Selección de poemas de Gavrí Akhenazi

Imagen by Andras Sziffer

Elogio inerme

No me imagino ahora,
en este tiempo de rudimentos que se vuelven anclas
y la jaula libera con sus fondos de humo
los pájaros armados en que nos convertimos
para salvar el vuelo.

Hemos salvado, también,
algunos pocos cantos al cabo de la risa
como la conjetura de estar vivos a pesar de estar vivos.

Venías tan inerme de nobleza a ofrecerme las rosas de tus balas
que era imposible condenarte a muerte
ni en batalla ni fuera de la guerra de bien que proponías
sobre arpones, puñales y armisticios
que hablaban de pañuelos y de trenes que no saben llegar
si no es descarrilando en tus andenes.

Venías tan desarmada con tus armas,
con esa gravedad del verbo grávido sobre la lengua impura,
con el gesto pausado y detenido de la mano que es sabia
en amansar rincones con cadáveres

que tuve que mirarte.

Y luego, ya no dejé de hacerlo como se mira el mar
con esa nostalgia sin premura que poseen los puertos en invierno
y esa costumbre mansa
de animal que se refugia en sí cuando la noche
es más amplia que el aire.

Un riego por goteo en este yermo
un día y otro día y otro día
hasta el ancho momento de los verdes.

Ahora, no sabría cómo no verdecer en la sequía
sobre la que tu boca me acontece
alimentaria.


Caída libre

Esta deriva de pequeños gestos
envuelve las ausencias con un hálito oscuro
que arremete sobre las condecoraciones
y se expande
con una suavidad de labio

hermético
turgente

agranadado como si de él brotaran verbos viejos.

Caen aquí.

Todas tus palabras caen como caen las reminiscencias
en el vértigo y en el esplendor
como si tuvieran su propia Shangrilâ
en un rincón del tiempo en que la vida moja sus historias.

Viajo despacio en este velero impenetrable
y hay en el aire una hondura que ha perdido las alas
porque tus pájaros

ásperos y metálicos como si fueran pájaros de guerra

se zambullen dentro de mi boca
para escribir las palabras descorazonadas
las palabras irrespirables
las palabras que parecen bruñidas por un zapatero de brujas

no de Cenicientas.

Entonces, solo para tu boca
unto de sangre a mi propio verbo
como si escribirte fuera un parto distócico

y el poema, mi alma.


Preso del fuego

¿Cuántas veces la muerte me ha pisado la sombra
y ha teñido mis manos con su oscura calaña?
¿Y cuántas otras veces la ha escupido mi boca
como un hueso podrido que me ha podrido el alma?

No sabría contar las voces de violencia
que atraparon sin rumbo mi poca algarabía
ni las veces que herido he rasgado la tela
de tus versos, con saña, para vendar mi vida.

Retorcido, malsano, mal curado, mal muerto,
que escribe lo que piensa cuando no siente nada
o siente demasiado su oscuridad de ciego

soy bicho malhadado que recubre con karma
a su letra rabiosa y al perverso deseo
de inmolarte algún día a su férrea esperanza.

Selección de poemas de Leonardo Zambrano

Imagen by Manfred Antranias Simmer

Tema

¿Cómo podemos encontrar la luz en la soledad?
Cuando las manos labran en la voz al tocar el sol.
Cuán grande es el verbo en nuestros lamentos
y la prenda que nos pinta esa fe en las sombras.

Hoy este insólito pretérito manoseó mis silencios
jugó en el papel hasta arrancarme una lágrima
y no me aparté de nadie en sus mismas muertes…
…Ni salvé un beso, al poner señales donde las di.

Cuál mi narcisismo despertó todos mis espectros
este poema se acerca a la lujuria que concebí sutil
grande y elocuente en mis deseos indescriptibles
inexplicable porque la hora fue siempre tiempo…

…la suyas en sus sesenta minutos tocando estrellas
las mías en la luna entre el cabezal y sus fantasías.

Mis horas y las de ellas siguen siendo eternas…


II

Hoy día he perdido a un hijo,
sin ser mío lo siento triste y llorando
su padre no lo aceptó y no fue eco
hoy partió con todos sus silencios…

Nadie se enteró cuánto es sufrir
y ahora el llanto se nos pega en la cara
por no entender lo que sucedía atrás
sin embargo sentir es una tumba más…


Recuerdo de mi pasado

Aún siento esa noche tan lenta y tan húmeda
cuando mis labios se despidieron de su alma,
aún siento esa noche con su soledad profunda
una lágrima más con sus marcas en el tiempo…

…mi propia demencia.

Selección de poemas de Ana Estepa

Imagen by Robert Balog

Tu nombre

Cada vez que te nombro, reverdezco,
dejo de ser un nicho cotidiano y oscuro
y el mundo se hace luz iridiscente.

Tu nombre me acaricia la garganta
si brotan de mis labios
susurros que en el viento
son pájaros nocturnos,
que vuelan para darte
tu nombre con mi voz bajo las alas.


De nuevo tú

Estás aquí de nuevo
con un cuerpo distinto y otro rostro,
mas la misma mirada
que me hizo cruzar la frontera prohibida,
en donde caminamos los secretos
que quedarán por siempre en la memoria.

Otra vez eres tú,
creador de pulsiones, artesano de estragos,
quien me busca y me halla.
Yo, que ya encontré un hueco bajo tierra
para ser invisible ante tus ojos
estoy aquí
latiendo y tuya.


Interrogantes

Adónde fue a parar el amor que inventamos,
las horas en la cama alejados del mundo,
dejándonos la piel entre los dientes.

Dónde andará la voz que se prendió en mi pelo,
las historias, los mapas que navegamos juntos,
desnudos, ante un mar inabarcable.

He buscado debajo de los muebles,
dentro las paredes que todo lo escucharon
y que todo lo observan, silenciosas.

Sólo quedan las manos que agarran los cimientos
de una construcción estrafalaria
sobre un lodazal de arenas movedizas.

Selección de poemas de Silvio Rodríguez Carrillo

Viene a mí

El amor, sustantivo que esquiva mi boca,
atropella los blancos que visten el libro
de combates a muerte que cargo en los ojos
heredados de selvas y ríos granates.

Tan sencillo vocablo, jazmín que no muere,
se me instala en el medio mortal del silencio
que, sin música, danza en mi pecho sus números
sabedores de versos, de jueces y biblias

Con temor me confieso enfrentado a la sombra
de un pasado que busca la triste pobreza
y un futuro terrible de fuerza que tiende
a lo bello del puño venciendo de un golpe.

En camino a mis labios, al gesto sencillo
de mi mano tomando su historia, mi chica
se sonríe sabiéndome cerca, latiendo
en el antes del tiempo el después del presente.


Roma nunca cede ni fracasa

Yo trabajé tranquilo la alegría
que muchas veces traje a nuestra mesa,
y en silencio aprendí que no interesa
al tullido ninguna cacería.
Al que sólo le importa su valía
el brillo ajeno duele; le incomoda
que el triunfo pueda estar casi de moda.
Exulta entonces, firme, sus dolores
sus embustes nocivos e interiores
en los que cree, puros y sin soda.

En ese tiempo andado mi mirada
se fijó en la manera tan amable
en que te convertían en culpable
los que no laburaban la jornada.
La culpa, los prejuicios, ¡qué jugada!
y yo buscando premios, medallitas
que me negaban mentes no eruditas
porque «podría hacerlo mejor», claro
«si para eso estudiaste, qué descaro,».
En fin, mejor dos tetas infinitas.

Confieso que tardé más de la cuenta
en anotar la trama y confesarme
que yo lo permití, que ya vengarme
sería cosa inútil, mala venta.
Dejarlo diluir como una menta
que se pierde y se olvida, que se pasa
porque algo más me dice y sobrepasa
lo que fue y que pasó, porque seguimos
siendo menos los pocos que sentimos
que Roma nunca cede ni fracasa.


Pesas y medidas

Cuéntame las aristas de tu meta
para que sin errores determine
qué posibilidad de que germine
tiene -y sin palabritas de poeta-
.

Y mejor si me dices de los bienes
de la plata y del oro que con ganas
donarás en las noches y mañanas
por plasmar lo que portas en las sienes.

Mas si acaso no gustas de gozar de tus dotes
y disfrutas del arte de ignorar a quijotes,
ni por Cristo te acerques al que intenta, sin llave

abrir con disciplina las puertas de una nave
que lleva a la alegría del acto consumado,
del coito en la mirada del guacho sin pasado.

Selección de poemas de José Carlos Hernández

Imagen by Luisella Planeta Leoni

La buena envidia

Me abruman los poemas que no entiendo
a pesar de leerlos varias veces.
En tantas ocasiones no siento buena parte
de todo lo que quieren expresar.

Densidad discursiva
intrincados lirismos
imágenes veladas, tan sutiles,
son los recios escollos que me atoran.

Se me llenan los ojos de palabras
sin esponjar mis vísceras dispuestas;
no se abren las ventanas de mi compresión
ni consigo envidiar a quien lo escribe.

Pero no voy a exigirle a los poetas
que acomoden su estilo a mi discernimiento.

La subjetividad es más ágil que yo
y acepto ser la cola del ratón
que nunca hace preguntas arriesgadas
por miedo a no saber descifrar las respuestas.

Si soy yo quien compone
procuro resultar inteligible.

Son buenos mis propósitos poéticos
mas luego me envilece
alguna ingobernable tentación
y en los ojos me lloran mis palabras.


Despertares

Me despierto y las ansias de hablar de ciertas cosas
me llevan a pensarte.

Aunque también quisiera naufragar en tus labios
conquistar tus cabellos y ser un condenado,
preso en las orfandades de tu cuerpo.

Pero lo reconozco complicado.

En vez de presentirte en la distancia
debería soñarte en el lugar seguro
donde, al borde del mar, la ilusión nos engañe
haciéndonos creer
que seremos los últimos testigos
de las muertes del sol.


Instante paraíso

Si adviertes mi versión que te confunde
no vuelvas la mirada hacia otro lado.
No seré diferente al que fui ayer
con mi pisada al borde del sendero,
labrando un caminar de ojos hundidos
temiendo los desdenes de otros hombres.

Y ante la retahíla de fracasos
que han ido jalonando mi existencia
aleja de tu gesto la repulsa
alimenta el valor que aún conservo
pues lograr el laurel de tu interés
será como un instante paraíso.

Selección de poemas de Sergio Oncina

Prohibido vivir

Prohibidas las quedadas y protestas,
el público en el fútbol, el deporte,
ir al monte, viajar al sur o al norte,
salir tarde, los cines y las fiestas.

Nos toman por idiotas con propuestas
de leyes caprichosas. Su recorte
a nuestra libertad es pasaporte
a un mundo de sumisos sin respuestas.

Invitan a soñar con imposibles,
recriminan y mienten al reacio
que, oprimido, se niega a consentir.

Los pobres somos seres invisibles,
nos limitan el tiempo y el espacio
recetando castigos por vivir.


Por eso escribo

Escribo por saberme en lo que escribo,
para escapar del límite consciente,
por morir o matar este presente
y si muero sentirme un poco vivo.

Escribo por placer, tan impulsivo
como un cuerpo en el fuego incandescente,
porque soy yo, voraz y diferente,
en versos que me abrasan sin motivo.

Escribo por romperme en la tristeza,
buscar en mis añicos la belleza
y en el todo, las lágrimas perdidas.

Escribo porque hay sueños y hay heridas,
porque existen los pájaros de acero,
la música de luz y el verbo fiero.


La huida imposible

Hay unicornios rosas a los pies de mi cama,
una ventana abierta con vistas al jardín
y un dado de peluche que siempre saca seises
en el último estante del armario.

La suerte me persigue
y cada día cuesta

mucho más esquivarla.

Selección de poemas de Orlando Estrella

Mi Dios de niño

Crecí escuchando sobre su poder,
imaginaba lo majestuoso de su regencia
y una luz de blancuras que temía manchar.

¿Quién no soñó rondar por los paisajes místicos
que nos vendían en libritos blancos?
¿Quién no se impresionó al entrar a los templos?
Eran ambientes para no olvidar.

Pero nunca faltó un temor escondido
en escenas de fuego y un ser que no entendí
porque se interponía entre tanta belleza.
También logré ver ángeles guardianes
armados con espadas y así pude indagar
que eran los buenos frente a los malos y lo creí.

En verdad lo pensé, guardaba estampas.
Me gustaba Gabriel, un ángel héroe
y la imaginación siguió su curso.

Pero el orbe de grandes echó al suelo
ese mundo de Dios que de niño soñé.
Nadie me lo contó, las fantasías
se esfumaron, ahora son historias.

Si me hubiesen pintado a ese Dios menos grande,
más frágil, con defectos, más cerca de los hombres
quizás lo hubiese visto
como más verdadero.

El suceso de Cristo fue una revelación
de un mundo más cercano.


Ríe, payaso

Me río del payaso que aparento
-o quizás eso soy-
tratando de atraer miradas con mis versos.

No ando detrás de las sonrisas blancas
de los prójimos lentos
que se pierden en rutas de soledad y muerte.

Fracaso en el motivo y no convenzo,
me quedo solo y turbio,
un idiota que ríe sobre su propio estiércol.

Les pinto el enemigo que los hiere,
desnudo su bosquejo
y en los versos finales, dibujo su currículo.

Pero no captan al poeta necio
y su labia incendiaria
que sólo busca leña para alumbrar sus predios.

Mi máscara no llega, luce tosca,
antifaz obsoleto,
un arlequín que gime a carcajadas mudas.

Así, Ruggero tiene su remedo
con ausencia de público,
un títere que llora y ríe su lamento.


El poeta jardinero

Recuperemos las musas del hueco
donde quedó entrampado el poeta
que cultivaba las rosas del huerto
cuyo terreno lucía sin vida.

Nadie creyó que pudiese con versos
dar vida al hoyo podrido, marchito.
Surgieron brotes hermosos, serenos
que dieron paz y alegría a la grieta.

Pero en la casa del pobre el anhelo
es letra muerta en la boca del vate
si sólo tiene palabras con metros
y rimas muertas, por más efectivos
y contundentes resulten sus vuelos.
Serán tristezas con alas torradas
y volverá la sequía, el lamento.

Hay que ir blindado, no sé con qué armas
y rescatar al juglar jardinero
y prevenir que la infamia lo entierre
en el edén que forjó con ingenio.

Selección de poemas de Jordana Amorós

Mujer tenías que ser

Dios te creó, mujer, tan sensitiva
que se te transparenta el sentimiento
por los ojos y un alma comprensiva
pone en tus labios su risueño acento.

Y al tiempo te ideó tan combativa
que haces de tus manos el sustento
de la fuerza del hombre y lo motiva
para sobreponerse al desaliento.

Contradictorio ser, hecho de seda
y diamante a la vez, de confitura
y de sal, que a la Tierra dan sabor.

Corazón de leona, en que se hospeda,
desde que el mundo es mundo, la más pura
e incombustible llama del amor.


Antiguos desconocidos

Mi idolatrado cuerpo, conocido
-eso creía yo- al que me ata
con cada vicio antiguo mi insensata
afición de apegarme a lo sabido.

Después de tanto tiempo compartido,
sentirlo, sangre y piel, es una grata
sensación, aun si a ratos me maltrata
su esqueleto de hueso dolorido.

Por eso ha resultado una sorpresa
mirarlo hoy con distancia, no sabía
que apenas, poco y mal, lo conocía.

Que solo es esa cáscara que apresa
un alma que viviendo se enriquece
mientras que él se arruina y envejece.


Reconciliación

Duele vivir.
Y da pavor no hacerlo…
Respirar, aunque ya no esté la rosa
por regalarnos su mejor fragancia ,
se ha vuelto para el pecho una costumbre.

Y no hay corazón que no desee
presenciar con placer cómo se rinde
el rigor del invierno y sin recato
reverdece una nueva primavera.

Toca reconciliarse con la vida,
buscar esperanzado en la textura
del alba algún acento cristalino,
capaz de devolverle el brillo al aire.

Y aprender a exprimirle a tu sollozo
incandescentes rimas cada noche.

Selección de poemas de Eugenia Díaz Mares

Imagen by Tower Art

Un cigarro, oídos sordos

Qué ganas con ser pasiva,
si las tormentas te pegan
y las alas te las pliegan
de manera primitiva.
Buscas una alternativa
que apacigüe el vendaval
tener un día normal,
un cigarro, oídos sordos,
o el gorjeo de los tordos
para la salud mental.

O bien cedes en tu mente
y a tus miedos te regresas,
o marcando tus promesas
a tu pavor le haces frente
sin dejar que se alimente,
ni que esparza su amargura,
tan violenta y tan oscura,
que con sus demonios trate
y con ellos el desate
toda su furia futura.


Cerrojos sin combinación

Se me perdió el amor, y solo me ha quedado
el remanso de haberlo conocido.
Se me quedó impregnado ese aroma a maderas,
sabor a menta fresca que probé en su sonrisa,
la sensación del mundo entre mis manos
y su mirada fija agitando mis entrañas.

Con mi cuerpo de agua he mojado las calles
siguiéndole las huellas.
Él no me quiso gris, me quería fresca y verde,
me dejó con mis sombras en la oscura parada
del tranvía que partió.

¿Qué voy a hacer conmigo?
sí ha dejado cerrojos sin la combinación,
a mi piel con escarcha, mis voces silenciadas
con labios moribundos cómo las golondrinas
perdidas que no migran.


Ofrenda en el día de muertos

La gente dice que has muerto.
Nena mía, ellos no saben
que resplandeces y vives
como el sol todas las tardes,
que sigues siendo murmullo
de amanecer en los mares,
eres música y el ruido
alejando oscuridades.

Que ansiosa espero noviembre
invadida de saudades,
en un altar con ofrendas
flores, velas esenciales,
tu platillo preferido,
con mis lágrimas fugaces.
Celebrando el día de muertos
llorar es inevitable.

Ven a casa, mi pequeña,
te dejare las señales
que te indiquen el camino,
abriré los ventanales
para sacar el silencio,
la tristeza y soledades
hay mucha muerte en el mundo.
Perdona las novedades.

Yo sigo en recogimiento
esperando tu mensaje,
con maleta preparada,
y en mi corazón, finales.
En mi mirada el anhelo
de atravesar los zaguanes
feliz contigo del brazo,
muy lejos de los mortales.

Selección de poemas de Idella Esteve

magen by Enyin Akyurt

Figúrate, si puedes

Figúrate, si puedes,
lo que el rostro te esconde.
¿Qué te voy a decir de los silencios?
¿Qué te voy a contar de los internos gritos?
¿Qué de las esperanzas ya perdidas?

Ampárate en mi sombra, que no hay otra.
Cógete de mi mano
y camina conmigo hacia el poniente;
ya no te importe el norte, ¿para qué?,
llegamos al final de nuestro viaje.

El mañana vendrá
pero nosotros… ¿Cuándo?… ¿Cuándo?… ¿Cuándo?

Todo tiene un final.
Oriente quedó atrás. Todo es Ocaso.


Cuándo

Cuándo saldremos de esta hibernación
en un sueño fatal aletargados.
Cuándo dejar atrás nuestros cuidados,
las cuitas empañando el corazón.

Cuándo, si no me falla la razón,
estarán mis anhelos reafirmados,
aquellos que se han visto refrenados
por esta interminable situación.

Cuándo. Se hace tan larga esta agonía
que traspasa la luz y son penumbra
los rayos que me llegan desde el cielo

y ya no puedo ver brillar el día.
Sólo al llegar la noche se vislumbra
lo real o irreal en mi desvelo.



Divagando

Ejercí de feminista
sólo en casa, coherente.
Hoy la cosa es diferente,
nada hay que se resista.

Para el hecho de cambiar
yo me apunto la primera
cuando me entra la tontera
de cosas tergiversar.

A los hombres llamo nueros,
yernas nombro a las mujeres.
Así lo llevo ¡Qué quieres,
si no me cuesta dineros!

Y me paso por el forro
la gramática castiza
y nada me escandaliza
pues soy más lista que un zorro

No todo en “a” terminado
se refiere al femenino
y es un tema ya cansino
que ha de ser eliminado.

No hay un hombre que se niegue
a que le llamen tenista,
violinista, ajedrecista…
en lo que toque o que juegue.

Lo que finaliza en “ante”
se quiere acabar en “anta”
cosa, pardiez, que me espanta
y no le encuentro atenuante.

Mas pongo trabas, no creas,
si me hacen usar la arroba,
es algo que me joroba,
me causa flato y disneas.

Dejemos las tonterías,
vayamos a lo concreto:
tratémonos con respeto
y acaben las chulerías.

Selección de poemas de Eva Lucía Armas

La rosa de Buscemi

Quiero decirte
-ahora que estás triste y antologando karmas-
que el tiempo (sinalefa ridícula en queel)
jamás
(así, jamás )
jugó a nuestro favor.

Yo vengo muy gastada de ilusiones
(y por lo tanto, ya no me ilusiono).

Y vos no sé.

Eras amor sangrante que sangraba demasiados amores.

A veces me pregunto

si no quise
no supe
o.ni quise ni supe la verdad.

Una se queda sola con sus miedos
para combatirlos de por vida.

Ni siquiera
ahora
en esta indescriptible soledad
sabemos cómo acompañarnos.

No nos alcanzan bergantines ni sueños.

Siempre seremos

(tan solo)

dos amores solos que no saben amarse.


Toma 1

Yo he nacido de pie, como la fuerza,
y no a merced del viento.
Soy un quebracho de raíz profunda,
no un pino blando
que no propicia calor cuando se quema.
Yo te quemo la cara, las pestañas,
soy brasa firme y esplendor sonoro.
No soy queja ni llanto ni suplicio,
soy toda libertad, toda talante,
y vendaval de aguas y de musgos.

Me río de la histeria y los histéricos.
Me río de las pálidas bacantes
que cantan a Dionisos travestidos.

Yo renací de muertes y de furias
como un Fénix de intrépidos cristales
y no me pueden venir con pantomimas
ni con besos de lengua que no existen.

Soy mi propio fantástico deleite,
mi soledad apócrifa,
mi aguerrida e incuestionable Lisa Simpson.

Y decido qué hago con mi vida,
le pese a quien le pese; incluso a Dios
que me mandó en pelotas a este mundo de diablos
y arreglate.

Mi espíritu está viejo de universo y soy la libertad,
la independencia.

Nada tengo de frágil, ni muriendo.


Existencias

Ahora que estás ebrio de mar
como un contramaestre melancólico
que desposa sirenas de espuma por el mundo,
escucho tu voz.

Canta desde el fondo de un suspiro
y murmura mil nombres con su tinta salina
atrapado en el engarce del hombre solitario.

Cuenta tu voz, atadas al relato de tu piratería caribeña,
las bocas y las manos que cosechó por tantas noches blancas
en la vertiginosa copa de la luna
y sobre la desesperanza y el calor.

Un tesoro de pieles y perfumes que se van apagando
en el profundo arcón de la memoria
como se apaga suavemente una plegaria
en una catedral
te obliga a regresar a los regresos
y a buscar a tus búsquedas.

El Viejo Relicario vaga con su Cubano Errante
proponiendo palomas, disparos y palmeras
y seduciendo ninfas, ondinas y bañistas
atrapado en la red de pescar versos.
Es su contramaestre melancólico
que intenta, mientras canta, ser feliz.

Yo soy de las que bailan de sol a sol la vida
en una playa ignota
hecha toda con esqueletos de cangrejos y de estrellas fugaces.

Diría que no existo.

Selección de poemas de Morgana de Palacios

El tiempo pasa

El tiempo pasa, vida,
se asoma precavido a mi intemperie
por intuirte páramo a lo lejos
y se nos va nublando
a medida que avanza sin mucha convicción.

El tiempo-incertidumbre-holocausto-pandemia
como un virus
dubitativo y frágil
se persigna al rozarnos, murmura vade retro
como si nos temiera

porque dejamos de reivindicarlo
porque dejamos de pensar en él

y hasta de esperanzarnos en sus ojos de lluvia.

Ya sólo creo en ti y en tu no-tiempo
adicta al sinfuturo de tus labios
que todos mis silencios justifican.

El tiempo pasa, vida, y no me importa.
Con esta terca voluntad de amarte,
me olvido de que existe
día a día.



Un mundo de metáforas

A veces, junto a ti, me ataca el desconcierto
por esa diferencia de tu tacto y mi tacto
e invento la caricia y el golpe y el exacto
instante de atraerte a puro cielo abierto.

Por esa diferencia de tu boca y mi boca
es que gestas las guerras que enamoran al labio
y el verso que seduce, enardecido y sabio,
de tu lengua a mi lengua se agita y descoloca.

Porque somos distintos de palabra y de gesto,
de ojos y mirada, el instinto me apuesto
para desentrañarte sin un roce de piel.

Un mundo de metáforas con el rostro velado
no oculta la certeza de saberte a mi lado
el más hombre del mundo con carne de papel.


Armada

Tal vez desilusión, no aburrimiento.

Jamás me aburro yo conmigo misma,
me inauguro portátil, voy y vengo
y me sobra talento armamentista
para partir de cero en cualquier guerra,
al no soñar con tierras prometidas.

Mi territorio se abre en el presente
sobre el páramo azul de la inventiva.

No soy de las que lloran el pasado
negando la pasión de cada día,
porque lo que me gusta es el camino,
la huella de los pasos, la genista
en la cuneta donde duermen tantos
sobre sus cuerpos yertos invasiva.

A ninguno le debo un mal capricho,
ninguno me ha dejado malherida,
lo que me dieron di, siempre sobrada,
y al irse pasé página deprisa.

Mi lealtad se ajusta a lealtades
que no terminan más que con la vida,
el resto ni me mueve ni me importa
ni consigue borrarme la sonrisa.

¿Aburrimiento? No, ni estando muerta.
¿Desengaño? Quizás, por estar viva.

Pero es lo que estoy, viva y armada
hasta los dientes con la poesía.

Selección de poemas de Isabel Reyes Elena

El primer árbol que se quebró en mi pecho

Te adentraste en mis bosques,
trajiste el paraíso y el autobús del día,
las lanchas de tus labios y el corazón unánime.
Andas por mis pestañas sin exigirme nada.
Callo y anida el tiempo en mis ojos azules.

Tal vez no pueda nunca regresar al calor,
a la ribera suave de los pájaros
a la fruta de barro que taponó la aurora,
a esas iniciales grabadas en mis ojos.

Pero tú me escanciaste como un vaso de sol
y fuiste el primer árbol que se quebró en mi pecho.
Embalé mi destierro. Me lloraban las calles,
el camión con mis muebles traspasó la vendimia,
pero tú me conduces. A tus fuentes me llevas.

No me diste la luz.
Si la hubiese atrapado con mis manos entonces
yo sé que en mis retinas vería mariposas
y un ancla bajo el agua de mi cuerpo.

¿Y por qué no encontrarnos de nuevo en las murallas
de la noche los dos, rescatarnos el día,
ver si podemos juntos adelantar tormentas?

Por mi esperanza cruza tu recuerdo de música
al desvestirme selvas esenciales, y tengo
el dolor de la nieve, la madurez salobre
de quien atrapa barcos con sus manos de piedra.
Cuando pasen andenes te seguiré mirando.

Mi meridiano eres. Tanta melancolía
se albergaba en mi acento castellano.
Fuimos desmenuzando palabras interiores.
Por entre el diccionario con mi paraguas rojo
impediré que caiga la nieve en tus pupilas.

Yo ciega voy de amor, sé tú mi lazarillo.


Instante decisivo

Miradme aquí, en piedra convertida,
exhausta de silencios y ciclones,
coronada de inútiles razones
a causa de una nueva arremetida.

Observadme en el tiempo detenida
enlazando palabras a jirones,
sombras de soledad, crudas lesiones
que acunan el sabor a despedida.

Mas no lloréis la ausencia de mi viento
ni toquéis el poema que os escribo
bajo el soplo desnudo de mi acento.

Que en la nada de un verso sigue vivo
-con la sangre y la sal del desaliento-
el reloj del instante decisivo.


El arpa de mis ritmos

Os dejo la palabra en mi verso truncado
y este fulgor que intento mantener encendido
para que los senderos no se llenen de sombras
cuando la sombra venga a cebarse conmigo.

Os dejo un arcoíris de voces traspasadas
por el ardiente dardo del poema maldito
que se encona en el alma, madurando en la mente
y rompe las entrañas cuando quieres parirlo.

Os dejo cuanto tengo: mi alforja de palabras
y este viento que, a veces, me aúpa al infinito
con el ímpetu firme de sus alas amigas
para hurtar los azules que me fueron prohibidos.

Me marcho como vine, desnuda y sin apegos
pues no escalé montañas, pero sé de los riscos
que cercaron mis huellas con ortigas malignas
cuando aventé canciones por todos los caminos.

Recordadme si os place, y si no, silenciadme.
Sé todo cuanto os debo y cuánto he recibido
de este afán que me tiene atada y bien atada
al querencioso potro del verbo y su destino.

Si me queréis gritadlo frente al mar de mi tierra.
Os dono para siempre el arpa de mis ritmos
y el amor que me crece en los espejos mudos
del poema sangrante y mi triste delirio.

Selección de poemas de Ángeles Hernández Cruz

Cincuenta y tres segundos, dos minutos,
un día y cuatro meses
es la porción de tiempo que resulta
cuando sumo tu nombre a mi memoria
y sin embargo,
la operación resulta equivocada.

Me pregunto por qué me sabes a infinito,
un ocho recostado que sonríe
burlón ante mi asombro.

¿Será que hemos vivido desde siempre
en líneas paralelas que se insubordinaron?

Ante la geometría, formaron una equis
y ahora multiplican.


Mi condena

Me acompaña la culpa a todas partes
enquistada en la espalda y en el vientre
con la incomodidad de un viejo huésped
que gruñe y se lamenta de su hambre.

Tiene la facultad de desdoblarse
y aun sintiendo su peso se aparece
en medio del camino en pequeñeces
que envuelve y se me incrustan como sables.

Aunque hieren los rostros de los niños,
los bosques, los bullicios, las mareas
y el canto mañanero de los mirlos,

solo podré acabar con mi dolencia
cuando me harte de ver como egoísmo
la imagen del final de esta condena.

«Para tu libertad», Ángeles Hernández Cruz

Imagen by Sahil Moosa

Me hiere esta distancia que no se mide en metros
sino en la cantidad de monosílabos
que mengua cada noche en tus respuestas.

A pesar de tu empeño en secuestrar la risa,
en postergar encuentros y en enjaular palabras,
conoces el tesón que me sostiene
y va apretando lazos uno a uno.

Las cuerda que te ató un día aquí en mi vientre
se volverá camino, brisa y agua.

Senda cuando tus pasos
se cansen de esquivar selvas y abismos;
manantial de frescura en los desiertos
de arenas que supuren soledades
y aire que respirar cuando te ahoguen
las esquirlas de sueños reventados.

Para tu libertad busco el abrigo
de la leña que quemo con trozos de mi orgullo
para que arda la escarcha, blasón de tu bandera.


Sin aliento

Las madrugadas sin aliento
se inclinan ante el sol que ya esclarece
las sábanas mojadas de vigilia,
los ojos que enrojecen los cristales
en los que mira ausente mi cansancio.

Las madrugadas sin aliento
llenan de paz la incertidumbre
al expulsar las pesadillas
como el boqueo
de peces rezagados al huir la marea.

Hay otras madrugadas sin aliento,
aire que se ha quemado en nuestros labios
en las noches al borde de tu boca,
y que se troca en súplica extenuada
para que no alboree.