BÚSQUEDAS EXPERIMENTALES

Escribamos nuestro libro de amor

(Pseudo quenina de orden nueve)

Adrián González

I)

Te traigo ochenta y cuatro flores frescas,
perladas del rocío de la noche.
La misma cantidad te traigo en versos,
bordados con los flecos de la luna.
Quisiera pronunciar tu dulce nombre,
leyendo bajo un árbol este libro…
Quizás, en el murmullo de sus hojas,
se unieran tu recuerdo con mi sombra,
dormido en la fragancia de tu pelo.

II)

En el mágico aroma de la noche,
con el diáfano brillo de la luna;
a través de las páginas de un libro,
los destellos de luz entre la sombra
dando brillo a la espuma de tu pelo
¡llenaré de poemas miles de hojas!
dedicadas al gozo de tu nombre;
leerás con ternura aquellos versos,
mientras suena mi quena en notas frescas.

III)

Se ausentará la soledad, la sombra,
cuando respondas mi versar con versos.
Regresarás cuando en mi sueño nombre
la nueva página de nuestro libro.
Lo escribirá con tu pasión la noche,
mientras el viento ondeará tu pelo.
Y al despuntar las madrugadas frescas
encontraremos, al pasar las hojas,
que fue testigo en nuestro amor la luna.

IV)

¡Me encanta comprobar que hay tantas hojas
selladas con la firma de tu nombre!
que escritas en la piel de cada noche
serán más abundantes que tu pelo.
Así se escribirán aquellos versos,
de eclipses amorosos tras la luna.
Un juego incandescente, luz y sombra,
caricias con sabor de frutas frescas:
¡el viaje de un amor impreso en libro!

V)

¿Para qué es la negrura de la noche?
¿Para qué es el reflejo de la luna?
¿Para qué mil hojas blancas y un libro?
Y¿Por qué me brinda el bosque su sombra?
En mis dedos, cual cascada, tu pelo,
que otra vez va decorando las hojas…
ya se escucha la respuesta en tu nombre:
¡en la métrica de clásicos versos,
y en la brisa y sus corrientes tan frescas!

VI)

Cuando se acaben de caer las hojas,
me acordaré de pronunciar tu nombre.
Al comenzar y al terminar la noche,
acariciando con amor tu pelo.
¡Porque merece ser escrito en versos,
nuestro romance de arrebol y luna!
y aunque las nubes enchirán de sombra,
las madrugadas y las tardes frescas,
¡se entibiarán al recitar el libro!

VII)

Ven pronto y disfrutemos a la sombra,
¡y ayúdame a acabar con estos versos!
pensemos ¿cuál sería un bello nombre?
y así titularemos nuestro libro.
Si puedes, seguiremos esta noche:
¡tú escribes mientras yo te peino el pelo!
Te espero con aroma a flores frescas,
tintero, plumas y un millar de hojas
y un rayo de luz tenue, de la luna.

VIII)

Nuevamente la magia de la noche,
nos atrapa en sus lágrimas de luna,
ilustrando las páginas del libro,
¡un encanto que brilla entre la sombra!
Tiene música el vuelo de tu pelo,
es un suave rozar, como las hojas.
Un sonido melódico sin nombre,
que tan sólo se puede oír en versos,
en las horas del otoño más frescas.

IX)

Extrañaremos esas tardes frescas,
cuando se incendie de calor la noche…
introducido en mil quinientos versos,
¡un pasaporte al centro de la luna!
Entre gemidos gritaré tu nombre
¡y se abrirá mágicamente el libro!
pues nuestro amor hoy sellará las hojas,
que solamente podrá abrir tu sombra,
cuando te bese suavemente el pelo.

X)

¡Rosas frescas! ¡mil versos a tu nombre!
Tantas hojas, que al pelo le hacen sombra…
Nuestro libro, la luna… ¡y otra noche!

Nota del autor:

Nota:

El siguiente es el orden de permutación que he usado, basado en la Pseudo Quenina de orden 10, de Georges Perec, presentada en su novela: «La vida, instrucciones de uso»

Le agregué el cambio de ritmo por estrofa para salvarlo de la monotonía.

(Pseudo Quenina de orden nueve)

I)
1 2 3 4 5 6 7 8 9 (heroico)

II)
2 4 6 8 9 7 5 3 1(melódico)

III)
4 8 7 3 1 5 9 6 2 (sáfico)

IV)
8 3 5 6 2 9 1 7 4 (heroico)

V)
3 6 9 7 4 1 2 5 8 (melódico)

VI)
6 7 1 5 8 2 4 9 3 (sáfico)

VII
7 5 2 9 3 4 8 1 6 (heroico)

VIII)
5 9 4 1 6 8 3 2 7 (melódico)

IX)
9 1 8 2 7 3 6 4 5 (sáfico)

X)
135/798/642


Opinión 1:

No conocía la quenina, sí la sextina (me atreví con una hace unos años, pero me pasa con ella un poco como a ti con tu soneto aquel). Lo que encuentro con una búsqueda rápida es que la inventó en el siglo XX Raymond Queneau, derivándola de la sextina tradicional.

En la sextina, se emplean seis estrofas de seis versos, con las mismas palabras a final de verso, en un orden cambiante según un esquema que no recuerdo de memoria. En los tratados de métrica, se recomienda para asuntos obsesivos, dada la repetición de palabras en una progresión de ideas que giran en torno a los mismos conceptos clave.

Este tipo de composiciones son ambiciosas, Adrián, y aplaudo doblemente la ambición a la hora de versificar.

La imagen de la lectura bajo el árbol, en la primera estrofa, se puede entender como un guiño a la ilustración del foro, que me parece muy simpático. La mención de la quena en la segunda estrofa me resulta una identificación muy hábil de la composición formal (quenina) con la música y el ritmo.

Es muy buena idea la de alternar ritmos en las distintas estrofas, lo que además intensifica la autoexigencia. He notado, sin embargo, en la mayoría de los versos de la quinta estrofa y en el último de la octava, que se te deslizan los acentos a la séptima sílaba (3-7-10, en lugar de 3-6-10). Creo que valdría la pena revisar esos versos, dada la naturaleza ambiciosa del poema.

En definitiva, una apuesta valiente y una labor ardua que refleja un compromiso profundo con el arte.


Respuesta:

En este tipo de estructuras veo la literatura y las matemáticas dándose un saludo, ya que estas son las que presentan el «teorema», digamos para la permutación de las «palabras rima».

Al igual que tú, conocí primero la sextina, la sextina provenzal y luego también hice un soneto sextina. Como me gustó, empecé a buscar más material y ahí conocí a las queninas. De esta manera me encontré con esta pseudo quenina y le hinqué el diente.

Como me suele pasar cuando me entusiasmo con un trabajo, me suelo saltar algún detalle que otro. Pero ahora que me señalas la 5ta estrofa y la 8va, ya me dieron ganas de repasar toda la obra.

Al usarse palabras completas como rima, se complica bastante para lograr mantener los ritmos uniformes. Por eso, aunque mi primer impulso fue hacerlo con versos puros en todas sus modalidades, me di cuenta de que iba a ser mucho más difícil.

Ahora cuando los acentos se «deslizan» a la 7ma, ya es cosa seria.

Ya tengo en el banco de suplentes una quenina de orden once, calentando y esperando revisión para entrar en la próximos días.


Opinión 2:

Además de los problemas acentuales, como está trabajando sin rima, las rimas que aparecen se notan mucho en los pies de verso. Entiendo que al ser un trabajo tan largo, cueste mucho evitarlas en todo el trayecto, pero lo señalo por las dudas.

En el V, la sinalefa para quees cae en el acento de 3ª, por lo tanto se desaconseja y por lo tanto, esos dos primeros versos se transforman en dodecas, además de lo que ya se señala del corrimiento acentual.

Hay una trialefa: ayúdameaacabar que transforma esa eaa en una construcción que suena: ayúdame a cavar. El peso de las homófonas ahí es muy fuerte y por tanto, se comen entre ellas y la e no alcanza para ejercer un contrapeso.

Son deslices pequeños porque el trabajo es esmerado y es destacable la suma de diferentes tipos de endecasílabos en las diferentes partes, así que más complejo resulta y por tanto, emprenderlo, más meritorio.

Intervienen: Adrián González (Uruguay) – Antonio Alcoholado (Indonesia) – Eva Lucía Armas (Argentina)