«Palabras», «Soneto escrito con una mano atada a la espalda», «Goteo de miserias», poemas de Jordana Amorós

Palabras


Las palabras son lúdicas, celebran
estallando en metáforas lo pura
que hoy se muestra la luz, la desmesura
de espléndidos colores que la afiebran.

Las palabra son frágiles, se quiebran
por cualquier nimiedad, por la fractura
en el tacto del aire, que aventura
sollozos   que escondidos lo atenebran.

Las palabas son duras y resguardan
pasiones  sin cuartel en su apogeo
debajo de una túnica de amianto.

Las palabras son música y aguardan
que un corazón escuche un tintineo
de inspiración y las transforme en canto.

Todas tienen su encanto,
todas merecen una poesía….
Sin ellas, nuestra vida, poetas, ¿qué sería?



Soneto escrito con una mano atada a la espalda


Componer un soneto resulta entretenido
aunque nunca consiga dejarte satisfecho:
sobra o falta una coma, este acento jodido,
esa rima imposible, aquel ripio al acecho….

Belicosos, de amor, de alabanza o despecho,
los del verso melifluo, los del verbo encendido, 
polimétricos, blancos, del revés, del derecho,
todos guardan la chispa de un secreto escondido.

Los que hacen que digas : “ Oye…, que yo no he sido…”.
Los que firmas ,por eso de que “a lo hecho, pecho…”,
los que escribes y olvidas como lluvia en barbecho…

Palpando lo pulsátil, lo que está dolorido
por si salta la liebre, por si quiere el latido
el que más y el que menos siempre saca provecho 

Con la excusa de un día mortalmente aburrido
y una mano a la espalda , este fue concebido.
Para mí que ha salido un pelín contrahecho.



Goteo de miserias


¿Cuántos versos
harían falta, dime,
para comprar un sitio de honor en el Parnaso?
¿Diez haikus, cuatro décimas, unas odas o acaso
unas estrofas libres en que rimar no prime?

Sus reversos
apreciarán que anime
echando en la amargura creciente de su vaso
una pizca de almíbar, aunque no venga al caso,
si con ello un carácter más amable le imprime.

Poeta no es quien quiere,
por mucho que sublime
pretenda su palabra, vistiéndola de raso
y el brillo de su acento en nada le escatime.

Poeta es el que muere,
verso a verso y se exprime
un corazón ya exhausto, sabiendo que ese escaso
goteo de miserias lo esquilma y lo redime.

Por mucho que al ocaso
nadie habrá que recuerde su nombre y legitime
que su ensueño poético no ha sido un gran fracaso.

Un poema de Ana Bella López Biedma

Polvo de mariposas

Digo tu boca y digo mar en llamas,
toda de azufre y luz, y a la intemperie.
Con cada negación sobre mi vientre
digo tu boca y digo madrugada

hecha de pan y muérdago, lejana
constelación de sal, estrella inerme.
Y digo tentación, y digo puente
en el vacío azul en que me abrazas.

Digo tu boca oscura en el silencio
donde no cabe nada más. Te pienso
prolongación de piel sobre mis noches,

extrañamente mío, leve roce
de plenilunio. Hondo temblor, me existes
polvo de mariposas, fiero y libre.

«Seis poemas» de Morgana de Palacios

Imagen by Hermann & Richter

Digo la luz

… y entre mi escombro,
sanadora su agua si me ensombro
enciende un lucerío…
(Aira)


Digo la luz y el mundo se ilumina.
Porque nombro la luz, la luz se crea
y porque hay luz tu sombra se alabea
y me besa en la boca y me asesina.

Mato la luz y asombro tu retina
con la penumbra viva de la idea,
parásito de luz que melindrea
entre la esclavitud de la rutina.

Cuando escribo la luz, algo se enciende
por seducir tu verbo que trasciende
sobre la geografía de mis lutos.

Me llamo Claridad siendo La Oscura
y en lo profundo de tu arboladura
brilla el dulzor acerbo de mis frutos.


Solo letras

Donde yo digo amor, debe decir su rostro
y donde digo tacto, su deseo.

Allí donde de pie alzo el puño, su guerra
y donde me atrinchero, debe decir su boca.

El resto da lo mismo, sólo letras
sin una fe de errata.


Como la boca al vaso

Me hago a sus maneras como la boca al vaso
que guarda el agua fresca que la sed necesita,
como el crimen al odio y el amor al fracaso,
como el pulso a la sangre y la espera a la cita.

Me hago a sus disturbios como los pies al paso
y el paso a los senderos de lucha que transita,
como el reloj al tiempo y la risa al payaso,
como el sol al ocaso y el arco a la sagita.

Me estoy haciendo a él como la Magdalena
al Cristo del que vive enamorada
incontrolable en su pasión prohibida.

Forma parte de mí como la inútil pena
que me mata de día la mirada
hasta que vuelvo a verle anochecida.


Misterio para dos

Si tus labios prensiles en la noche

no me cercaran de infinitas lenguas
y el corazón no fuera la palabra
para beber a golpe de latido.

Si demorado el tacto, fuera el vínculo
la razón de la huella clandestina
en la humedad perfecta de las ingles

-retráctil caracol que sube por la espalda
hasta la nuca hermética
oculta en el temblor de los cabellos-

Si no fueras un cuerpo extemporáneo

vivo de cicatrices

para lamer despacio mientras fuerzas
la verticalidad en la sonrisa
del músculo extasiado.

Si yo no fuera yo
ni tú el disturbio
ni ambos el misterio

la herida fuera amor en la garganta.


La sombra de mi sombra

Éste es mi hombre-oscuro, casi ciego,
casi muerto de vida que le mata,
el pájaro abrasado por el fuego
que sueña el agua de mi catarata.

Ésta es su lengua dura e insultante
que sacraliza el asco y la amargura
y éste su corazón agonizante
y éstas sus manos sobre mi cintura.

Mi niño de cristal despavorido,
mi Quasimodo adusto y desabrido
que se rompe en pedazos si me nombra.

Mi loco, mi feroz, mi mar de fondo
viviendo en mí tan hondamente hondo.
Éste es el hombre-sombra de mi sombra.


El ámbar del silencio

El ámbar del silencio.

Desde que desperté
sucia
y
contigo
la eternidad se agolpa
en mis arterias,
se amotinan
los dioses
en mis sienes
contra sus paraísos
y
los hombres
me escriben turbulencias
que provocan
sonrisas
sibilinas.

Diseccionas mis versos
analizas
eliges
masticas mis matices
y
me inventas
de ámbar

y yo

con mi leyenda
de relámpago arisco
me pliego a tu tormenta
por matar tu hermenéutica mirada.

Ensenada mestiza
donde recalan voces
de todos los pelajes.

Sólo desde el silencio
puedo joderte vivo

violento hijodeputa
ladrón de siete suelas
ególatra suicida
criminal
amor mio

conseguiré
que llores tu memoria
como un
manso animal
sobre
mi cuerpo
de
agua

el día
que te niegue
la palabra.


Jordana Amorós, seis sonetos

Imagen by Oleg Mityukihin

Por error

El desencanto tiene los ojos amarillos
y todo lo que mira lo ve de ese color,
solo pétalos secos augura en cada flor
y en la Luna creciente , avisos de cuchillos.

El hastío traspira resabios de alcanfor,
atavía las horas con hábitos sin brillos,
hasta que sus latidos se vuelven estribillos
que apagan cualquier música que suene alrededor.

El cansancio nos llena de piedras los bolsillos,
nos desahucia los sueños al feudo del sudor
y los va disolviendo igual que azucarillos.

¿Entonces qué misterio, qué milagro, qué error
de nuestros genes teje encajes de bolillos
que en los adentros guardan incólume el amor?


Triste lógica

Ya no canto al amor, no me molesto
en buscar adjetivos melindrosos
y verbos francamente pegajosos,
ni en discurrir el cómo los unzo y los orquesto.

Y todo para hacer unos pomposos
elogios a quien deja descompuesto
tu corazón, sin otro de repuesto,
a cambio de unos pocos instantes tumultuosos.

Qué podría decir que no parezca
que entono en un tristísimo gospel
su póstuma elegía disimulando el llanto.

Hay que loar a quien se lo merezca,
pues sabes que ha de serte siempre fiel.
Hoy , y por triste lógica, al desamor le canto.


Duda

No hay mariposas blancas… escorpiones
se adueñan de mi estómago y me late
dispuesto el corazón para el combate,
a veinticinco mil revoluciones.

No puedo permitir que me delate
una mirada, que mis emociones
dejen al descubierto los rincones
del alma en que mi duda se debate.

Tanto y tanto…
y tan alto y tan lejano…
tanto beso que no sabe que existo,
-quizás tan al alcance de la mano-.

Tener que decidir si a la agonía
del silencio me obligo o bien conquisto
tu boca y mi Jardín de la Alegría.


Eres

Eres la melodía inacabada
que el corazón conoce y que se adueña
de su latido y lo vuelve enseña
de la esperanza cada madrugada.

Eres la suave esencia destilada
de una noche de Abril clara y risueña
y el encaje de seda con que sueña,
cualquier mujer hacerse una almohada

Eres el arco iris de colores
que me restaña la mirada herida.
Eres esa criatura concebida
para que alumbre versos sin dolores.

Serías el amor de mis amores,
si lo quisieras tú, toda mi vida.


Si me nombras

Si un día tú me nombras, espero que tus labios
pronuncien los sonidos con la pasión devota
del que a su dios le reza y en su palabra flota
el fervor encendido que esfuma los agravios.

No dejes que pervivan en ellos los resabios
de ayeres sin ventura y observa como brota
la dulzura escondida, licor de bergamota
que vuelve las palabras y los besos más sabios.

Que yo sabré mostrarte el modo como suena
el júbilo en los míos, con notas anisadas
endulzaré tus días, feliz y agradecida.

Y embaucaré tus noches con cantos de sirena
que al rendirse en tus brazos todas las madrugadas
encienda las auroras, translúcida de ardida.


Regalo

Si quieres dibujarme a pulso una sonrisa
que nunca se marchite, no me obsequies con flores,
ya sé que son hermosas, pero de sus colores
más vivos los desnuda un soplo de la brisa.

No me ofrezcas tampoco aquellas confituras
que ponen en la boca un sinfín de embelesos,
semejante al agrado de un enjambre de besos
pues llega a empalagarme su aluvión de dulzuras.

Regálame la música que corre por tus venas,
hazme con ella el Himno al Santo Disparate
de que este amor nos llene la vida de sentido.

Bailar a su cadencia nos lleva a las amenas
regiones donde habitan los locos de remate
que de ilusión se nutren por tiempo indefinido.

Tres poemas, por Silvio Rodríguez Carrillo

Imagen by Benjamin G. E. Thomas

Sé contigo y déjame


No me sigas ni me esperes
que me estoy abriendo paso
luchando contra lo que dijeron que soy,
destruyendo la fe más errada
y que me obligaste a beber,
desestimando bloques enteros de mi realidad
que creí no cambiarían.

No te duelas en mi desapego
ni le recrimines a lo histórico
el estruendo de los ángeles al romperse,
todo se hizo necesario esa mañana
en la que llegué tan temprano
que no había amor para repartir
y te inventé el que pude
sin saber que no iba a durar.

Detén el llanto antes que nazca
o escúpelo en torrente irrefrenable,
pero no te detengas en un dolor
que sólo es mancha sobre los nombres
y acaso ancla en los pies del que lo porta,
no sea que en soledad en lugar de brillar
termines amalgamándote con sombras hirientes
que beben de sí, de sólo silencio.

Como antes
en el inicio del puente bajo la luna,
festeja que siendo como los demás
no soy como los otros,
como yo celebré en su momento
en tu simpleza lo único y definitivo.

Sé contigo y déjame
ser con lo que me ronda
lo que no pude hallar en tu presencia,
el fondo preciso de lo ilimitado
y el rostro de Dios
sonriendo sobre mis errores.


Rompebolas


Escuchame, pedazo de boluda,
si a vos no te produce regocijo
nada que no refiera de tu hijo
como si fueses ciega sorda y viuda,

es un problema tuyo, solo tuyo,
pues hay quienes se placen en más cielos
de los que conocieron tus abuelos
-que no pensaban mucho, me lo intuyo-.

Así que ya cortala, despertate
buscate algún librito que te valga
para hacer algo más que un sucio mate,

renová tu pensar, mové la nalga
o ponete al costado de mis olas
que te pasás rompiéndome las bolas.


Elegiste seguir lo vivido


En el centro movible de la arena
clavé una estaca enorme, pura altura
y en ella la bandera más preciosa:
el viento incontenible con voz cruda
repitiendo el cantar de tus cabellos
disolviendo mis más íntimas dudas.

Desde el futuro vine a tu pasado
a llenarlo de aromas improbables,
a tornar toda cruz en mil espadas
y lograr que te rías y me abraces
como en tu dimensión se puede y debe,
sin mirar a los lados, aunque enfade
al que pide le den lo que no fue
y llenar con lo ajeno su equipaje.

Te di mi risa bruta, mi decir
y con sólo mi espalda fui tejiendo
la lluvia por adentro del afuera
y la tórrida luz que brinda un beso
si ocurre en la mañana y sin aviso
tapando toda falta y todo hueco.

Pero nunca sirvió lo de quererte,
encaraste los daños como meta
y con lágrimas fuiste destrozando
todo lo que busqué no sea prueba;
extraviando controles y colores
juzgaste que mejor era ser mueca,
dejándome intentar golpes de sombras
por traerte del lado que no enreda.

Elegiste seguir lo vivido
por quienes no vivieron mis acciones,
repetir lo seguro de lo necio
y evitar arriesgar ser quien impone
esa no imposición que clava y duele
en el alma del burdo en sus barrotes.

«Tres sonetos de amor», por Sergio Oncina

Imagen by Deflyne Coppens

Amor, me vas buscando

Amor, me vas buscando y no consigo
esquivarte del todo. No desistes
de calentar el alma de los tristes
y yo no quiero brasas si es contigo.

No pienses que al final me contradigo
si débil me enamoro porque vistes
los días de color, sueños y chistes
y confundo con premios tu castigo.

Si me atrapan tus lazos sé clemente
y no dejes que sufra nuevamente
el martirio pueril de una utopía.

Déjame huir a tiempo de tu engaño,
no entierres el cuchillo en lo que extraño
ni alargues por antojo la agonía.


Resurrección


Nos damos otra vez contra el deseo,
furtivos y sedientos, sometidos
al instinto, dichosos y rendidos
al festival de carne y su apogeo.

Te enfrentas a los ojos del ateo
como diosa lasciva y escondidos
del mundo braman plenos los sentidos.
Tú me muestras la vida y yo te creo.

Renace entre las brasas lo apagado
para dejar de ser ceniza inerte
y rugir como fuego desbocado.

No es que quiera morirme o poseerte,
es que no hay más opciones: o el pecado
o resignarme al beso de la muerte.


Hablaba por hablar


Hablaba del amor como si fuera
un bache en el camino, intrascendente,
una frívola piedra que atrayente
me hiciese tropezar por vez primera.

Pero me abalancé como una fiera
salvaje, entusiasmado e inconsciente.
Lo reté, más seguro que valiente,
y sin luchar logró que me rindiera.

Dos veces me topé con su locura
como el hombre que soy, terco animal,
y dos veces amé bajo tortura.

Temo un tercer encuentro ineludible
tan turbador, magnético y brutal
que me impida abjurar de lo increíble.

«Tríptico del trino», poemas de Jordana Amorós

Proclamación



Lo primero es el trino. Lo proclamo.
No el pan, el agua, el aire… y es que siento
que respiro con él y es el acento
encendido y vital lo que más amo.

La música serena es fundamento
de lo más placentero y fiel reclamo
de mi alegría , pues si así la llamo
pronto me llena el pecho de contento.

He compuesto, vaciándome en canciones,
tantos anuarios de mi biografía,
que es cada una la radiografía
más fidedigna de mis emociones.

Todo momento tiene su encanto y su cadencia
y yo cantando atrapo su más intima esencia .



Copulación



Tengo una espina que me está matando
clavada en la mitad de la garganta,
más que el brutal dolor, lo que me espanta
es poderla olvidar solo cantando.

No debes confundirte, si me escuchas
cantar desaforada noche y día,
no busques ni una nota de alegría
en mi voz…. de penares , sí que hay muchas .

Parece un desatino verdadero
de la Naturaleza , la imposible
copulación del cardo y el jilguero.

Pero quién calculó cuánta belleza,
un corazón prolífico y sensible
es capaz de exprimirle a la tristeza…



Bendición



Un nido de lunáticos jilgueros
debe okupar mi pecho desolado,
pues cantan cuando arrecian aguaceros
tanto como en un día soleado .

Acaso es que envolverse en armonía
pudierase ser la única manera
para amansar la voz de la jauría
de penas que nos sigue dondequiera.

La musical caricia no diluye
la angustia existencial , ni su arte ensalma
tanto quebranto que la vida incluye .

Pero su grata suavidad nos calma
un momento el dolor y constituye
un bálsamo bendito para el alma.


«Para la soledad», «No te juro», poemas de Carmen Jiménez Meneses

Imagen by Adrian Campfield

Para la soledad

Era mi travesía como un Nilo
surcado cada noche por cruceros,
viajaba entre palacios ancestrales
y amaneceres verdes recién hechos.

Hoy al pensar extraño vuestro ruido,
la casa, sin vosotros, es un túnel de espejos
bajo la luz desierta de un quirófano
donde operan los duendes mi esqueleto.

Ahora que mis huesos son al alba
peines destrenzadores de los vientos,
para la soledad quiero las alas
porque ella se escabulle en el silencio
como un pájaro libre que atisbara
la fruta inalcanzable que no encuentro.


No te juro

No te juro, si llegas a quererme,
fidelidad eterna. Yo no juro,
porque a veces nos llueve la nostalgia,
a golpes de latido alquitranado,
y nos crece en las alas la soledad de puente,
de algún éxodo antiguo.

Te prometo el presente de este instante:
una esfera candente de mi vida,
un incendio voraz contra tu boca,
una nave varada en tus adentros,
un ciego y loco anhelo, una franquicia,
dos estrellas fugaces que se chocan.

Los presentes ausentes: José Luis J. Villena – poemas

Huya el tiempo

A veces el pasado es el destino
del humo de la vida, de la farsa
del amor que, sin serlo, nunca fragua,
como nunca es el agua un espejismo.

Dejaré en la tristeza un verso escrito,
desamor, esperanza huera o vana
e igual que su sentencia el reo acata
yo quiero que después cunda el olvido.

Huya el tiempo también y su premura
por caminos o vientos muy lejanos,
que yo quiero de nuevo la dulzura

de tener el amor entre mis labios
como el sediento que abre dulces frutas
y se come la pulpa muy despacio.


El espejo

Tras el frío bruñido del espejo
de alinde en que te miro,
en el eco del silencio estás llorando
y lloras lágrimas de cristal molido
y lloras penas que son de hielo seco
y lloras como un desterrado
en el espejismo de tu dolor secreto.

Vives en una ciudad de vidrio y viento
que tintinea en mi cabeza,
casi rompiéndose cada día,
pero yo no sé quién eres tú
y tú no sabes por qué lloras.

Y yo que venía desarrimado
a averiguarte la esencia del alma,
héroe efímero de los escaparates…
y yo que deseaba beber el aliento
de cristal envenenado de tus labios,
amor cercano e intocable…

y yo que quería preguntarte mi nombre…


La mujer del secreto

La mujer que me lleva a la otra orilla
es un puente de sombras deshiladas,
un atajo a la gloria o al infierno
de un querer que me quiere a vida o muerte.

La mujer que me mata y me desea
es la maga que embruja mis sentidos,
la razón que se pierde con ungüentos
aplicados de noche y a escondidas.

La mujer que me guarda y que me aleja
trae un río de ayeres altaneros,
desaguando en las dudas del ahora
lo cierto y lo seguido de su estirpe,
y es un brote de piedra en el futuro.

La mujer del secreto que ella sabe,
lo desvela en las noches del instinto
y fía ciegamente a mi vigilia
su vida, que hace tiempo que es la mía.

Hay dos firmas de amor al pie de un trato
avalando la sangre y su bullicio
en los frágiles días que nos sueñan.


Nocturno

La noche se abre en una flor de brea
que naciera del tallo de lo oscuro
y derrama su efluvio misterioso
bajo una lluvia de marfil eléctrico,
de una luz que quizás sea de luna.

Camino en la quietud de las aceras
buscando una guarida que me ampare
y un bar es un lugar donde esconderse
para encontrar sosiego en una copa
y suponer tu cara entre las caras
que me miran mirando lo que miro.

No sabe nadie que te busco a tientas,
que me parece verte en algún rostro
o en el cristal narcótico de un beso
que me devuelve a ti,
a la derrota absurda de quererte
en unos labios de carmín postizo.

No estás y a la intemperie,
cuando las putas vuelven del infierno,
en esa hora turbia en que el delirio
tiene un aroma de flor del trasmundo,
sin aliento ni ruido vuela un ángel
que desangra en palabras su agonía
y un poeta se bebe los silencios
del amargo licor de los crepúsculos.

Nunca hubo un amor tan imposible.


In the road

Dejé que el coche fuera despacio y sin destino
hacia la noche albada del neón y el desvelo,
igual que un ángel roto volando al ras del suelo
la gloria me pillaba muy lejos del camino.

Por las calles oscuras, por las sombras opacas,
la gente de la noche peleaba su esquina
con la sed insaciable del vicio y la ruina
que, al hervir de la niebla, bullía en las cloacas.

Yo, que buscaba el rastro y el perdón del olvido,
devoraba kilómetros huyendo de lo inmundo
y drogado de pánico, conduciendo errabundo,
maldecía la suerte que tiene el forajido.

Repartía el semáforo en tres luces el mundo
y en la duda del ámbar me quedé detenido.


«Ars de un clandestino», tríptico de Silvio Rodríguez Carrillo

Imagen by Albretch Fietz

Al Prosor, Hamal, que muy a su manera me entrenó en la paciencia del que corrige.

Si te aplicas al ritmo y a la rima
es posible que logres universos
de palabras sedientas de la esgrima
que se nutre de santos y perversos.

Observa la canción que te lastima
el temple que procuran sus reversos
y entiende que el valor es lo que estima
la bestia que devora a los dispersos.

El camino es difícil, inseguro
se precisa de sangre por las venas
del rencor y de Roma en los latidos

si acaso se pretende que lo puro
no suene al rechinar de las cadenas
que burlan los poetas exigidos.

*

No creas que desprecio lo sencillo
de andar con claridad por los cuadernos
sin liarse en los oscuros laberintos
que imponen un formato a los momentos.

Yo también me prohíbo que los ritos
de un poema sometan a mis textos
a contarme privándome del brillo
que consigo al decirme sin sus metros.

Escribo valorando las palabras
sabiendo que me expongo a la caída
al acto del tropiezo en la carrera
que pretendo ganar con mis espaldas
protegiendo a mis manos de la herida
de exponer sin estilo mis certezas.

*

No importan los tropiezos, las deshoras
que implica el atreverse a profesar
las formas defendidas por los doctos
que hicieron de sus versos su legado.

Procurando alcanzar a la belleza
que se oculta sonriente en la grafía
del esteta mordaz, irreverente,
es normal lastimarse sin remedio.

Lo cierto que trasciende a los detalles
de dudas, desconfianzas y temores
se inscribe en el adentro del sentido,

en el pulso que empuja al buscador
a vivir en el borde de lo triste
por honrar sin errores su palabra.

«Exégesis», «De esperas», «A pura muerte», poemas de Ana Bella López Biedma

Imagen by Mollu Rose Lee

Exégesis

Agitas la distancia
como un pañuelo blanco contra el cielo.

Nada te toca afuera de tu llanto o tu risa.
Hombre de peces quietos sin escamas
que reniega del tacto de oleaje
y del mar hecho añicos.

Hombre de piel de herida, nunca dueles,
cara de mimo, toda escarcha y tajo
y siempre sangre adentro.

Te observo en el alféizar de mis noches
-de sábanas inermes-
bámbola apenas luz hecha de llanto,
mientras te boicoteas las esquinas
con papeles que crujen
como grillos pisados, o que cortan
la yema de los dedos con su látigo.

A veces me pregunto
cuándo tiembla tu arena
al contorno de espuma, o se derraman
flores incandescentes en tu boca.

Cuando la oscuridad
sueña renglones rotos en tu abrazo.


De esperas

Donde pongo mi voz, pongo la espera
y pongo mi silencio si es preciso.
Guardo en mi boca el sol más insumiso
y en la caricia soy blanca bandera.

Donde pongo el amor me ofrezco entera,
sin medida, sin precio y sin permiso.
Abraza al hierro mudo en compromiso
mi vocación tenaz de enredadera.

Donde muere la sal beso la herida,
donde brota la sangre más oscura
cierro con mis dos manos y en sutura

derramo mi agua clara, canto y vida.
De espera el corazón, sin parapeto,
hibernará a tu verso, tibio y quieto.


A pura muerte

Acomodo tu verso a mi costado,
una estatua de luz, un dios obsceno,
tan fieramente dulce que un pecado
me graba a sal tu lengua como un trueno.

Me tiembla el agua en tu reflejo armado
de níspero procaz, hirsuto y pleno,
que empujo a la pared en verbo osado
bebiéndome de un trago su veneno.

A plexo descubierto y piel devota
la lluvia escribe en piedra los vaivenes
que anegan mi garganta gota a gota

y desanuda el sol de mi cordura.
Guardo el último canto en que te avienes
y abrazo a pura muerte tu ternura.

«Deforestado», «Yo conmigo», «Otro año el mismo año», tres sonetos de Jorge Ángel Aussel

Deforestado

Me estás talando, vida, ¿y qué me queda
más que el sabor de este saber que vivo
subyugado al vaivén reiterativo
de un golpe que a otros golpes anteceda?

Cada vez que tu brazo retroceda
lo hará por el intrínseco motivo
de retornar a mí mordicativo,
en su obcecada vocación de rueda.

Cuando paso por una buena racha,
sé que tus párpados de mal agüero
a paso raudo mostrarán la hilacha.

En tus iris el brillo es traicionero,
pues todo lo que brilla es el acero
de la implacable hoja de tu hacha.



Yo conmigo

Me quedé con mi sombra en esta casa
tras que irrumpiera tu violento ocaso
como un tsunami que voraz arrasa
sembrando la catástrofe a su paso.

Me quedé con la duda que me abrasa
de si te fuiste, me dejaste acaso,
o te inmolaste en tu conciencia escasa
de que te consumías con el faso.

Me quedé con mi amigo el enemigo
del aislamiento, en este yo conmigo,
más que en la soledad, en esta herida.

Me quedé simplemente de no irme
mientras trataba de reconstruirme
aunque tu muerte me matara en vida.



Otro año el mismo año

Es otro Año Nuevo sin tu abrazo
cuando marca el reloj que son las doce,
sin tu emotivo llanto, sin el goce
de estrechar con las copas nuestro lazo.

Es otro enero donde el cimbronazo
de este mañana que te desconoce
hace que la nostalgia me destroce
al tumbar mi cabeza en su regazo.

¿Pero es un nuevo año o es el mismo
mudando el tegumento en este abismo
en que la muerte brinda a tu salud?

¿Es otro año o me parecen otros
y los años transcurren sin nosotros?
También mi nombre estaba en tu ataúd.


«Llueve», «Tiempo de bruma», «Soneto de invierno», tres poemas de Ana Bella López Biedma

Llueve

Me crecen las ortigas en la boca
donde antes sólo había un mar de espliego.
En tus manos de azogue y voz de fuego
lo que fue pedernal se ha vuelto roca.
Mi piel no se equivoca.
Soy el hambre que existe entre dos despedidas
o el olor de estas lágrimas suicidas
que siempre se deslizan por mi cara.
Mi vocación de beso y almazara
no llega a tantas vidas.

La espera se hace líquida y fecunda
en todos los espacios de mis noches.
Mientras en las aceras, los parques y los coches
llueve ausencia de ti, llueve e inunda
cada rincón. Como una flor rotunda
crece el dolor, un agujero espeso
que rompe cada luna, cada hueso
entre sus dientes de alimaña impía.
Llueve y no hubo nunca mas sequía
en este corazón torpe ex profeso.

Tiempo de bruma

Hay días largos y fríos,
como una tundra infinita
que se extiende ante los ojos
y nunca se va. Proscrita
del paisaje de la piel
huye la vieja alegría,
mientras las ausencias clavan
su silencio en las costillas.

Me rebelo en soledad
a la muerte sin orillas
que se lleva los pedazos
de la que fue nuestra vida
en un hermano, una madre,
viejos, jóvenes, chiquillas…

Nadie se escapa al abrazo
del adiós. Y aunque no olvida
nuestra realidad presente
el puntal de tanta herida,
hay que honrar al que no está
con cada sol que nos brilla.
Nada nos cabe en el hueco
de un corazón a medida
que nos completaba ayer
y hoy es sombra en cada esquina.

Pero el tiempo, hecho de bruma,
se está yendo de puntillas.

Hay que soltar la tristeza
del pasado retenida
cuando una mano aparece
como un pájaro suicida
para ventilar la casa,
sacudir las esterillas
y llenarnos el jardín
de guirnaldas y bombillas.

Dejar que nos vuele adentro,
y que pose su caricia
en el alero del mundo
donde todo va deprisa.
Que nos sosiegue las nubes
y nos respire de brisa.

Que recuerde quiénes somos,
esa espontánea alegría
que se anida en nuestra boca
cuando se encuentran las risas
y chocan en la distancia
como dos locos tranvías.
Ese tiempo compartido
donde no caben mentiras,
y las promesas se cumplen
y los tiempos se apaciguan.

Soneto de invierno

He bailado en el agua frente a frente
con tu ausencia de páramo. Desnuda
he rozado tu prisa que se muda
dejándome su rastro de aguardiente

en la garganta de soñar. La gente
ha pasado por mí sin ver que, aguda,
se clava la palabra de tu duda
bajo la piel de mi coraza. Miente,

porque no quiero desvivir contigo
si me dejas las manos sin abrigo.
Por ti el milagro, tú sembraste eterno

la flor exuberante en mis despojos
y brotó tierra y agua. Ahora el invierno
ha vuelto a la ciudad que hay en mis ojos.

Cinco poemas de Morgana de Palacios

Acto de fe

en una flor cortada se ha resumido un hombre
que es todos y ninguno

porque nombra la flor la flor existe
para adornar el pelo de mi ausencia

puede con la palabra
derrocar el gobierno de los tiempos de estío
y convencerme de que el sol no brilla
más que para mis ojos
si los abro

puede inventar ciudades donde perderse un día
por calles peligrosas
y como Dios
resucitar los muertos de sus tumbas de olvido

puede traer la muerte de la mano
de tanto no quererme y tanto amarme
con la contradicción del desencanto
enganchada en los labios de la infancia
y en un torneo antiguo
cubrirme de tarántulas
por creer que me gustan sus cosquillas morbosas

puede decir amor y hacer que bulla
el avispero de sus desazones
y que se abran los muslos con la palabra sexo
conduciendo la mano de la mas-turbación

tan lejos y tan cerca

inexplicablemente

en su palabra se resume el hombre
y es todo cuanto ha escrito
porque nada le obliga a pronunciarse
ni a salir de sus fueros
más allá de que sea otra palabra
la manipuladora de su instinto
concentrada y procaz como una puta ciega
sobre los genitales del futuro

el aire es una Biblia con su nombre
temblando en la portada

soy un acto de fe inquebrantable
con la palabra ausencia en la mirada



El límite de lo real

Uno es lo que escribe
y crea realidad al hacerlo.


La clave está en sentir.

Entonces es real y en el instante
que digo mano, creo la caricia,
y donde digo amor, estoy amando
y donde digo ausencia me faltas en la nuca
y te falto en el pecho que no tocan los dedos.

Seas quien seas, me haces y te haces
en la onomatopeya de una carcajada
en la dilatación de la pupila ante la luz del monitor
en un reflejo simpático en cualquier lugar del cuerpo.

Qué otra cosa soy que la palabra
con que me pones rostro y das la vida,
qué otra cosa eres que el deseo oscilante
de todos los vocablos con que arraso a tu ausente.

Bah
¿De qué cuento has sacado que necesito un príncipe
que me sostenga el cetro y la corona?
De qué dignidades me hablas
si en esta violencia admonitoria
soy sólo una mujer allende el miedo
que tiembla ante las ganas que tienes de morirte.

No hay nada que entender.
Alguna vez quiero cerrar los ojos
y descansar de tanta despedida.

Sólo me tienta el arco de tu boca,
y será porque aún
me sabes a milagro.



Guerra civil

Olvida lo siniestro del presente
como lo olvido yo cuando me miras.
Sólo has de detenerte, mientras matas,
un segundo en la piel de mi suicida.

Hay tanta muerte suelta por las calles
que quejarme de ausencia es egoísta,
pero lo cierto es que me da vergüenza
apiadarme de mí con preceptiva,
si no te apiadas tú. Tú que sí puedes
alzarme de este suelo con ortigas,
sujetarme en el aire contra ti
y soltarme las trenzas de la risa.

Hoy me duelen las sienes de pensarte
y no sé convivir conmigo misma.

Esta guerra civil del alma adentro
me está volviendo dulce y asesina.



Desangramiento de los días

Mientras tu voz me pisa los talones,
tu mano
que escabulle ternura
me perfuma de ausencia la memoria
de lo que pudo ser pero no fue.

Debo cortarme el pelo que ha crecido contigo
en el desangramiento de los días
y se me ha vuelto agreste y desmadrado
como un nido de cuervos
en disputa
por una presa muerta.

La muerte nunca llega
en estas estaciones dolorosas
que no terminan de acabarse nunca,
donde la carcajada es el prozac
que evita los suicidios.

Te apuesto lo que quieras
a que me moriré cuando el disturbio
vomitando indolencia
baje todas sus armas y tu mano
por fin haya aprendido la caricia
que nunca te enseñé.

¿Y qué?

Nadie dirá te amo
con tantos alfileres clavados en el llanto.

Yo tampoco



Canto fúnebre

Siempre es ayer para algunos dolores
porque no existe placebo piadoso
para el agudo dolor luminoso
que prende el cirio de sus amargores.

No pasa el tiempo ni crecen violetas
sobre la tumba del prístino duelo,
ni se apaciguan sus ojos de hielo
cuando disparan impías saetas.

Siempre es ayer, aunque pasen los años
sobre el dolor que no sube peldaños
de la escalera que lleva al olvido.

Que siempre es hoy, y es aquí, y es ahora,
en el dolor que me ataca a deshora
por la tragedia de haberte perdido.

Morgana de Palacios – España

Green by Nika Akin

Virtus

dulce naranja al sol puedes abrirte
sensual-desinhibida
que un trocito de enigma
algo así como un nimbo
un aura ensimismada de misterio
juega y se mimetiza con tu sombra
de modo que jamás de los jamases
pueda dañarte nada
si tú no lo consientes

aquí puedes dar paso a Atila y su caballo
de desaforados belfos
o a cualquier Minotauro enfebrecido
y dejar que mastiquen tus gardenias
mientras piensas sonriente
en el modo de hundirlos
comiendo displicencia con forma de manzana

se enamoran de ti arrebatadamente
entes de sexo activo y todos los pelajes
aunque estés muerta y harta de gritarlo

o te odian a muerte
porque no tienes ojos suficientes
para mirar los suyos

los griteríos no asordan demasiado
por más que las calumnias tengan los pies ligeros
y los motines de látigos y espuelas
duren cuatro semanas de diez a una
y nos despedacemos
con la misma pasión que nos amamos
y la misma llovizna de bytes silenciosos
sobre nuestras cabezas de cristal

aquí es de lo más normal
que un hombre se te pose entre los labios
jugando a ser el único
que te insemina de voces fantasmales
con seis nombres distintos
y un rostro atemporal por cada luna incruenta
que se te va perdiendo en la memoria
hasta que se convierte en el de todos

aquí los pájaros del miedo
te pican en los globos oculares
y acabas confundiendo el humor vítreo
con lágrimas de amor y desconcierto

y para colmo aquí
se cuelgan junto al hastío
en el perchero del placer onanista
el ángel con el diablo
la golfa con la decente
el feroz con el manso
el alba con el crepúsculo
y nunca sabes bien a qué atenerte

ojalá fueras virtual
un virtual hijo de puta

no me dolerías tanto

Virtuo – sismo

I

Llegar al corazón en la distancia
a través de un cristal sin abertura
es un misterio azul: literatura
que pulsa o no, la ajena circunstancia.

Se llega al corazón en la oscitancia,
y sin querer quemar, la quemadura
resulta inevitable en la espesura
de este infierno de letras y arrogancia.

Abres una ventana y el demonio
te pide en sacrosanto matrimonio
por jugar a sentirse un poco humano.

Y el humano piadoso y sensitivo
se disfraza de Daemon abrasivo
por fundir corazones con la mano.


II


Hay hombres irreales de olor inexistente,
manos de tan inciertas rompedoras de tedio,
hologramas palpables de paso en un asedio
férreo sobre el latido real del subconsciente.

Hombres de tan sin nombre, clavados en la frente,
sentados a horcajadas del frágil intermedio
entre un sueño de azar -esclavo sin remedio-
y el libertario afán de un drogodependiente.

Hombres que siembran dudas si se visten de luces,
que marcan sin saberlo tu muerte con sus cruces,
transeúntes pausados del cuerpo dolorido.

Hombres que sin ser hombres son hombres que deduces:
fantasmas de los versos de oscuros tragaluces
que pueblan el misterio del instinto dormido.