«Anoche te pensaba», «Mi rayo que no cesa», poemas de Carmen Jiménez Meneses- España

Anoche te pensaba

Anoche te pensaba:
Un cachorrillo dulce y vivaracho,
tan tenaz en el juego, tan amigo,
tan inventor de historias, tan extremo.
Tan de cerca de mí, como yo tuya.

Anoche te lloré porque te fuiste
y a menudo tus ojos me interrogan
y no sé contestar esa pregunta.

Porque ya no te encuentro ni te encuentras.

Anoche te lloramos, igual que cada noche,
tu padre y yo, en silencio.


Mi rayo que no cesa

No me conformo, no: me desespero
como si fuera un huracán de lava
en el presidio de una almendra esclava

o en el penal colgante de un jilguero.
(El rayo que no cesa. Miguel Hernández)

Mándame un simple selfie
sin mirarte al espejo,
sin impostar sonrisas que tus ojos desmienten.

Déjame que te bese, en la distancia al menos,
ese rictus amargo que tienes en los labios
cuando nadie te mira y cuando miras lejos.

Porque quiero beberme la dulzura que esconde,
porque no me conformo, porque me desespero.

Los presentes ausentes: José Luis J. Villena – poemas

Huya el tiempo

A veces el pasado es el destino
del humo de la vida, de la farsa
del amor que, sin serlo, nunca fragua,
como nunca es el agua un espejismo.

Dejaré en la tristeza un verso escrito,
desamor, esperanza huera o vana
e igual que su sentencia el reo acata
yo quiero que después cunda el olvido.

Huya el tiempo también y su premura
por caminos o vientos muy lejanos,
que yo quiero de nuevo la dulzura

de tener el amor entre mis labios
como el sediento que abre dulces frutas
y se come la pulpa muy despacio.


El espejo

Tras el frío bruñido del espejo
de alinde en que te miro,
en el eco del silencio estás llorando
y lloras lágrimas de cristal molido
y lloras penas que son de hielo seco
y lloras como un desterrado
en el espejismo de tu dolor secreto.

Vives en una ciudad de vidrio y viento
que tintinea en mi cabeza,
casi rompiéndose cada día,
pero yo no sé quién eres tú
y tú no sabes por qué lloras.

Y yo que venía desarrimado
a averiguarte la esencia del alma,
héroe efímero de los escaparates…
y yo que deseaba beber el aliento
de cristal envenenado de tus labios,
amor cercano e intocable…

y yo que quería preguntarte mi nombre…


La mujer del secreto

La mujer que me lleva a la otra orilla
es un puente de sombras deshiladas,
un atajo a la gloria o al infierno
de un querer que me quiere a vida o muerte.

La mujer que me mata y me desea
es la maga que embruja mis sentidos,
la razón que se pierde con ungüentos
aplicados de noche y a escondidas.

La mujer que me guarda y que me aleja
trae un río de ayeres altaneros,
desaguando en las dudas del ahora
lo cierto y lo seguido de su estirpe,
y es un brote de piedra en el futuro.

La mujer del secreto que ella sabe,
lo desvela en las noches del instinto
y fía ciegamente a mi vigilia
su vida, que hace tiempo que es la mía.

Hay dos firmas de amor al pie de un trato
avalando la sangre y su bullicio
en los frágiles días que nos sueñan.


Nocturno

La noche se abre en una flor de brea
que naciera del tallo de lo oscuro
y derrama su efluvio misterioso
bajo una lluvia de marfil eléctrico,
de una luz que quizás sea de luna.

Camino en la quietud de las aceras
buscando una guarida que me ampare
y un bar es un lugar donde esconderse
para encontrar sosiego en una copa
y suponer tu cara entre las caras
que me miran mirando lo que miro.

No sabe nadie que te busco a tientas,
que me parece verte en algún rostro
o en el cristal narcótico de un beso
que me devuelve a ti,
a la derrota absurda de quererte
en unos labios de carmín postizo.

No estás y a la intemperie,
cuando las putas vuelven del infierno,
en esa hora turbia en que el delirio
tiene un aroma de flor del trasmundo,
sin aliento ni ruido vuela un ángel
que desangra en palabras su agonía
y un poeta se bebe los silencios
del amargo licor de los crepúsculos.

Nunca hubo un amor tan imposible.


In the road

Dejé que el coche fuera despacio y sin destino
hacia la noche albada del neón y el desvelo,
igual que un ángel roto volando al ras del suelo
la gloria me pillaba muy lejos del camino.

Por las calles oscuras, por las sombras opacas,
la gente de la noche peleaba su esquina
con la sed insaciable del vicio y la ruina
que, al hervir de la niebla, bullía en las cloacas.

Yo, que buscaba el rastro y el perdón del olvido,
devoraba kilómetros huyendo de lo inmundo
y drogado de pánico, conduciendo errabundo,
maldecía la suerte que tiene el forajido.

Repartía el semáforo en tres luces el mundo
y en la duda del ámbar me quedé detenido.


Cinco poemas de Morgana de Palacios

Acto de fe

en una flor cortada se ha resumido un hombre
que es todos y ninguno

porque nombra la flor la flor existe
para adornar el pelo de mi ausencia

puede con la palabra
derrocar el gobierno de los tiempos de estío
y convencerme de que el sol no brilla
más que para mis ojos
si los abro

puede inventar ciudades donde perderse un día
por calles peligrosas
y como Dios
resucitar los muertos de sus tumbas de olvido

puede traer la muerte de la mano
de tanto no quererme y tanto amarme
con la contradicción del desencanto
enganchada en los labios de la infancia
y en un torneo antiguo
cubrirme de tarántulas
por creer que me gustan sus cosquillas morbosas

puede decir amor y hacer que bulla
el avispero de sus desazones
y que se abran los muslos con la palabra sexo
conduciendo la mano de la mas-turbación

tan lejos y tan cerca

inexplicablemente

en su palabra se resume el hombre
y es todo cuanto ha escrito
porque nada le obliga a pronunciarse
ni a salir de sus fueros
más allá de que sea otra palabra
la manipuladora de su instinto
concentrada y procaz como una puta ciega
sobre los genitales del futuro

el aire es una Biblia con su nombre
temblando en la portada

soy un acto de fe inquebrantable
con la palabra ausencia en la mirada



El límite de lo real

Uno es lo que escribe
y crea realidad al hacerlo.


La clave está en sentir.

Entonces es real y en el instante
que digo mano, creo la caricia,
y donde digo amor, estoy amando
y donde digo ausencia me faltas en la nuca
y te falto en el pecho que no tocan los dedos.

Seas quien seas, me haces y te haces
en la onomatopeya de una carcajada
en la dilatación de la pupila ante la luz del monitor
en un reflejo simpático en cualquier lugar del cuerpo.

Qué otra cosa soy que la palabra
con que me pones rostro y das la vida,
qué otra cosa eres que el deseo oscilante
de todos los vocablos con que arraso a tu ausente.

Bah
¿De qué cuento has sacado que necesito un príncipe
que me sostenga el cetro y la corona?
De qué dignidades me hablas
si en esta violencia admonitoria
soy sólo una mujer allende el miedo
que tiembla ante las ganas que tienes de morirte.

No hay nada que entender.
Alguna vez quiero cerrar los ojos
y descansar de tanta despedida.

Sólo me tienta el arco de tu boca,
y será porque aún
me sabes a milagro.



Guerra civil

Olvida lo siniestro del presente
como lo olvido yo cuando me miras.
Sólo has de detenerte, mientras matas,
un segundo en la piel de mi suicida.

Hay tanta muerte suelta por las calles
que quejarme de ausencia es egoísta,
pero lo cierto es que me da vergüenza
apiadarme de mí con preceptiva,
si no te apiadas tú. Tú que sí puedes
alzarme de este suelo con ortigas,
sujetarme en el aire contra ti
y soltarme las trenzas de la risa.

Hoy me duelen las sienes de pensarte
y no sé convivir conmigo misma.

Esta guerra civil del alma adentro
me está volviendo dulce y asesina.



Desangramiento de los días

Mientras tu voz me pisa los talones,
tu mano
que escabulle ternura
me perfuma de ausencia la memoria
de lo que pudo ser pero no fue.

Debo cortarme el pelo que ha crecido contigo
en el desangramiento de los días
y se me ha vuelto agreste y desmadrado
como un nido de cuervos
en disputa
por una presa muerta.

La muerte nunca llega
en estas estaciones dolorosas
que no terminan de acabarse nunca,
donde la carcajada es el prozac
que evita los suicidios.

Te apuesto lo que quieras
a que me moriré cuando el disturbio
vomitando indolencia
baje todas sus armas y tu mano
por fin haya aprendido la caricia
que nunca te enseñé.

¿Y qué?

Nadie dirá te amo
con tantos alfileres clavados en el llanto.

Yo tampoco



Canto fúnebre

Siempre es ayer para algunos dolores
porque no existe placebo piadoso
para el agudo dolor luminoso
que prende el cirio de sus amargores.

No pasa el tiempo ni crecen violetas
sobre la tumba del prístino duelo,
ni se apaciguan sus ojos de hielo
cuando disparan impías saetas.

Siempre es ayer, aunque pasen los años
sobre el dolor que no sube peldaños
de la escalera que lleva al olvido.

Que siempre es hoy, y es aquí, y es ahora,
en el dolor que me ataca a deshora
por la tragedia de haberte perdido.

Morgana de Palacios

El preso

Piérdete en frialdades, súbete al monte del buen olvido,
sé el látigo y la tralla, la oscura amnesia de lo vivido
y renuncia a mis ojos como los ciegos a la alborada
que desde mi espelunca te estoy retando con la mirada.

No me gasto en promesas ni en juramentos,ni en fantasías,
la flor de la discordia llevo prendida a mis rebeldías
y en mi memoria crece el lirio oculto de tu erotismo,
por más que te disfraces de indiferencia, eres el mismo
que en mi oído gemía ebrio de tántrico desafuero,
orgasmos guturales de fiera en medio de un avispero.

El mismo que lamía de mis palabras las suavidades,
y moría de ganas de pervertirme en obscenidades.

¿El que pretende alzarse con el botín y salir ileso?
Sólo uno. Tú mismo. El mismo hombre. El mismo preso.

Ana Bella López Biedma

Quiebra la noche

A paso lento, sin ganas,
se va acercando el verano
y yo sigo en este invierno
sin el vuelo de tus manos.

No pienso en ti, no te añora
este cuerpo tan huraño
mientras mis dedos escriben
tu nombre, seco y amargo
en las ruinas de mi ombligo.

La oscuridad de mi cuarto
te dibuja entre las sombras
y en mi sombra reflejado.

Toca tu ausencia mi pecho
caído, desangelado,
y se eriza el pensamiento
con el roce de tus labios
sobre el arrecife dulce
de mis caderas, y el barro
que amasaban tus gemidos
en la arena de mis años.

Quiero el peso de tu furia
sobre mi cuerpo, naufragio
con que le arrancas las velas
a este corazón exhausto.
Golpea, aprieta, diluye,
expande y licua mis labios
sobre la cruz de tu boca
lo mismo que un relicario.
Quiero mi lengua en tu ruina
y en tus lágrimas mi llanto.

Por la nieve de mi sueño
tu saliva ha cincelado
espinas y rosas rojas.
Aráñame los espacios
donde no me existe nada
salvo tu ausencia. Reclamo
todo el peso de tu cuerpo
abriéndome en dos, espasmo
en que se quiebra la noche
con el eco de un orgasmo.

Gerardo Campani & Morgana de Palacios

Anti erotismo radical

Amores que de tan sutiles
son como los de la famosa escena
de las miradas a la luz de velas
de la película de Kubrick.

Y otros que son disímiles,
y tanto, que parecen más teoremas
para las manos ágiles y expertas
en resolver cubos de Rubik.

Me adaptaré a cada circunstancia
siempre y cuando el trabajo esté bien hecho.
Si es buena la faena sobre el lecho
el ¿cómo así? carece de importancia.

Digo yo, que prefiero Bach a Elvis,
y sin embargo en el amor persigo
modestamente un resultado. Digo,
ese largo estornudo de la pelvis.

Gerardo Campani


Anti erotismo medular

Va a ser que sí,
que corren malos tiempos para escribir lujurias
y volver a la piel enamorada.

Que ya no queda espacio para enroscar las lenguas
y el roce de los cuerpos sudorosos.

Que dudamos
de si resucitar de tanta muerte absurda
tiene alguna ventaja
y merece la pena encarnizarse
forzando el boca a boca del instinto.

Probablemente ya, va a ser que sí,
que esta extravagante febrícula sexual
no tiene consecuencias y, aunque tiemble
como una gata arisca y aterida,
no va a dejarme huellas en la nuca
ni a preñarme de sol extemporáneo.

Que no quedan orgasmos que llorar
a borbotones cálidos,
porque tu palidez no se pronuncie
sobre la doble luna de mis pechos
con la voz excitada por la ausencia
y el deseo expedito.

Va a ser que sí,
y desaparecer
empieza a ser la opción
que en este ranking va ganando puntos.

Morgana de Palacios

Leonardo Zambrano – Ecuador

Fantasia by Enrique López Garre

Un poema

Rebelde

Esta cárcel desencadena locuras
la duda de palpar cualquier objeto
al remover los llantos de otros ojos
y gemir junto al yermo del cuerpo.

Quiero gritar mi atraso con cultura
a la potestad de rodear la zozobra
a poder indagar mis otros silencios
entre las cantos que llevan mis dedos.

Tengo duda del aire en todo orbe
que me falta y espanta en reflejos
no hay máscaras en las oscuridades
ni soles quemando sus destierros.



Una reflexión

No sé qué responder, salir da miedo y estar encerrado me vuelve loco. Si en el aire dura un poco de horas, hasta dejar pasar los fantasmas cuando tocan las ventanas, te llena la boca de más silencios. Ya no somos los mismos. Cuando me afeito veo a un hombre que desconozco, más triste que un payaso en un nido.

Hoy las cucarachas salen y se sirven agua de almuerzo; ya no se puede ni desperdiciar migajas con tanto control para comer los próximos días, si no son meses; a veces llorar no es suficiente sin entierros y sin fosas. Sigo aquí mirando los idiotas que no respetan el estado de sitio, mañana las nuevas sombras de los hospitales.

Creo que las desgracias nos hacen temblar con una escasez especial.

John Madison – Cuba

Poemas escogidos

Imagen by Shahab Azad

Son montuno

Jamás tuvimos garbo pero aún así danzamos
con la vitalidad de un sentenciado a muerte
salmodiando al perdón frente a su cena.

Danzamos,
y el resto del concurso que nos mal imitaba
nos mostraba su enojo.

Ingrávidos danzamos,
tú amarrada a mi cuerpo
yo al vuelo de tu falda
tú llenando mis manos
yo atado a tu cintura, en breve contrapunto.

Apoyado en tu pecho
sobre mi fe tu voz
danzamos indomables
hasta que la locura,
dejó de intrepretarnos el vals de los amantes
y el tiempo y los silencios,
nos quitaron las fuerzas.



Habana inmaterial

Estoy aquí,
viviendo
con los pies enraizados a esta casa magnífica
minimalista y ancha,
confortable,
con los labios sellados y el corazón penando
los ojos ya desérticos y mudos
ante esta geografía sin límites
con las manos raídas
de tejer al presente direcciones y rostros,
de retener en la memoria turbia
papalotes sangrando tinta china en las nubes
solares bulliciosos habaneros y esquinas,
los autos con sus sones de salseros modernos
boleros sumergidos en tragos de daiquiris.

Estoy aquí
vestido de pasado
mecido por las aguas sin ventura ni suerte
de este mayo europeo nostálgico y sin trópico
mal viviendo, muriendo,
amortajado en ésta habanidad distante
que se me antoja cada vez más rota.



Jack Skeleton

En voto de silencio me declaro
aunque la “verbi gratia” me desborde
que puede mi discurso no ser claro
si mi voz de poeta es monocorde.

Y ya puede mi Sally tras la reja
pedir que rompa en dos mi mandamiento
que no daré cordel a la madeja
de versos sin tener conocimiento

Hay silencios que dictan en su arrastre
una suerte de efecto mariposa
no temas, Sally Persson, si el desastre
alcanza a mi liturgia clamorosa.

Te vuelves por momentos adictiva
a amores que alimenten tu brasero,
yo soy tu Frankenstein y tú la diva
que doma la pasión del romancero.

Y mientras la metáfora resiste
a regalarme su divino encanto
carcelera es la sombra que te asiste
hasta que el verbo anuncie el contracanto.