Isabel Reyes Elena & Idella Esteve, contrapunto

Canto a tu voz

Canto a tu voz mujer porque me trae
el viento de la mar y me azulea
el íntimo paisaje de mi isla.
Somos dos soledades en la brecha
del camino hacia el sol desde lo oscuro
que envuelve nuestra voz, y donde empieza
el periplo interior, nidos de umbría
que el corazón a veces nos destrenza.

Solitarias las dos con muchas viñas,
dos ríos estrellándose en las venas,
dos ocasos volviendo con la lluvia
volcando nuestra sed en los poemas
que se van con el viento de la tarde,
con palabras sembradas que aletean
en el quieto paisaje de mis ojos
y en mis manos de lianas y de selva,
contigo estoy obviando a donde iba
al aguacero intenso que no cesa
y vuelvo con la lluvia a la nostalgia
de antiguas y doradas primaveras.

Ambas en el silencio de la tarde
introversas las dos con mucha esencia,
Idella, amiga mía, mi tocaya
estás aquí, con siglos de certezas
abriéndole las puertas al silencio
de esta mujer que pone en pie su idea
de lavar en la lluvia a la nostalgia
porque tiras de mi con mucha fuerza
.

Isabel Reyes Elena


Sin palabras me quedo porque el agua
de mis ojos ahoga mi voz seca
que de tanto clamar se ha enronquecido
y es tan solo el susurro de una vieja
que ya se sabe estéril, solitaria,
y no da con la fuerza del poema

Solamente en recuerdos se ha forjado
que puede arrebatarse con vehemencia
cuando llega otra voz que la acompaña
y le dice en sus versos “compañera”,
cuando llega el calor de tantos años
que van iluminando sus ojeras
y se quedans las dos introvertidas
pues siempre han sido almas introversas.

Isamaris las dos, como dos rosas
que van juntas en una enredadera
unidas por el son de las palabras
que aunque cerradas siempre están abiertas,
que a veces el silencio se nos abre
y nos deja expeditas las cancelas
para poder sacar todas las cargas
que dejaron pasadas primaveras
y se han vuelto livianas en otoño
porque la edad nos hace estar alerta.

Con las lluvias de abril me va viniendo
la nostalgia de versos en cadena
que otras veces sutiles engarzamos
como joyeros en una diadema
que guardamos avaras en un arca
para sacarla en tiempos de tristeza
y desgranar sus cuentas, poco a poco,
y alegrarnos al fin con su cadencia.

Idella Esteve


Andas buscando y buscándote
en esa playa del alma
como un haz de sol trenzado
insaciable de palabras
que den la luz al paisaje
de oscuridad en que ambas
nos removemos nerviosas
desaguando nuestras ánforas
que nos pesan como un fardo
siempre sobre nuestra espalda.

Hay que saltar las orillas
no echando atrás la mirada
de recuerdos dolorosos
de ausencias y de nostalgia
como mujeres valientes
pues no puede la añoranza
entrañarse en dos poetas
que a la vida le dan cara.

Esos versos en cadena
para alegrar las mañanas
me han servido en ocasiones
para dejar la nostalgia
escondida en los cajones
donde guardo la amalgama
de los recuerdos vividos
que vívidos se derraman.
Mis puertas están abiertas
a todas horas hermana.

En los días que vivimos
de esta manera tan trágica
es cuando más precisamos
que las dos demos la talla.
Puedes entrar cuando quieras
pues te regalo la entrada 
y en alejandrino el próximo
pues cambiaré el pentagrama.

Isabel Reyes Elena


Alejandrinos si quieres,
o endecas con filigrana
de esas que labran en Córdoba
con hilos de fina plata,
cuando ambas romanceamos
se viene a la letra el alma
y no nos importa el metro
si es el ritmo el que nos canta
para que se salga al aire
esa escondida esperanza
que trina como los pájaros
al filo de la alborada
dejándose entre las sombras
la penas y las nostalgias,
amaneciendo con soles
que no han de quemar las alas.

Volemos alto, querida
al horizonte encaradas
sobre el tomillo y romero
que tapizan la montaña,
sobre la dorada arena
de los bordes de la playa
sobre el azul de la tarde
como dos gaviotas blancas

Porque me busco te encuentro
en los versos que engalanas
con ese decir tan tuyo
tan diáfano como el agua
esa que sale de dentro
fluyendo de tu alfaguara,
esa que limpia los ojos
y hace ver las cosas claras
esa con la que me calmo
en mis horas más aciagas,
esa que das en poemas,
esa, mi querida hermana.

Ofréceme alejandrinos
que suenen como romanzas
nuestras voces son capaces
de despertar la mañana.

Idella Esteve


Quiero apagar la antorcha de mi melancolía
y alumbrar tus poemas de música inundada,
quiero dejarte un mundo impune de tristeza
con jirones de aurora y días de bonanza
y que encienda la luz en tus días oscuros
atravesando el halo de una luna incendiada.

Deseo mucho más, querida compañera
de mis justas poéticas que tan bien engalanas
y me animan y empujan a soñar horizontes
sin hilos agridulces, con retales de albada.

Me enseñaste lo oculto del halo del poema
y entre sombras y luces me diste la esperanza,
levantaste mi ánimo cuando estaba sufriente
y sé que en mi destino estabas reservada
con las manos alígeras del aire de la vida
y en muchas ocasiones me diste la palabra,
encontrando los nudos que estaban señalados
a que dos almas puras su introversión volcaran.

Tu voz, susurro cálido, destello de ternura,
navegó por mi sangre con la única jarcia
de los altos vocablos que traslucen tus versos.

He de extender tus versos en mi íntima playa.

Isabel Reyes Elena


En un tiempo, querida, fuiste luz de mis noches
cuando con el silencio a leerte llegaba.
Y yo hablaba contigo antes de irte a la cuna
y tú, con la dulzura en ti identificada,
escuchabas mis dudas, mis palabras, mis cuitas
que por un largo tiempo estaban silenciadas.

Te sentí compañera desde el mismo principio
y enseguida aprecié lo insondable del alma
cuando con voz profunda escribías de adentro
recuerdos escondidos que libres escapaban.

Temor reverencial surgía al contestarte
por no saber decir. Mas tenía esperanzas
puestas en tu consciencia de que yo era aprendiza
y que estaba dispuesta a que tú me ayudaras.

Hubo una connivencia en lo que nos contábamos
y aprendí a imaginarme las cosas que callabas
por todas esas otras que tuve en confidencias
unas veces dichosas y otras veces amargas.

Y siempre he demostrado lo mucho que te admiro,
Eres el exponente de quien sufre y quien ama
eres la gran poeta de precisos vocablos
esos que te son fáciles y en poemas derramas.

Tus versos son suspiros que vuelan en el aire,
que salen de la noche convirtiéndose en alba.

Idella Esteve

Eugenia Díaz Mares, poemas

Imagen byChristoph Schütz

Una extraña

Con tu gesto tan lleno de impaciencia
el cristal de los ojos se me rompe,
agregándole arruga, sobre arruga
a este corazón que late ya forzado.

Tú le gritas al viento que me quieres
pero tu indiferencia me lastima.
Sintiéndome un estorbo y enfadosa
decido irme alejando de tu vida.

Te dejo en libre vuelo y me pregunto
porqué me he convertido en una extraña;
en qué me he equivocado, en qué fallé
ya no soy prioridad en tu camino.


Soñé llegar a vieja entre tus brazos
sintiendo la ternura que te di,
sin mendigar el fruto que he sembrado
desde que he concebido tu latido.


Sin consuelo

Yo quise unir mi llanto con el tuyo
en busca de consuelo a nuestra pena,
abrazarnos callando nuestro espanto
de verla que quedaba bajo tierra,
perdida para siempre entre las flores
al quedar sin aliento y sin estrella.

Rechazaste mi mano y te encerraste
en el infierno solo con tristeza,
me has dejado vivir sola mi lucha,
cegada me abrí paso entre la niebla
para encontrarte hundido en tu silencio,
con candado en la voz y en esa celda
donde pagas las culpas que no debes,
sin encontrar reposo con tu entrega.

Quisiera descansar y que descanses
llorando junto al mar aunque nos duela.


Ella, la que viven en el espejo

Esta ahí, vive dentro del espejo
y ve còmo sofoco sentimientos,
aullando entre silencios mis lamentos
en noches de un presente que ya es viejo.

Ríe de mi paraguas gris añejo
que no cubre dolor ni pensamientos,
olor a medicina y tratamientos,
se burla de la lluvia en mi pellejo.

Me señala el atajo, la salida,
mas decido quedarme en el lugar
donde soy paliativo y buen soporte.

Deseo ser su lámpara encendida,
esperanza, alegría y bienestar,
aunque en este proceso me recorte.

Isabel Reyes Elena, poemas

Imagen by 김경복

No te alejes

Debería poder eternizar
la voz de donde nacen tus diluvios
desembocando en mí, deletreando
los torrentes de versos que desaguan
en los amplios bancales de mis senos.

Discurre entre tus manos la ternura del mundo
y por las mías
la procesión nocturna de estériles palabras.

No te alejes
pues mis versos-semilla se han perdido
con las cosechas de los tiempos áridos
y no tengo más nada que ofrecerte
para saciar el hambre de tu espera.
Sólo puedo llevarte hasta mis bosques,
al árbol donde irrumpen los misterios
de mi espíritu fiel en pie de llamas.

Hoy me acerco hasta ti para que siembres
mis sueños de azaleas porque tengo
mucha niñez mezclada con la greda,
mucho frío en las manos y no sé
dónde puedo llegar con el tumulto
que produce tu boca en mi energía

Toma mi mano y guíame
al silo donde guardas tus cosechas.


Introversiones

Vivo con avidez este presente
que sólo en mí se fragua, beso apenas
las huellas del pasado que en mis venas
transitan con su lengua irreverente.

Borro las cicatrices de mi frente
para no recordar y a duras penas
intento transcender en las arenas
del río del que soy eterno afluente.

Y me invento horizontes de esperanza
vistiéndome de roca en mi paisaje
de subterráneos pozos artesianos.

Y me bebo la vida por si alcanza
la intemperie que llevo de equipaje
a retener el tiempo entre mis manos.


Nuevo ciclo

La luz por mi paisaje de humo viene
inundando mi otoño. A su llegada toma
conciencia de ser luz y luego anida
en mis ojos abiertos. La claridad desnorta
el canto funeral y los oasis
del éxodo y los días de mis sombras
y árboles me envía, telegramas
de música apacible. En la memoria,
para acunar el sol suena una estrofa,
no importa de qué música,
que el túnel de mis miedos desescombra.

Comienza un nuevo ciclo luminoso.
Fueron ríos, senderos, muchas horas
de nostalgia y de espera. Por los grandes
agujeros del llanto y por las lomas
va penetrando el ánimo a raudales
y me cierra caminos hacia el Gólgota.

Late la vida en mí, miro al invierno
volviendo a ver la vida que revive
y comienza otra vez, luz adelante
lo mismo que una tromba
de sol en mis palabras, de alegría
que vuela las cenizas de mi historia.

Morgana de Palacios, poemas

Malditas

Sé que podría hacerlo.

Podría porque es fácil
meter sexta y huir de lo que me repele cuando miro
por el ojo violeta de mi última amatista,
y entrar en la tertulia de lo etéreo.

Podría unirme al coro de malditas
con mis obras completas
y la desilusión como estandarte.

El cómo es lo de menos
-siempre hay formas-
pero el porqué no es nunca suficiente,
salvo que el egoísmo de ser tú
-en exclusiva tú-
rompiera cualquier lazo con la tierra,
que allá se las apañe con sus contradicciones
y sus poetas únicos
y con su paradoja de dolor sublimado
y con sus ideales opiáceos.

Podría cualquier tarde

en la que Plath o Sexton o Pizarnik o Teasdale o Storni

-mientras hago un sprint bajo la ducha-
me hablan del vacío existencial
con un frufrú de seda en la palabra
y la mirada vacua y el sarcófago
flotando inercialmente sobre el tiempo,
y casi me convencen
de que el mayor error es seguir viva
matándote por otros.

Ninguna derrotó al Arcángel del Tedio
ni sedujo a sus dioses de papel
ni mató sus demonios interiores.
Yo tampoco.

Estar cuerda no siempre resulta ventajoso
porque duele el espíritu y acaba resentido,
pero soy algo más que el aura negra
de mi farsa poética.

Yo soy mi rebeldía.


Detener el tiempo

Vas a heredar mi boca cualquier día,
esa naranja amarga de adulterio,
mi lengua de tormenta que incisiva
hace crujir las gavias de tu aliento.

Heredarás mi voz de jarcha y sable,
mi cetro de cristal, mi amor sin dedos,
mi astucia de tarántula perdida
en la vasta inquietud de los espejos.

Mi látigo de seda, la distancia
que va del corazón hasta los huesos,
la hondura roja y gualda de mi idioma
bajo el azul y blanco de tu verbo.

El pulso de la luz con que destella
el nombre que le puse a tu misterio,
los confines del Norte que limitan
con mi fatalidad de oscuro enebro.

Vas a heredar las cartas del ayuno,
las horas de vigilia en el trapecio
donde colgué tu sol dilapidado
en el calor de mis poemas muertos.

Cuando te lleguen a los ojos, cava
una fosa en la tierra de tu pecho
y olvídate de mí en el instante
en que me entierres cerca de tus miedos.

Cuando sientas que el aire huele a rosas
será que han florecido los silencios.


Lengua de sol

Qué cerca estás de mí, vida, qué cerca,
qué hondo me penetra tu palabra,
con qué fuerza tu fuerza me esclaviza
y con qué levedad me pone alas.

Nadie espera de mí, vida, que amarte
sea como saltar las alambradas
de la calamidad, nadie supone
que tu hombría asesine su algarada.

En qué cenote oscuro me verán
nadar contra corriente turbias aguas,
que no imaginan, vida, que estoy viva
sobre la curvatura de tu espalda.

Duele la claridad aparatosa
de tu lengua de sol en mi ventana.

Selección de poemas de Idella Esteve

magen by Enyin Akyurt

Figúrate, si puedes

Figúrate, si puedes,
lo que el rostro te esconde.
¿Qué te voy a decir de los silencios?
¿Qué te voy a contar de los internos gritos?
¿Qué de las esperanzas ya perdidas?

Ampárate en mi sombra, que no hay otra.
Cógete de mi mano
y camina conmigo hacia el poniente;
ya no te importe el norte, ¿para qué?,
llegamos al final de nuestro viaje.

El mañana vendrá
pero nosotros… ¿Cuándo?… ¿Cuándo?… ¿Cuándo?

Todo tiene un final.
Oriente quedó atrás. Todo es Ocaso.


Cuándo

Cuándo saldremos de esta hibernación
en un sueño fatal aletargados.
Cuándo dejar atrás nuestros cuidados,
las cuitas empañando el corazón.

Cuándo, si no me falla la razón,
estarán mis anhelos reafirmados,
aquellos que se han visto refrenados
por esta interminable situación.

Cuándo. Se hace tan larga esta agonía
que traspasa la luz y son penumbra
los rayos que me llegan desde el cielo

y ya no puedo ver brillar el día.
Sólo al llegar la noche se vislumbra
lo real o irreal en mi desvelo.



Divagando

Ejercí de feminista
sólo en casa, coherente.
Hoy la cosa es diferente,
nada hay que se resista.

Para el hecho de cambiar
yo me apunto la primera
cuando me entra la tontera
de cosas tergiversar.

A los hombres llamo nueros,
yernas nombro a las mujeres.
Así lo llevo ¡Qué quieres,
si no me cuesta dineros!

Y me paso por el forro
la gramática castiza
y nada me escandaliza
pues soy más lista que un zorro

No todo en “a” terminado
se refiere al femenino
y es un tema ya cansino
que ha de ser eliminado.

No hay un hombre que se niegue
a que le llamen tenista,
violinista, ajedrecista…
en lo que toque o que juegue.

Lo que finaliza en “ante”
se quiere acabar en “anta”
cosa, pardiez, que me espanta
y no le encuentro atenuante.

Mas pongo trabas, no creas,
si me hacen usar la arroba,
es algo que me joroba,
me causa flato y disneas.

Dejemos las tonterías,
vayamos a lo concreto:
tratémonos con respeto
y acaben las chulerías.

Selección de poemas de Morgana de Palacios

El tiempo pasa

El tiempo pasa, vida,
se asoma precavido a mi intemperie
por intuirte páramo a lo lejos
y se nos va nublando
a medida que avanza sin mucha convicción.

El tiempo-incertidumbre-holocausto-pandemia
como un virus
dubitativo y frágil
se persigna al rozarnos, murmura vade retro
como si nos temiera

porque dejamos de reivindicarlo
porque dejamos de pensar en él

y hasta de esperanzarnos en sus ojos de lluvia.

Ya sólo creo en ti y en tu no-tiempo
adicta al sinfuturo de tus labios
que todos mis silencios justifican.

El tiempo pasa, vida, y no me importa.
Con esta terca voluntad de amarte,
me olvido de que existe
día a día.



Un mundo de metáforas

A veces, junto a ti, me ataca el desconcierto
por esa diferencia de tu tacto y mi tacto
e invento la caricia y el golpe y el exacto
instante de atraerte a puro cielo abierto.

Por esa diferencia de tu boca y mi boca
es que gestas las guerras que enamoran al labio
y el verso que seduce, enardecido y sabio,
de tu lengua a mi lengua se agita y descoloca.

Porque somos distintos de palabra y de gesto,
de ojos y mirada, el instinto me apuesto
para desentrañarte sin un roce de piel.

Un mundo de metáforas con el rostro velado
no oculta la certeza de saberte a mi lado
el más hombre del mundo con carne de papel.


Armada

Tal vez desilusión, no aburrimiento.

Jamás me aburro yo conmigo misma,
me inauguro portátil, voy y vengo
y me sobra talento armamentista
para partir de cero en cualquier guerra,
al no soñar con tierras prometidas.

Mi territorio se abre en el presente
sobre el páramo azul de la inventiva.

No soy de las que lloran el pasado
negando la pasión de cada día,
porque lo que me gusta es el camino,
la huella de los pasos, la genista
en la cuneta donde duermen tantos
sobre sus cuerpos yertos invasiva.

A ninguno le debo un mal capricho,
ninguno me ha dejado malherida,
lo que me dieron di, siempre sobrada,
y al irse pasé página deprisa.

Mi lealtad se ajusta a lealtades
que no terminan más que con la vida,
el resto ni me mueve ni me importa
ni consigue borrarme la sonrisa.

¿Aburrimiento? No, ni estando muerta.
¿Desengaño? Quizás, por estar viva.

Pero es lo que estoy, viva y armada
hasta los dientes con la poesía.

Selección de poemas de Isabel Reyes Elena

El primer árbol que se quebró en mi pecho

Te adentraste en mis bosques,
trajiste el paraíso y el autobús del día,
las lanchas de tus labios y el corazón unánime.
Andas por mis pestañas sin exigirme nada.
Callo y anida el tiempo en mis ojos azules.

Tal vez no pueda nunca regresar al calor,
a la ribera suave de los pájaros
a la fruta de barro que taponó la aurora,
a esas iniciales grabadas en mis ojos.

Pero tú me escanciaste como un vaso de sol
y fuiste el primer árbol que se quebró en mi pecho.
Embalé mi destierro. Me lloraban las calles,
el camión con mis muebles traspasó la vendimia,
pero tú me conduces. A tus fuentes me llevas.

No me diste la luz.
Si la hubiese atrapado con mis manos entonces
yo sé que en mis retinas vería mariposas
y un ancla bajo el agua de mi cuerpo.

¿Y por qué no encontrarnos de nuevo en las murallas
de la noche los dos, rescatarnos el día,
ver si podemos juntos adelantar tormentas?

Por mi esperanza cruza tu recuerdo de música
al desvestirme selvas esenciales, y tengo
el dolor de la nieve, la madurez salobre
de quien atrapa barcos con sus manos de piedra.
Cuando pasen andenes te seguiré mirando.

Mi meridiano eres. Tanta melancolía
se albergaba en mi acento castellano.
Fuimos desmenuzando palabras interiores.
Por entre el diccionario con mi paraguas rojo
impediré que caiga la nieve en tus pupilas.

Yo ciega voy de amor, sé tú mi lazarillo.


Instante decisivo

Miradme aquí, en piedra convertida,
exhausta de silencios y ciclones,
coronada de inútiles razones
a causa de una nueva arremetida.

Observadme en el tiempo detenida
enlazando palabras a jirones,
sombras de soledad, crudas lesiones
que acunan el sabor a despedida.

Mas no lloréis la ausencia de mi viento
ni toquéis el poema que os escribo
bajo el soplo desnudo de mi acento.

Que en la nada de un verso sigue vivo
-con la sangre y la sal del desaliento-
el reloj del instante decisivo.


El arpa de mis ritmos

Os dejo la palabra en mi verso truncado
y este fulgor que intento mantener encendido
para que los senderos no se llenen de sombras
cuando la sombra venga a cebarse conmigo.

Os dejo un arcoíris de voces traspasadas
por el ardiente dardo del poema maldito
que se encona en el alma, madurando en la mente
y rompe las entrañas cuando quieres parirlo.

Os dejo cuanto tengo: mi alforja de palabras
y este viento que, a veces, me aúpa al infinito
con el ímpetu firme de sus alas amigas
para hurtar los azules que me fueron prohibidos.

Me marcho como vine, desnuda y sin apegos
pues no escalé montañas, pero sé de los riscos
que cercaron mis huellas con ortigas malignas
cuando aventé canciones por todos los caminos.

Recordadme si os place, y si no, silenciadme.
Sé todo cuanto os debo y cuánto he recibido
de este afán que me tiene atada y bien atada
al querencioso potro del verbo y su destino.

Si me queréis gritadlo frente al mar de mi tierra.
Os dono para siempre el arpa de mis ritmos
y el amor que me crece en los espejos mudos
del poema sangrante y mi triste delirio.

«Elegía», Isabel Reyes

en memoria de Gerardo Campani

Al pensar en tu estado presentí
que el tiempo de tu vida es un cobarde
que se esconde en la hora del adiós
y es incapaz mi pena de ablandarle.

Que perdido en la noche de la ciencia
lo hermoso que te aloja no le vale.
Ignora cómo dar tiempo a tu tiempo,
vida, salud y sístole a tu sangre.

El hígado prestado que portabas
no responde al deseo de arrancarte
de las oscuras garras de la muerte.
¡Qué cobarde es el tiempo que nos barre!

La cera que tu cara desdibuja,
el dolor de tu ser, inabarcable,
me dice que eres tú el elegido
y nada más me queda que llorarte.

Mirada de hombre bueno que confiaba
superar nuevamente adversidades
en idas y venidas; tu destino
me indica que te queda largo el traje.

Escrita tu conciencia ultraversal
se nos va el literato y el amante
cuando un gélido viento ya acaricia
tu bondad, tu retina y tus afanes.

Compañero del alma, compañero,
hermano del misterio del que naces,
cuando siento tu vida que se agota,
tu dolor, como leña, a mí me arde.

«En carne viva», Idella Esteve

Imagen by Enyin Akyurt

Te podría decir que nada escondo
que se pueda pudrir en mis adentros
y me doy al poema en carne viva,
despojado de piel todo mi cuerpo.

Te podría contar lo que en mí mora
que enturbia mi razón, mi sentimiento,
y sale desbocado por mi pluma
volando al infinito con mis versos
en pos de la anhelada fantasía
cuando mi vida es todo desconcierto.

Te podría nombrar miles de cosas
de cruda realidad, de dulces sueños
que me anublan las luces de mi mente
y me ponen en sombra el pensamiento.

Te podría explicar que ando desnuda
para dejar los males que acarreo
prendidos a un saliente en una esquina
y abandonarlos solos a sus fueros,
sin que vuelvan a mí de ningún modo,
que no habré de acogerlos ¡no los quiero!

Escribo en carne viva, ya lo sabes,
mostrando lo que está dentro del pecho.


Muerte por aburrimiento

Lo mío ya no tiene compostura
y va pasando el tiempo sin remedio.
No sé si brilla el sol o todo es sombra,
con el desgarro se me estanca el verso
en una poza llena de cuchillos
y el poema me sangra hasta los huesos.

Porque nunca nadé las superficies
en lo profundo por asfixia muero
sin querer. En lo más hondo de mí,
de todo lo que escribo nunca encuentro
esa vena interior que me reviva
-estoy viva quizás, aún no he muerto-
y me saque del fondo de estas aguas
y me implante unas alas para el vuelo.

Quedo en mí con mi verso, anquilosados
los dos vamos muriendo en este encierro
uno al lado del otro, sumergidos
en este fuego frío, en este infierno
donde vuelan al aire las cenizas
de un ardido furor. Mi aburrimiento,
a falta de ilusiones que lo animen,
cabalga por la vida por sus fueros
y al cabo viene a ser como una muerte,
partículas de mí siempre al acecho.

«Cancelación de lo desierto», Gavrí Akhenazi – Morgana de Palacios

Imagen by Enrique López Garre

Improvisación en tiempo real – Contrapunto

Yo sé que a veces hinco la rodilla en la tierra
y que entierro en el pecho la cabeza afiebrada
por imaginar cosas que podría decirte
a solas y en la umbra, como alguien sin mañana.

Pero soy un silencio que se remuerde solo
con vocación inhóspita. Una bestia esteparia
que busca entre las cuevas secretas de tu especie
la especie que ha perdido su espíritu de llama.

Aúllo y te reclamo con mordiscos de lumbre,
tu acerico de ausencia se me clava en las plantas
y soy el caminante que ha extraviado un desierto
y rebusca en su sed el agua de la lágrima.

Al fin y al cabo, a solas, sin tantos artilugios
asesino entre verbos mis mundos de metralla
y, como ves, inclino mi arrogancia señera
a la rienda de seda de tus manos extrañas.

No me acaricies, hembra, que la melancolía
de no haberte tenido, me llena de nostalgia.

Gavrí Akhenazi


A veces soy su fe si, de repente,
le arranco la espoleta a una granada
y detona al chocar contra mi boca
y me llena de esquirlas la garganta.

Otras veces no soy más que el colapso
de la buena intención y su mirada
se pervierte en la sádica tortura
que quisiera infligirme en la distancia.

Se ha vuelto vulnerable con el tiempo,
quizás por sus insólitas jugadas.

Aún prefiere andar bajo mi lluvia
sin pedir el cobijo de un paraguas,
porque le gusta amanecer mojado
cuando son secas otras circunstancias.

Yo soy el putching ball que absorbe el golpe
cuando su corazón se desbarranca,
pero crece en el verso si me nombra
y se excita, varón, si me
descalza.

Morgana de Palacios


A veces soy así y a veces lento,
gravito en tu pasión como la escarcha
que te nieva entre enero los azules
y desde tus azules desbarranca
su ligereza inútil y su nimbo
de insospechada claridad humana.

Estás de pie en el mundo como el tiempo
recorre el universo y lo equipara
y nos volvemos hitos planetarios
que van ajusticiando las palabras
porque tu boca clara marca el rumbo
del que se aleja hostil, mi boca amarga.

Que he cambiado, lo sé. Sé que he cambiado.
Que ya no soy aquel que sí mataba
al enemigo y luego, victorioso
alzaba la cabeza cercenada
y la echaba a los pies de tus trofeos
en la vieja cuneta de las ansias.

Cambié. Me puse bueno y metafísico,
contemporizador y mano blanda,
pero si alguien te toca, te aseguro
que la bestia me habita aquí en la rabia
y me vuelvo aquel malo ingobernable
que doblegó tu mano, sana y salva.

Gavrí Akhenazi


En tu mapa vital las cicatrices
marcan los aspavientos de la suerte,
los dolores y los retorcimientos
que tocan las mujeres
con dedos temerosos y labios indecisos
cuando aún no penetran en tu mente.

Son tantas las grabadas en el tiempo
de las escaramuzas en los frentes,
que casi no recuerdas ni tú mismo
si son un tatuaje en las paredes
de la piel maltratada por la vida
o es la propia vida quien dibuja vaivenes
sobre tu cuerpo enjuto acostumbrado
a engañar a la muerte.

Yo que guardo las mías donde nadie las ve,
sé que las invisibles en ti son las más fuertes,
las que nadie sospecha que puedan existir
y las que más te duelen.

No has cambiado tanto, sigues siendo el soldado
que camina en la sombra con el alma en los dientes.
Sentirte solo es parte de la ferocidad
que te nace en el vientre
cuando la indiferencia ajena por el mundo
se te vuelve un parásito evidente.

Al final no eres ese ni el otro, eres tú,
exactamente
tú, profundo y breve.

Morgana de Palacios


En el rito vital la coincidencia
nos devolvió a rutinas despiadadas
y en un desequilibro, desvariadas,
nos atrapó su suave incandescencia

Podemos resumir nuestra indecencia
en las imaginarias desaladas
de dos extravagancias extraviadas
al mundo peculiar de su inconciencia.

A veces vos sos fénix, yo soy cobra.
Para llevar la identidad del sino:
míticos bichos presos en la obra.

Existen, más allá de ese destino
con que enfrentan el pecho a la zozobra,
tu corazón de miel y mi asesino.

Gavrí Akhenazi


Mala para tus ojos, porque te gusto mala,
mala de malitud, de naturalescencia,
mala por revolverte, por disparar la bala
que te acierta en el centro de la circunferencia.

Mala por alumbrarte, malérrima bengala
con fuegos de artificio los días de abstinencia,
por no rendirme nunca al Coronel de gala
y excitarte los ojos con mi concupiscencia.

Mala por estar viva y provocar tu celo,
por servirte en bandeja la erótica del velo
que enigmático cubre mi voz que se regala.

Por aguzar tu ingenio para los desvaríos
y hacer que de tu boca promiscua fluyan ríos
de poesía libre, me has bautizado Mala.

Morgana de Palacios


Después, para tu boca, el vendaval del hambre
que te estalle en los senos de prédica madura
y que tu vientre curve la fuerza de la sangre
sobre el vértice inerme de mi fiera premura.

Cabalgar en el tiempo de la boca sonora
como en una marea de ansiedad matutina
sobre el sabor antiguo de la primera hora
en que la piel se vuelva desnortada y canina.

Que el hambre me revuelve la lengua del deseo
y me imagino intensa la curva en la que encallo
mi percepción del día verdeciendo en tus ojos

de mar alucinado, de fiera y el desmayo
de tu labios lamiendo la sed de mis despojos.
Así es como en mis sueños tu corazón poseo.

Gavrí Akhenazi


Despedirme de ti no entra en mis cabales.
Lo que me das no hay oro que lo pueda pagar.
Contigo soy la monja que mira el lupanar
con ojos de pecado y lengua de abrojales.

Ríes el tour de forçe en los ceremoniales
con que me incitas lúdico para poder llegar
a la carta más alta que se pueda jugar
en el juego asesino de las reglas morales.

Te empecina saber que no me entrego
como tantas, sin lucha. Tu estratego
inventa escaramuzas cada día.

Pero yo no claudico ante tu trato
pues sé que sale caro lo barato.
Lo nuestro es una hermosa guerra fría.

Morgana de Palacios


Y es una guerra al fin y en toda guerra
como aquellas que
-alzadas en tu nombre de maga impenitente
que colecciona a sus amantes muertos en cunetas sin agua-
han emprendido viejos caballeros de armaduras inermes
(y de lenguas rabiosamente trepadoras),
nos debatimos el judío amargo que sobrevivió a Masada
porque le resultó una afrenta suicidarse
y la hija del vértigo profundo sobre el peñón de Avalon.

Te bulle el África caliente en la saliva
y en la sangre hay derbakes milenarios que te agitan el tiempo
y la indocilidad
y esa hembra chita que camina sola y devora a sus presas
con una lengua suave y seductora y unos dientes de presumir sonrisas.

No sé si me elegiste porque no había otro bicho más extraño a la mano
-ya que este reino
siempre tuvo su colección de fáciles rarezas intentado subirse por tus muslos-

pero yo sigo, perduro, persevero

porque,
en realidad,

tengo un espíritu de Cancerbero insobornable,
capaz de enfrentar hasta a sus propios muertos si se acercan curiosos
a presenciar la historia que vivimos.

Dos, porque somos dos y siempre dos
en un único, guerrero y épico país desconocido
que ha perdido su nombre de batalla
y conserva la esencia de su paz
tantísimas veces malograda

igual que un talismán
que llevo al cuello como si fuera mi primer medalla.

Gavrí Akhenazi


Te agradezco la noche sin pausa, la escritura,
la luna rielando en los mares de arenas
cuando sembramos juntos alegrías y penas
en el amplio desierto de la literatura.

Te agradezco la luz que alumbró mi ventana,
la amenaza de sol de tu lengua de sombras,
el sentirte reír cada vez que me nombras
y el empecinamiento en besar el mañana.

Nadie podrá decir que haya sido fácil
llegar donde tú estás, airoso y grácil,
tras avanzar a muerte abriendo brecha.

El objetivo es hoy tu cita con la vida.
Vivir en esa tierra prometida
todo lo no vivido hasta la fecha
.

Morgana de Palacios

«Animales tácticos», «Mi Tierra Media hasta que llegaste, Juan Carlos Gonzáles Caballero

Animales tácticos

Más que por depredar, te da por colgar trampas
en las que yo me tumbo y te dejo que vengas
por un entrelazado de sugerencias cautas,
sigilosas y arácnidas que finjo me silencian.

Hago de lo que muestras mi fiel anhelo hilado
y en su interior calculo su extensión y su peso
para con ese temple fisurarlo de un tajo
con el filo que esconden estos hierros de reo.

La cazadora, presa de mi punzante lengua,
ahora me suplica que la aguijone a versos
pero sin dejar marcas, sin que queden mis huellas.
No sabe que callado, mato negando besos.


Mi Tierra Media hasta que llegaste

Me llevaba el placer de la carne espasmódica
en mis tiempos de búsqueda fiera de sexo,
en un tiempo de odio al querer y a mí mismo,
al pequeño que fui, a escribir y a los cuentos,
al hurtar con mi trampa de cara de infante
los amores sinceros de jóvenes cuerpos.

Y al final apareces y aprendo a quererme
como siendo el espejo que enseña lo bueno
de cuidar lo importante, el gesto y el hábito
al igual que el amor que profeso a los textos.
En silencio me das la paz de mis ansias
que persiguen renglones por suelos y cielos.

Y regreso hacia ti con la vista cansada
y en mi pecho una flor de inmediato recuerdo.
Si me atrevo a dudar me despiertas la boca
con tu voz que ilumina mi oscuro alfabeto
que descubre y recorre tus ojos azules
para sólo sentir y besarte un te quiero.

«El tiempo es el ganador», «La mar se lleva a los niños», María José Quesada

Imagen by Sabine Zierer

El tiempo es el ganador

El tiempo posiciona la flor sobre el almendro,
el agua sobre el cauce, la vida sobre el dueño,
el ancla sobre el fondo, el polvo sobre el cierzo
y todo queda en orden. Incluso el sentimiento.

El tiempo va imprimiendo su inexorable huella,
el paso se hace corto y la ilusión pequeña,
el cáliz de los sueños comulga con la ausencia
y sobran las palabras cuando ya el alma tiembla.

El tiempo va marcando, lo marca todo él solo,
el cuerpo, los cabellos, las manos y los ojos
mas, deja estelas vivas, como este amor tan hondo
que doy por bien hallado si me quisiste un poco.


La mar se lleva a los niños

Dijeron que la mar se llevó a los niños,
que las golondrinas no saben luchar,
que ella es centinela, cela su camino
doblando la guardia con espuma y sal.

Dicen que las olas llegaron con fuerza
a cobrar un precio por la libertad
llevándose al débil, culmen de inocencia,
para en los abismos poderlo arrullar.

No es del agua el crimen ni hay culpa en los brazos
que fueron más suaves que un golpe mortal.
No fueron las olas que se los llevaron
¡es la guerra que echa niños a la mar!

«Lengua alopécica», Idella Esteve – Gavrí Akhenazi

Imagen by Rutpratheep Nilpechr

Contrapunto

Es tanta la alopecia de mi lengua
que ya no sé qué hacer para enmendarla,
le pone trabas a cualquier dictado
y expeditas le salen las palabras;
se ha vuelto descarada y lenguaraz
y no se calla ni “debajo el agua”.

Tal vez debiera hallar una peluca
que pudiera servirle de pantalla,
de filtro en que colar las opiniones
y no decir lo que le viene en gana.

Enseñarle a contar será preciso
hasta diez, o hasta más, antes del habla,
implantarle quizás algunos pelos
que enmarañen el fluir de su alfaguara,
que corren como un río sus ideas
y vuelan al salir desaforadas
con alas que han crecido con los años,
libres de vestimentas y corazas.

Qué incordio de esta lengua tan desnuda
acostumbrada a no pararse en nada.

Aun cuando un punto yo me dé en la boca
en cuanto me despisto se me escapa
sacando entre los huecos de los labios
aquello que le está quemando el alma
.

Idella Esteve


Parece, compañera, que tenemos
un problema común con nuestras lenguas,
un gen será quizás, que predispone
a decir siempre aquello que se piensa
y a veces me pregunto si tal cosa
no debería ser lo que rigiera
las conductas del hombre en todo tiempo
y debatir de frente las propuestas.

Y sin embargo, no. La gente calla,
oculta, modifica, omite, niega
aquello que querría volver grito.
Prefiere ser política y correcta,
disfrazar pensamientos y verdades,
acomodar la aguja y la respuesta,
y luego el dije Diego aunque hubo digo,
«me has entendido mal», «no es lo que piensas».

Tengo la boca floja, aunque de viejo
uno aprende a leer en las tormentas
y expone la verdad con raciocinio
y le quita pasión a sus ideas
para volverse claro, siempre firme
en que su convicción es su bandera.

Mi lengua sigue igual, mis rebeliones
la mantienen activa y alopécica.

Gavrí Akhenazi

«Los fondos de tus bragas», «Por», Silvio Rodríguez Carrillo

Imagen by Engin Akyurt

Los fondos de tus bragas

Mira los crucifijos, todas las negaciones
pulcras y desvirgadas, mira los desperdicios
faltos de carestías, aptos y preparados
para las sensaciones simples y sin estilo.

Si me observas en medio de la mierda
que me envuelve sin lástima el hastío,
y te ríes sin ganas o con asco
del dolor que mi vientre endurecido
convirtió sin apuro en el altar
en que sangran las putas de mi niño…

es posible que entiendas la fatiga, la escena
que relato mordiendo con mis pies el camino
señalado a distancia por la sed de apareo
que te nubla la boca con saliva de grito.

Yo me pauso, tranquilo, indetenible,
sosteniendo las bridas de mi sino
que humedece los fondos de tus bragas,
esquilando almanaques enemigos,
apurando mi vaso sin errores
despeñando mis nombres en tu ombligo.


Por

Me conozco las sendas, las trampas y atajos
que conducen al duelo terrible del hombre
escapando del sino que busca su cuello,
por captar con mis ojos y manos la noche
renegando del día que exhibe su estrella
y entender en la guerra el amor de los dioses.

Por sacarme los callos en clave de fa
le adivino al poeta sus gestos mayores
y al prosista sus tics de manual; lo de siempre,
caminar a la sombra, en la luz, sin razones
ni verdades, me tiñe el mirar de distancia
que me acercan al solo y a todos sus golpes.

Por querer sin querer, tropezar y erigirme,
saboreo el abismo que viven los pobres
que pretenden cercar mis modales, mis formas,
reclamando les mire el ombligo -las dotes-
que suponen precioso, bellísimo… ¡mierda!

Yo me miro los modos, reviso mis bordes
y mastico, ignorante y brutal, los vacíos
que no pude llenar descollando en amores
que regalo a las putas sedientas de huellas.

Por saberme, me sé solitario en mis torres.

«Quién pudiera», «La niña pescadora», poemas de María José Quesada

Imagen by Tung Lam

Quién pudiera


Quién pudiera ser viento que acaricia tu rostro.
Quién la hoja caída que te logra tocar.
Quién pudiera besarte como yo te besara
-como chispa que salta, como llama en el lar-

Quién pudiera ser río que tu cara refleja
y en sus aguas te mece con sutil suavidad.
O la luna plateada que te envuelve en la noche,
o este cielo de estrellas que te cubre al pasar.

Y quién fuera tu sombra aunque no puedas verme
y quedarme a tu lado sin dejarte marchar.
Quién la ola que llega a romper en la roca
y te besa los labios con espuma de mar.



La niña pescadora


Una niña pescadora
con su red se fue a pescar
donde descansan las olas,
en la orillita del mar.

En la cabeza un pañuelo,
en el talle un delantal
y en la cara lleva rosas
con destellos de coral.

Echa la niña las redes
sobre las aguas de sal
y la corriente las mece
como en un juego naval.

Cuatro peces ha encontrado
cuando las viene a sacar
y una blanca caracola
que entre ellos fue a parar.

Acercándola a su oído
un rumor cree escuchar,
piensa que dentro hay sirenas
que no dejan de cantar.

Lleva la niña a su casa
ese regalo sin par
y su madre le reclama:
llévala, niña, a su mar,

que las sirenas son almas
y solo pueden estar
bajo las aguas azules;
no las podemos guardar.

Y la niñita, apenada,
la vuelve al agua a lanzar
donde lanzaba sus redes,
en la orillita del mar.

Veinte años han pasado
en su rostro y en su hogar
y la joven, aún pescando,
con papá se ha ido a embarcar.

La calma vira a tormenta,
el viento leva la mar.
La muchacha cae al agua.
De poco sirve nadar.

Hasta el lecho submarino
su cuerpo ha ido a parar
pero acudiendo a su encuentro
de ella empiezan a tirar

cinco sirenas preciosas
que no dejan de cantar.
Y nadando la devuelven
en la orillita del mar.