso río
caliente de mi sangre esta cansado
de correr por correr, desorientado,
en la mitad de un páramo sombrío.

Bajo el cantar risueño y sosegado
que entona su corriente, anida el frío
de los limos del fondo y el hastío
del que huye y no llega a ningún lado.

Siento la tentación de detenerme,
para el desfallecido es placentera
la agrisada visión de lo que duerme.

Pero algo me empuja a que prosiga,
y es que, a veces, ¡qué bella es la ribera
tecnicolor que mayo nos prodiga!


Aproximadamente

Echo en falta un color,
un matiz de la luz,
una textura…

Alguna interjección
-de aquellas malsonantes-
un adjetivo prístino,
o un verbo palpitando con las ganas
de decir la verdad.

Pero todo es inútil…

Un dolor
sordo y sólido ,
enquistado
en el pliegue más íntimo de la dermis del alma,
no hay quien lo dibuje o lo defina,
ni aproximadamente,

Y así no hay manera
de encontrar la palabra con suficiente filo
para sajar
y aliviar los humores de su ántrax
o la oración,
a modo de conjuro,
capaz de exorcizarlo.

En consecuencia,
sigue ahí,
ineluctable,
urente,
tenaz en su inhumana disciplina
de arruinarme mis días, huérfanos de horizontes,
y mis noches pulsátiles
para enaltecimiento
y gloria de su llaga.

Toca, pues, ignorarlo,
tratar de sepultarlo en las regiones
profundas del olvido.

Y esperar.


Solo el tiempo
puede sanar,
si nunca
le devuelve el aliento a los cadáveres,
hecha ceniza, al menos aligera
su carne putrefacta.

Echo en falta un reloj,
quiero contar
-aproximadamente-
cuantas eternidades torturadas
aguanto a malvivir sin derrumbarme.


Sospechando la cruda realidad:

Apenas la presencia indefinible
de mi dolor
-ahora es MI dolor-
pujante,
omnipresente
me abandone,
mi corazón,
absurdo y rutinario,
habrá de comenzar a echarlo en falta.

Selección de poesía de Ronald Harris

Imagen by Stefan Keller

Pasos sin huella

el lobo que aulló dulcemente tras tu puerta cede al asombro
ante la levedad de tus pasos sin huella aparente

es que quizá la arena que cubre la memoria
no sabe el peso de tu pie

ni la forma de tus dedos cuando pasan sobre mí

evita entonces los nombres del odio que te muerden la sinapsis
como un Cristo rojo ardiendo en las neuronas

recuerda

no hay pájaros que trinen lo suficiente en esta jaula
para despertarnos del olvido


Gusanos del olvido

se alargan hacia una nada triste las orillas
de todo destino posible

dónde estás

me crecen las palabras
y se me mueren en los labios organizadamente

a veces parecen versos

dónde estás dónde estás

se pudren dulcemente mis histerias en tu busca
y se duermen a veces en ciertas playas
acurrucadas sólo en algunos paisajes

dónde estás

quizá te escondes en el ojo del miedo
o en la esquina sagrada de una tragedia

y quizá ya no existas y quizá
deba alimentar mil años a los gusanos del olvido
para hallarte


No hay tiempo que perder

no hay tiempo que perder no hay tiempo
caen pájaros en tu lengua transparente
cae el presente cuando no estamos en vigilia
y la estatura de los ojos cuando te buscan
ya no alcanza a ver el laberinto

no hay tiempo que perder huye conmigo
sigue estas palabras

no hay tiempo suficiente cuando volvemos del olvido
no hay tiempo que perder cuando no somos
no hay tiempo que perder cuando perdimos

Selección de poemas de Gavrí Akhenazi

Imagen by Andras Sziffer

Elogio inerme

No me imagino ahora,
en este tiempo de rudimentos que se vuelven anclas
y la jaula libera con sus fondos de humo
los pájaros armados en que nos convertimos
para salvar el vuelo.

Hemos salvado, también,
algunos pocos cantos al cabo de la risa
como la conjetura de estar vivos a pesar de estar vivos.

Venías tan inerme de nobleza a ofrecerme las rosas de tus balas
que era imposible condenarte a muerte
ni en batalla ni fuera de la guerra de bien que proponías
sobre arpones, puñales y armisticios
que hablaban de pañuelos y de trenes que no saben llegar
si no es descarrilando en tus andenes.

Venías tan desarmada con tus armas,
con esa gravedad del verbo grávido sobre la lengua impura,
con el gesto pausado y detenido de la mano que es sabia
en amansar rincones con cadáveres

que tuve que mirarte.

Y luego, ya no dejé de hacerlo como se mira el mar
con esa nostalgia sin premura que poseen los puertos en invierno
y esa costumbre mansa
de animal que se refugia en sí cuando la noche
es más amplia que el aire.

Un riego por goteo en este yermo
un día y otro día y otro día
hasta el ancho momento de los verdes.

Ahora, no sabría cómo no verdecer en la sequía
sobre la que tu boca me acontece
alimentaria.


Caída libre

Esta deriva de pequeños gestos
envuelve las ausencias con un hálito oscuro
que arremete sobre las condecoraciones
y se expande
con una suavidad de labio

hermético
turgente

agranadado como si de él brotaran verbos viejos.

Caen aquí.

Todas tus palabras caen como caen las reminiscencias
en el vértigo y en el esplendor
como si tuvieran su propia Shangrilâ
en un rincón del tiempo en que la vida moja sus historias.

Viajo despacio en este velero impenetrable
y hay en el aire una hondura que ha perdido las alas
porque tus pájaros

ásperos y metálicos como si fueran pájaros de guerra

se zambullen dentro de mi boca
para escribir las palabras descorazonadas
las palabras irrespirables
las palabras que parecen bruñidas por un zapatero de brujas

no de Cenicientas.

Entonces, solo para tu boca
unto de sangre a mi propio verbo
como si escribirte fuera un parto distócico

y el poema, mi alma.


Preso del fuego

¿Cuántas veces la muerte me ha pisado la sombra
y ha teñido mis manos con su oscura calaña?
¿Y cuántas otras veces la ha escupido mi boca
como un hueso podrido que me ha podrido el alma?

No sabría contar las voces de violencia
que atraparon sin rumbo mi poca algarabía
ni las veces que herido he rasgado la tela
de tus versos, con saña, para vendar mi vida.

Retorcido, malsano, mal curado, mal muerto,
que escribe lo que piensa cuando no siente nada
o siente demasiado su oscuridad de ciego

soy bicho malhadado que recubre con karma
a su letra rabiosa y al perverso deseo
de inmolarte algún día a su férrea esperanza.

Selección de poemas de Leonardo Zambrano

Imagen by Manfred Antranias Simmer

Tema

¿Cómo podemos encontrar la luz en la soledad?
Cuando las manos labran en la voz al tocar el sol.
Cuán grande es el verbo en nuestros lamentos
y la prenda que nos pinta esa fe en las sombras.

Hoy este insólito pretérito manoseó mis silencios
jugó en el papel hasta arrancarme una lágrima
y no me aparté de nadie en sus mismas muertes…
…Ni salvé un beso, al poner señales donde las di.

Cuál mi narcisismo despertó todos mis espectros
este poema se acerca a la lujuria que concebí sutil
grande y elocuente en mis deseos indescriptibles
inexplicable porque la hora fue siempre tiempo…

…la suyas en sus sesenta minutos tocando estrellas
las mías en la luna entre el cabezal y sus fantasías.

Mis horas y las de ellas siguen siendo eternas…


II

Hoy día he perdido a un hijo,
sin ser mío lo siento triste y llorando
su padre no lo aceptó y no fue eco
hoy partió con todos sus silencios…

Nadie se enteró cuánto es sufrir
y ahora el llanto se nos pega en la cara
por no entender lo que sucedía atrás
sin embargo sentir es una tumba más…


Recuerdo de mi pasado

Aún siento esa noche tan lenta y tan húmeda
cuando mis labios se despidieron de su alma,
aún siento esa noche con su soledad profunda
una lágrima más con sus marcas en el tiempo…

…mi propia demencia.

Selección de poemas de Daniel Adrián Leone

Imagen by Andrè Mouton

Entre dos

Me siento raro
como si acabara de despertar de unos de esos sueños
en los que las batallas se suceden como si fueran imágenes,
perdido en una geometría caprichosa
en la que, distancias, volúmenes, resultantes
no obedecen a ninguna regla
ni lógica ni arbitraria.

Vivo en una ausencia que no brilla
ni se escucha
tan perfectamente incapaz de dejar rastros
como de preanunciarse siquiera como sombra.

Fácil sería caer en echar culpas a las incertidumbres cotidianas
o encontrar algún expediente imputable en el archivo de lo contingente.

Bien podría, por ejemplo, decir:
se trata del desfasaje de esta realidad estúpida en la que estamos presos…

pero no.
No soy esa persona.

Desde pibito aprendí a enhebrar incertidumbres como quien caza insectos
y sin poner en duda la seducción
y la eficacia rotunda de la seducción que ejerce lo incidental*
como dealer de expedientes amañados o amañables
ninguno se compara ni sería capaz de competir contra mi oficio en enredos.

Tampoco es el desfasaje.

El tiempo no me tuvo en cuenta jamás
y yo le he sabido retribuir y agradecer el gesto
.

Estoy simplemente tomado por una rareza que no trago
ni me traga
que está ahí, rodeándome
por dentro y por fuera
como un abrazo frío que no logro regurgitar del todo.

Soy un fotograma que pivotea en automático
entre una película que ya no se exhibe
y otra que, tal vez, aún no se ha filmado
.


II

Es fácil llorar ríos de tinta
acusar desvelos postizos
y dejarse caer por una deriva de lamentos
con remansos culposos intercalados
a la manera de un rosario.

Lo difícil es sostener el dolor
darle cuerpo y letra
dejarlo que duela lo suficiente
tragar saliva
y escupir los recuerdos ensalivados
sabiendo que con cada esputo
se va también
el aliento
y la imagen del aliento
que le da sentido al instante atragantado
de la ausencia que nos parió.


Dos veces todo

El fin es eso que insiste en reescribirse presente
en la piel de la historia
en el diafragma mismo del capricho que nos parió.


Ha terminado todo.
Y debería estar contento.

Nada desee más
que terminar con todo
sin miramientos, sin culpas, sin trámites

Y mientras tiemblo y me retuerzo
no puedo dejar de saber
que el pasado es inhóspito
y el futuro una ilusión seca.

Terminó todo y perdí todo
y me he perdido en el camino…
ya no tengo tiempo
ni siquiera para tragar mis huellas
y hasta este cigarrillo encendido
es un pobre pretexto
frente al infierno que me ha devorado.

Debería estar contento y lo estoy:
ya no hay más caída ni vuelos alternativos.

Selección de poemas de Rosario Vecino

Imagen by Wolfgang Hasselmann

A pesar, quizás, aún

castradora de aguas santas
mis fluidos
mi llanto

la sagrada humedad de dos cuerpos
trenzados
amándose

cadena de mis manos impidiéndome
el tacto
la caricia

traidora de mi esencia
has congelado mi lengua junto con mi corazón

pero no recordaste -rosarito-
que yo respiro por el estómago
me escondo en el estómago
me muestro en el estómago

y
resucito a otras vidas
-adiviná-

regurgitando


Duermevela

Duérmete mi niña.
Duérmete,
te dejo libre porque al fin te encontré y ya estabas curada,
yo dramatizando, siempre, con mi escasez de rosa,

quédate así, dulzona, despeinados los rulos
andrajosa y traviesa,
pobre, con cama compartida con tus hermanas duendes,

y tan bonitas
y tan felices.

Soy yo, la adulta, quien tiene que arreglar sus puteríos,
no debieron mis mentirosos traumas ponerte como excusa.

Pasó lo que pasó porque debía pasar,
todas las cosas, en todas mis edades,

vamos, duérmete niña,
que yo ya desperté.


Con otro palpitar

enviciada despersonalización
de una persecución inagotable
circular
insoslayable ya
para encontrar al que apagó la luz

una sensación de nada
pero no de una buena
absoluta
nada
nada

solo una ridícula
caricaturesca nada con palabras

las palabras son solo hologramas mentirosos
jamás llegan hasta el fondo

fondo
fondo
fondo

de alguien que detesta las alturas

«Criatura celeste», Ronald Harris

Imagen by Kevin Turcios

venías abrazada a tu planta y al desenfado

luminosa

sonreíste y eran las seis
y latías como una criatura celeste al principio de la noche

al tocarme
me convertiste en un ser al otro lado de la sombra
algo que brilla lejos de una paciente y bella oscuridad

traías el día a cuestas y aun así
tu corazón acarició mis ojos
y cualquier egoísmo fue imposible


Desnudo

Me atropellan tus multitudes sin misericordia, para hacerme caer en esta lengua exquisita, cuando quisiera no saber suplicar de esta manera: tan ángel y genuino, tan deliberadamente bello, cruel y frágil sobre mi sangre hasta la dicha. Pero soy ésto y te suplico con un pájaro en los ojos, y me aferro a tu calor en este arácnido oscuro, cuando todo en mí es la alegría de tu sueño que me calma, sabiéndote prisionera de mi lecho como una ofrenda brutal y maravillosa. Hoy la felicidad es un episodio inmóvil de la memoria, atesorado para siempre.

«Cancelación de lo desierto», Gavrí Akhenazi – Morgana de Palacios

Imagen by Enrique López Garre

Improvisación en tiempo real – Contrapunto

Yo sé que a veces hinco la rodilla en la tierra
y que entierro en el pecho la cabeza afiebrada
por imaginar cosas que podría decirte
a solas y en la umbra, como alguien sin mañana.

Pero soy un silencio que se remuerde solo
con vocación inhóspita. Una bestia esteparia
que busca entre las cuevas secretas de tu especie
la especie que ha perdido su espíritu de llama.

Aúllo y te reclamo con mordiscos de lumbre,
tu acerico de ausencia se me clava en las plantas
y soy el caminante que ha extraviado un desierto
y rebusca en su sed el agua de la lágrima.

Al fin y al cabo, a solas, sin tantos artilugios
asesino entre verbos mis mundos de metralla
y, como ves, inclino mi arrogancia señera
a la rienda de seda de tus manos extrañas.

No me acaricies, hembra, que la melancolía
de no haberte tenido, me llena de nostalgia.

Gavrí Akhenazi


A veces soy su fe si, de repente,
le arranco la espoleta a una granada
y detona al chocar contra mi boca
y me llena de esquirlas la garganta.

Otras veces no soy más que el colapso
de la buena intención y su mirada
se pervierte en la sádica tortura
que quisiera infligirme en la distancia.

Se ha vuelto vulnerable con el tiempo,
quizás por sus insólitas jugadas.

Aún prefiere andar bajo mi lluvia
sin pedir el cobijo de un paraguas,
porque le gusta amanecer mojado
cuando son secas otras circunstancias.

Yo soy el putching ball que absorbe el golpe
cuando su corazón se desbarranca,
pero crece en el verso si me nombra
y se excita, varón, si me
descalza.

Morgana de Palacios


A veces soy así y a veces lento,
gravito en tu pasión como la escarcha
que te nieva entre enero los azules
y desde tus azules desbarranca
su ligereza inútil y su nimbo
de insospechada claridad humana.

Estás de pie en el mundo como el tiempo
recorre el universo y lo equipara
y nos volvemos hitos planetarios
que van ajusticiando las palabras
porque tu boca clara marca el rumbo
del que se aleja hostil, mi boca amarga.

Que he cambiado, lo sé. Sé que he cambiado.
Que ya no soy aquel que sí mataba
al enemigo y luego, victorioso
alzaba la cabeza cercenada
y la echaba a los pies de tus trofeos
en la vieja cuneta de las ansias.

Cambié. Me puse bueno y metafísico,
contemporizador y mano blanda,
pero si alguien te toca, te aseguro
que la bestia me habita aquí en la rabia
y me vuelvo aquel malo ingobernable
que doblegó tu mano, sana y salva.

Gavrí Akhenazi


En tu mapa vital las cicatrices
marcan los aspavientos de la suerte,
los dolores y los retorcimientos
que tocan las mujeres
con dedos temerosos y labios indecisos
cuando aún no penetran en tu mente.

Son tantas las grabadas en el tiempo
de las escaramuzas en los frentes,
que casi no recuerdas ni tú mismo
si son un tatuaje en las paredes
de la piel maltratada por la vida
o es la propia vida quien dibuja vaivenes
sobre tu cuerpo enjuto acostumbrado
a engañar a la muerte.

Yo que guardo las mías donde nadie las ve,
sé que las invisibles en ti son las más fuertes,
las que nadie sospecha que puedan existir
y las que más te duelen.

No has cambiado tanto, sigues siendo el soldado
que camina en la sombra con el alma en los dientes.
Sentirte solo es parte de la ferocidad
que te nace en el vientre
cuando la indiferencia ajena por el mundo
se te vuelve un parásito evidente.

Al final no eres ese ni el otro, eres tú,
exactamente
tú, profundo y breve.

Morgana de Palacios


En el rito vital la coincidencia
nos devolvió a rutinas despiadadas
y en un desequilibro, desvariadas,
nos atrapó su suave incandescencia

Podemos resumir nuestra indecencia
en las imaginarias desaladas
de dos extravagancias extraviadas
al mundo peculiar de su inconciencia.

A veces vos sos fénix, yo soy cobra.
Para llevar la identidad del sino:
míticos bichos presos en la obra.

Existen, más allá de ese destino
con que enfrentan el pecho a la zozobra,
tu corazón de miel y mi asesino.

Gavrí Akhenazi


Mala para tus ojos, porque te gusto mala,
mala de malitud, de naturalescencia,
mala por revolverte, por disparar la bala
que te acierta en el centro de la circunferencia.

Mala por alumbrarte, malérrima bengala
con fuegos de artificio los días de abstinencia,
por no rendirme nunca al Coronel de gala
y excitarte los ojos con mi concupiscencia.

Mala por estar viva y provocar tu celo,
por servirte en bandeja la erótica del velo
que enigmático cubre mi voz que se regala.

Por aguzar tu ingenio para los desvaríos
y hacer que de tu boca promiscua fluyan ríos
de poesía libre, me has bautizado Mala.

Morgana de Palacios


Después, para tu boca, el vendaval del hambre
que te estalle en los senos de prédica madura
y que tu vientre curve la fuerza de la sangre
sobre el vértice inerme de mi fiera premura.

Cabalgar en el tiempo de la boca sonora
como en una marea de ansiedad matutina
sobre el sabor antiguo de la primera hora
en que la piel se vuelva desnortada y canina.

Que el hambre me revuelve la lengua del deseo
y me imagino intensa la curva en la que encallo
mi percepción del día verdeciendo en tus ojos

de mar alucinado, de fiera y el desmayo
de tu labios lamiendo la sed de mis despojos.
Así es como en mis sueños tu corazón poseo.

Gavrí Akhenazi


Despedirme de ti no entra en mis cabales.
Lo que me das no hay oro que lo pueda pagar.
Contigo soy la monja que mira el lupanar
con ojos de pecado y lengua de abrojales.

Ríes el tour de forçe en los ceremoniales
con que me incitas lúdico para poder llegar
a la carta más alta que se pueda jugar
en el juego asesino de las reglas morales.

Te empecina saber que no me entrego
como tantas, sin lucha. Tu estratego
inventa escaramuzas cada día.

Pero yo no claudico ante tu trato
pues sé que sale caro lo barato.
Lo nuestro es una hermosa guerra fría.

Morgana de Palacios


Y es una guerra al fin y en toda guerra
como aquellas que
-alzadas en tu nombre de maga impenitente
que colecciona a sus amantes muertos en cunetas sin agua-
han emprendido viejos caballeros de armaduras inermes
(y de lenguas rabiosamente trepadoras),
nos debatimos el judío amargo que sobrevivió a Masada
porque le resultó una afrenta suicidarse
y la hija del vértigo profundo sobre el peñón de Avalon.

Te bulle el África caliente en la saliva
y en la sangre hay derbakes milenarios que te agitan el tiempo
y la indocilidad
y esa hembra chita que camina sola y devora a sus presas
con una lengua suave y seductora y unos dientes de presumir sonrisas.

No sé si me elegiste porque no había otro bicho más extraño a la mano
-ya que este reino
siempre tuvo su colección de fáciles rarezas intentado subirse por tus muslos-

pero yo sigo, perduro, persevero

porque,
en realidad,

tengo un espíritu de Cancerbero insobornable,
capaz de enfrentar hasta a sus propios muertos si se acercan curiosos
a presenciar la historia que vivimos.

Dos, porque somos dos y siempre dos
en un único, guerrero y épico país desconocido
que ha perdido su nombre de batalla
y conserva la esencia de su paz
tantísimas veces malograda

igual que un talismán
que llevo al cuello como si fuera mi primer medalla.

Gavrí Akhenazi


Te agradezco la noche sin pausa, la escritura,
la luna rielando en los mares de arenas
cuando sembramos juntos alegrías y penas
en el amplio desierto de la literatura.

Te agradezco la luz que alumbró mi ventana,
la amenaza de sol de tu lengua de sombras,
el sentirte reír cada vez que me nombras
y el empecinamiento en besar el mañana.

Nadie podrá decir que haya sido fácil
llegar donde tú estás, airoso y grácil,
tras avanzar a muerte abriendo brecha.

El objetivo es hoy tu cita con la vida.
Vivir en esa tierra prometida
todo lo no vivido hasta la fecha
.

Morgana de Palacios

«Dos», «Mujer», William Vanders

Imagen by Tomasz Marciniak

Dos

La luz creadora no precisa de soles,
ni las sombras de obstáculos para prolongarse.
A veces, las manos pintan silencios
y la voz edifica ruinas sordas.

Probable es volver a tus huellas,
como imposible deshacer
la vocación del río para surcar al destino.

A veces, las estrellas son largas
porque están lejos,
o el amor acorta espacios
como ensayando
la serigrafía
de la proximidad
para volverse huraño en el ego,
y despertar sobre el asombro
de ser dos sin almas rotas.


Mujer

La luz es un arma innecesaria
cuando traes en el pecho
el coraje de la mujer primigenia.

Te basta el ademán:
ese universo de mutismos
ajustando la tuerca del injusto.

Y no es que se te antoje el matriarcado
por sobre el abominable patriarca,
no es que acuses al hombre por el hombre
en su inequidad idiotizante,
no, no es eso,
es que naciste con un entrecejo de mil astros,
viniste al mundo alfabeta de emociones
y aunque tu odio derribe titanes,
tu amor es imán
sobre la vena de los defectos ferrosos.

«Me esquiva la calma», «Tres ángeles caídos», Orlando Estrella

Me esquiva la calma

Me esquiva la calma
como un sano a un contagiado.
Será que proyecto un mal de fondo,
una enfermedad esquizofrénica que perdura
pero que no se muestra.

Es la sangre que reverbera silenciosa
esperando lo imposible,
un volcán dormido que ni las leyes naturales
reviven pero que lo angustia.
¿Qué pasó en mi transitar que me aisló de la paz
y me arrinconó como a un perro
que abandonaron por necio y por gruñón?

Será que maldigo lo que otros aman,
lo que me mantiene atado a la soledad
viendo a los malditos disfrutando
del dolor y de la sangre ajena,
muriéndose tranquilos en sus camas
rodeado de sus familiares y secuaces.

Es grave expresar ciertos pensamientos
pero más grave es no poder revertirlos.
No puedo, ni el subconsciente me ayuda,
no tengo lo que todos, un dios al que rezar
y pedirle ángeles de guerra
pues sólo eso puede regresar la maldición
de vivir en un purgatorio dirigido por ratas
con zapatos y camisas.

Quizás la ausencia de calma, la soledad,
el exilio humano, el olvido
y el horizonte en tinieblas
es lo que me hace
no ser uno de ellos.


Tres ángeles caídos

Busca en la espuma de la mar y observa,
escudriña los tonos de la orilla
para ver si han quedado rastros nítidos
del ángel abatido por la maldad que impera.

Aun sepultado por las aguas, logra
el aliento de sangre que resiste
los tiempos de la muerte, acuérdate de Cristo,
esa sangre persiste según hablan
los profetas de antaño.

No esperes que las puertas del infierno
se quiebren y se escape un ser ya redimido
de sus viejos pecados en busca de venganza.
Carga con tu conciencia y caza los malandros,
haz la justicia de los hombres buenos
esos que creen que el mal no puede ser impune.

Proclama luego al viento tu hazaña de cobrar
crímenes que apagaron las alas de tres ángeles
que creyeron que el hombre es signo de bondades.

Emely y su retoño y Liz María
esperan por tu fuerza, no las desilusiones.

Hay crímenes que nunca pueden quedar indemnes,
no importa que la sangre te manche la conciencia.

«Eternal sunshine of the spotless mind», «Crónicas marcianas», Ronald Harris

Imasgen by Anke Sundermeier

Eternal sunshine of the spotless mind

“How happy is the blameless vestal’s lot!
The world forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray’r accepted, and each wish resign’d.”

(Extracto de “Eloisa to Abelard” – Alexander Pope)

Toda verdad es una trampa en las cavernas de sus lunas,
señales que apuntan hacia la incertidumbre de la memoria.

Debemos de olvidar entonces
el odio y su paciencia hermética,
como las vírgenes vestales consagradas al diluvio.

Salir en busca del fuego
que nunca debimos dejar de adorar.

Volver al sueño primitivo que no se convirtió en llanto,
ni en borde del borde de este abismo de quimeras.

Hemos de quemarte en ese fuego
y hacerte brillar en él hasta que grites
y te hagas resurrección de la alegría;

eterno resplandor de una mente sin recuerdos.


Crónicas marcianas

Visitas la calma cada tanto, melancólico,
como cualquier paisaje de crónicas marcianas,
y encuentras en su fondo volcánico,
en su cavidad sísmica,

esa centésima que empuja nuevamente a la creación.

Y la violenta naturaleza del genio
se hace en ti unos segundos;

el dramatismo aquel que conduce al arte y a la ira,
y que se vuelca en las mareas guiadas por la luna,
y que no deja lugar habitable sino en otros mundos sin azul;

mundos amarillos, polvorientos,
con cuatro soles como clavos ardientes,
mundos de cuatro sombras que te impiden sentir la soledad.

«Siempre al borde», «Tan breve y sin embargo», Silvio Rodríguez Carrillo

Imagen by Antonio López

Siempre al borde

Hoy, aquí, siempre al borde
de lo que espero y de lo que quieren
de eso que consigo y de aquello que tensa
la mirada que proyecto –limpiándome de furias–
sobre el lomo de las aves que prescinden, por perfectas
de imaginar cosas raras
de vivir extremos
de pensar iniciar el día sin saludarme

me pregunto cuánto puede durar una estrofa
cómo se mide el ritmo de un imbécil
cuánto vale el silencio de un amigo
de qué manera se calcula el peso
emocional
que tiene la mirada con el rabillo del ojo
para
cada cual.

Nunca he sabido esconderme,
aun habiéndome doctorado en jamás
darle importancia a lo inservible,

con la espalda llena, pletórica,
de olvidos de gente que siente,

de chicas que no rasguñan el detrás de sus ojos
buscando el por qué de sus puentes,

de chicos que meten las manos en sus bolsillos
asumiendo que el miedo es buen consejero.

Me miro y admiro
en el amor
que irreverente cuando lo recibes
irreverente lo impones
es
así.


Tan breve y sin embargo

Siempre era debajo de los puentes
desde donde miraba los eclipses,
aunque si tocaba lluvia, y los gatos se le arrimaban a los tobillos
cerraba los ojos y con el pulgar y el índice de la mano derecha
se tocaba los párpados pensando en Saint-Exupéry
cuando pensó, con-en su amada soledad por qué tenía que morir.

Si ocurría el día, y era el torneo o la kermés
se guardaba lo mejor para el final,
cuidando de que el sudor le marque la camiseta
el hambre la mirada
y todas las hormonas el aliento de chita nómada,
sintiendo en las caderas el reclamo de Gaia
exigiéndole aparearse.

En un mismo cubo mágico nos miramos,
sin sabernos del todo, en altos riesgos pasados y futuros
coincidimos en un calendario espiral
de ojos verdes y pelos largos y rubios,
en un frenesí vital que por amar la vida y temer a la muerte
necesita
componer catedrales inauditas en donde someterse
pisando con los pies desnudos
antes que brasas de carbones cristianos o paganos,
trizas de vidrios sobre un asfalto nocturno, de callejón.

Se dijo que habité en el borde de su boca
cuando el hijo de María conoció a su primo,
que me acarició las espaldas, cargadas de sombras,
cuando Ceres se abstuvo de ser puta;
hubieron niños que cantaron, solemnes, un réquiem
cuando una misma tarde nuestras rodillas se rompieron.

A veces llora
con la frente apoyada en un muro de 200 kilómetros de altura;
sabiéndole,
en silencio le arrimo palabras a las manos,
como si le sirviera
por si le fuera útil
sentir que existo, de algún modo.

En otros momentos soy el que ríe,
el que cruza las nubes más gordas,
como un titán entrenando sus piernas en un lodazal infinito;
entonces me alienta
me escribe libros en idiomas que no conozco,
me arroja piedras a la cara
y un espejo para que vea que sangro
todavía.

Todo esto es muy breve
y edad es lo que nos sobra.

«Seis poemas» de Morgana de Palacios

Imagen by Hermann & Richter

Digo la luz

… y entre mi escombro,
sanadora su agua si me ensombro
enciende un lucerío…
(Aira)


Digo la luz y el mundo se ilumina.
Porque nombro la luz, la luz se crea
y porque hay luz tu sombra se alabea
y me besa en la boca y me asesina.

Mato la luz y asombro tu retina
con la penumbra viva de la idea,
parásito de luz que melindrea
entre la esclavitud de la rutina.

Cuando escribo la luz, algo se enciende
por seducir tu verbo que trasciende
sobre la geografía de mis lutos.

Me llamo Claridad siendo La Oscura
y en lo profundo de tu arboladura
brilla el dulzor acerbo de mis frutos.


Solo letras

Donde yo digo amor, debe decir su rostro
y donde digo tacto, su deseo.

Allí donde de pie alzo el puño, su guerra
y donde me atrinchero, debe decir su boca.

El resto da lo mismo, sólo letras
sin una fe de errata.


Como la boca al vaso

Me hago a sus maneras como la boca al vaso
que guarda el agua fresca que la sed necesita,
como el crimen al odio y el amor al fracaso,
como el pulso a la sangre y la espera a la cita.

Me hago a sus disturbios como los pies al paso
y el paso a los senderos de lucha que transita,
como el reloj al tiempo y la risa al payaso,
como el sol al ocaso y el arco a la sagita.

Me estoy haciendo a él como la Magdalena
al Cristo del que vive enamorada
incontrolable en su pasión prohibida.

Forma parte de mí como la inútil pena
que me mata de día la mirada
hasta que vuelvo a verle anochecida.


Misterio para dos

Si tus labios prensiles en la noche

no me cercaran de infinitas lenguas
y el corazón no fuera la palabra
para beber a golpe de latido.

Si demorado el tacto, fuera el vínculo
la razón de la huella clandestina
en la humedad perfecta de las ingles

-retráctil caracol que sube por la espalda
hasta la nuca hermética
oculta en el temblor de los cabellos-

Si no fueras un cuerpo extemporáneo

vivo de cicatrices

para lamer despacio mientras fuerzas
la verticalidad en la sonrisa
del músculo extasiado.

Si yo no fuera yo
ni tú el disturbio
ni ambos el misterio

la herida fuera amor en la garganta.


La sombra de mi sombra

Éste es mi hombre-oscuro, casi ciego,
casi muerto de vida que le mata,
el pájaro abrasado por el fuego
que sueña el agua de mi catarata.

Ésta es su lengua dura e insultante
que sacraliza el asco y la amargura
y éste su corazón agonizante
y éstas sus manos sobre mi cintura.

Mi niño de cristal despavorido,
mi Quasimodo adusto y desabrido
que se rompe en pedazos si me nombra.

Mi loco, mi feroz, mi mar de fondo
viviendo en mí tan hondamente hondo.
Éste es el hombre-sombra de mi sombra.


El ámbar del silencio

El ámbar del silencio.

Desde que desperté
sucia
y
contigo
la eternidad se agolpa
en mis arterias,
se amotinan
los dioses
en mis sienes
contra sus paraísos
y
los hombres
me escriben turbulencias
que provocan
sonrisas
sibilinas.

Diseccionas mis versos
analizas
eliges
masticas mis matices
y
me inventas
de ámbar

y yo

con mi leyenda
de relámpago arisco
me pliego a tu tormenta
por matar tu hermenéutica mirada.

Ensenada mestiza
donde recalan voces
de todos los pelajes.

Sólo desde el silencio
puedo joderte vivo

violento hijodeputa
ladrón de siete suelas
ególatra suicida
criminal
amor mio

conseguiré
que llores tu memoria
como un
manso animal
sobre
mi cuerpo
de
agua

el día
que te niegue
la palabra.