Ana Estepa, poemas

Imagen by Emily Schoieme

Palabras

Las palabras importan, y se quedan grabadas
más allá del momento en que se dicen.
No son tan solo aire que escapa por la boca
en las ondas acústicas.

Las palabras definen circunstancias
delimitan fronteras, tejen lazos;
reflejan realidad o velan falsedades.

Hay palabras suicidas
que engatusan, confunden, enloquecen…
palabras que despliegan alas de mariposas
de colores y formas deslumbrantes.

Y palabras que muerden las entrañas
que envenenan, destrozan y asesinan.

Otras veces palpitan en los labios
como un corazón abierto al cielo.
Entonces, las palabras son suspiros
que brotan de los versos de un poema.


A dentelladas

Puede llamarme ilusa, tonta, loca,
cabeza de chorlito, majareta…
pero nunca seré la marioneta
que manejen los hilos de su boca.

Sabe que el corazón se me disloca
y que no soy capaz de estarme quieta,
que me arde la sangre y soy veleta
heredera del viento que me toca.

Que me niego a tener que acostumbrarme
a vivir en palabras silenciadas,
y me asfixia el trasiego rutinario

hasta ser un desierto carcelario
en la voz que no quiero más callarme.
Y me como la vida, a dentelladas.

Selección de poemas de Ana Estepa

Imagen by Robert Balog

Tu nombre

Cada vez que te nombro, reverdezco,
dejo de ser un nicho cotidiano y oscuro
y el mundo se hace luz iridiscente.

Tu nombre me acaricia la garganta
si brotan de mis labios
susurros que en el viento
son pájaros nocturnos,
que vuelan para darte
tu nombre con mi voz bajo las alas.


De nuevo tú

Estás aquí de nuevo
con un cuerpo distinto y otro rostro,
mas la misma mirada
que me hizo cruzar la frontera prohibida,
en donde caminamos los secretos
que quedarán por siempre en la memoria.

Otra vez eres tú,
creador de pulsiones, artesano de estragos,
quien me busca y me halla.
Yo, que ya encontré un hueco bajo tierra
para ser invisible ante tus ojos
estoy aquí
latiendo y tuya.


Interrogantes

Adónde fue a parar el amor que inventamos,
las horas en la cama alejados del mundo,
dejándonos la piel entre los dientes.

Dónde andará la voz que se prendió en mi pelo,
las historias, los mapas que navegamos juntos,
desnudos, ante un mar inabarcable.

He buscado debajo de los muebles,
dentro las paredes que todo lo escucharon
y que todo lo observan, silenciosas.

Sólo quedan las manos que agarran los cimientos
de una construcción estrafalaria
sobre un lodazal de arenas movedizas.