«Si amaneces sin mí», «Digamos que…», «Del beso al diente», poemas de Morgana de Palacios

Imagen by Nika Akin

Si amaneces sin mí.



si decides mañana amanecer sin mí
déjame aquí el grial de tu santa palabra
y haré que nuestra historia
sacrílega se eleve
por encima de todos los benditos
contra los que hemos ido por sensuales

si amaneces sin mí y aun sombrío
te pones a buscar algún espectro
que luminoso apague mi memoria
no olvides que mis uñas
te han rasgado la espalda
y todos reconocerán mi nombre
cuando eyacules preso tu abundancia
sobre cualquier viciosa sin palabras

yo te obligué a existir frente a ti mismo
tú a indagarme viva entre muertos sin rostro
y fue a través de ti, de tu desgarro
que me volví cruel para los ojos
dañina
como la música de Bartok

no malvendas mis huellas digitales
y te recordaré
por todos los que te olviden

mantendré abierto tu vacío
de par en par
con palabras que cubrirán tu nombre
si al final de la página
épico me seduces
como si no tuvieras la victoria
al borde de unos labios
hartos de copular con mi añoranza

si miras por mí el mundo
con tus ojos antiguos
olvidándote de lo mirado
yo pagaré por ti lo que me pidan
y es posible que hasta pueda

perdonar a dios
por tenerte tan cerca
sin tocarte




Digamos que…



Digamos que hace falta mucha insatisfacción
y un conato de ira taladrando las sienes
para escribir un verso que merezca la pena
y yo me estoy volviendo oscura decepción,
displicente y ecléctica transeúnte de andenes
cementerio de trenes con flores de gangrena.

No hay dinero que compre mi dolor de mujer
pero ya no lo muestro con dos copas de más
ni enseño cicatrices de antiguos abordajes.
Asumo consecuente que cada anochecer
tiene su oculto éxtasis y disfruto quizás
de la autenticidad de un tiempo sin blindajes.

No persigo la luna y come de mi mano,
no manipulo mentes de amantes doloridos
ni levito en crepúsculos de furibundas místicas.
Digamos que me observo lejana, en otro plano,
espectadora escéptica de versos descreídos
que dislocan rutinas, sin ansias crematísticas.



Del beso al diente



No sé salir de ti, pero me fugo
por las hendijas de mi claustrofobia.

Beberte a palo seco me perfora la lengua
como un piercing de hielo
y esnifarte necrosa mi frágil estructura.

Debe existir un modo de pasar
del beso al diente
sin un asesinato de por medio,
de aclimatar la duda a la certeza,
la abstinencia a las ganas.

Quizás exista un él sin condiciones
con las mayúsculas que escribo el ansia
que no le ponga trabas a la muerte
si decide cortarse las venas en mis pechos.

Debe de haber un modo de observar
-voyeuresse ajena a protocolos-
cómo grita la corte milagrosa,
sin ser el cul de sac de todas las miserias
y llegar siempre tarde
al chill out de la hombría desgastada,
para la última copa.

No sé salir de ti
pero estoy aprendiendo
a morder los barrotes del poema,
porque ya no me basta que la jaula
se disfrace de pájaro.

«Entre lo reflexivo, lo poético», prosas breves de Morgana de Palacios

Imagen by Nika Akin

Las palabras, los gestos, los énfasis, los silencios, los hermetismos metafóricos.
La incógnita soy yo y el agujero negro de mi historia.



Entre el arrebato y la reflexión


A mí me falta el aire por momentos. Tengo un bloqueo alveolar, sin duda, porque el oxígeno se niega a mis pulmones.
A mí me falta el aire y yo le echo la culpa a los cuarenta cigarrillos diarios y a este andar con prisa de la Ceca a la Meca, solucionando entuertos propios y ajenos, con la certeza de que surgirán otros, así que ni siquiera disfruto de una victoria mínimamente duradera.
Ya sé que las cosas podrían ir peor (alguien saldrá con Murphi) pero a mí me sigue faltando el aire y me enrabio miserablemente porque, si lo pienso, es lo único gratis que te da la vida.

Todo lo demás cuesta un riñón y, repito, a mí me falta el puto aire, aunque la espirometría que me acabo de hacer diga que estoy al cien por cien de mi capacidad respiratoria, pese a tantos años fumando, y mi amiga la doc se empeñe en que en esa prueba es imposible el fallo.
Hay pulmones y pulmones, me dijo la incrédula enfermera que se jactaba de no haber cedido jamás a ningún vicio. Y la creí, vaya que la creí, tenía cara de desconocer incluso la tentación, cuanto más el placer que puede suponer caer en alguna, de vez en cuando.
Ya veo que van a empezar con el cuento de los ataques de ansiedad por algún tipo de estrés. Antes nadie sabía qué era el estrés, todo lo más se hablaba de esplín y si era asunto femenino, de histerismo, pero ahora todo es consecuencia del estrés y hasta los cosechadores de nabos padecen estrés por la rutina.

No me gustan las connotaciones porno de la palabra ansiosa, porque siempre se me viene a la cabeza la imagen de una tipa de ojos desorbitadamente lelos y boca enorme engullendo cualquier cosa con forma de banana como si le fuera la vida en ello, y estresada es de la familia del estragada que, según mi abuela, era algo como estar cagada y el agua lejos, así que me quedo con el histerismo que es más literario y guarda un cierto enigma. No es nada raro escuchar eso de ¿qué le pasara a esta tía que siempre está histérica? aunque la contestación siempre sea la misma carente de toda imaginación: nada, no le pasa nada, salvo que necesita un buen polvo.

¿Histérica?, psssssssss, como que tampoco, pero empiezo a pensar que este hijo de puta se me ha llevado el aire colgado de la boca, y va a ser eso.
Todo, con tal de no echarle la culpa a los 140 kilos, obvio.

Miputamadre.


El blog


Tendré que hacerme un blog para escupir lo que malinterpreto.
Un blog rojo pasión, lleno de insinuaciones, donde pueda decir aquello que no digo, mientras oigo comadres, distraída y cazo musarañas.

Un blog de amor y odio, de reverberaciones y silencios, de qué lista que soy-jódete y baila, de sólamente escucho mis voces interiores.
Un blog que recopile los peros y las dudas, los para qué sin un por qué que llevarse a la neura y el arsenal de cartas que nunca te escribí.

Un mandala inexpugnable que me haga un ente en exclusiva entre la marabunta de blogueros.

No me explico qué hago sin un blog, si hasta el más idiota tiene uno, porque si no, no existe.
Un luminoso blog que avale cualquier crimen que pueda cometer en defensa propia, y donde tu nombre no aparezca jamás entre los cientos de nombres que se nombran.

Ahhh un blog, un vacío conceptual esperando mi cicuta de relleno, un estruendo letrálico, un sinvivir a machamartillo, el paso definitivo a la posteridad gloriosa, porque el que calla, otorga, y no me da la gana otorgar un carajo.

Un blog, sí, un blog, ni más ni menos que un puto blog.
Y sálvese quien pueda.



De lo conmovedor


Ahora que soy mayor para opositar a hindú, me da pena la vida.

Todo lo que está vivo me conmueve, así que evito pisar bichos en el campo, aparto delicadamente a las hormigas culonas que se me suben a la tortilla, o a las empapuzadas de Coca Cola, no vaya a ser que me trague alguna sin apercibirme, y me la paso eludiendo los nuevos brotes cuando camino por el pinar cercano.

Algo extraño me está sucediendo. Las malas hierbas rebosan mis arriates de flores y tienen toda la pinta de llegar a convertirse en algo parecido a la selva orinoco-amazónica. Ayer mismo se me cruzó en el paso una cucaracha de color caramelo y desvié la vista, simplemente, pese a la enorme fobia que me inspiran y que siempre me llevó al pisotón certero sin pensármelo dos veces.

Me estoy ablandando como un soufflé y me dedico a mantener vivos a animales viejos y con taras: Un periquito índigo con una sola pata útil, que no se mantiene en pie ni entrenándose; un perro absolutamente sordo que me mira con cara de desconcierto porque el silencio mundial debe parecerle una conspiración en toda regla; una gata bulímica que disfruta provocándose el vómito a base de hierbajos y decorándome las alfombras, y algún loco que otro, consentido.

Ahora que me queda poca, me da pena la vida.
Sin duda, estoy kaputt.


Yo no era


Yo no era una carta de amor, aunque escribiera cientos. No era un cúmulo de preguntas idiotas que se lanzan al aire sin esperar respuesta con tal de figurar como escritora, ni una traducción al esperanto de poemas ajenos.
El exotismo en mí se limitaba a ser lo más cercano desde la enormidad de la distancia, la hondura frente a frente y día a día, porque no hubo uno en que estuviera ausente del latido, con el talento intacto y palpitante y la caricia pronta.

Nunca fuí insomnio, sino voluntad. Mi férrea voluntad como un viático nocturno de extrema transparencia.

Pero llegó un mal trece con su aguijón de Agosto, mientras ardía el mundo a mi costado y me mudé al sótano de sombras como otros se mudan a casas imposibles a buscarse a sí mismos, en medio de una taiga imaginaria alfombrada de libros que despierten a los asombros muertos.

Nunca me imaginé tanto temblor en la voz del silencio.
La seducción del agua intentando abrir brecha, gota a gota de poesía líquida, en una piedra larga, lisa y lánguida, tan pagada de sí como inmutable, me aguaceró los ojos de insistencia.

Bram Stoker de caza y yo en la inopia, espantando vampiros luctuosos con las manos atadas por el sueño.
Siempre se cumple Agosto y termina clavado como una estaca canicular en el corazón del pánico, incluso si equivoca el objetivo y se le escapa incólume la presa.

Porque la virtualidad es una inválida que esconde la verdad de la cojera, soy un daño colateral con el que ya contaba y el único que no puede asombrarle.

Siempre lo supe, el ático de pájaros no existe.


Una cuestión de hambre


Será porque ha pasado por demasiadas pérdidas, que no pasa por mí como algo inefable, como algo líquido y fluyente que arrastra la miseria de la memoria y alguna que otra brizna de esperanza.

Se ha vuelto consistente y necesario como un desayuno cotidiano para un estómago repleto de vacío.
Podría prescindir de él hasta el almuerzo con sólo una molestia controlable, mas a la hora de la cena ya tendría un motivo imperioso para llevármelo a la boca de la desmotivación.

Qué belleza letal la de su desnudez devolviéndole el ansia a mis papilas, desperezándose en blanco y negro sobre mi lengua.

Qué extraño estar tan cerca con tan sólo el asombro de por medio para paliar el hambre.


Escalada


Siempre estoy escalando en el vacío, con el cuerpo pegado a mi sombra erizada en el reto. Siempre interpretando gestos irremediables y díscolos para cualquier ojo, terminando las frases que se quedan a medias, como si realmente me importaran.
Podría dejarme caer desde la altura sobre cualquier poema donde recuerde a un hombre caleidoscópico, y sería una forma de venganza sutil.
¿Acaso no lo son todos los sacrificios?.

¿Qué estás planeando tan seria y tan sola? me preguntó, la muerte, contesté, y se puso a llorar la muy estúpida, como si se tratara de la suya.

Ya no recuerdo cuando fue la última vez que fruncí el ceño por puro placer, y es que depender de la herida para seguir viviendo es sólo una putada más que añadir al carro de la compra diaria.


Con-versar


De qué me sirve estar paralizada mientras la bestia del mundo se hace fuerte y me abarca.

El mordisco sólo respeta al mordisco, allí donde más duela.

Qué más quisiera yo que fueran besos y no tener jamás que revolverme, pero me revuelvo y ocupo los silencios a medida que escribo, y me sorprendo, pensándote, con los músculos tensos.

Aún estás aquí. No sé si por purgar el vuelo de tus alas por los vientos del mundo, con ese malditismo que arrasa realidades, o por prender la luz en las habitaciones donde se esconden todos los espectros de aquellos que has matado con las manos, con las letras, o con la indiferencia.

Aún estás aquí, sabiendo que es inútil intentar bloquear los engranajes del odio, con la lengua viva de penumbra, y casi tumefacta de tanto descreer.

La umbría en ti se expande, igual que en un retrato en blanco y negro, de sombras estratégicas, que nunca dejan ver el fondo de los ojos, su espesura.

El universo es un gran vacío negro, hecho de soledades. Las nuestras siempre acaban por hacerse compañía, entre arcada y arcada, sin airbag que nos proteja del asco.

No sé, pero me da, que hasta el vómito nos une cuando ataca.

————–

No sé si he sabido vivir. Probablemente no, pero seguro que sabré morir.
Seguro.
Tiempo al tiempo.

«Seis poemas» de Morgana de Palacios

Imagen by Hermann & Richter

Digo la luz

… y entre mi escombro,
sanadora su agua si me ensombro
enciende un lucerío…
(Aira)


Digo la luz y el mundo se ilumina.
Porque nombro la luz, la luz se crea
y porque hay luz tu sombra se alabea
y me besa en la boca y me asesina.

Mato la luz y asombro tu retina
con la penumbra viva de la idea,
parásito de luz que melindrea
entre la esclavitud de la rutina.

Cuando escribo la luz, algo se enciende
por seducir tu verbo que trasciende
sobre la geografía de mis lutos.

Me llamo Claridad siendo La Oscura
y en lo profundo de tu arboladura
brilla el dulzor acerbo de mis frutos.


Solo letras

Donde yo digo amor, debe decir su rostro
y donde digo tacto, su deseo.

Allí donde de pie alzo el puño, su guerra
y donde me atrinchero, debe decir su boca.

El resto da lo mismo, sólo letras
sin una fe de errata.


Como la boca al vaso

Me hago a sus maneras como la boca al vaso
que guarda el agua fresca que la sed necesita,
como el crimen al odio y el amor al fracaso,
como el pulso a la sangre y la espera a la cita.

Me hago a sus disturbios como los pies al paso
y el paso a los senderos de lucha que transita,
como el reloj al tiempo y la risa al payaso,
como el sol al ocaso y el arco a la sagita.

Me estoy haciendo a él como la Magdalena
al Cristo del que vive enamorada
incontrolable en su pasión prohibida.

Forma parte de mí como la inútil pena
que me mata de día la mirada
hasta que vuelvo a verle anochecida.


Misterio para dos

Si tus labios prensiles en la noche

no me cercaran de infinitas lenguas
y el corazón no fuera la palabra
para beber a golpe de latido.

Si demorado el tacto, fuera el vínculo
la razón de la huella clandestina
en la humedad perfecta de las ingles

-retráctil caracol que sube por la espalda
hasta la nuca hermética
oculta en el temblor de los cabellos-

Si no fueras un cuerpo extemporáneo

vivo de cicatrices

para lamer despacio mientras fuerzas
la verticalidad en la sonrisa
del músculo extasiado.

Si yo no fuera yo
ni tú el disturbio
ni ambos el misterio

la herida fuera amor en la garganta.


La sombra de mi sombra

Éste es mi hombre-oscuro, casi ciego,
casi muerto de vida que le mata,
el pájaro abrasado por el fuego
que sueña el agua de mi catarata.

Ésta es su lengua dura e insultante
que sacraliza el asco y la amargura
y éste su corazón agonizante
y éstas sus manos sobre mi cintura.

Mi niño de cristal despavorido,
mi Quasimodo adusto y desabrido
que se rompe en pedazos si me nombra.

Mi loco, mi feroz, mi mar de fondo
viviendo en mí tan hondamente hondo.
Éste es el hombre-sombra de mi sombra.


El ámbar del silencio

El ámbar del silencio.

Desde que desperté
sucia
y
contigo
la eternidad se agolpa
en mis arterias,
se amotinan
los dioses
en mis sienes
contra sus paraísos
y
los hombres
me escriben turbulencias
que provocan
sonrisas
sibilinas.

Diseccionas mis versos
analizas
eliges
masticas mis matices
y
me inventas
de ámbar

y yo

con mi leyenda
de relámpago arisco
me pliego a tu tormenta
por matar tu hermenéutica mirada.

Ensenada mestiza
donde recalan voces
de todos los pelajes.

Sólo desde el silencio
puedo joderte vivo

violento hijodeputa
ladrón de siete suelas
ególatra suicida
criminal
amor mio

conseguiré
que llores tu memoria
como un
manso animal
sobre
mi cuerpo
de
agua

el día
que te niegue
la palabra.


«Instantáneas», prosas breves de Morgana de Palacios

El fatum o el factum, qué más da.
Ambos se alían para romper el vicio de mirarnos.

Pienso en untarle cocaína por dentro de la boca, mientras él se quita las manos sucias y las tira en el lavabo para no acariciarme.

Aún así, no puede evitar hacerlo con los muñones. La aspereza es la misma.

Me hormiguean los labios mientras sangran de gusto.


Me acusan de abierta indiferencia, pero estoy llena de puertas cerradas a las que nadie llamará.

Soy una especie de regalo envenenado que se mira de lejos con un cierto deseo, pero no se desenvuelve jamás por miedo a que te estalle ante los ojos.

Ante los míos, se curan en salud.



No admite que el peligro es una droga y siempre da otras razones para justificar su búsqueda.

Voy a tirar de él hasta vaciarle todos los cargadores en la adicción del alma.

Ya veremos con qué dispara la próxima sobredosis.


No soy yo quien le maquilla la cara a la muerte y le pinta de seducción los ojos, ni quien perfila los labios de la desolación para que luzca una sonrisa lenitiva.

Tampoco soy la inyectora del bótox que tensa el músculo flácido del corazón.

Siempre fue cosa de otra la estética de la alegría.

Yo sólo me detuve, entre la guerra de las galaxias y los puentes de Madison, a escuchar la tormenta.

Ni siquiera me importa que me quiten la lluvia.

Por no tener, no tengo ni sed
.



Yo veo lo invisible, tengo un arte especial para ver lo oculto en la lejanía. Pocos secretos y menos emociones están a salvo de la delicada virtud de mi ojo fanático.

En las distancias cortas, sin embargo, no soy tan eficiente y más de una vez me falla estrepitosamente la intuición.

Por algo dicen que el amor es ciego.



Tiene hambre de mí.

Soy carne cruda y congelada, expuesta en la vitrina del desarraigo, pero él tiene hambre.

Se ha comido mis brazos, mis muslos, la parte superior de mi cabeza y hasta mis alas desplumadas, pero sigue mirándome con ojitos caníbales cuando las tripas le hacen borborigmos.

Tiene un hambre ancestral que sólo saciará si se come mi boca. Esta boca mía de urraca tísica devorancianos, y más si son cubanos e insaciables.


Todas las democracias esconden una dictadura que imponen a sangre y fuego llenándose la boca de justicia, cuando no hay un gobierno que no tenga las sentinas repletas de crímenes impunes.
Ni equilibrio ni honestidad ni cuernos en vinagre.

El paraíso de los sádicos es este puto mundo sin conciencia.

Anoche soñé que uno me borraba la cara a besos.


Yo no soy como tú.
Casi estoy segura de que a los hombres no hay que darles tiempo para que te abandonen con cualquier excusa.
A los que amas, menos aún.
Mal puedo darte mi versión sobre qué es lo que se siente al ser abandonada.

A mí los hombres se me desmemorian, se me enloquecen, se me mueren sin pedirme opinión o directamente me asesinan mientras me besan a oscuras contra cualquier pared que les pille de paso. Eso sí, por no dañarme de más y que pueda guardar un bonito recuerdo.

No sé cómo se me olvida darles las gracias. Será porque me disperso muriéndome hacia adentro.



Hace acto de presencia en los momentos más inoportunos.
Llega y me punza, me traspasa, me descoloca.
Eres el olor de mi vida.
Nada huele como tú.

Y yo voy, y me lo creo.



La oscuridad ha empezado a gustarse desde que la acaricio.
Me ha dicho que hasta se perfuma con Armani Code para salir al mundo.
Mis manos son las ariscas de siempre.

El milagro es del aire que las suaviza.



Antes de abrir la puerta lo sabía.
Siempre tuve que mirar hacia arriba para verme en sus ojos.
Y ahí estaba, un oscuro ciprés rodeado de rosas amarillas, con la boca más sensual que pueda tener un hombre.

Genio y figura hasta la sepultura, dijo tras la carcajada que soltó cuando le pregunté si se había muerto alguien.
No sé de qué te ríes, contesté, al fin y al cabo las flores sólo sirven para paliar el olor a muerto. Donde esté un buen piedrolo inmarchitable….

Mientras nos besábamos, toqué el rostro del olvido que me observaba inmóvil.
Era más alto que él y, mira que es difícil, mucho más atractivo.



Es posible que esté disparatada.
O loca.
O enamorada.
Cada día me acuerdo menos de mí.

«A pesar de las alas», «Arma letal», «…y digo pájaro», «La flor insomne», «El arma del amor», poemas de Morgana de Palacios

Imagen by Stefan Keller

A pesar de las alas


Y para qué nos vamos a engañar
si a pesar de las alas
solemos caminar con pies de plomo
porque sabemos
que el peligro no está en la palabra expuesta
ni en la murmuración que la leyenda amplía
y desfigura rostros imposibles y tensos
tras la verdad oculta por la máscara.

El peligro es abrir las ignoradas puertas
que cada cual mantiene bajo llave
con el afán ingenuo de enterrar los errores
en tierra olvidadiza,
como si la mudez
los desapareciera.

Tú me susurras selvas
yo glaciares
y ambos nos miramos a las letras
como si fueran ojos

-sin bajar la mirada
sin acusar los golpes-

con la fiera fijeza de carnívoros
que se miden los dientes y el talento.

Si he de morirme un día en la palabra
que rompe tus cerrojos
no dudaré en llevarme por delante
tu épica soberbia.

Seguro que serás un muerto hermoso.


Arma letal


Dónde escondes el brillo
cuando cruzas
las calles convertido en muchedumbre.

Con qué disfraz de gato pardo eludes
las miradas ajenas, sus balas asesinas,
para que no descubran
la luz que te desborda el ojo moro.

No me lo explico. Es tanto
el esplendor antiguo de tu boca
y estás tan fisurado, tan roto y transparente,
que el fulgor se te escapa por todas las hendijas
y cualquiera con ojos lo percibe.

Si alguna vez te olvido,
si por ceguera un día no sintiera
en la retina el brillo de tu aura,
su fuerza golpeando en mis cristales,
no te andes con rodeos y dispara.

Dispara al corazón.

De volarme la mente, te descuidas,
que ya me encargo yo.


Y digo pájaro.



Entro en el ascensor
y digo pájaro.

En los largos pasillos
cuajados de denuncias
pienso pájaro.

Con la exigencia muda de los muertos
con su fe inquebrantable

digo pájaro

pájaro

pájaro

y espero
que se llene el Juzgado
de alas ruidosas.

Qué empeño loco el mío
soltar pájaros
en medio de un sarcófago.


La flor insomne.


Yo no busqué volar con estas alas tísicas
ni salvar las distancias entre el quiero y el puedo.

Yo decía jamás si intuía la entrega,
tapándome el escote de mis ojos de estreno,
era una mano arisca que no se sorprendía
de no ansiar la caricia ni el golpe del recuerdo.
Estaba ensimismada deliberadamente
sabiendo que no habría penúltimo regreso.

Si me besó la lluvia en un perdido otoño,
lo olvidé como olvido que un día tuve miedo
de no poder amar tanto como me amaron
los hombres que no amé con suficiente empeño.

Yo no buscaba nada. Estaba aquí, tranquila,
feroz si hacía falta defender algún sueño
que no era el mío nunca, porque yo no soñaba,
era una flor insomne viendo pasar el tiempo.

Tampoco te busqué, pero llegaste
a horcajadas del viento,
como llegan los hombres malheridos,
oscuro y violento.

Ahora, ya lo ves, sería inútil
decir que no te siento.


El arma del amor

Yo no inventé el amor. Estaba escrito
con todos sus misterios y celadas,
con sus filias y fobias, sus miserias,
sus miedos, sus torturas, sus mandalas.

Yo no inventé el amor pero si amo,
si me entrego a lo oscuro de su causa,
me da lo mismo el cielo que el infierno,
suya es la voz y suya la palabra
y es en la palabra que inauguro
cada matiz con que el amor me mata.

Nunca me enamoré como otras muchas
de un espejismo azul de hielo y agua,
si conflictiva soy, por el disturbio
se decanta el amor cuando me atrapa,
pero me ofrece más que a todas ellas,
su mística del mal sólo es un arma
que me vive y desvive, me atormenta,
o me hace reír si se dispara.

Algo de predador tiene su boca
que liberta, clausura y arrebata,
algo de una constrictor sobre el cuerpo
algo de guerra química en el alma.

Yo no inventé el amor. Estaba escrito
que llegaría náufrago a mi playa
y si me hace sufrir es cosa mía
como es suya la herida que declara.

Porque también es animal de láudano
y yo no he sido nunca suave y mansa,
no le dejo caer si se silencia
ni en el silencio deja que me caiga.

Mi enemigo tendrá las manos rotas
de golpear la vida encanallada
pero nadie acaricia como él
ni nadie dice más con la mirada.



«La libido textual», «Vanguardia», «La lengua diminuta», «Vis a vis», poemas de Morgana de Palacios

La libido textual

No toca techo la libido textual
y sólo toca fondo
si se abre de piernas a la muerte,
deriva
salta
gira
se deprime
se le quitan las ganas y recupera el ansia
violando silencios
pese a las alambradas de la mente.

Mata la realidad que no le excita
y la recrea, tan en exclusiva,
que entra en erección al roce de las letras
suspira
llora
gime
y se refleja
en la húmeda piel de los orgasmos.

Una sigue escribiendo, embarazada,
vulnerabilidades
y dando a luz los monstruos de la tinta
como si un padre oscuro los amara.


Vanguardia

Yo no voy con las modas,
no me adapto
a su veneno tópico y efímero.

La vanguardia soy yo, desde intramuros,
auriga de mi tempo
y nadie va a decirme qué registros
he de emplear, qué fibras
he de tocar,
qué pedante origami
he de poner en vuelo para darle
placer a algún estúpido aburrido,
ni cómo seducir una mirada.

Yo salgo con mi jaula vacía
a las calles de todos
a los campos de nadie
en busca de los pájaros del sueño
que alguna vez insomnian en mi lengua
antes de suicidarse
en algún viento alisio atormentado.

No me derramo en lágrimas
por prescripción de algún facultativo
ni río, escandalosa,
después de haber vaciado
la botella del ansia.

No me sujeto a voces moralistas
ni me escudo
en la crudeza estética del trampantojo porno,
y no ando, famélica,
a la caza de reconocimiento,
como pueda pensar la muchedumbre
de poetas esclavos de la gloria.

El rostro de la fama, inexpresivo,
no me atrajo jamás.

Soy la caligrafía del silencio
que íntimo me grita,
cuando quiere vivir de muerte súbita,
orgasmo en la garganta.

Un graffiti pulsante en algún muro
que el tiempo borrará
sin una duda.


La lengua diminuta

Por despertarte a ti que traes el pensamiento
ardido en una pira de voces taciturnas,
te voy a discutir el agua si sediento
me vienes a beber y el día si avariento,
intentaras negarme tus palabras nocturnas.

El pan si estás hambriento, la paz si desolado
-como si sólo fuera la flor de la discordia-
el aire que respiras por no sentirte ahogado
y el mar cuando lo quieras atravesar a nado,
a puñalada limpia y sin misericordia.

Te voy a discutir por el placer perverso
de verte derribando muros de catedrales,
el crucifijo cátaro de tu acerado verso
y porque formes parte de mi oscuro universo,
la luz donde radican tus principios morales.

Si no puedes vivir sin que yo te discuta
porque lo necesitas para sentirte fuerte
no me exijas silencio. Yo soy la que disfruta
azuzando tu verbo, la lengua diminuta
que te va a discutir hasta la misma muerte.


Vis a vis

Estamos tú y yo frente al poema
como un verdugo que latiga el alma,
la espuela en los ijares de la mente
que galopa al gemido de la máscara.

Aunque le pongas música a la noche
y a la imagen de libre dentellada,
inequívocamente nos miramos
como dos enemigos sin palabras
que copulan mentiras violentas
y verdades hirientes como dagas.

Ni descansas en mí ni yo recuesto
la sed en tu pupila de aire y agua,
pero un júbilo extraño te recorre
cuando mi lengua arisca se desata
sobre tu adusta boca de soldado,
impúdica de sangre si me habla.

Escándalo tu verbo proxeneta
para mi puta voz desarraigada.

Solo el olvido mata, por Morgana de Palacios

Cuando el dolor se instala para no marcharse, hay que apretar los dientes, callar y no ponerle alas, silenciar el ritual del desespero, hacer oídos sordos al pitido del tren que atraviesa la estación de la carne como una navaja afilada que reabre la herida, y la pudre y la transforma en llaga que nunca cauteriza.

Sobornar al silencio con caricias, es una buena forma de conseguir que se quede a tu lado. Murmurarle al oído tu lealtad perpetua y dejar que el resto del mundo se desgañite iterando sus pérdidas que son las de todos y, por tanto, las mismas, un año y otro año.Un punto de frialdad o incluso insensibilidad, favorecería al sensible en momentos de manida quejumbre y al pretencioso que considera su pena inimitable e imprescindible de ser contada y te pone perdido de añoranza tu vestido de estreno que solo esperaba algún piropo que no llega.

Cada quién su dolor, cada cual su almohada para llenar de lágrimas, sus cartas imborrables, sus recuerdos de tiza sobre pizarra negra que repasar como una constante sobre el tiempo, cuando se van borrando de la mente.

Porque la muerte nos pelea a todos y a todos llegará, porque las ausencias que provoca son una masa informe e invasiva que todo lo devora, yo intento centrarme en lo vivo y si cuando le hablo no me responde porque aquello que esté vivo siga refocilándose en sus lejanías (susurrando lejanías, amando lejanías, llorando lejanías, escribiendo lejanías), prefiero estar callada abriendo puertas al olvido que siempre termina por matar las vorágines de la memoria. Cualquier ausencia que se nos dé en la vida.

La del amor, también.

Cinco poemas de Morgana de Palacios

Acto de fe

en una flor cortada se ha resumido un hombre
que es todos y ninguno

porque nombra la flor la flor existe
para adornar el pelo de mi ausencia

puede con la palabra
derrocar el gobierno de los tiempos de estío
y convencerme de que el sol no brilla
más que para mis ojos
si los abro

puede inventar ciudades donde perderse un día
por calles peligrosas
y como Dios
resucitar los muertos de sus tumbas de olvido

puede traer la muerte de la mano
de tanto no quererme y tanto amarme
con la contradicción del desencanto
enganchada en los labios de la infancia
y en un torneo antiguo
cubrirme de tarántulas
por creer que me gustan sus cosquillas morbosas

puede decir amor y hacer que bulla
el avispero de sus desazones
y que se abran los muslos con la palabra sexo
conduciendo la mano de la mas-turbación

tan lejos y tan cerca

inexplicablemente

en su palabra se resume el hombre
y es todo cuanto ha escrito
porque nada le obliga a pronunciarse
ni a salir de sus fueros
más allá de que sea otra palabra
la manipuladora de su instinto
concentrada y procaz como una puta ciega
sobre los genitales del futuro

el aire es una Biblia con su nombre
temblando en la portada

soy un acto de fe inquebrantable
con la palabra ausencia en la mirada



El límite de lo real

Uno es lo que escribe
y crea realidad al hacerlo.


La clave está en sentir.

Entonces es real y en el instante
que digo mano, creo la caricia,
y donde digo amor, estoy amando
y donde digo ausencia me faltas en la nuca
y te falto en el pecho que no tocan los dedos.

Seas quien seas, me haces y te haces
en la onomatopeya de una carcajada
en la dilatación de la pupila ante la luz del monitor
en un reflejo simpático en cualquier lugar del cuerpo.

Qué otra cosa soy que la palabra
con que me pones rostro y das la vida,
qué otra cosa eres que el deseo oscilante
de todos los vocablos con que arraso a tu ausente.

Bah
¿De qué cuento has sacado que necesito un príncipe
que me sostenga el cetro y la corona?
De qué dignidades me hablas
si en esta violencia admonitoria
soy sólo una mujer allende el miedo
que tiembla ante las ganas que tienes de morirte.

No hay nada que entender.
Alguna vez quiero cerrar los ojos
y descansar de tanta despedida.

Sólo me tienta el arco de tu boca,
y será porque aún
me sabes a milagro.



Guerra civil

Olvida lo siniestro del presente
como lo olvido yo cuando me miras.
Sólo has de detenerte, mientras matas,
un segundo en la piel de mi suicida.

Hay tanta muerte suelta por las calles
que quejarme de ausencia es egoísta,
pero lo cierto es que me da vergüenza
apiadarme de mí con preceptiva,
si no te apiadas tú. Tú que sí puedes
alzarme de este suelo con ortigas,
sujetarme en el aire contra ti
y soltarme las trenzas de la risa.

Hoy me duelen las sienes de pensarte
y no sé convivir conmigo misma.

Esta guerra civil del alma adentro
me está volviendo dulce y asesina.



Desangramiento de los días

Mientras tu voz me pisa los talones,
tu mano
que escabulle ternura
me perfuma de ausencia la memoria
de lo que pudo ser pero no fue.

Debo cortarme el pelo que ha crecido contigo
en el desangramiento de los días
y se me ha vuelto agreste y desmadrado
como un nido de cuervos
en disputa
por una presa muerta.

La muerte nunca llega
en estas estaciones dolorosas
que no terminan de acabarse nunca,
donde la carcajada es el prozac
que evita los suicidios.

Te apuesto lo que quieras
a que me moriré cuando el disturbio
vomitando indolencia
baje todas sus armas y tu mano
por fin haya aprendido la caricia
que nunca te enseñé.

¿Y qué?

Nadie dirá te amo
con tantos alfileres clavados en el llanto.

Yo tampoco



Canto fúnebre

Siempre es ayer para algunos dolores
porque no existe placebo piadoso
para el agudo dolor luminoso
que prende el cirio de sus amargores.

No pasa el tiempo ni crecen violetas
sobre la tumba del prístino duelo,
ni se apaciguan sus ojos de hielo
cuando disparan impías saetas.

Siempre es ayer, aunque pasen los años
sobre el dolor que no sube peldaños
de la escalera que lleva al olvido.

Que siempre es hoy, y es aquí, y es ahora,
en el dolor que me ataca a deshora
por la tragedia de haberte perdido.

Morgana de Palacios – España

Green by Nika Akin

Virtus

dulce naranja al sol puedes abrirte
sensual-desinhibida
que un trocito de enigma
algo así como un nimbo
un aura ensimismada de misterio
juega y se mimetiza con tu sombra
de modo que jamás de los jamases
pueda dañarte nada
si tú no lo consientes

aquí puedes dar paso a Atila y su caballo
de desaforados belfos
o a cualquier Minotauro enfebrecido
y dejar que mastiquen tus gardenias
mientras piensas sonriente
en el modo de hundirlos
comiendo displicencia con forma de manzana

se enamoran de ti arrebatadamente
entes de sexo activo y todos los pelajes
aunque estés muerta y harta de gritarlo

o te odian a muerte
porque no tienes ojos suficientes
para mirar los suyos

los griteríos no asordan demasiado
por más que las calumnias tengan los pies ligeros
y los motines de látigos y espuelas
duren cuatro semanas de diez a una
y nos despedacemos
con la misma pasión que nos amamos
y la misma llovizna de bytes silenciosos
sobre nuestras cabezas de cristal

aquí es de lo más normal
que un hombre se te pose entre los labios
jugando a ser el único
que te insemina de voces fantasmales
con seis nombres distintos
y un rostro atemporal por cada luna incruenta
que se te va perdiendo en la memoria
hasta que se convierte en el de todos

aquí los pájaros del miedo
te pican en los globos oculares
y acabas confundiendo el humor vítreo
con lágrimas de amor y desconcierto

y para colmo aquí
se cuelgan junto al hastío
en el perchero del placer onanista
el ángel con el diablo
la golfa con la decente
el feroz con el manso
el alba con el crepúsculo
y nunca sabes bien a qué atenerte

ojalá fueras virtual
un virtual hijo de puta

no me dolerías tanto

Virtuo – sismo

I

Llegar al corazón en la distancia
a través de un cristal sin abertura
es un misterio azul: literatura
que pulsa o no, la ajena circunstancia.

Se llega al corazón en la oscitancia,
y sin querer quemar, la quemadura
resulta inevitable en la espesura
de este infierno de letras y arrogancia.

Abres una ventana y el demonio
te pide en sacrosanto matrimonio
por jugar a sentirse un poco humano.

Y el humano piadoso y sensitivo
se disfraza de Daemon abrasivo
por fundir corazones con la mano.


II


Hay hombres irreales de olor inexistente,
manos de tan inciertas rompedoras de tedio,
hologramas palpables de paso en un asedio
férreo sobre el latido real del subconsciente.

Hombres de tan sin nombre, clavados en la frente,
sentados a horcajadas del frágil intermedio
entre un sueño de azar -esclavo sin remedio-
y el libertario afán de un drogodependiente.

Hombres que siembran dudas si se visten de luces,
que marcan sin saberlo tu muerte con sus cruces,
transeúntes pausados del cuerpo dolorido.

Hombres que sin ser hombres son hombres que deduces:
fantasmas de los versos de oscuros tragaluces
que pueblan el misterio del instinto dormido.

Morgana de Palacios

El preso

Piérdete en frialdades, súbete al monte del buen olvido,
sé el látigo y la tralla, la oscura amnesia de lo vivido
y renuncia a mis ojos como los ciegos a la alborada
que desde mi espelunca te estoy retando con la mirada.

No me gasto en promesas ni en juramentos,ni en fantasías,
la flor de la discordia llevo prendida a mis rebeldías
y en mi memoria crece el lirio oculto de tu erotismo,
por más que te disfraces de indiferencia, eres el mismo
que en mi oído gemía ebrio de tántrico desafuero,
orgasmos guturales de fiera en medio de un avispero.

El mismo que lamía de mis palabras las suavidades,
y moría de ganas de pervertirme en obscenidades.

¿El que pretende alzarse con el botín y salir ileso?
Sólo uno. Tú mismo. El mismo hombre. El mismo preso.

Gerardo Campani & Morgana de Palacios

Anti erotismo radical

Amores que de tan sutiles
son como los de la famosa escena
de las miradas a la luz de velas
de la película de Kubrick.

Y otros que son disímiles,
y tanto, que parecen más teoremas
para las manos ágiles y expertas
en resolver cubos de Rubik.

Me adaptaré a cada circunstancia
siempre y cuando el trabajo esté bien hecho.
Si es buena la faena sobre el lecho
el ¿cómo así? carece de importancia.

Digo yo, que prefiero Bach a Elvis,
y sin embargo en el amor persigo
modestamente un resultado. Digo,
ese largo estornudo de la pelvis.

Gerardo Campani


Anti erotismo medular

Va a ser que sí,
que corren malos tiempos para escribir lujurias
y volver a la piel enamorada.

Que ya no queda espacio para enroscar las lenguas
y el roce de los cuerpos sudorosos.

Que dudamos
de si resucitar de tanta muerte absurda
tiene alguna ventaja
y merece la pena encarnizarse
forzando el boca a boca del instinto.

Probablemente ya, va a ser que sí,
que esta extravagante febrícula sexual
no tiene consecuencias y, aunque tiemble
como una gata arisca y aterida,
no va a dejarme huellas en la nuca
ni a preñarme de sol extemporáneo.

Que no quedan orgasmos que llorar
a borbotones cálidos,
porque tu palidez no se pronuncie
sobre la doble luna de mis pechos
con la voz excitada por la ausencia
y el deseo expedito.

Va a ser que sí,
y desaparecer
empieza a ser la opción
que en este ranking va ganando puntos.

Morgana de Palacios

Morgana de Palacios

Pasmarotes

Finge si te apetece. No será la primera
vez que miras el agua desde el puente del tedio.
A mí no me hace falta teatralizar guiones
que, de tanto vivir, resultan siempre viejos.

Tú sabes y yo sé que finge quien no tiene
un bagaje a la espalda que le ponga remedio
al pasar de puntillas por la cuaderna vía
de la vida y la muerte y el amor y el misterio.

Ese que mira al mundo con los superficiales
ojos de las estatuas viendo pasar el tiempo
desde la indiferencia, porque no les horada
ni la luna ni el sol ni la lluvia ni el viento,
porque no tienen tripas que colgar en el aire
ni carne que les duela en el dolor ajeno.

Pasmarotes, blandengues, miméticos llorones
que tienen del novato la suerte en el estreno,
e imitan como loros la función de los otros
y viven de las glorias que otros merecieron.

Tanto ellos como ellas o ellas como ellos.

Así que no me digas que finja alborozada
para resucitar algún cadáver yerto,
que me importa un ardite, ya que bledo malrima,
el que hace oídos sordos ante cualquier estruendo.

Dejó de merecer la pena seducir
a varones domados que se asoman al ruedo
y fingir empatía como actriz tragicómica
que rompe corazones a golpe de bolero.

Se me hace cuesta arriba salir de mi verdad
por dorarle la píldora con los brazos abiertos
al abrazafarolas de turno que se fuga
porque no hay suficiente cuota de arrobamiento
ante la excelsa obra que va mostrando ufano,
como prueba de un arte del más rancio abolengo.

Que no. Que no. Que yo prefiero ser mi sombra,
mi punto de reunión, mi eutexis, mi consuelo
o mi desolación, mi ecuménico ombligo,
mi falta de piedad para los traicioneros.

Que prefiero ser yo, sola y muerta de hambre,
que vender el impulso, la libertad o el credo.

Es poca la piedad de tu intelecto
para perros que ladran a la luna.
Esos que ni talento ni fortuna
tienen para versar sin un defecto.

Poca imaginación, menos trayecto
y ningún don que traiga de la cuna,
pero aún así, despierta y desayuna
conque es de las redes predilecto.

Y qué le vas a hacer. ¿Cachondearte
con los que portan firmes tu estandarte
y mantenerlo a salvo de ripiosos?

Mejor tomar venganza y escribir
para darle la vuelta al porvenir
y que triunfen los versos poderosos.

Morgana de Palacios – España

Un poema

Pandemia

Ser poeta en la cárcel,
en la herrumbre enjaulada del propio pensamiento
devorado por vuelos inconscientes
de insectos de metal. Taladros vivos
del hueso hasta su médula
y caminar velada
por no transparentar tantas fisuras,
tanto pozo de sangre detenida
en el rumor de élitros constante
que te asorda el oído para lo cotidiano.

Mirar perdidamente, como miran las locas
desde hondas ventanas ignoradas,
a lomos del ladrido callejero,
a través del cristal de los escaparates moribundos,
por ser ángulo, esquina, muchedumbre
y desquiciada nova solitaria:

carne de ordenador,
ojo de vidrio,

presa en el don de la pandemia alada
que no se diagnostica a simple vista.

EDITORIAL

Por Morgana de Palacios

Fantasía by Susan Cipriano

La tribu enjaulada

No hay tiempo de pensar, pese a que el tiempo se estira como un anélido en la tierra y no se acaba nunca.No hay tiempo de reír ni de llorar ni de dejar que la angustia nos supere.

Se ha colado este tiempo de indecisos y de engañifas gubernamentales, por los barrotes férreos de la jaula en que todos nos hemos convertido. Cada uno la suya y Dios en la de nadie, porque la Iglesia como tal, ha desaparecido del paisaje.

No se cuentan las horas que pasan aleladas, sino los infectados que van marcando el día con su borrón de luto.Todo el tiempo es espera y un inclemente gotear de muertos.

Respirar es el gran objetivo a conseguir, porque en eso consiste la vida. Respirar sin ahogos, sin toses, sin febrículas. Respirar y seguir poniendo buena cara al tiempo de tragedia. Respirar y resistir.

Resistir los embates del miedo que envenena, como torpes soldados maniatados, como héroes anónimos que controlan su rabia.Resistir la tortura de enclaustrar a los padres, a los hijos, a los nietos.

Resistir y amarnos de jaula a jaula, mientras cantan los pájaros del pensamiento invicto, todavía.

Morgana de Palacios – España

Poemas escogidos

Una palabra hostil

una palabra, a veces, puede quebrar el día
hacerlo añicos tristes de grisura
o levantar las faldas de la aurora
y elevarlo a la gloria de sus muslos blanquísimos

puede negar tu nombre
inducirte al suicidio
en el anonimato de alguna alcoba turbia
o despertar tu cuerpo
con la respiración de la alegría
sobre las comisuras de los labios

una palabra puede
destrenzarte el amor
para que por tu espalda se abandone
o crecer como el odio
en el jardín de todas las desgracias

impone su exigencia
remite a viejos códigos caducos
o reinventa el aire que respiras
por la boca de un hombre de dulce dentellada
y es siempre un ritual tumultuoso
que arrastra los cadáveres que alguna vez amamos

una palabra hostil me está creciendo
balbuceante
entre la poesía y la desgana



Como un grito sin frenos

Si tus sueños me rompen en dos y surge el duelo
cuando me acerco a ti, a tu herida inocente,
da lo mismo ir cubierta hasta el cuello de negro
que vas a descubrirme desnuda y transparente
como el cliché gastado de una fotografía
que hayas mirado mucho, de cerca, atentamente.

Tengo pocos secretos y menos ideales,
ya pasó sobre mí aquel tiempo inclemente,
en que la lucha era feroz conmigo misma,
porque la rebeldía imperaba en mi mente.

Soy una piedra rara, astuta, casi cínica,
de las que no te sirven para muro ni puente,
y desapercibida quiero pasar los años
ajena a los halagos y a los pies de la gente.

Me he vuelto insobornable, Andrea, como un muerto
que ya no necesita de nadie y, solamente,
lagrimeo en aquellas contadas ocasiones
en que un verso me signe de gracia, bruscamente.

No te duelas por mí que no vale la pena
dolerse por un canto rodado del torrente.



Lo mío

Lo mío es el silencio a bocajarro
y es el sí pero no de los dementes,
si juego al mordisqueo con los dientes
en la vorágine del despilfarro.

Por algo soy la reina de un cotarro
que es un milagro de maledicentes
misántropos de lenguas impacientes
que teorizan sobre mi desgarro.

Lo mío son las pieles con blindaje
que huyen de la quema, el sabotaje
del odio que de traumas se enguirnalda.

Los soldados del alma rompen filas
en la fatalidad de mis pupilas
y ¡sálvese quien mate por la espalda!